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jueves, 23 de octubre de 2025

Fallece Antonio Tejero

Recordemos uno de los más churriguerescos vericuetos por los que se escabulló el franquismo para continuar en el poder en la figura de Juan Carlos II, el Borbón y Borbón con esta nota por parte de Naiz acerca del fallecimiento de Antonio Tejero, el coprotagonista del 23-F junto al entonces ocupante de La Zarzuela:


Muere el golpista Antonio Tejero, rostro protagonista del 23-F

El teniente coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero, rostro protagonista del golpe de Estado de 1981, ha fallecido a los 93 años en Valencia.

El teniente coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero Molina, protagonista del intento militar golpista del 23-F de 1981, ha fallecido en su casa de Valencia, según informa Europa Press.

Nacido el 30 de abril de 1932 en Alhaurín el Grande (Málaga), Tejero era en 1981 teniente general de la Guardia Civil, cuerpo al que ingresó en 1951 y de donde fue expulsado tras el golpe de Estado. Fue condenado por rebelión militar a 30 años de cárcel, aunque finalmente cumplió solo la mitad de la pena y fue puesto en libertad en 1996.

Tejero irrumpió en el Congreso español al grito de «¡Quieto todo el mundo!», interrumpiendo la votación que estaba teniendo lugar en ese momento en el Congreso español, la investidura como presidente del Gobierno de Leopoldo Calvo-Sotelo, que iba a suceder al entonces dimitido Adolfo Suárez. Desde ese momento, los 350 diputados pasaron más de 17 horas secuestrados en la Cámara Baja.

Tal y como recordábamos en Artefaktua, cuando se produjo el golpe de Estado Tejero no era un desconocido. Era un hombre de «clara ideología derechista» y «leal a los principios que regían en la época de Franco», según la descripción de su abogado durante el juicio de la ‘Operación Galaxia’, otro intento de golpe militar en 1978 que fue frustrado pocos días antes de llevarlo a término y en el que también estuvo implicado. Por aquello fue condenado a trece meses en 1979 por conspirar junto al capitán Sáenz de Ynestrillas.

«No era, por tanto, un desconocido, como se recordó en el ‘Egin’ del día siguiente al 23-F, en el que se daba por controlado el golpe pese a la incógnita de València, donde Milans del Bosch sacó los tanques a la calle», rememoraba Beñat Zaldua en Artefaktua.

Los golpistas salieron escoltados del Congreso al mediodía del día siguiente, después de negociar su rendición con el Gobierno español y los mandos militares.

Desde que fue puesto en libertad sus señales de vida pública han sido escasas, aunque notorias. En 2006 publicó una carta al director del ‘Melilla Hoy’ asegurado que el Estatut catalán «mataría a España»; en 2012 denunció al entonces president de Catalunya, Artur Mas, por «conspiración y proposición para la sedición»; y en 2023 denunció al presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, por «traición a España» por negociar su investidura con independentistas catalanes y «asesinos de ETA».

Tejero fue visto por última vez el 24 de octubre de 2019, cuando acudió al cementerio de El Pardo-Mingorrubio de Madrid para la reinhumación del dictador Francisco Franco tras ser exhumado del Valle de los Caídos. Fue recibido por los partidarios de Franco entre gritos de ‘Viva Tejero’, ‘Arriba España’ o ‘Gracias por todo, Antonio’.




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lunes, 29 de septiembre de 2025

Entrevista a Joxe Lacalle

Para entender qué es lo que pretenden ocultar desde el PSOE y desde el PNV cada vez que comparan a Jon Paredes 'Txiki' y Anjel Otaegi con Melitón Manzanas y con Luis Carrero Blanco, basta leer esta entrevista publicada en Noticias de Navarra:


“En el cuartel de la Guardia Civil tuve ganas de tirarme por la ventana, se lo juro”

Joxe Lacalle Huarte | Víctima reconocida de la extrema derecha y de funcionarios públicos | Víctima de violencia reconocida por el Gobierno foral, relata su padecimiento entre 1978 y 1981: una paliza, una bomba y ocho días incomunicado en el cuartel de la avenida de Galicia

Jesús Barcos 

Joxe Lacalle (Etxauri, 1951) es un hombre conocido en el periodismo navarro. Fue fotógrafo en Egin, en Egunkaria y en Argia. Y anteriormente tabernero en la calle Jarauta de Iruña. Todavía se pone nervioso al explicar su periplo como víctima de violencia, condición que ahora reconocida por el Gobierno de Navarra. Este es su testimonio.

Usted padeció tres episodios que han sido reconocidos. El primero, un ataque de los autodenominados Guerrilleros de Cristo Rey, en 1978.

–Era septiembre...

Tras unos Sanfermines reventados...

–Estábamos en el bar, con mi mujer embarazada de ocho meses. Unos días antes habían puesto una bomba a la peña Alegría de Iruña, donde se juntaba la comisión de fiestas por lo de Germán. Y al poco tiempo entraron en mi bar los Guerrilleros de Cristo Rey.  

Pasaron verdadero miedo.

–En el año 77, cuando se puso la ikurriña en el balcón del Ayuntamiento de Pamplona, me dije, yo también voy a poner una en el bar. Yo no andaba en ningún partido político ni nada. Me gustaba la ikurriña, me sentía vasco, como me sigo sintiendo ahora, puse una que me hizo a mano una mujer de la librería Abarzuza, de tres metros por dos, y la coloqué en el bar. Había gente que me preguntó: ¿Pero eso por qué lo pones? Y yo respondía: Al que le guste que entre y al que no, que no entre. A raíz de eso, se empezaron a recibir amenazas por teléfono. Yo tampoco les hacía mucho caso. Un día estábamos cinco o seis personas merendando viendo un partido de fútbol. De repente empezaron a hostias con la puerta con piedras, y entraron con cadenas y botes de humo. En los botes se leía como que eran del Ejército. Nos metieron un montón de hostias y salieron corriendo. Luego siguieron las amenazas telefónicas. 

Y en 1979 de sufrir una paliza a sufrir una bomba.

–Un día entró un tío con un bigote, luego supe que se apellida Castro, me mosqueó mucho su pinta. Me pidió un clarete con gaseosa. Se lo metió de un trago y me pidió otro, y me dejó 25 pesetas en la barra para pagar los dos vasos, que valía cada uno a 8 pesetas. Cuando fui a cobrarle, el tío se metió en el váter. Y de ahí salió corriendo. 

Y dejó el explosivo en el baño.

–Sí, estaba mi mujer con el pequeñito en el piso de arriba en su cuna. Me fijé que no paraba de caer agua de la cisterna del váter y vi una bolsa de plástico. Me subí y había un montón de cables, el explosivo y un reloj. Llamé a la Policía, me aparecieron dos miembros de paisano. Cuando vieron la bomba salieron los dos corriendo, literalmente, y al rato vinieron los artificieros. Cuando explotó la bomba tiró al artificiero contra la pared de enfrente con sus protectores. Hubo gente que me preguntó: ¿No te gustaría que lo hubiera matado? Y dije que no. Y gente que se juntó en auzolan para arreglarme el bar.

¿Alguien reivindicó la autoría?

–Sí, se hicieron llamar Acción Nacionalista Española y dijeron que habían puesto la bomba por tener una bandera que no era la nuestra.

En mayo de 1981 usted fue detenido delante de tres hijos a punta de pistola por la Guardia Civil, y permaneció ocho días incomunicado.

–Vinieron tres tíos de paisano, Los dos hijos pequeños creo que no se enteraron de mucho, pero me acuerdo de la cara que puso el mayor. Después de dejar a los hijos, me metieron en un 127, me hicieron agachar la cabeza, me dieron un par de puñetazos y me llevaron al cuartel de la avenida de Galicia. Nada más llegar, me metieron un hostión y mis gafas salieron volando. Yo no sabía de quién me estaban hablando, una persona detenida por lo visto en Gipuzkoa. Me interrogaban por mi bar, y yo no preguntaba el nombre a toda la gente que entraba. Empezaron a darme hostias, me pusieron una pistola en la cabeza, hacían como me disparaban, perdí casi el sentido. Un día me sacaron de noche encapuchado y me llevaron a un campo para que buscase un zulo. A la vuelta, me colgaron entre dos mesas, con una barra en las piernas y esposado, con los pies para arriba. Venían con unas gomas de butano y me pegaban en la planta de los pies, hostias por todo los lados. Así fueron más o menos los ocho días.

¿Temió por su vida?

–Tuve ganas de tirarme un día por la ventana, se lo juro. Pero pensando en los hijos y en la mujer aguanté. En los ocho días que pasé allí no hubo un día que probase un bocado ni a la mañana ni a la tarde, ni un café. Nada. Perdí el sentido del tiempo. Todos los días palizas. El último me hicieron firmar un papel que empecé a leer y no leí más que mi nombre. Lo de abajo ya no me dejaron leerlo, por huevos tienes que firmar, me metieron un montón de hostias otra vez y no sé ni lo que firmé. Estaba perdido por todos los lados.

Después fue trasladado a Madrid.

–Me llevaron a la Audiencia Nacional y pasé a la cárcel. Al juez le conté que me habían torturado. Me pidió que se lo demostrase, le enseñé todos los moratones de las piernas y me dijo: Eso podía haber sido un accidente de coche. Casi me tiro a su cuello. Cuando me mandó a la cárcel pensé en descansar. Estuve un mes, se puso una fianza. Mi mujer entonces no tenía mucho acceso a las cuentas de los bancos y no podía sacar dinero. Y un comerciante y amigo de la calle Jarauta, le prestó las 200.000 pesetas para sacarme. Luego me devolvieron la fianza.

Ahí no terminó el asunto...

–Al volver las amenazas telefónicas eran continuas. Los que me detuvieron iban muchas tardes a verme al bar, a cachondearse y reírse de mí. Qué pronto te han soltado, me decían. Iban a primera hora de la tarde entre semana. Nada más verlos me ponía encendido.

Dice que es muy duro recordar esto, aunque hayan pasado muchos años, pero anima a otras personas que estén dudando, a que reclamen su reconocimiento.

–Estuve supernervioso en la toma de declaración en el Parlamento de Navarra. En la Red de Personas Torturadas de Navarra me dijeron que me lo apuntase todo, y empecé a escribir y no podía. En la declaración paré un rato para descansar. Después tuve que ir a terapia de grupo, me costó muchísimo volver a eso. Ahora casi me está costando menos. Hablarlo y que se sepa me viene bien. Hay mucha gente que no sé si tiene miedo a presentarse y revivirlo. Les entiendo, hay ratos que se pasa muy mal recordando, pero creo que es bueno soltarlo.

¿De los tres episodios el más amargo es el de la detención?

–Sí, por supuesto, el más duro. Muchas veces cuando veo el cuartel de la Guardia Civil se me ponen los nervios casi a cien. Se te queda muy adentro todo eso metido.

Recuerda el día que salió de prisión.

–Mi hijo mayor intentó no sé cuántas veces que le llevasen a la cárcel para verme. Yo preferí que no fuese. Cuando salí fue un hermano mío a buscarme y llegué a la noche. En la calle Jarauta había montón de gente esperándome. Cuando me vio mi hijo mayor vino corriendo a abrazarme y me dijo: ahora sí me voy a la cama.

¿Todo esto lo contó a su mujer?

–He intentado olvidar muchas cosas que me hicieron. A un chico que detuvieron más tarde le oía chillar en otra sala... A mi mujer no se las conté. No me apetece contarle demasiado. Ella debía ir todos los días a llevarme bocadillos. Alguno se los habría comido bien a gusto, porque yo no probé ni uno. Trabajando en Egin un día tenía que ir al cuartel a hacer fotos y no pude entrar, no me atrevía a subir solo. 

¿Cómo valora estos reconocimientos que se están produciendo?

–Creo que es interesante y muy bueno que se reconozcan estas torturas y atentados no contemplados. El que me puso la bomba se llama Leoncio Castro. Vi su foto en internet. ¿Ha oído hablar del restaurante Hartza? Dos vascas que pusieron un restaurante en la calle Labrit. A una de ellas le pegó dos tiros. Luego le intentaron juzgar por crear el GAL en Navarra, y no lo consiguieron. Debía ser jefe de la policía. No se me olvida su cara. No se me olvidará nunca. 

 

 

 

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lunes, 7 de julio de 2025

Los Sanfermines del 85

Han dado inicio los sanfermines de Iruñea en su edición 2025, con un txupinazo en solidaridad con el pueblo palestino y la martirizada Gaza, algo que no ha gustado a lo más casposo entre la fachongada españolista.

Hoy, desde la sección 7K de Naiz, traemos a ustedes este recuento de los sanfermines de 1985:


Escapada a unos sanfermines de 1985 con mucha caspa y barracas políticas

El 7 de julio de 1985, la noticia de la fuga de Sarrionandia y Pikabea se abría paso entre la vorágine de unos sanfermines que tenían barracas políticas y mucha caspa. Este es un viaje en el tiempo de cuarenta años atrás a unas fiestas en las que la icónica canción sobre esa huida sigue siendo uno de sus himnos.

Pello Guerra

Hace cuarenta años, el 7 de julio de 1985, Iñaki Pikabea y Joseba Sarrionandia se fugaban de la cárcel de Martutene introduciéndose en unos bafles empleados en el concierto que había ofrecido en ese lugar el cantante Imanol. La noticia se abrió paso en Iruñea en plena vorágine de unas fiestas que en unos sentidos eran parecidas a las actuales, pero que, en otros, eran muy diferentes.

La prensa del momento permite hacer este particular ejercicio de arqueología sanferminera, que saca a la superficie unas fiestas con un tono especialmente casposo y unos encierros más salvajes, en las que se disfrutaba de las barracas políticas, se corrían los encierros txikis y en las que, lamentablemente, ya se registraban agresiones sexuales.

Txupinazo de HB

El encargado de prender la mecha del cohete aquel 6 de julio fue el concejal de Herri Batasuna Iñaki Beorlegi ante una plaza en la que se cantaba, como siempre, a San Fermín, pero también se anunciaba que “Vamos a quemar el Opus Dei” o se recordaba que Osasuna se había clasificado por primera vez para disputar la Copa de la UEFA.

Casi una hora antes de lanzarse el txupinazo, otro concejal de HB, Juantxo Zandueta, colocó una ikurriña en los balcones del segundo piso de la casa consistorial.

Y, cinco minutos antes de las 12, los ediles abertzales y mozos de las peñas extendieron desde uno de los balcones laterales de ese mismo piso una pancarta vertical firmada por las Gestoras con el lema “Amnistia osoa”. La pancarta fue agarrada por personas que se encontraban en el primer piso, provocando su rotura, lo que generó protestas por parte de un sector del público y gritos de “Presoak kalera, amnistia osoa”.

Junto a Beorlegi se encontraban en el momento del txupinazo Mari Abrego, Antton Zamarbide y Jose Mari Casimiro, miembros de la Expedición Navarra al Everest, que a punto habían estado de lanzar el cohete en persona. El concejal de HB se había comprometido a cederles el puesto si colocaban la ikurriña en la cima del Everest, pero finalmente los montañeros no lo lograron, por lo que renunciaron a ese honor y se conformaron con estar presentes en el Ayuntamiento en ese momento tan especial.

Barracas políticas pese a las trabas

De esta festiva manera arrancaban unos sanfermines cuyos prolegómenos habían estado marcados por la tensión. El Ayuntamiento, dirigido entonces por Julián Balduz (PSOE), había tenido la “brillante” idea de intentar trasladar las barracas políticas de las inmediaciones del parque de Antoniutti a la plaza de los Fueros con la excusa de que se iban a realizar unas obras en la zona.

Ante la resistencia de los colectivos afectados, se permitió su instalación cerca de Antoniutti, pero se valló un perímetro para delimitar su ubicación exacta y constriñendo notablemente su espacio. El 5 de julio esas vallas fueron derribadas sin miramientos en una muestra más del rechazo a las medidas del Consistorio. Finalmente, una reunión de última hora convocada con la mediación de las peñas hizo que se alcanzara un acuerdo in extremis por el que las barracas se mantenían en su ubicación y con el número previsto.

Ese año, y según recogía “Egin”, los organismos que montaron barracas fueron AEK, Gestoras pro-Amnistía, Radio Paraíso, Euskadiko Ezkerra, Herri Batasuna, PC, Ezkerra Marxista, Auzolan, Euskal Dantzarien Biltzarra, CNT, Jarrai, LAB, Radio CRDI, Federación de Ikastolas, EMK, Comités Internacionalistas, Zaldiko Maldiko, Comités Ecologistas, la Casa de Andalucía y, ojo al dato, la Federación Navarra de Patinaje.

Ese ataque de Balduz contra las barracas políticas fracasó pero, más adelante, UPN conseguiría hacerlas desaparecer, convirtiéndolas en historia. Pero esas recordadas barracas no son el único elemento entonces sanferminero que ya no existe en las fiestas actuales.

Con Ágata Lys llegó el escándalo

Aunque también se celebraban verbenas organizadas por el Ayuntamiento, en muchos clubes privados de la ciudad organizaban sus propios espectáculos, que se sumaban a otros que solían recalar en Iruñea al calor de las fiestas, como en el caso del Teatro Lido, y que, vistos con la perspectiva que da el paso del tiempo, resultan especialmente casposos.

En el caso de las verbenas privadas, se organizaban en lugares como el club Natación, a base de orquestas, o el club Larraina, donde actuó ese año Georgie Dann con su éxito del momento, “Mami qué será lo que quiere el negro”.

Pero el que se llevó la palma en 1985 fue el Club de Tenis, donde actuaron Tip y Coll, aunque sobre todo se destacó por el escándalo que se generó con Ágata Lys, uno de los mitos del “destape” estatal.

El caso es que su actuación no estaba gustando a una parte del público congregado en el Tenis, que mostró su malestar lanzando vasos de plástico con bebidas, con uno de ellos dándole a la artista, que siguió adelante contra viento y marea.

Cuando llevaba quince minutos en el escenario junto a sus bailarines, el presidente del Club de Tenis, Pedro del Nido, decidió suspender el espectáculo, porque aquello podía terminar «en una tragedia».

Del Nido calificó la actuación de Ágata Lys de «impresentable en todos los sentidos» y aseguraba que «no sabe hacer absolutamente nada». Curiosamente, le había sorprendido que una de las reinas del “destape” basara «toda su actuación en su cuerpo».

Incluso defendió a quienes habían increpado a Lys y sus acompañantes en el escenario asegurando que «no estuvieron groseros con ellos y, cuando se referían a sus bailarines llamándoles maricones, era porque al menos lo parecían». Un comentario que haría las delicias de Alfonso Guerra hoy en día.

Eso sí, seguro que las 360.000 pesetas que cobró por esos quince broncos minutos ayudaron a Ágata Lys a endulzar el mal trago.

Si esa actuación no había cumplido con las expectativas del público iruindarra del momento, siempre tenía otras alternativas, como el Teatro Lido, donde actuaban ese año Los Hermanos Calatrava y Las Hurtado dentro de una revista titulada “Aluzinados”. Otras “estrellas” eran Juanito Navarro y el recientemente fallecido Mariano Ozores.

Venta de ajos y de ganado

Este tipo de actuaciones hace tiempo que dejaron de recalar en los sanfermines, de la misma manera que desapareció el hábito de algunos extranjeros de lanzarse al vacío desde lo alto de la fuente de la Nabarreria, costumbre foránea que ya en 1985 generaba fuertes críticas.

También preocupaba la continuidad del “Riau riau”, que ese año paradójicamente fue ligero y sin problemas, y el descenso en el número de puestos de venta de ajos en la plaza de las Recoletas, a pesar de que en 1985 se vendieron 18.000 ristras a un precio que oscilaba entre las 300 y las 850 pesetas. La que vivía todavía un buen momento era la feria de ganado, en la que se vendieron 2.000 cabezas y circularon 160 millones de pesetas.

Las barracas, en este caso las de atracciones, también experimentaban una buena afluencia de público, aunque los barraqueros se quejaban de que había “mucho lirili y poco lerele”. Los precios podrían estar detrás de ese fenómeno, ya que una carrera de camellos, ciclistas o panteras rosas podía costar entre 50 y 100 pesetas por medio minuto de diversión. Las atracciones más clásicas estaban a 75 pesetas el viaje.

El plumilla de turno se escandalizaba porque el precio del medio pollo estaba en 400 pesetas, la docena de churros ¡a 125 pesetas! y un bocadillo rondaba las 250.

Unos encierros de infarto

Esas cornadas al bolsillo se sumaban a las que repartían los toros en los encierros del momento, que, en algunos casos, eran bastante más peligrosos que los actuales. Así, la carrera del día 11 duró más de siete minutos al quedarse rezagado el morlaco “Acordeón”, de la ganadería Domecq, que dejó a su paso cinco heridos.

Pero para infartante el encierro del día 13, en el que el toro “Farrán”, de la ganadería de Fernández Barrena, dejó como un colador al médico madrileño Domingo Melón, al que propinó cinco cornadas, aunque sin tocar órganos vitales, ya que se hizo un ovillo, lo que le salvó la vida.

La anécdota de los encierros la puso el corredor californiano Jeffrey Rath. Llevaba siete años disfrutando del encierro, pero el día 13 recibió una cornada de diez centímetros con sección del glúteo mayor que le llevó al hospital. De ese lugar se escapó al día siguiente con la intención de ponerse ante las astas de los Miuras y completar el ciclo de carreras de ese año, hasta que sus colegas le descubrieron y consiguieron convencerle de que regresara al hospital.

Esa afición se cultivaba por aquel entonces entre la chavalería a través de los encierros txikis, pero no como los actuales con morlacos de cartón piedra, sino que se soltaban becerros reales. La carrera comenzaba a las 8.30 horas desde la zona de la curva de Estafeta para cubrir el tramo final hasta la misma plaza con el objetivo de ir curtiendo a las nuevas generaciones de corredores.

Entre todo este jolgorio, los sanfermines de 1985 no pudieron despedirse sin una nota negativa y que tristemente recuerda a acontecimientos recientes. Durante esas fiestas, una joven iruindarra de 21 años fue agredida sexualmente en la zona de las murallas junto a Santa María la Real.

Además, la Coordinadora Feminista de Nafarroa denunció que otra joven había sufrido un intento de violación en Antoniutti. Al hilo de lo ocurrido, el citado colectivo hacía un llamamiento para que todas las mujeres que sufrieran agresiones sexuales lo denunciaran y comunicaran al centro municipal de urgencias y albergue para mujeres agredidas. Un mensaje de hace cuatro décadas que sigue presente.

Con el “Pobre de mí”, se puso fin a unas fiestas que en las siguientes cuatro décadas iban a experimentar un notable cambio y en las que la huella de la fuga de Sarrionandia y Pikabea perdura hasta la actualidad, a través de una canción que forma parte de la banda sonora de los sanfermines.




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sábado, 26 de abril de 2025

Egaña | ¡Muera la Inteligencia!

Hoy, aniversario del Bombardeo de Gernika, hacermos un ejercicio de memoria histórica de la mano de nuestro amigo Iñaki Egaña quien nos ha compartido este texto en su perfil de Facebook:


¡Muera la inteligencia!

Iñaki Egaña

Atribuyen al general José Millán Astray -fundador de la Legión y veterano de las guerras coloniales en Filipinas y el Rif-, la frase que da lugar al título de este artículo. Sucedió en una debate en la Universidad de Salamanca, en la que el militar tuvo un duro enfrentamiento dialéctico con Miguel Unamuno. Dicen algunos psicólogos actuales que Millán Astray tenía un complejo elevado, ya que sus allegados aseguraban que su padre, funcionario de prisiones, era más inteligente que él. Y eso, para un militar de carrera, fogueado en decenas de escenarios bélicos que le convirtieron en un tullido -manco, cojo y ciego de un ojo que tapaba al estilo pirata- era un insulto. Los funcionarios de prisiones eran la escala más baja en la pirámide socio-represiva. Y Millán Astray era nada menos que un general.

Ante la verborrea intelectual de Unamuno, Millán Astray concluyó la discusión con un grito convertido en clásico: “¡Muera la inteligencia! Y ordenó el arresto domiciliario del filósofo y escritor vasco. Meses más tarde, Unamuno falleció en su vivienda de Salamanca. La versión oficial fue la de muerte natural. Investigaciones posteriores, sin embargo, han desmintiendo esa interpretación, señalando que se trató de un asesinato planificado, que quemaron frente a él, que antes de su muerte dos de sus libros emblemáticos (El sentimiento trágico de la vida y La agonía del cristianismo) y luego acabaron con su vida. Hace bien poco, el forense Paco Etxeberria afirmó que su fallecimiento se incluiría, hoy en día, en el apartado de “muertes sospechosas de criminalidad” y que la autopsia desvelaría cómo murió. De Unamuno certificaron su muerte, pero su cadáver no fue autopsiado.

El hecho de que la incultura o la ignorancia estuvieran asociadas a la estructura militar, no sólo en el Estado español, sino también en otras partes del planeta, llevó a diversas editoriales latinoamericanas a publicar un libro que, con diversas acepciones locales, llevaba un título sugerente: “La inteligencia militar”. Un analfabeto funcional como Ronald Reagan se había convertido en presidente de la mayor potencia del mundo (1981-1989), rodeado de recios militares de su Estado Mayor, despreciando en sus análisis a universidades y científicos, tal como en la actualidad lo repiten Donald Trump o Javier Milei, asesorados por terraplanistas, creacionistas o antivacunas a los que aún no ha mordido un perro afectado por el virus de la rabia (rhabdoviridae lyssavirus), mortal al 100% y derrotado desde hace más de cien años cuando Louis Pasteur descubrió la vacuna correspondiente.

En 1992, la editorial Txalaparta recuperó la idea latinoamericana, en tiempos en los que los medios elevaban a una categoría casi divina a la esencia de España, por eso de los 500 años de la llegada del genovés Cristóbal Colón a América, financiado entonces por los llamados Reyes Católicos. Las paradas militares se sucedieron y, con ellas, la adulación de los dos protagonistas de la Transición: el antiguo falangista Adolfo Suárez y el borbón Juan Carlos. Quien había sido presidente de la metamorfosis del franquismo a la democracia monárquica se jactaba en público de no haber leído un libro en su vida. Al borbón le escribían sus discursos y, en ocasiones, en función de sus aventuras libidinosas, encontraba dificultades para la lectura.

La edición de Txalaparta fue un éxito en ventas. Como no tenía derechos de autor, la editorial Gakoa lo publicó también, más tarde. El libro llevó el título de La hinteligencia militar, con h, lo que daba una pista sobre su contenido. Hubo otra edición en euskara, con el enunciado “Militarren Jaquinduria”, una supuesta transcripción del castellano al vascuence, que yo mismo habría redactado. Para redondear la ironía, escribí una breve introducción como traductor, firmándola al estilo del personaje popular entonces en los tebeos, “Anacleto, agente secreto”. Es decir, al igual que lo hacían entonces algunos agentes del CESID, ocultando el primer apellido y trasladando al segundo al lugar predominante. También con faltas de ortografía. Semanas después, el extinto Egin y en su páginas de libros, me publicó una página entera comentando “La Hinteligencia militar”.

La comedia del libro era muy sencilla. Sus 70 páginas estaban en blanco. Una alegoría de la sabiduría que destilaban los precedentes y posteriores a Millán Astray. La parábola tuvo asimismo sus incomprensiones. Varias bibliotecas devolvieron el libro por “error en la imprenta”, algunas librerías rechazaron el envío porque consideraron que la impresión se había quedado sin tinta, esperando los ejemplares rellenos. La mayoría, en cambio, entendió la chirigota. Aún hoy, en 2025, son varios los establecimientos que venden libros viejos y que tienen al título en su catálogo.

Estas reflexiones me llegaron mientras escuchaba recientemente al mexicano Paco Ignacio Taibo II, escritor impenitente y director del Fondo de Cultura Económica, probablemente, con más de mil empleados y cerca de 200 librerías, la mayor editorial en papel del mundo mundial. Taibo nos deleitó con su verbo en conferencias públicas, tanto en Iruñea como en Donostia. Y en su segunda disertación describió a la generación de políticos de alto rango que gobiernan en la actualidad el planeta: analfabetos funcionales. Asturiano de procedencia, conoce al detalle la crónica reciente del Estado. Pero no citó ni a Millán Astray, ni a Adolfo Suárez, sino a toda esa caterva de dirigentes que como M punto Rajoy, Santiago Abascal, José María Aznar, Netanyahu, Trump o Milei se acunan en la ignorancia para dirigir nuestros destinos. Son los nuevos caciques de la palabra hueca, negacionistas de todas los males que aquejan a la humanidad, que para ellos sólo tienen una frase, la de la autocomplacencia, sinónima de terror, mentiras y analfabetismo elitista. Sus biografías las escribiremos en blanco, porque aún nos resta por describir las de miles de millones de hombres y mujeres, en centenares de idiomas, en páginas bien tintadas.

 

 

 

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lunes, 31 de marzo de 2025

Entrevista a Bego y Karmen Galdeano

De la misma manera en la que se ha estado trabajando con ahínco para que el estado español no cubra con una pesada cortina de olvido e impunidad los miles de casos de tortura en contra de vascas y vascos, tampoco se debe permitir echar al olvido a las víctimas de la violencia paramilitar del Batallón Vasco Español y sus sucesivas reencarnaciones (GAL, AAA, ATE, etc.).

Aquí la entrevista al respecto que ha publicado Naiz:


«Esto te remueve, pero hay que seguir tirando para que el Estado reconozca al fin lo que hizo»

Bego y Karmen Galdeano Prieto | Hijas de Xabier Galdeano, víctima del GAL | Se cumplen 40 años del atentado reivindicado por los GAL que acabó con la vida de Xabier Galdeano en Donibane Lohizune. Sus hijas, Bego y Karmen, son unas de las firmantes de la querella contra José Barrionuevo, exministro del Interior español. Este domingo habrá un acto de recuerdo en Algorta.

Agustín Goikoetxea

Cuarenta años del atentado que acabó con la vida de su padre, ¿qué recuerdos perduran de aquel tiempo?

BEGO GALDEANO. Se exilió en 1982 después de haber sido detenido varias veces. Teníamos un acoso policial muy intenso, y hacía que la vida aquí se estuviera volviendo un poco complicada. Había estado en la cárcel, le detuvieron en 1979, pero a raíz de eso fue todo continuo.

Cuando se fue a Iparralde, para él y la familia fue recuperar la tranquilidad, diríamos. Tras instalarse, empezó a ver en qué podía trabajar en ‘Egin’, que era su proyecto. Vio cómo en la distribución se podía mejorar, ampliando puntos de venta. Hizo todo ese trabajo, empezó a ir a la muga a recoger los periódicos y repartirlos.

Le dieron los papeles de residente y también solía ayudar a refugiados jóvenes a hacer esos trámites, llevaba comida a Anai Artea para repartir a familias que tenían más necesidad. Su vida la encauzó así y, la verdad, se le veía contento y tranquilo.

KARMEN GALDEANO. Siempre decía que no iba a volver. «Cuando esto se solucione, no vuelvo. Yo me quedo», decía siempre. Era feliz.

B.G. «Iré de visita», decía. Nosotras teníamos una edad, yo estaba en la Uni y Karmen acabando BUP. Nos quedamos en Algorta con amama y solíamos ir los fines de semana de visita. La verdad es que íbamos a gusto. En aquellos tiempos, la vida en Iparralde era relajada, había conciertos, festivales en pueblos de alrededor de Donibane Lohizune, a veces solíamos ir con refugiados jóvenes. Había vidilla.

En 1983, con la desaparición de Lasa y Zabala, y luego los siguientes atentados, las cosas cambiaron totalmente. Todo el mundo vivía en tensión. En nuestro caso, empezamos a ver gente rara alrededor de casa, coches aparcados con mercenarios de los GAL, con la tensión y angustia que provoca. Él siguió con su vida igual.

Cuando acudían a la Policía francesa para denunciar, les decían que no podían hacer nada porque no era un delito. Aquella época la vivimos con la angustia de lo que se veía venir y la impotencia de no poder hacer nada, hasta que pasó lo que pasó. Fueron días muy duros, un palo a nivel emocional. Recuerdo el barullo, con amigos y familia que querían pasar al otro lado y las mugas cerradas, mogollón de llamadas, la Policía investigando, el tanatorio, la incineración y organizar el homenaje.

Al final lo que perdura es el año que pudimos vivir tranquilos y disfrutar. Luego, tras su muerte, todo el cariño y la solidaridad que recibimos de toda la gente de Iparralde, Algorta y Hegoalde en general. Lo arropados que nos sentimos.

K.G. Yo tenía 16 años. Bego ha explicado bien lo que vivimos. Kattu [Ramón Oñederra], por ejemplo, era uno de los refugiados con los que solíamos ir a los festivales. Nos empezaba a tocar muy de cerca. Txapela [Mikel Goikoetxea] era como de la familia. Empezamos a sentir que era algo serio. No solo allí, también aquí pasó lo de Santi [Brouard], que era muy de casa. Unos años muy duros.

A mí me dicen que fueron 20 años y me lo creo, aunque no llegaron a 3. Han sido los más intensos de mi vida pero con mucha diferencia. Con unas experiencias muy buenas. Estuvimos mucho con Josu Muguruza, que era también como de casa, que luego vino después. Dentro de lo malo, nos reíamos, le dábamos la vuelta a lo duro que era con espíritu de supervivencia: no nos van a doblegar. En nuestra casa, como teníamos más medios que muchos jóvenes refugiados, organizábamos los homenajes de todos los que iban cayendo. Así fue que el suyo también lo hicimos en casa, con ayuda de Josu Muguruza y otros, sacando fuerza de donde fuese.

Xabier era delegado de ‘Egin’ en Ipar Euskal Herria, también estuvo en los inicios de la ikastola de Algorta… son proyectos que han seguido adelante pese a todas las dificultades. ¿Es reconfortante ese legado? ¿Qué le quedó por hacer?

B.G.  Por supuesto que es muy reconfortante. Son dos proyectos que continúan. La ikastola echó a andar al principio de los 60 con ocho alumnos. Hay que aclarar que nuestra familia no fue de las primeras, del grupo fundador, porque yo era demasiado pequeña, pero en cuanto tuve edad, al de 2 años, estuve ya.

En aquella época, la ikastola de casa en casa, sin ninguna seguridad de si iba a poder salir adelante o nos iban a decir que no habíamos hecho nada en esos años. Hay que pensar que hoy tiene más de 1.000 alumnos y más de 60 años de andadura. Que solamente en Algorta y alrededores miles de personas se hayan euskaldunizado y estudiado en euskara en ese centro, creo que es un triunfo enorme, que sea un proyecto que está totalmente arraigado en el pueblo.

En cuanto a ‘Egin’, después del mazazo que supuso para nosotros el cierre, así lo vivimos, que en Euskal Herria hayamos sido capaces de poner en marcha otro proyecto comunicativo, también con financiación popular y haciendo frente a la deuda millonaria que se le endosó por la cara, creo que ambos proyectos son dos logros muy grandes para este país tan pequeño.

De todas formas, queda mucho por hacer de lo que él tenía en su imaginario de una Euskal Herria independiente, euskaldun, y ahí tenemos todavía camino por andar.

K.G. ¿Qué le quedó? Beberse la botella de vino que tenía reservada con Santi [Brouard] para el día de la independencia. La tenemos guardada, a ver si lo abrimos.

¿Las generaciones jóvenes saben lo que fueron la guerra sucia o la tortura? ¿Qué perciben cuando les cuentan el caso de su aita?

K.G. El Estado se ha interesado muy mucho en que todo esto no se sepa y se calle. Gracias a GARA, a ‘Egin’, que por eso precisamente aita tenía tanto interés en que tenían que salir todas esas informaciones a la luz. Gracias al esfuerzo de la izquierda abertzale, sí que se saben testimonios y se está abriendo más, pero está costando.

Los jóvenes, aparte de que tienen sus problemas, que este asunto les pilla muy lejos, así lo veo y me da pena, a veces decimos «es que aburrimos con este tema», como no lo zanjemos rápido y asentemos las bases de lo que queremos, todos los jóvenes que vengan por detrás no van a tener oportunidad ni de leer los testimonios de lo que ha pasado y sobre todo que no se vuelva a repetir.

Se están dando pasos. Es verdad que hasta que ETA no decretó el alto el fuego no pudimos empezar a dar a conocer nuestros testimonios y empezar a tirar paredes. Diría que comenzaron a abrirse puertas donde poder explicar todo nuestro relato, que aquí no ha habido un único relato. Explicar cuál es nuestra parte de relato, para que todos esos jóvenes puedan tener la oportunidad de leer no solo el relato que nos quieren imponer de una única violencia de ETA, no, no, aquí han pasado muchas otras cosas.

Nos duele tener que repetir y repetir, y volver a remover nuestras tripas, para tener que contar lo nuestro que a veces soy la primera que digo: «Ah, qué pesados otra vez con este tema». Somos conscientes que si no lo hacemos, no lo puede hacer nadie, porque cada vez somos todos más mayores y como desaparezca nuestra generación, es que no lo va a contar nadie.

Su familia, como otras, han estado en primera línea reclamando justicia, ¿cómo lo han vivido?

B.G. Desde siempre hemos sabido quién estaba detrás del GAL, que fue ideado, financiado y protegido por los poderes del Estado. Siempre hemos sabido que teníamos un muro enfrente pero, por eso, no lo hemos dejado de denunciar en todas las ocasiones que hemos podido, porque alguien ha hecho una declaración o Felipe González ha venido a Bilbao, para que públicamente no caiga en el olvido.

Hemos hecho todo lo que estaba en nuestras manos para que oficialmente se supiera la verdad, porque aunque surgieran pruebas, nunca la justicia ha actuado o investigado nada, siempre se ha puesto de perfil, como que aquí no ha pasado nada. Lo vives con impotencia, rabia, frustración al ver la inactividad de la justicia. Que haya señores del PSOE, con altos cargos, que asuman y acepten que lo han hecho, y que nadie mueva un dedo, es un escándalo.

A partir de 2011, con el cese de la actividad de ETA, empezaron a abrirse lentamente las puertas para que participáramos en foros, en dar testimonio y comenzaron a tenernos en cuenta. Hace unos años, Gogora nos propuso testificar para el Mapa de la Memoria. Lo hicimos. Allá ellos con su conciencia con lo que hagan con ello. Si hay jóvenes interesados, ahí tienen la oportunidad de verlo.

K.G. Con esa iniciativa de Gogora, con la ayuda de Egiari Zor, además de nuestra aportación personal, se aprovechó para poder dejar testimonio de muy diversas vulneraciones de derechos fundamentales por parte del Estado. Decíamos que, por lo menos, estén ahí, luego no sabemos lo que harán, pero que no digan que no saben.

¿Se ha avanzado?

K.G. Ha costado mucho, porque para la gente dar su testimonio es muy duro, aunque quieras dejarlo aparcado, cuando lo vuelves a rememorar, se remueven muchas cosas. Hay personas que no quieren saber nada de lo que pasó hace 40 años. Como está sucediendo con los casos de tortura, resulta muy duro dar testimonio y es muy importante el paso que están dando. Acabarán todos en psicólogos, en psiquiatras, porque tiene que ser terrible, mucho peor que lo nuestro, siempre lo he dicho.

Ver que, por lo menos, se empieza a reconocer, que hay gente de la judicatura que te apoya, porque siempre hemos tenido en contra a los jueces. Ver que los forenses te ayudan. ¿Quién en la Audiencia Nacional te va a decir que los testimonios avalados por forenses son mentira?

Cuando participamos en foros con otras víctimas diferentes, son las primeras que empatizan con nosotras y nosotros con ellos. Nos reconocemos mutuamente. ¿Quién le va a decir a esa persona, a esa víctima de ETA? No, estos no existen. Van a responder que «sí, sí, existen». Se han abierto brechas que van a hacer difícil negar esos casos. Ha costado muchos años empezar a abrir esas brechas.

El desgaste en diferentes aspectos habrá sido terrible.

B.G. Nada más matarle a aita, el Ministerio del Interior de Barrionuevo lo primero que hizo fue acusarle de ser la persona que blanqueaba el dinero de ETA, como una forma de justificar su muerte. No tenían ninguna prueba. No sé cuánto tiempo habría pasado de la muerte, fue nuestra primera rueda de prensa con los abogados para poner una querella a Barrionuevo por acusarle de algo que no tenía ningún fundamento. Por supuesto, se archivó, ahí empezó nuestro calvario.

Cada paso que dábamos, no valía para nada. En todos estos años, nos hemos encontrado con todo en contra. El primer reconocimiento que se nos hizo a las víctimas del GAL fue cuando Aznar aprovechó el GAL, con todas las investigaciones periodísticas que se hicieron, para atacar al PSOE y llegar al Gobierno. Siempre ha sido un arma arrojadiza entre ellos. El único juicio que hubo, en el que se condenó a Barrionuevo, Vera y compañía, al de tres meses les indultaron. Quedó clarísimo que no les importábamos nada, nos utilizaron.

Ha sido muy duro, pero ha valido la pena, porque no cejaremos en acudir a todos los foros que podamos.

Décadas en las que fueron invisibles para instancias institucionales, ¿han notado algún cambio en los últimos años?

B.G. Sí, se han dado pasos importantes, por ejemplo, en el reconocimiento de la práctica de la tortura, de víctimas policiales. Han pasado 30 años para que se reconozca que la muerte de Rosa Zarra fue por un pelotazo, que no fue por una enfermedad, 41 de la emboscada de Pasaia, 45 de la desaparición de «Naparra»... Estamos hablando de décadas en las que se ha mentido, muchas mentiras, mucha impunidad y la verdad es que llegan tarde, muy tarde, pero por lo menos...

En este nuevo tiempo han sostenido que el Estado español tiene una «deuda histórica» en la asunción de sus responsabilidades en los GAL. ¿Atisban que se pueda producir algún cambio o no confían en ello?

B.G. Nos gustaría que hubiera un cambio, pero la verdad es que después de negación-aceptación- impunidad nos cuesta creer que lo hagan. No hay más que ver durante todos estos años, en entrevistas que les han hecho a Vera y Barrionuevo, que con total descaro asumen lo que hicieron, o sea, asumen la organización de los atentados, pero con una chulería que es impresionante. Que un ministro del Interior y el secretario de Estado de Seguridad asuman estos delitos, reconozcan que se financió con los fondos reservados y nadie diga nada. Es impensable en cualquier otro país de Europa.

¿Tienen algo de confianza?

B.G. Poca, ya veremos.

K.G. En la justicia, cero.

En la presentación de la querella contra José Barrionuevo, ustedes confesaron que no ha sido una decisión fácil, ya que hasta ahora la justicia española no ha hecho nada. ¿Qué ha cambiado para dar este paso?

B.G. En 2022, nos preguntaron a ver si íbamos a dar algún paso y la justicia no hizo nada. Dijimos que teníamos que valorarlo seriamente y ver las posibilidades reales de que pudiera abrirse un proceso en su contra. Ahora, Giza Eskubideen Behatokia nos ha dado el impulso que necesitábamos. Se han recogido muchos datos de entrevistas, de informaciones e investigaciones periodísticas… Con todas esas pruebas esperemos que se pueda abrir un proceso, pero como tampoco tenemos muchas esperanzas, una vez que se cierren todas las puertas, que ojalá nos confundamos, llegar al Tribunal de Derechos Humanos de Naciones Unidas y podamos hacer algo.

No han faltado hilos nuevos de los que tirar en los últimos años, como la revelación de los papeles desclasificados de la CIA sobre los GAL y la responsabilidad de Felipe González, o el audio de Intxaurrondo sobre Lasa-Zabala. Pero no son noticia en Euskal Herria.

B.G. En esos papeles que están ya desclasificados por la CIA se dice que Felipe González es el que ordena organizar el GAL y luego las conversaciones de Intxaurrondo sobre Lasa y Zabala, cómo entre Perote y Gómez Nieto dicen que se les obligó a cavar su agujero y que les dieron dos tiros sin capucha. Más asunción de crímenes, más claro, creo que no puede haber, pero no pasó nada. En ese caso, Perote dijo que no era su voz y ahí quedó la cosa.

Estos días ha estado un ex relator de Derechos Humanos de la ONU en Euskal Herria y decía que los jueces deberían haber hecho mucho más, porque al no hacerlo, lo que estaban haciendo era darle una impunidad total al Estado en cuanto a los crímenes cometidos, que tenían que haber actuado, que era su deber.

Ya veremos qué es lo que dicen cuando se desclasifiquen los demás papeles, a ver qué hay. Por eso, pensamos que la querella que hemos puesto contra Barrionuevo, con todas estas cosas, pudiera tener si no es en el Estado español, sí en Europa, un recorrido más largo.

Ustedes han asegurado que no les mueve una justicia de carácter punitivista, ¿qué persiguen?

K.G. Han pasado 40 años de la muerte de aita, está claro que motu proprio ellos, por lo menos, no van a reconocer lo que hicieron. Entonces, tirando de los pocos hilos que podemos tirar y utilizando en este caso la querella, nuestra finalidad no es que Barrionuevo vaya a la cárcel. Es que se sepa la verdad, cuál fue la responsabilidad del Estado en todas esas muertes, no solo en el asesinato de nuestro aita, sino en las 27 muertes del GAL.

Cuando hablan con esa facilidad de cómo utilizaron los fondos reservados, de cómo crearon el GAL, cuando ninguna Fiscalía de oficio les mete mano y les dice: «A ver, pero ustedes qué están diciendo, que el Estado diga qué es lo que está pasando», nos vemos en la obligación de seguir con el ‘akuilu’, de tener que ser los que vamos tirando para que, de una vez por todas, el Estado reconozca qué es lo que hizo, que por lo menos si podemos tirar de los secretos de Estado, de las cosas que dice Barrionuevo, para que el Estado al final reconozca su implicación en todos estos asesinatos y en toda esta trama de guerra sucia, esa es nuestra finalidad.

Esa verdad, ese reconocimiento y esa justicia, que no es la justicia punitiva, pero que es restauradora para nosotros por lo menos. Y de cara a que la historia sepa verdaderamente qué es lo que ha pasado.

 

 

 

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sábado, 21 de diciembre de 2024

El Mensaje de Feli Ordeñana

Naiz enriquece una jornada dedicada a la memoria de José Miguel Beñaran 'Argala' con este artículo publicado por Egin en el que se recogen las palabras de su madre, Felicitas Ordeñana.

Lean ustedes:


La madre de 'Argala': «José Miguel sí podía haber sido un buen político»

En el tercer aniversario de la muerte de José Miguel Beñaran 'Argala', 'Egin' publicó una entrevista realizada a su madre, Feli Ordeñana. Recuperamos el documento íntegro con Artefaktua.

Feli Ordeñana: «Mi hijo y otros luchadores muertos han tenido una voluntad de que Euskadi sea libre y eso hay que respetarlo»

En las primeras horas de la mañana del 21 de diciembre de 1978, en la localidad de Anglet, José Miguel Beñaran, 'Argala', se dirigía a su coche, un R-5 anaranjado. Momentos después de accionar la llave de contacto, al iniciar la marcha, hace explosión un potente artefacto que produce la muerte inmediata del militante de ETA. Como de «impresionante» fue calificada la escena que ofrecía el cuerpo mutilado de 'Argala' y el coche destrozado por las primeras personas que se acercaron al sitio. El atentado contra 'Argala' tuvo lugar justo al día siguiente de cumplirse el quinto aniversario de la muerte del entonces jefe del Gobierno español, Luis Carrero Blanco. Las organizaciones ultraderechistas OA y BVE reivindicaban horas más tarde la paternidad del atentado a 'Argala'.

Cuando llegamos a Arrigorriaga, Feli Ordeñana, madre de José Miguel Beñaran, ya tiene lista la porrusalda y nos recibe abiertamente y sin prisas. «Es que, sabes –nos comentaría–, a la una viene mi hija de trabajar y la comida tiene que estar preparada, porque a las dos empieza las clases de euskara en Basauri». En los primeros intercambios de impresiones, Feli ahondaría en la precipitación con que hoy la juventud consume la vida, «queréis estar en todos los sitios y no puede ser...», por lo que finalmente no da de sí lo suficiente, tendríamos que inventar un «nuevo día» que nos permitiera no consumir sino «vivir la vida» con desahogo y sin premura. Al hablar sobre el euskara, Feli aclararía resuelta que ella lo hablaba: «Parece que cuesta mucho aprenderlo, que es muy difícil, pero yo lo hablo, aunque es distinto al que se enseña ahora, la gramática es diferente, pero a mí, si me hablan despacio, me entiendo perfectamente con todo el mundo; con los guipuzcoanos también».

Nos sonreiríamos con complicidad al mirar los papeles que se habían quedado olvidados encima de la mesa, conscientes de que tendríamos que abandonar la fluidez y espontaneidad con que habíamos iniciado nuestra conversación, para entrar en el tema que nos ocupaba a iniciar la entrevista en torno al tercer aniversario del atentado que costó la vida de su hijo José Miguel. El rostro sonriente de 'Argala', en una fotografía tomada junto a Monzon, colocada en una parte de la habitación, nos acompañaría durante la conversación.

«Nos ha tocado sufrir mucho por la política»

«Hay días que me desespero cuando pienso en la muerte que tuvo José Miguel y otros como él. A veces piensas que no sabes si merece la pena que se den vidas tan jóvenes, que se entregue todo, cuando escuchas los comentarios que hacen algunos. No lo digo por todos, porque ya sé que hay gente concienciada y luchadora, pero no puedes evitar que te dé rabia cuando sientes ese desprecio. Claro que no voy a pedir que los quieran si no están de acuerdo con sus ideas, pero mi hijo y otros luchadores muertos han tenido una voluntad de que Euskadi sea libre y eso hay que respetarlo».

Feli Ordeñana insistiría a lo largo de la conversación en que ella no se consideraba política y que nunca le había gustado: «Quizás sea porque en la familia, ya desde la guerra, nos ha tocado sufrir mucho. Siempre hemos estado envueltos por el miedo, las detenciones, la cárcel, vives angustiada porque te machacan, la derecha siempre vence». Al comentarle si estaba desesperanzada de la situación política que atravesamos, Feli manifestaría que «cada vez lo veo más difícil. La derecha puede mucho, ya lo vimos en la guerra, y ahora, poco a poco, van a lo mismo. Veo cada vez más difícil que esto se pueda arreglar, por mucho que hagan. No sé, cada vez está más cerrado, más duro. A mí me gustaría que vencieran los que han sido conscientes de la lucha del pueblo vasco, pero lo veo muy negro... Hace tres años parecía más fácil, pero la derecha se está afianzando cada vez más. Estoy desilusionada, ya te he dicho que yo no entiendo de política, pero hablo de lo que estoy viendo. Dicen que los militares no pueden dar ahora un golpe de Estado, pero lo cierto es que al rey lo mismo le da que manden los militares o Calvo Sotelo. Les tenemos por todos los sitios y están deseando barrer a Euskadi y todo lo que representa. Ahora quizás les convenga mantener esa imagen de democracia, si hay alguna, de cara al exterior, pero los golpes, aunque no sean de estado, a los de HB se los están dando por todos los lados, tanto los comunistas como los del PNV, EE o desde Madrid. Entre todos, cómo no los van a poder, como yo suelo decir, es que las van a comer por sopa. Y es que las cosas como son, los únicos que hoy siguen en la brecha son los de Herri Batasuna».

«José Miguel era muy avanzado en ideas»

Recordando el pensamiento político de su hijo, Feli señalaría que «José Miguel sí podía haber sido un buen político. Tenía muchas ideas, era muy avanzado en política y pienso que sus teorías hubiesen sido muy buenas para Euskadi. Ahora no lo sé, pero hace cinco años, cuando comenzó todo este proceso, creo que sí hubiesen servido. Hubiera sido muy bueno, porque tenía mucho interés, siempre estudiando, siempre con libros y pensando en los pobres, en el obrero. Todavía recuerdo cuando antes de marchar de casa, a los pocos meses de morir mi marido, él tuvo que hacerse cargo del negocio que teníamos, de venta de pisos. Él lo pasaba muy mal vendiendo las casas a las familias trabajadoras, sufría mucho y creo que, de no haber tenido que marchar, no habría seguido. Era muy humano, sentía mucha pena de las familias necesitadas, y no sé lo que pensarán algunos al leer esto, igual dicen, sí, muy humano y estaba en ETA, pero es verdad, era un chico muy sensible, con buenas ideas y de una gran humanidad».

Siguiendo con los recuerdos, Feli nos contaría cómo ella no sabía nada de la actividad política de su hijo. «Claro, como yo siempre le decía que no me gustaba la política, pues a mí no me contaba nada. Alguna vez le solía decir: mira que por mucho que queráis no se va a poder arreglar nada en España, conozco bien a los ricos, qué clase de gente es –bueno es que yo estuve sirviendo muchos años en sus casas, nos aclararía– y no hay nada que hacer. Él solía responderme, 'ay, ama, cómo eres, di Euskadi Sur...' Y tenía como mucha esperanza de poder cambiar esto. Era un chico muy resuelto, de carácter muy abierto y aunque a mí no me contaba nada, en la calle ya hablaba. Recuerdo un día que me encontré con un amigo de mi marido y me dijo: vaya hijo que tienes. Yo pensaba que era por los estudios y le contesté que sí, que era muy listo y le iba muy bien, pero resultó que no, que él me lo decía por otra cosa...»

«Voy a volver a casa montado en caballo...»

«Nueve años estuvo sin volver por casa, yo iba mucho a verle a Francia, bueno, a Euskadi Norte, y me solía decir: 'ama, el día que vuelva a casa voy a besar el suelo, voy a ir montado en caballo'. Yo ya le decía, sí, muy elegante eres tú, vas a venir en caballo por los montes de Navarra... Tenía mucha ilusión por venir, pero creo que nunca hubiera podido volver, aquí nunca le hubieran perdonado de lo que le acusaban. Él me decía que era una pesimista cuando se lo comentaba, pero no, no tenía tan fácil la vuelta, ni los que han quedado, tampoco».

«El día que se marchó –proseguiría Feli–, yo estaba recién operada y nunca supe por qué se marchaba. Es verdad que aunque no me contaba nada, yo ya intuía que algo se traía entre manos, pero jamás quise intervenir en su vida privada. A mí me hubiera gustado que hubiese terminado tranquilamente la carrera de Sociología, y ya lo intenté, mi ilusión era esa, pero los hijos nunca te hacen caso, y las cosas se quedaron a medias. Aquella mañana le vi con ojeras y pensaba que había dormido mal, luego ya no le vi más. A los pocos días de la muerte de Carrero nos llevaron a comisaría a mi hijo mayor y a mí, aunque nos hicieron los interrogatorios separados, los dos debimos decir lo mismo, no sabíamos nada, y recuerdo que al salir el policía me dijo: 'Es bastante inteligente usted...'».

Volvemos al presente y charlamos sobre los actos que se han preparado este año, en el tercer aniversario de su muerte en atentado en la localidad de Anglet. «Seguramente, este año nos harán como el pasado, pensarán que vamos a poner la placa y no nos dejarán entrar en la plaza, claro que para ellos es mucha deshonra tener su nombre allí. No sé qué les importa a ellos que nos reunamos en la plaza, pero cada año pasa lo mismo, impiden cualquier concentración popular».

Cuando nos marchamos, Feli comentaría que llevan diecisiete años viviendo en la misma casa, pero que siempre han estado en Arrigorriaga. «Ahora vivimos los tres, Maite y Pablo, mis hijos, y yo, nos hemos quedado poquitos y hay días en que la casa se te hace muy grande...»




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El Legado de 'Argala'

21 de diciembre, una fecha muy particular en el calendario de la resistencia vasca.

De su importancia nos habla este artículo de Naiz para el que se ha recurrido a la invaluable hemeroteca de Egin.

Adelante con la lectura:


'Argala', una muerte que legó un país vivo

Los servicios secretos de la dictadura franquista acabaron con la vida del histórico dirigente de ETA antes de que alcanzara la treintena. Días antes de su muerte, 'Argala' soñó con un pueblo organizado y, sin saberlo, ese fue el legado póstumo que dejó a Euskal Herria.

Maddi Txintxurreta

A José Miguel Beñaran (Arrigorriaga, 7 de marzo de 1949-Angelu, 21 de diciembre de 1978), de niño, no le inquietaba especialmente la cuestión nacional vasca. De hecho, víctima del adoctrinamiento franquista en las aulas, se consideraba a sí mismo un patriota español y partidario del dictador. Sin embargo, las referencias de sus padres, estos sí abertzales, y las emisiones nocturnas de Radio Pirenaica, lo acercaron a la cuestión vasca, al principio desde un interés pueril, y más tarde, cuando rondaba ya la mayoría de edad, se acercó tanto que pudo ver la verdad sobre aquello que le intentaron meter en la cabeza en la escuela.

Cuenta la periodista Mertxe Aizpurua en el libro 'Argala. Pensamiento en acción' (2019) que en los viajes de ida y vuelta en tren que realizaba 'Argala' a la academia Luco de Basauri, donde estudiaba entonces, coincidía con Josu Urrutikoetxea e hizo amistad con él. Comentaban, en voz baja y ayudados por el traqueteo del tren, los sucesivos acontecimientos que tenían que ver con ETA, organización que comenzaba a causar furor entre la juventud vasca.

Ambos entrarían pronto en ella, entre 1968 y 1969. «Curiosamente –recoge la biografía de 'Argala' que Aizpurua, ahora diputada de EH Bildu en el Congreso español, publicó cuando era periodista en GARA–, en un cruce casual y sin que ninguno de ellos llegue a saberlo, los dos han facilitado el nombre del otro como persona proclive a ser captada por la organización».

El final del año 1968 y el inicio de 1969 estuvieron marcados por varias detenciones de militantes de ETA, que derivaron en el sumario 31/69 que a su vez dio lugar al Proceso de Burgos. El resultado de estas operaciones policiales, afirma Aizpurua en el libro, «supone que la práctica totalidad de los cuadros de ETA en el sur de Euskal Herria está detenida o ha huido al norte». Varios militantes, incluidos 'Argala' y Urrutikoetxea, quedaron huérfanos en medio de un clima de represión que el régimen recrudeció en 1970.

Paradójicamente, fue la denuncia popular masiva que se concentró en torno al Proceso de Burgos la que fortalecería el músculo de la organización con nuevos militantes. ETA, entonces dividida entre los partidaros de la V. Asamblea y los de la Sexta, quería responder a la artimaña represiva de Franco y, de hecho, 'Argala' y otros compañeros comenzaron a excavar un túnel junto a la cárcel de Burgos para lograr la liberación de los dieciséis procesados. Una pared de hormigón armado impidió avanzar en la excavación y frustró la huida de los prisioneros, aunque a 'Argala' le vendría bien la experiencia en cavar túneles.

Los últimos años

En efecto, 'Argala' fue uno de los integrantes del Comando Txikia que participó tres años después en el atentado contra el presidente del Gobierno antidemocrático español Luis Carrero Blanco; fue quien tuvo la idea de cavar el túnel que daría muerte al almirante en una acción que hizo tambalear los cimientos de la España franquista. Dos años después moriría el dictador y comenzaría en el Estado la mal llamada «Transición».

Que un grupo de vascos y vascas armadas que había provocado hasta el momento una única muerte premeditadamente –la del torturador Melitón Manzanas– y no había actuado fuera de Euskal Herria consiguiera ejecutar el atentado, burlando a las Fuerzas de Seguridad de la dictadura, era insultante para los integrantes de los servicios secretos (SECED) que el mismo almirante se había encargado de renovar. Por ello, los responsables del SECED se pusieron en marcha con un claro propósito: venganza. La cuenta atrás para la muerte del militante de ETA ya había comenzado.

El de Arrigorriaga se encontraba exiliado en Ipar Euskal Herria cuando en 1976 fue detenido por la Policía francesa y confinado en la isla de Yeu junto a otros refugiados vascos, donde se casó con su compañera Asun Arana. Un vídeo que en su día publicó GARA y que ahora recupera Artefaktua muestra la salida de algunos refugiados, entre ellos 'Argala', de Yeu en febrero de 1977.

A su vuelta a Euskal Herria, participó activamente en las conversaciones de Txiberta, auspiciadas por Telesforo Monzón. Sin embargo, la muerte ya le respiraba en la nuca. El día después del quinto aniversario del atentado contra Carrero Blanco, con la ayuda del grupo paramilitar que luchó contra la independencia de Argelia, el 21 de diciembre de 1978 mataron a 'Argala' en Angelu cuando detonaron la bomba que previamente colocaron bajo su coche.

Unos días antes de su muerte, Beñaran grabó un mensaje dirigido a su pueblo natal, que vería la luz después de que a Arrigorriaga le arrebataran a su querido paisano. Ignoraba que lo que transmitiría con ese mensaje, como la plegaria por que el pueblo vasco se organizara, se convertiría en su legado póstumo. Esta es una de las frases que destaca del texto: «Yo sé, por experiencia, que a los militantes de ETA no les gusta la violencia. Me conocéis un poco a mí, por lo menos algunos, sabéis cómo era cuando vivía ahí, y sabéis que tampoco me gustaba. Esta misma es la situación de todos los militantes de ETA, pero se ven obligados a luchar».

'Egin' no pudo informar del deceso del histórico militante de Arrigorriaga: sus trabajadores estaban en huelga. Y, por ello, el bertso que Xabier Amuriza dedicó a José Miguel Beñaran 'Argala' se publicó en la edición del 27 de diciembre de ese año, al día siguiente de que se celebrara el funeral en la localidad vizcaína. Así despidió el bertsolari a 'Argala':

Abenduaren hogeita bata
hura berri kriminala
goizean entzun genuenean
bota zutela Argala.
Oraindik gure historia da
luzea eta zabala
uste duenak Euskadi bere
mutilarekin hil zala
bizirik utzi zuen herriko
oihua jaso dezala.




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sábado, 30 de noviembre de 2024

Egaña | Egin, al Baúl de la Historia

Durante los meses recientes hemos estado compartiendo artículos de la hemeroteca de Egin, mismo que han estado siendo publicados por Naiz.

Pues bien, desde su perfil de Facebook traemos este texto que Iñaki Egaña ha dedicado a ese rotativo vasco asediado por el españolismo más retrógrada.

Lean ustedes:


Egin, al baúl de la historia

Iñaki Egaña

El derribo de las instalaciones de Egin, en el polígono Eziago de Hernani, ha puesto punto final a una crónica desgarradora que comenzó justo con su salida a la luz, allá por setiembre de 1977, con Mariano Ferrer de director. Desgarradora por los ataques vandálicos y judiciales que sufrió, los secuestros de varias de sus ediciones y la muerte de tres de sus periodistas en ataques parapoliciales, más los 15 atentados que soportaron tanto sus instalaciones como redactores. Egin fue clausurado por el juez Garzón en 1998 y sus dirigentes encarcelados para que en 2009 el Tribunal Supremo español declarara que el cierre había sido ilegal. Como persiguieron en su tiempo tanto Atutxa como Aznar, se atrevieron con la clausura del diario abertzale sin temblarles el pulso. Tuvieron detrás una corte de discípulos, muchos de ellos tildados de periodistas, que aplaudieron a rabiar, en nombre de una libertad de expresión a su medida. El Hormiguero hispano tiene un recorrido escandalosamente largo.

Egin marcó una admirable línea en la difusión de un proceso de reafirmación y liberación que aún respira. Nació con el espíritu de Txiberta, bajo el amparo de las entonces dos sensibilidades abertzales: PNV y KAS (más tarde divididos en Euskadiko Ezkerra y Herri Batasuna). La primera crisis surgió precisamente antes de su primera edición, cuando parte del consejo, abandonó el proyecto para, en una carrera infernal, adelantarse a la salida con un propósito distinto, Deia. En la causa 18/98, en la que fue integrado Egin, la fiscalía llegó a señalar que el diario era una conclusión del Frente Cultural de ETA, una estructura de la organización armada vasca nacida de su V Asamblea en pleno franquismo, 1966. Anacronismos que funcionaban y funcionan.
Bajo el manto del diario creció Egin Irratia y se refugió otro medio mítico, la revista Punto y Hora. Su directora Mirentxu Purroy salvó la vida en varios ataques parapoliciales y uno de sus directores, Javier Sánchez Erauskin, fue encarcelado por difundir una entrevista con las hermanas de un refugiado al que matarían más tarde los GAL. Consideraron aquello apología. Por su rotativa pasaron los protagonistas de nuestra historia reciente y se fotografiaron junto a la redacción. Julio Cortázar se explayó: “Felipe González me ha engañado, Egin también tiene sección de deportes”.

Quizás pueda parecer derrotista dar titular con baúl a un diario que aguantó 21 años los embates del Estado y sus franquicias, incluidas las autonómicas. Nada más lejos de mi intención. Simplemente una constatación. Un cotejo que se renueva cada noticia referente a épocas en las que muchos de nosotros y nosotras fuimos protagonistas. La trascendencia de los lapsos y la intensidad de los recuerdos no los hacen eternos, ni siquiera supervivientes del presente a pesar del dicho de “aquellos barros estos lodos”. Lo acabo de comprobar hace unos días con el fallecimiento de Andrés Cassinello, el militar español que apadrinó el Plan Zen y estuvo detrás de la estrategia contra el independentismo vasco desde antes de que muriera el dictador. Para nuestra generación, Cassinello -nunca he sabido si lo de las dos “s” se debían a un intento de la disidencia de enmarcarlo en la cuadrilla de Goebbels- era el padre intelectual de toda la estructura represiva: Guardia Civil, Ejército, terrorismo de Estado, servicios secretos. Su formación en Fort Braag, le hacía, como señalaba Mundo Obrero, referencia de la CIA. Arrastró los ecos de una respuesta a una pregunta de si se trataba del jefe de los GAL: “Si fuera verdad y tú lo hubieras descubierto, tu vida valdría sólo dos pesetas”.

Pensaba que la muerte de Cassinello ocuparía portadas. Pero no fue así. Un diario de Almería, de donde era natural, la destapó. Y la reseña fue rebotada sin pena ni gloria. Cuando hablé en mi entorno más joven del personaje nadie se acordaba de él. Los diarios digitales tuvieron escasos clics en la noticia. El presente es como una ola gigante que arrasa con lo que pilla, mandando al desguace del pasado, de la historia, las crónicas que nos han moldeado. Si el lado desconocido de la mecánica cuántica no lo resuelve alguna vez, la ola del tiempo irá difuminando nuestra huella hasta convertirla en esa gota del océano que cantaba Eñaut Elorrieta: “Begiratu atzean, ortzimugak sutan”.

La historia de los 7.200 números que editó Egin se cobija en la carpeta de los medios vascos que fueron censurados, criminalizados y vandalizados. A recordar, precisamente, estos días en los que el diario decano de Gipuzkoa está celebrando por todo lo alto sus 90 años de existencia, entre los que se encuentran aquellos que alentó al golpe de Estado militar contra la República y sirvió de sostén a la dictadura. No todos corrieron su misma suerte. Egin entrará en ese baúl que guarda también a los diarios que murieron por la llegada al poder de los pistoleros que hoy renuevan su mensaje. Diarios como Euzkadi, El Liberal, Tierra Vasca, El Pueblo Vasco, El Día, La Voz de Guipúzcoa, La Libertad, La Voz de Navarra. Como con Egin, algunos talleres de estos medios fueron asaltados y embargados para publicar los diarios del régimen.

Por ellos, hay otro periodismo que también merece su lugar en la historia, aunque esta la enlatemos en un baúl. Josu Muguruza, Xabier Galdeano y Ángel Etxaniz, trabajadores de Egin, murieron por disparos de sicarios alentados por el estado profundo. José Ramón Aranguren murió de un infarto mientras se le juzgaba. Su recuerdo reside en ese cofre evocador junto a otros periodistas a los que la dictadura ejecutó: José María Azkarraga Mozo, Lurgorri, Juana Mir, Julián Hernández Martín, Miguel Escobar, Alberto Lamas, Mauro Castilla Burgaleta, Julio Ruiz de Oyaga… A Estepan Urkiaga, Lauaxeta, le detuvieron y juzgaron por ser un “periodista separatista”. Lo fusilaron frente a las tapias del cementerio de Gasteiz. Y a pesar de la incontestable rotación terrestre que marca los años, parece que fue ayer.

 

 

 

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martes, 26 de noviembre de 2024

25 Años de Gara

Este blog vio la luz hace ya veintitrés años.

Una par de años antes el periódico vasco Gara había sido presentado a la sociedad vasca como heredero del periodismo ejercido antes desde Egin y siempre con la amenaza represiva españolista, sofocante, dispuesta siempre a cercenar la libertad de prensa y el derecho del pueblo vasco a estar informado.

Sobra entonces decir que mucho del material compartido en este blog proviene de Gara y más recientemente, de Naiz.

Así que habiendo reconocido lo anterior, les presentamos este texto dado a conocer en la plataforma de dicho medio:


Artefaktua: El futuro ya está aquí

Artefaktua ha publicado un libro con el trabajo de todo este año que ha comenzado ya a distribuirse. Su prólogo, que reproducimos a continuación, está escrito por Iñaki Altuna, que hasta el pasado mes de octubre fue director de NAIZ.

Iñaki Altuna

La proximidad del vigésimo quinto aniversario del nacimiento de GARA alumbró la idea de hacer este enorme ejercicio de memoria de la mano del periodismo vasco, ese que adquirió forma diaria tras la muerte del dictador Francisco Franco, cuando aparecieron en los kioscos las cabeceras de ‘Deia’ y ‘Egin’ en un breve lapso de tiempo allá por 1977.

La necesidad de hacer dicho ejercicio no respondía solo al impulso de celebrar aquel parto realmente esperanzador para nuestra comunidad y el país que supuso la aparición de GARA el 30 de enero de 1999. Estaba motivado también por la punzada de la injusticia que de nuevo había sufrido este proyecto con la imposición ya efectiva del pago de la deuda de ‘Egin’ a la Seguridad Social española, atribuida torticeramente a nuestro periódico. La espada de Damocles caía por fin sobre nuestras cabezas, aunque ya para entonces el plan pergeñado en su día desde las cloacas del Estado para provocar una nueva clausura de un periódico vasco –sería la tercera tras la del mencionado ‘Egin’ y la de ‘Euskaldunon Egunkaria’– hacía agua. La herida a esas alturas no iba a ser mortal, aunque el esfuerzo para sanarla se antojaba titánico.

Aquel expolio de tres millones de euros condicionó la actividad del proyecto de forma permanente desde 2018 hasta 2021, cuando se abonó el último plazo. Las dificultades se acumulaban en plena pandemia. Por ello también nos citamos para este veinticinco cumpleaños, como aquel que quiere respirar a pleno pulmón sin más límite que su propia capacidad.

Porque nuestro objetivo último no era solo pagar la deuda, sino dimensionar a futuro este proyecto comunicativo. Si nos hubiéramos limitado a abonar religiosamente aquella ingente e indecente cantidad de dinero sin ningún otro plan, habríamos muerto desangrados. Por ello, miramos más al futuro que al pasado, con una auténtica vocación de renovación que, entre otros avances, llevó a un cambio y modernización del funcionamiento de la redacción, a un nuevo diseño y modo de elaboración de NAIZ y a la salida de NAIZ Irratia, todo ello en medio de una campaña para lograr 10.000 nuevo suscriptores. «Suscríbete al futuro» fue su significativo lema.

La cita para este 2024 tomó cuerpo mediante la iniciativa de Artefaktua, que venimos desarrollando de forma permanente durante todo el año y que también ha permitido confeccionar este libro que ahora tienes entre manos.

Los datos no pueden ser más elocuentes: está previsto que hagamos para final de año cerca de 1.000 artículos, muchos de los cuales, además de en internet, estamos llevando al papel en GARA o en los suplementos ZAZPIKA y GAUR8, además de a la radio. Un reto que incluye vídeos, audios, fotografías y reproducciones de primeras páginas o portadas. Son miles los archivos que pueden consultarse en este enlace.

Hemos realizado crónicas de cada uno de los 365 días, de los 366 contando los bisiestos, y de cada uno de estos 47 años, hemos recuperado artículos de tiempo atrás –auténticas joyas del periodismo– y hemos recogido testimonios actuales de los protagonistas para valorar con perspectiva algunos de los acontecimientos más relevantes. Una labor en la que han participado más de 50 periodistas, colaboradores, fotógrafos, diseñadores e informáticos, entre otros.

Artefaktua comprende el periodo que va desde el nacimiento de ‘Egin’, el 29 de septiembre de 1977, hasta la actualidad. La elección de la fecha de inicio venía dada. Porque, si no hubieran cerrado ‘Egin’, esta línea del tiempo habría sido otra. Ni siquiera 2024 habría sido un aniversario redondo.

Así, al celebrar los veinticinco años de andadura de GARA, debíamos indefectiblemente recoger también contenidos de las dos décadas anteriores, para tener una visión suficiente de lo que ha sucedido y de cómo se ha contado.

Y la conclusión no puede ser más clara: sin estos medios de comunicación la realidad informativa habría sido mucho más sesgada, insoportablemente adulterada. Las fotografías de las torturas a Joxe Arregi mostradas en ‘Punto y Hora’, la información ofrecida para hacer frente a la patraña del 11-M, la publicación de la ponencia política que abogaba por el cambio de estrategia de la izquierda abertzale cuando ya se llevaban detenidos a Arnaldo Otegi y sus compañeros o los audios de las comunicaciones de la Ertzaintza el día que cargaron con todo hasta provocar la muerte de Iñigo Cabacas son algunos ejemplos.

Desde nuestras propias empresas y participando o colaborado con otras, tampoco cabe pasar por alto la contribución hecha a la construcción de la nación vasca, con medios que abarcan todo el territorio, de forma determinante en Ipar Euskal Herria gracias a Mediabask, o con la promoción del euskara, cuyo uso no ha hecho más que crecer con el desarrollo de NAIZ. En la línea monolingüe nos encontramos, además, con el semanario GAUR8, NAIZ Irratia, la revista de viajes Bidaiari, el diario digital Kazeta o Hamaika TB.

Artefaktua muestra el tamaño de la contribución del proyecto que echó andar con GARA, y lo hace en un momento en el que se debe resaltar la importancia que tiene contar con medios de comunicación rigurosos, que respondan a la pluralidad de la sociedad vasca. Una prensa solvente es sinónimo de salud democrática, por lo que su sostenibilidad debiera ser también motivo de preocupación para los poderes públicos.

Es curioso que, vista la contribución del proyecto iniciado con GARA, este grupo reciba cuatro veces menos de dinero público que cualquier otro. La diferencia en los recursos recibidos puede llegar a ser aún muchísimo mayor respecto a determinados medios.

Porque, como queda atestiguado en este Artefaktua, no aportamos ni representamos menos que nadie. Obviamente, no existe la suficiente ecuanimidad en las políticas públicas en este ámbito. La prensa y, en general, los medios de comunicación necesitan apoyo desde una apuesta decidida por la ya señalada pluralidad, lejos del clientelismo o el favoritismo para la financiación de los afines. No debieran ser políticas partidarias, sino ponderadamente equitativas con criterios de servicio público.

Con todo, hemos cumplido 25 años, y en esta última fase, además, hemos completado con éxito –relativo, para que no suene presuntuoso– una importante modernización, con hitos como los ya señalados y que ha cristalizado incluso en la renovación física de las redacciones. Se podría decir que se ha concluido otra etapa y que, desde el estadio alcanzado, es momento de volver a repensar el proyecto para fijar nuevos objetivos. Pero para empezar a hablar de ello será mejor leer primero el epílogo de este libro, a cargo de la nueva directora de NAIZ, Ane Urkiri, quien ha tomado mi relevo en el cargo. El cambio generacional es también un hecho.

 

 

 

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domingo, 10 de noviembre de 2024

Historia Laberíntica

Hagamos un ejercicio de memoria histórica reciente con este texto referente a 2008, mismo que ha sido publicado por Gara:


Se abren nuevos escenarios y el pasado asalta la portada

Amaia Ereñaga

Pasar las páginas de un periódico viejo es un ejercicio extraño. Hagas lo que hagas, siempre te conduce al caos absoluto: una noticia te lleva a otra, un recuerdo se enlaza con otro, un descubrimiento te hace pararte en una fecha o una cara durante horas... y a veces no puedes impedir sentirte como la Alicia de Lewis Carroll, metida en el surrealista, accidentado, doloroso y apasionante laberinto de la historia reciente de este país. Como el personaje de esta historia, ¿qué estamos aprendiendo de este viaje? Básicamente, que no tengamos miedo a lo desconocido y que la mejor gente es la que está “loca”; porque, qué interesante es la gente que tiene sueños. Última reflexión, antes de entrar en harina: cuidado con los y las Reinas de Corazones, siempre ansían cortar cabezas.

10 de noviembre de 2008, EA tomó una decisión de calado. Lo leímos en GARA al día siguiente, en portada y a cuatro columnas: «EA irá sola a las urnas tras ocho años de coalición con el PNV. Eusko Alkartasuna ha decidido no repetir la coalición con el PNV por la que optó en las autonómicas de 2001 y 2005. La constatación de que las bases apostaban por ello ha sido definitiva. La medida la hizo pública la Ejecutiva, sin necesidad de oficializarla en una Asamblea Nacional».

La información, firmada por Iñaki Iriondo, daba cuenta de este nuevo giro en la historia de la formación abertzale, que le llevaba a romper amarras definitivamente con el partido “madre”, del que se escindió en 1986. Iba a jugársela en las elecciones de marzo de 2009 en un giro arriesgado, porque su candidato a lehendakari -su presidente, Unai Ziarreta- competiría contra Juan José Ibarretxe, quien fue también su candidato en 2001 y 2005.

La clave de esta ruptura podía estar precisamente en el «Plan Ibarretxe»; es decir, en que hubiese sido enterrado por los jeltzales. Aunque las previsiones de EA en este nuevo giro pasaban por mantener los cinco parlamentarios obtenidos cuatro años antes, el varapalo fue histórico: solo obtuvieron uno. En marzo de 2009, cuando Ziarreta hizo efectiva su dimisión al frente de EA por el fracaso, dio también otras de las claves que permitían vislumbrar el nuevo escenario político que se estaba abriendo: «Insistió también en que la revisión de los errores que se hayan cometido no puede llevar al partido a renegar de la línea estratégica que se ha marcado en los últimos tiempos para regresar a posiciones que ya están superadas por la mayoría de los militantes de EA -leíamos en otra información firmada por Iñaki Iriondo-. En este sentido, señaló que el camino de futuro para el conjunto de las fuerzas abertzales es buscar la unión en clave soberanista, siempre desde el respeto escrupuloso a todos los derechos humanos».

Aires de cambio

Saltamos al 10 de noviembre de 2011, que, desde el año anterior, es conmemorado por el Gobierno de Lakua y diputaciones y ayuntamientos de la CAV como el Día de la Memoria. Situémonos: nuevamente, el país vuelve a bailar al ritmo de la música electoral; el lehendakari, en un giro sorprendente de la historia, es Patxi López y, en otro giro todavía más impactante, el periodista Martin Garitano, firma veterana de “Egin” y GARA, es el flamante diputado general de Gipuzkoa después de que Bildu, formada por EA, Alternativa e independientes de la izquierda abertzale, arrasara al obtener en abril de ese año 22 de los 51 diputados de la cámara guipuzcoana.

En la siguiente página de GARA, el cintillo lo decía todo: «Elecciones en un nuevo tiempo. Amaiur quiero marcar un hito y lograr un diputado en el Congreso por Araba», titulaba Ion Salgado sobre el acto central de Amaiur en ese territorio, celebrado en Gasteiz, ante un millar de personas. En el estrado se podía ver a Pello Urizar, el presidente que sustituyó al frente de EA a Ziarreta. También a representantes de Aralar, que se habían unido a la colación soberanista. Amaiur irrumpió en el Congreso de Madrid con fuerza, nada menos que siete diputados.

Los «grises» regresan a Zaramaga

La fotografía de portada impresiona. Puede parecer perfectamente una recreación de una primera página de “Egin” de los años setenta, concretamente del 3 de marzo de 1976. Por suerte, es cine; en concreto, el rodaje el 10 de noviembre de 2017 en Gasteiz de “Vitoria, 3 de marzo”, la ópera prima de Víctor Cabaco, que recreaba lo ocurrido 41 años antes, cuando la Policía Armada mató a cinco trabajadores en las calles de la capital alavesa.

“Vitoria 3 de marzo” pasó por distintos festivales, como Zinemaldia, y triunfó en el Puglia International Film Festival, un certamen italiano que reconoció la cinta con cuatro de sus premios más importantes: el premio Chiave d’Oro 2020 al mejor largometraje; mejor actriz protagonista para Amaia Aberasturi; mejor actriz secundaria para Ruth Díaz; y mejor actor secundario para Alberto Berzal.




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