domingo, 9 de julio de 2017

Martín Villa y los Asesinos de la Democracia

El Congreso borbónico franquista condecora sin ningún disimulo a sus sicarios.

En esta nota de Naiz, nos dan cuenta del encuentro entre dos víctimas vascas del terrorismo de estado español y el ejecutor de las sentencias de muerte aquel 3 de marzo en Gasteiz:


Eva Barroso y José Luis Martínez Ocio | Martxoak 3 Elkartea – Asociación Víctimas 3 de marzo

Este miércoles 28 de junio nos disponíamos a entrar por una de las puertas del Congreso de los Diputados cuando de repente y frente a nosotros vimos salir a Martín Villa. José Luis y yo nos miramos y en un mismo impulso fuimos hacia él. «¿Te acuerdas de Vitoria?», fue nuestro saludo. Él se detuvo en seco y algún resorte resonó dentro de sí. Nos presentamos de esta manera: «Somos hermanos de dos jóvenes obreros asesinados el 3 de marzo de 1976 en Vitoria». El ministro franquista había acudido al Congreso para ser condecorado y homenajeado en el Acto de Conmemoración del 40º aniversario de las primeras elecciones legislativas tras la dictadura franquista.

Han pasado casi 42 años desde que Martín Villa estuviera frente a una víctima del 3 de marzo, y al igual que los estamentos del Estado español, su arrogancia no se ha movido un milímetro en todo este tiempo.

En 1976, a los tres días de la criminal acción policial, los ministros franquistas Manuel Fraga Iribarne y Rodolfo Martín Villa llegaban a Vitoria-Gasteiz. Ante la indignación de las familias de los heridos y del personal sanitario ambos eran fotografiados mientras visitaban a José Castillo en el hospital. A las pocas horas de la toma de esta imagen fallecería. Antes habían caído abatidos Pedro Mari, Romualdo y Francisco. Unas semanas más tarde murió Bienvenido. No nos olvidamos que durante esta agonía, la represión continuaba contra toda mínima protesta solidaria y el derramamiento de sangre obrera prosiguió con Juan Gabriel en Tarragona y Vicente en Basauri.

Aquel día en el hospital le preguntaron a Martín Villa si venía a rematar a los heridos. Hoy le  hemos preguntado si se acuerda de Vitoria y si es así, por qué no reconoce el daño causado, asume su responsabilidad en aquel gobierno de Arias Navarro y da la cara. Y para animarle le hemos puesto el ejemplo del Gobierno británico declarándose responsable de la acción militar que en 1972 asesinó a 14 civiles. Un avance para la convivencia y la construcción de la paz en el norte de Irlanda.

Mientras hablábamos con Martín Villa, ¡cómo no pensar en el dolor vivido por nuestros padres, por nuestro pueblo, y en la violencia del Estado que él representa! Su respuesta es la negación de los crímenes (de lesa humanidad) y su autoexculpación ante las responsabilidades que  tuvo. Su conciencia no le dicta la mínima duda, no se siente culpable y no se arrepiente de nada porque no percibe haber hecho daño. Y lo más significativo de todo, tampoco siente la más mínima empatía ante dos familiares, y mucho menos, expresa el afecto y la delicadeza como hoy se exige que sean tratadas las víctimas del terrorismo. Nos dijo que quiere declarar pero que se lo impide la justicia, y eso es falso. Si de verdad quisiera, podría hacerlo de forma voluntaria. Por el contrario y para no pasar por ese trance, se escuda en la nula voluntad del Gobierno español para atender la orden de extradición para toma de declaración indagatoria dictada por la jueza Servini y en la directriz de la Fiscalía General del Estado para no admitir por los jueces los exhortos de dicha jueza en ese sentido. ¿Cómo una persona en busca y captura por la Interpol es condecorada y homenajeada por las altas instancias del Estado? Es inadmisible. O democracia o Martín Villa, con Martín Villa no hay democracia.

Sabemos que la impunidad es la estrategia del Estado, el mismo que condecora a Martín Villa en el Congreso y saca brillo al busto de Fraga en el Senado. Transcurridas más de cuatro décadas la impunidad es la seña distintiva de esta democracia a la española. Las víctimas de terrorismo de Estado existimos, y el 3 de marzo de 1976 ha mirado a los ojos a uno de los verdugos para decirle, aquí seguimos. Siempre os perseguirán nuestras memorias porque con impunidad nunca habrá democracia.






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martes, 4 de julio de 2017

Manifiesto Social | Altsasu Gurasoak

La fiscalía franquista ha culminado su despropósito, pidiendo condenas carcelarias de 50 años para siete de los ocho represaliados de Altsasu.

Aquí les compartimos el enlace al manifiesto que han dado a conocer sus padres, en el mismo se puede firmar la adhesión:


A raíz de los hechos acaecidos el pasado 15 de octubre, de madrugada, en un bar de la localidad de Alsasua, once jóvenes de la localidad han sido imputados por actos de terrorismo y siete de ellos han sido encarcelados provisionalmente. Tras un mes en prisión, cuatro de ellos han sido puestos en libertad con cargos y tres siguen en la cárcel. Desde el compromiso por la convivencia, la libertad, la justicia y el respeto por los derechos humanos y los principios del Estado de Derecho, las personas abajo firmantes mostramos nuestra preocupación por el desarrollo de los acontecimientos en torno a este caso.

Consideramos fundamental que la sociedad, sus representantes institucionales, los medios de comunicación y el sistema judicial observen los criterios de cautela, ecuanimidad y proporcionalidad. En este sentido, debemos ser respetuosos con la presunción de inocencia y, por ello, mostramos nuestra preocupación por la publicación de las identidades de los jóvenes —dos de ellos menores de edad—, y por la forma en que se han producido las detenciones, sin citación judicial, en lugares y horarios públicos a pesar de haberse personado anteriormente y de forma voluntaria a declarar. Se les ha negado el derecho al Juez natural y, como han señalado reputados juristas, las garantías procesales (derecho a la defensa, individualización de las responsabilidades, interpretaciones no extensivas, proporcionalidad, no arbitrariedad…) han quedado en entredicho.

Por otra parte, mostramos nuestra preocupación por la calificación judicial de los hechos como delito de terrorismo. La falta de proporcionalidad y la interpretación extensiva vulneran las libertades, las garantías procesales y la seguridad jurídica que a todas las personas nos deben proteger. En este sentido queremos resaltar que los primeros informes policiales, redactados por la Policía Foral y la Guardia Civil, contradicen y rechazan la calificación de los hechos como delito de terrorismo.

Si nos atenemos a las consecuencias penales derivables de la calificación como acto de terrorismo, la privación de libertad entre 10 y 15 años, equivalente a la de un delito de homicidio, no resulta ajustada al grado de gravedad de las lesiones recogidas en los partes médicos. Debemos señalar el perjuicio irreparable que ocasionaría el cumplimiento de penas desproporcionadas en el futuro de estos jóvenes. Debemos subrayar la excepcionalidad de una medida cautelar como la prisión provisional. Preocupa su implementación en jóvenes que reiteradamente han demostrado su voluntad de personarse ante los juzgados. Entendemos el sentimiento de indefensión y desamparo que han mostrado las familias.

Por otra parte, durante el transcurso de estas semanas hemos asistido a un sobredimensionamiento mediático que ha distorsionado la imagen del municipio navarro dañándolo sobremanera, haciendo flaco favor a la convivencia.

Por todo ello, pedimos que imperen los principios de proporcionalidad, justicia y equidad, y requerimos la eliminación de la calificación penal como delito de terrorismo, la devolución de la competencia al Juzgado de Instrucción nº 3 de Pamplona, y la consiguiente puesta en libertad de los siete jóvenes.

A la vez, solicitamos a las autoridades competentes (Fiscalía General, Audiencia Nacional y Audiencia Provincial de Navarra) a que reconsideren sus actuaciones en el sentido mencionado y a las administraciones públicas, medios de comunicación, agentes sociales y políticos y a la sociedad en general que colaboren en la consecución de estas peticiones.






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sábado, 1 de julio de 2017

Egaña | Errekaleor

Le damos seguimiento al caso del barrio okupa de Gasteiz con este texto publicado por Iñaki Egaña en su cuenta de Facebook:


Iñaki Egaña

Vivimos en un mundo "libre", acotado por unas normas que, en la teoría, nos las hemos puesto entre todos. Normas de convivencia, de justicia, de comportamiento, de pluralidad... de vida. Sabemos, sin embargo, que todo eso es una farsa, que estamos enfilados a consumir, a mantener en la sociedad las diferencias marcadas por el lugar nacimiento y acogotadas por el medio laboral.

En las sociedades tecnológicamente más avanzadas, se nos dice que todo tiene cabida, dentro de esas normas de convivencia pactadas, incluso el derecho a decidir individual y colectivamente. Pero ahí la comedia también se impone sobre la realidad. Los límites son notorios cuando el sistema se pone de verdad en cuestión, aunque sea en detalles. Entonces, el matonismo ideológico no deja lugar a la poesía.

El proyecto comunitario de Errekaleor ha sido enfocado por los seguidores del razonamiento único. Dicen que hay alternativas. Pero siempre y cuando no dejen un poso positivo, creíble, que se pueda repetir en otros lugares y que sirva de faro para colectivos que no encajan en la fotografía del sistema.

Las alternativas que ofrece el sistema son aquellas enlatadas en museos y campos de fútbol, en culturas apropiadas por el derroche. En consecuencia, no son alternativas, sino incitaciones a mantener un estado eterno de consumo, bajo la apariencia de superaciones y progreso. Tenemos decenas de anuncios que ahondan con una desfachatez extrema en conceptos a los que han hurtado su significado. Y, nos escupen, que si no seguimos su huella nos convertiremos en marginados.

Gorka Urtarán y con él la representación agazapada bajo su sombra, aspiran a mantener ese viejo eslogan franquista que decía "libertad sí, sin alcanzar el libertinaje". Es decir, libertad entendida como un conjunto de leyes amenazantes, argumento supremo de esa democracia descolorida de la que se apropian ajenos y extraños. Hay permiso para la pluralidad hasta que esa pluralidad pone en tela de juicio el pensamiento único.

Ejemplos de esa última afirmación los hemos conocido y sufrido en los últimos años, en los últimos tiempos, con una cadencia que demuestra que no estamos ante una respuesta sistémica excepcional, sino ante un código defensivo habitual. Código que utilizan quienes defienden las posiciones de ese poder omnipresente, gestionado con medios, policía o hábitos, con el objetivo de perpetuarse. Nunca olvidaré aquel desalojo del Euskal Jai de Iruñea, en nombre de la "civilización".

Los primeros objetores de conciencia al servicio militar y los miles de insumisos posteriores fueron tachados de inadaptados sociales, como si el Ejército fuera un pilar básico social, educativo y con un valor ético supremo. A los ecologistas que se enfrentaron a Lemoiz se les embarcó en la txalupa de la marihuana y el hipismo folclórico, hasta que la central comenzó a tambalearse. Fue entonces cuando la cosa se supo seria, que la respuesta se convirtió en que aquellos alternativos estaban en contra del progreso, de la normalidad, que querían volver a poblar las grutas de Santimamiñe y comer berzas de Berriz.

Con una sociedad entregada a cuatro desalmados que entienden la vida en función de los balances positivos de sus cuentas de resultados, que ganan a espuertas y crean tendencias de todo tipo gracias a sus compañías de propaganda, la autogestión ha sido sistemáticamente demonizada. Porque autogestión significa precisamente salir de esas normas que nos estrujan desde que suena el despertador por la mañana. Porque autogestión tiene numerosos sinónimos, reñidos precisamente con el poder capitalista: autodeterminación, soberanía, colectivización, socialismo, independencia... Y la búsqueda de sus antónimos nos deja en el punto actual: subordinación y dependencia.

Han sido precisamente las gestas autogestionarias las que con mayor insidia han tratado las instituciones destinadas a su perennidad. Kukutza en Bilbao había sobrepasado las tasas de "libertad controlada" y, sobre todo se había convertido en referencia y cohesión para un sector social distraído hasta entonces en la marginalidad cultural. Por eso el difunto alcalde Azkuna arremetió no sólo contra su símbolo sino también contra su proyecto real. Es un insulto a la inteligencia que a la antigua alhóndiga de la capital vizcaina se le llame hoy precisamente Azkuna Zentroa "lugar de ocio y cultura". Al menos sirve para explicar en qué términos hablamos unos y otros de cultura.

Una experiencia similar corrió el proyecto Kortxoenea en Donostia, desmantelado en vísperas de la capitalidad cultural europea de 2016, asaltado por hombres de uniforme cuando se inauguraba el proyecto multicultural y multimillonario de Tabakalera. Parece mentira que propósitos tan humildes y concentrados en comunidades abiertas como las de Kukutza, Kortxoenea o la más extensa de Errekaleor, puedan provocar respuestas tan airadas en el establisment, como si se tratara de una confrontación a vida o muerte, cuando en realidad se trata de experiencias en las que el principal lema tiene que ver con "otra vida, otro modelo, es posible".

Errekaleor es un proyecto autogestionario. Modesto, pero simbólico. Y lo simbólico es parte de esa gran batalla ideológica que tanto molesta a los defensores de una libertad como la que anuncia recientemente el ministerio de Defensa español para alistarse a su Armada. Nadie hablará de esclavitud, de dependencia, de prisión, de consumo inducido. Esos defensores del pensamiento único, sin embargo, nos citarán la palabra libertad precisamente para tapar el significado que le dan, esclavitud, dependencia, prisión, consumo inducido. Por ello sobran los experimentos que puedan demostrar otras verdades diferentes a las oficiales.

El potencial de Errekaleor es su fortaleza. Y así lo entienden quienes quieren que desaparezca del mapa. Hay una lectura que los colegas de Gorka Urtarán hacen para el conjunto de Euskal Herria. En Bizkaia y en Gipuzkoa les ha dado sus frutos. En Ipar Euskal Herria acaba de fracasar estrepitosamente en las elecciones legislativas. En Araba tiene sus frenos con los ecos aún recientes del caso del corrupto y ex jeltzale Alfredo de Miguel.

La lectura tiene que ver con su crecimiento electoral. Es notorio que su mejora electoral tiene que ver con su penetración en el nicho de votantes del PP, de la derechona española. Una derecha que en Gasteiz estaba asentada por razones ya conocidas, alcaldía incluida. Una derecha todavía muy potente numéricamente. Y puesto que el PNV tiene una lectura únicamente electoral para marcar su estrategia política, la sustracción de las señas de identidad de esa derecha española (contra la autogestión de Errekaleor, contra las ayudas del RGI...) se ha convertido en táctica inminente.

No me preocupan en absoluto las definiciones de autogestión que puedan confeccionar quienes apoyen o vivan in situ el proyecto de Errekaleor. Ni siquiera si se convertirá en un hito sobre el tan manido "poder popular" que hemos destacado desde siempre en nuestros tratados de democracia vasca participativa. Me encandilaron aquellas palabras que escuché en la reciente manifestación solidaria de Gasteiz: "Por pedir, pediríamos mucho, pero nos conformamos con que nos dejen tejer nuestro mundo, nuestra alternativa".

Y es que, en definitiva, de eso se trata. De descentralizar, de crear, de avanzar y, a veces retroceder, de construir. Y también de equivocarse. Me han recordado tantas veces que la autogestión es un término utópico, reñido con el tamaño, que ya olvidé cuando fue la primera. Por eso hago caso omiso a esas recomendaciones de pragmatismo y sé que experiencias como las de Errekaleor son las mías. Porque creer en la utopía es lo que nos hace ser más humanos. Y experimentar en pequeñas comunidades lo que nos hace fuertes. Así haremos camino.






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