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sábado, 8 de noviembre de 2025

Una Nao para Eibar

De Pasai Donibane y la espectacular botadura de la Nao San Juan por parte de Albaola, fruto de una década de arduo trabajo, traemos a ustedes este texto publicado en Facebook que también nos habla de memoria histórica, pero esta vez, en Eibar, localidad que en sí materializa como se vivió la Revolución Industrial en suelo vasco.

Adelante con la lectura:


La lección de Pasaia para Eibar

La nao San Juan señala el rumbo hacia un gran museo del patrimonio industrial

Alberto Echaluce Orozco

La imagen de la nao San Juan flotando en la bahía de Pasaia, tras más de una década de trabajo en Albaola Itsas Kultur Faktoria, es mucho más que una hazaña naval. Es la demostración de que un territorio pequeño, con un relato poderoso y una apuesta sostenida, puede convertir su memoria técnica en un proyecto internacional de primer nivel. Un ejemplo que interpela directamente a Eibar y a su viejo sueño: levantar un gran museo que explique al mundo el genio industrial de un pueblo que lo fabricó literalmente todo.

Albaola ha logrado algo que parecía reservado a grandes instituciones: a partir de la investigación arqueológica en Red Bay, la documentación histórica y el impulso de un pequeño equipo liderado por Xabi Agote, ha reconstruido con rigor científico un ballenero vasco del siglo XVI y lo ha llevado al agua como símbolo vivo del patrimonio marítimo vasco. Todo ello desde un astillero-museo instalado en un espacio industrial recuperado, abierto al público, formando oficios, atrayendo voluntariado y alianzas internacionales. 

Con la flotadura-botadura del casco, Albaola ha convertido la San Juan en un icono de alcance global: un barco que será museo flotante, embajada cultural y, en pocos años, protagonista de una travesía a Canadá que conectará pasado y presente en una narrativa clara, emocionante y exportable. 

Ese es exactamente el tipo de relato que Eibar tiene pendiente contar con la misma ambición.

Porque si Pasaia ha levantado una nao, Eibar lleva siglo y medio construyendo, pieza a pieza, un museo posible: escopetas finas, bicicletas, máquinas de coser, motos, pequeños electrodomésticos, herramientas de precisión; ingenios tan simbólicos como el sacacorchos de Boj, la grapadora de El Casco, la silla de barbero, el órgano Helmholtz, el damasquinado, los Zuloaga, el arte y el trabajo de un tejido urbano donde “todo el pueblo era taller”. Ese patrimonio ya está parcialmente recogido en el Museo de la Industria Armera, hoy confinado en la quinta planta de Portalea: valioso, pero discreto, escondido, lejos de la escala que merece la historia que cuenta. 

La operación de la nao San Juan ofrece a Eibar tres claves muy concretas:

1. Visión a largo plazo

Albaola no ha improvisado: ha trabajado más de diez años con un objetivo nítido, un relato claro (“recuperar un ballenero vasco y la memoria compartida con Canadá”) y una hoja de ruta técnica y cultural. Eibar dispone ya de ese relato, solo necesita afirmarlo: una ciudad obrera e innovadora que pasó de las armas a la bicicleta, de la máquina de coser al diseño de precisión, y que puede explicar como pocas en Europa la evolución del trabajo, la tecnología y la cultura industrial.

2. Espacio emblemático y abierto

Pasaia ha hecho de Albaola un lugar de peregrinación cultural: se ve, se toca, se escucha cómo cruje la madera. En Eibar, la oportunidad pasa por dar un salto espacial y simbólico: un gran Museo del Patrimonio Industrial accesible, visible desde la calle, integrado en la ciudad, con metros suficientes para contar la cadena completa: talleres, marcas, piezas únicas, archivos, audiovisuales, demostraciones, residencias de artistas y diseñadores, conexión con la FP y la universidad. El edificio del antiguo El Corte Inglés, hoy en negociación, encaja como puerta grande para ese proyecto: situación céntrica, volumen, aparcamiento, capacidad para convertir el museo en motor urbano, económico y turístico. 

3. De colección estática a proyecto vivo

La fuerza de Albaola no está solo en el barco terminado, sino en el proceso abierto: visitantes viendo trabajar, aprendices, investigadores, colaboraciones internacionales, programación constante. Eibar puede aplicar el mismo modelo: un museo vivo donde se restauren máquinas, se fabriquen piezas, se enseñe damasquinado, se monten y desmonten bicicletas históricas, se expliquen procesos de estampación, se muestren diseños contemporáneos inspirados en Boj, El Casco o Alfa, se programen exposiciones sobre Zuloaga o sobre cómo la ciudad se levantó tras la guerra gracias a sus manos y su ingenio.

La gesta de la nao San Juan recuerda que el patrimonio no es una postal nostálgica, sino una herramienta de futuro. Pasaia ha colocado en el mapa un proyecto que genera visitas, prestigio, empleo cualificado y orgullo colectivo. Eibar, con una densidad industrial única por metro cuadrado y un capital humano que ha fabricado mundo, tiene credenciales de sobra para hacer lo mismo en clave terrestre.

Si desde la bocana de Pasaia se ha levantado, tabla a tabla, un símbolo mundial del patrimonio marítimo, desde las laderas del Ego se puede levantar un gran museo del patrimonio industrial vasco que explique al mundo qué significan una escopeta eibarresa, una bicicleta G.A.C., una máquina de coser Alfa, un sacacorchos Boj, una grapadora El Casco, un banco de trabajo, un damasquinado o un cuadro de Zuloaga cuando se miran juntos: la historia de todo un pueblo que convirtió el trabajo en cultura.

La nao San Juan ya flota. Ahora le toca a Eibar hacerse a la mar con su propia memoria.

 

 

 

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lunes, 18 de noviembre de 2024

La Réplica del 'San Juan'

Desde el portal de Radio Canada traemos a ustedes este reportaje acerca de los descubrimientos arqueológicos llevados a cabo la costa atlántica de Norteamérica así como de la réplica que se hace del galeón ahí encontrado.

Lean ustedes:


Reconstruyen el galeón vasco San Juan, que se hundió en Labrador en 1565

En 1978, un grupo de investigadores canadienses hizo un descubrimiento magnífico cuando encontraron en las aguas del Atlántico canadiense, en Red Bay, provincia de Terranova y Labrador, los restos excepcionalmente bien conservados de un galeón vasco, el San Juan, que naufragó hace casi 450 años atrás.

Uno de los responsables del proyecto es Xabi Agote, un carpintero naval de 60 años obsesionado por la historia del San Juan, un barco construido en el siglo XVI que llevaba una tripulación de 60 hombres y una carga de miles de litros de aceite de ballena a bordo cuando se hundió en 1565 a 4.000 kilómetros del País Vasco.

Los vestigios de la embarcación hallada por los investigadores canadienses han servido para elaborar los planos del grandioso proyecto que lidera Xabi Agote; reconstruir el San Juan: un sueño que le acompaña a Xabi Agote desde los 21 años.

Medio siglo después del inicio de las excavaciones submarinas llevadas a cabo por el Departamento de Parques de Canadá, el antiguo maderamen del San Juan y la tecnología marítima vasca que permitió su construcción, un conocimiento que se creía perdido, resurgen de las aguas de la historia.

En el astillero museo Albaola Itsas Kultur Faktoria, ubicado en Pasaia, nombre en lengua euskera de una localidad llamada Paisajes en la provincia de Guipúzcoa, en el País Vasco, se encuentra construida al 90% una réplica exacta del barco de madera de 120 toneladas, cuyo mástil tendrá 35 metros de altura. Después de 10 años de trabajo, Xabi Agote promete que el barco ballenero será botado pronto y que el San Juan cruzará una vez más el Atlántico Norte.

Red Bay, "templo de la cultura marítima vasca"

Olvidada tras el hundimiento del galeón en 1565, la historia del ballenero San Juan volvió a la vida a principios de los años 1970.

Indagando en los archivos de Valladolid, en el noroeste de España, la historiadora canadiense Selma Huxley encontró un documento amarillento de hace 400 años. En ese texto, que era una denuncia escrita por el propietario del barco San Juan, se enteró del hundimiento del galeón, que naufragó llevando a bordo unos 250.000 litros de aceite de ballena, líquido preciado en la época.

Justo antes de partir de regreso desde las aguas marítimas hoy canadienses hacia Pasaia, su puerto base, la tripulación fue sorprendida por una tormenta. El ballenero estaba anclado en Red Bay, llamado en la época Bahía de las Ballenas, pero se levantó el ancla. El barco quedó a la deriva y finalmente encalló muy cerca de una isla a la entrada del puerto, llamada actualmente Saddle Island.

"Al año siguiente, el primer ballenero que llegó a Red Bay se apropió del cargamento del San Juan. Cuando llegó el armador, el barco ya había sido saqueado", explicó Xabi Agote, quien destacó que en esa época el aceite de ballena era un producto muy valioso que se utilizaba en toda Europa como combustible para lámparas y cera para fabricar cirios. "El dueño presentó una denuncia ante el juez y es así como conocemos la historia""."

La información hallada por Selma Huxley permitió a un equipo de arqueólogos del Departamento de Parques de Canadá, dirigido por el investigador Robert Grenier, encontrar los restos del naufragio y emprender ocho años de excavaciones submarinas en Red Bay, un proyecto sin precedentes en ese momento.

La temperatura de las aguas en Red Bay es muy fría y el hecho de que el barco San Juan se hundió en una zona relativamente protegida de las olas, son dos de los factores que explican por qué el galeón se ha conservado tan bien.

Durante la excavación, los arqueólogos pudieron incluso distinguir los martillazos de los artesanos que habían construido el ballenero cuatro siglos antes.

La historia del descubrimiento dio la vuelta al mundo en 1985, cuando la portada de la revista National Geographic mostraba a Robert Grenier, bajo el agua en su traje de buceo, sosteniendo en sus manos un fragmento del ballenero San Juan.

Xabi Agote, que entonces estudiaba carpintería marina en Maine, leyó con mucho entusiasmo el artículo, imaginando desde ese momento el plan de reconstrucción del San Juan, que todavía sigue llevando a cabo 40 años después.

"Fue en ese momento que tuve uno de esos grandes regalos del destino", dice el carpintero naval que, incluso antes de oír hablar del San Juan , ya quería dedicar su vida a los barcos patrimoniales de su país. "Estos barcos que nadie quería", explica entre risas.

En 1997, Xabi Agote fundó la Albaola Itsas Kultur Faktoria (Albaola Factoría Marítima), construyendo primero pequeñas embarcaciones de madera, algo que continúa haciendo. Poco a poco fue adquiriendo la experiencia necesaria como para lanzarse a la reconstrucción del San Juan.

En 2008, el Departamento de Parques de Canadá publicó el informe final de la excavación de los restos del San Juan llevada a cabo en Red Bay. Fueron cinco volúmenes que detallan tres décadas de investigación, sin las cuales la reconstrucción del San Juan, iniciada en 2014, habría sido imposible.

"Hay que entender que el País Vasco ha perdido su memoria marítima" , explicó Xabi Agote.

La fidelidad a los métodos de la época

Al transmitir el expediente científico del equipo del investigador Robert Grenier al Albaola, el Departamento de Parques de Canadá solicitó que el barco fuera reconstruido tal como se lo hacía en aquel momento.

Como resultado, los trabajadores vascos utilizaron en la medida de lo posible las herramientas y la tecnología de hace 400 años. Aunque el equipo, que actualmente incluye una treintena de profesionales y voluntarios, ya ha utilizado una grúa, casi todo se hace a mano.

Los trabajadores también tienen que animarse a experimentar de vez en cuando. A veces, a pesar del trabajo de los arqueólogos canadienses, la experiencia que el equipo busca sencillamente no existe. "No hay nadie vivo que me diga cómo construir el galeón", destacó Xabi Agote, en medio del ruido del martillo de un carpintero que trabajaba en la proa del barco.

"Hacemos lo que llamamos arqueología experimental", añade el presidente de Albaola, con los pies rodeados de aserrín. "Es una manera de aprender de nuevo los conocimientos perdidos, de revivir este conocimiento a través de la experimentación".

A pesar de los muchos desafíos que superar, el casco y las cubiertas del galeón están casi construidos, sus tablas sujetas con clavos de hierro e impermeabilizadas con una capa marrón de alquitrán pegajoso. Los mástiles se instalarán en los próximos meses.

El progreso es lento porque el equipo no puede dedicarse a tiempo completo a la construcción del galeón. De hecho, para ayudar a financiar el San Juan, los trabajadores construyeron otros barcos pequeños en paralelo. Además, un balcón rodea la obra para permitir a los turistas observar la construcción del ballenero, lo que es otra forma de pagar los costos del esfuerzo, a los que se suman las subvenciones públicas y fondos de la UNESCO. En total, el proyecto tiene un presupuesto de aproximadamente un millón de dólares al año.

"Hacemos mucho con pocos medios", explicó Xabi Agote, añadiendo que el Museo Albaola recibió la donación de varios materiales, entre ellos 300 robles, lo que también ayuda a reducir los costos.

El sueño de cruzar el Atlántico una vez más

El calendario de reconstrucción y la eventual travesía del Atlántico Norte ya fue pospuesto varias veces, en particular a causa de la pandemia. Xabi Agote aseguró que por fin puede ver una luz al final del túnel, aunque reconoció que aún queda mucho trabajo por hacer.

El equipo deberá confeccionar todo el velamen, conseguir kilómetros de sogas, además de las anclas, la mayor de las cuales tendrá unos cinco metros de largo. El barco también deberá estar equipado con cientos de barriles, como los que eran utilizados para transportar el aceite de ballena, además de cinco balleneros, que eran las pequeñas embarcaciones utilizadas para cazar ballenas de Groenlandia y ballenas francas, las especies cazadas por los vascos porque flotaban una vez cazadas.

Vamos a recrear un universo del siglo XVI , afirmó Xabi Agote, destacando que la vestimenta del equipo será diseñada en colaboración con el Museo del Traje de Madrid. Incluso la comida y la sidra que consumirán los marineros serán las mismas que las que existían en aquellos años.

El equipo del Museo Albaola espera botar el barco el próximo año, luego entrenar a la tripulación, realizar pruebas en el mar y realizar otros preparativos necesarios antes de cruzar el Atlántico Norte, un viaje que podría realizarse en 2026.

"Me pregunto si tendremos que posponerlo hasta 2027 porque me doy cuenta de que la tarea es muy importante", dijo Xabi Agote. Sin embargo, afirma que el pasado mes de junio se formó un comité formado por representantes españoles y canadienses que actualmente está estudiando cómo financiar la travesía y organizar la recepción del ballenero y su tripulación cuando lleguen a Red Bay.

Xabi Agote es categórico: el viaje que ha soñado durante 40 años se hará realidad.

"El desafío es enorme" , admitió, con los ojos mirando a las lejanas costas de Terranova y Labrador, al otro lado del océano. "Pero para mí, es el mayor homenaje que puedo rendir a nuestros antepasados ​​y a todos los canadienses, porque es gracias a Canadá que hacemos logrando hacer esto".

Fuentes: RC / P. Butler

Adaptación: RCI / R. Valencia

 

 

 

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domingo, 31 de julio de 2022

El 'Juanita Larando' y Elkano

Hace 500 años el navegante vasco Juan Sebastián Elkano completaba la primera circunnavegación a nuestra esfera azul, hito que ha menudo es tergiversado en favor del portugués Fernão de Magalhães -traducido al castellano como Fernando de Magallanes- quien murió a medio camino.

En ese contexto, en Euskal Herria, se lleva a cabo una singular travesía cortesía del astillero de Albaola.

Lean por favor:


Travesía a bordo del ‘Juanita Larando’

Imanol Intziarte

Coincidiendo con el quinto centenario de la primera vuelta al mundo completada por Juan Sebastián Elkano, el patache construido por Albaola recorre este verano la costa de Euskal Herria con el objetivo de poner en valor el patrimonio marítimo vasco.  

El día amanece espléndido en Deba. La cita es a las 8.45 en el pequeño embarcadero que hay en el río, cerca de la estación de Euskotren. La idea es recorrer el trayecto hasta Zumaia a bordo del ‘Juanita Larando’, un patache construido de manera artesana en los astilleros de Albaola, en Pasaia, y que desde el pasado mayo recorre la costa vasca por etapas para poner el valor el patrimonio marítimo en unos tiempos en los que «hemos dado la espalda a la mar», un territorio de gran importancia a lo largo de nuestra historia.

Prueba de ello es el protagonismo de personajes naturales de Euskal Herria en la primera vuelta al mundo, cuyo quinto centenario se cumplirá este próximo septiembre. Por eso esta iniciativa se ha bautizado como ‘Elkano Itsas Herria’, fruto de la colaboración a tres bandas entre Elkano Fundazioa, Albaola y el Museo Marítimo de Donostia.

Cuando llegamos, la tripulación ya está colocando los remos. Xabier Agote, presidente de Albaola y capitán de la nave, va dando las órdenes. Mikel, uno de sus lugartenientes habituales, no escatima con la grasa, que reparte generosamente en los estrobos para que la acción de bogar resulte mucho más fluida.

El patache es una nave de dos mástiles que se usaba para comerciar por los puertos de la costa y en tareas de vigilancia, aunque también fue empleada por corsarios. De hecho, el ‘Juanita Larando’ debe su nombre a una tabernera donostiarra que poseía dos de estos barcos y cuya posada sirvió como refugio y punto de reunión de quienes se dedicaban a asaltar y robar otros barcos.  

Además del capitán, el pasaje de este pequeño viaje la componen dieciséis tripulantes que pondrán su esfuerzo al servicio de la causa, los dos polizones de 7K y ‘Xarpa’, un perro con vocación de lobo de mar. Una parte de los primeros son fijos, personas que colaboran habitualmente en las aventuras de Albaola. Otros son ‘fichajes’ reclutados en cada puerto, en algunos casos remeros y remeras de los clubes del entorno, como Zumaia, Orio o Mutriku.

Se han dado casos en los que las personas apuntadas a una etapa concreta habían entendido que se trataba de un paseo turístico y han aparecido en el muelle de salida vestidas de domingo e incluso con zapatos de tacón. «Posiblemente culpa nuestra, que no lo habíamos explicado bien», asume Agote. No hace falta ser un experto ni estar en una gran forma física, apuntan, pero sí conviene llevar ropa cómoda, agua, algo para picar y crema para el sol.

Esto tiene poco que ver con la Telmo Deun –una trainera de competición ronda los 200 kilos y el patache pesa 17 toneladas y tiene 15 metros de largo (eslora) y 3,5 de ancho (manga)–, así que se dan unas instrucciones sobre cómo manejar el remo, de más de seis metros de longitud. ‘Boga estribor, zia babor…’, y el barco gira para poner proa hacia la desembocadura y decir adiós al pequeño grupo que ha venido a despedirnos. A base de paladas vamos llegando al final de espigón. La mar aparenta estar lisa como un plato, pero la cubierta comienza a bambolearse bajo los pies. Es la hora de descubrir el poder de la biodramina.

Con la playa de Deba a la vista se ordena recoger los remos e izar las velas. Primero el trinquete, que se alza sobre la proa, la punta delantera de la nave. Luego la mayor, en el centro. Desde cerca observa las maniobras Lara, a bordo de una zodiac y lista por si se produjera cualquier emergencia que requiriese una evacuación. Se nota la experiencia de parte de la tripulación a la hora de manejar drizas, obenques y escotas.

Pasa casi una hora y seguimos ante la playa de Deba. Mala señal. Calma chicha con algún golpe de viento que llega desde la dirección más insospechada. Incluso nos hace retroceder y obliga a arriar la mayor durante unos minutos. Durante la espera, Xabier Agote saca un cubo y explica que se puede utilizar si alguien tiene una necesidad fisiológica y no puede aguantar. Aquí no hay baños ni agua corriente, por lo que se da por hecho que en caso de apuro el resto de los tripulantes mirará fijamente hacia el horizonte y sin girarse durante los minutos que hagan falta.  

Sobre las 10.00 parece que el dios Eolo se apiada del patache. Empuja a unos tres nudos por hora unos 5,5 km/h–, suficiente para navegar hacia el este paralelos a la costa. Ahí se alza el monte Andutz, al que se sube desde Itziar por una empinada ladera. Y a sus pies la cala de Sakoneta, visita imprescindible con marea baja.

Es la hora de contar anécdotas de viajes pasados, de travesías sin más cartas de navegación que un mapa de carreteras, y también de verbalizar proyectos futuros, como construir una embarcación usando para su esqueleto huesos de ballena. Suena a reto.

Del pañol de proa surgen unos trozos de queso y unas botellas de sidra, regalo de un tripulante que completó una etapa anterior. Zierbena fue el punto de arranque para adentrarse en la ría hasta Bilbo y asomarse nuevamente al Cantábrico por Getxo. Y de ahí puertos de Bizkaia como Plentzia, Bermeo o Lekeitio, entre otros, antes de continuar durante el mes de julio por buena parte de Gipuzkoa e incluso tocar tierra en Lapurdi.

Para este próximo setiembre queda Getaria, el día 6, coincidiendo con el quinto aniversario de la vuelta al mundo, luego Donostia en Euskal Jaiak y el remate final en la bahía de Donibane Lohizune y Ziburu.

El flysch desfila ante los ojos. En lo alto la ermita de San Telmo, y a su izquierda la playa de Itzurun, en la que hace no mucho desembarcaron Daenerys Targaryen, Jon Snow y compañía. A falta de dragones, ‘Xarpa’ demuestra que es el más rápido arrebatando trozos de queso de las manos descuidadas. Ya se sabe, oveja que bala… Mientras, un barco con turistas se acerca para sacar fotos a nuestra pintoresca nave.

Finalmente, el viento se ha portado generosamente, y el ‘Juanita Larando’ llega antes de lo previsto a la desembocadura del Urola. Falta más de una hora para el recibimiento oficial, así que es el momento de plegar velas y arrojar el ancla ante las miradas de quienes disfrutan del día en la playa de Santiago.

Mientras, en tierra firme, en el punto en el que el Narrondo vierte sus aguas en el Urola, se va montando la exposición itinerante que se instala en cada localidad y que en sus paneles cuenta por un lado la travesía de Elkano y por otro una breve historia de cada puerto en el que ha recalado esta iniciativa.

A bordo del patache caen los minutos, hasta que llega la hora de levar el ancla y volver a sacar los remos. Alrededor revolotea media docena de bateles de Beduola Elkartea, una asociación de Zumaia creada en 2004 para conservar el patrimonio naval de una localidad que conocida desde hace cinco siglos por sus astilleros. En tan buena compañía se remonta un tramo del río, hasta el lugar de desembarco.

Aguardan varias decenas de personas, locales y turistas picados por la curiosidad al ver llegar una embarcación tan llamativa. Entre ellos se encuentra el zarauztarra Andoni Egaña, que entona algunos bertsos de bienvenida, y el alcalde Iñaki Ostolaza, que pronuncia unas palabras. La singladura toca a su fin, pero antes de despedirse Iñaki Goikoetxea, de Elkano Fundazioa, echa las redes entre el público. «Estaremos aquí unos días con la exposición, pero luego necesitaremos remeros para ir hasta Orio», deja caer. Mejor sin tacones, claro.

 

 

 

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lunes, 9 de mayo de 2022

Una Travesía Cultural

En Euskal Herria habita un pueblo que hunde sus raíces lo mismo en las montañas que en las llanura que en los mares.

Desde Naiz traemos a ustedes información acerca de una muy original propuesta para acercarnos a nuestro pasado marítimo.

Lean ustedes:


Un patache del siglo XVIII desembarcará cultura marítima en la costa vasca

La réplica de un patache, embarcación a vela y remo muy usada en Euskal Herria en el siglo XVIII, recorrerá desde finales de mayo hasta setiembre una veintena de localidades costeras vascas en una travesía cultural que culminará en Ipar Euskal Herria, tras recalar en Getaria el Día de Elkano.

La Fundación Elkano, Albaola y el Museo Marítimo Vasco de Donostia han organizado esta iniciativa, denominada Elkano Itsas Herria, que han presentado este lunes sus responsables en un acto celebrado en la rampa del puerto donostiarra.

El diputado general de Gipuzkoa y patrono de la fundación Markel Olano; el presidente del astillero museo de Pasaia Xabier Agote; y el director del Euskal Itsas Museoa Xabier Alberdi han protagonizado la presentación, a la que han asistido ediles de municipios en los que desembarcará el evento, entre ellos, Donibane Lohizune.

Según han explicado, la travesía incluye una exposición itinerante y numerosas actividades culturales en cada municipio en el que recale con el objetivo de divulgar y ‘celebrar’ un patrimonio común a todos los territorios vascos que permitió a un navegante como Juan Sebastián Elkano tener el conocimiento y la capacidad necesarias para culminar la primera vuelta al mundo.

«No solo los pueblos de la costa, sino toda Euskal Herria se construyó a nivel económico y social mirando al mar», ha destacado Olano, quien ha recordado la importancia de la cultura marítima vasca en actividades tan fundamentales como «la construcción naval o la comunicación social».

La programación cultural de Elkano Itsas Herria será articulada en torno al Juanita Larando, nombre con el que se ha bautizado la réplica del patache del siglo XVIII, en honor a una corsaria y tabernera donostiarra que regentó un albergue en la ciudad.

Construido en la escuela de carpintería de ribera de Albaola, a partir de unos planos descubiertos en un astillero de Orio, se trata de una embarcación ligera, de 15 metros de eslora, que, como ha explicado Agote, se utilizaba para enviar noticias en la costa vasca, aunque también se desplazaba con alguna mercancía hasta Sevilla, por ejemplo.

Ha señalado que se usaba además de guardacostas en época de guerras o conflictos, pero fue muy utilizada por corsarios por la facilidad que ofrecía para los abordajes, «en un periodo en el que había muchos en poblaciones como Donostia, Pasaia u Hondarribia».

Una tripulación mixta compuesta por 18 remeros –10 de ellos cambiantes en cada etapa– guiarán el patache por más de 20 puertos vascos, desde Pasaia, en cuyo festival marítimo participará del 26 al 29 de mayo, hasta Getaria, con motivo de la representación del desembarco en el Día de Elkano, el 6 de septiembre, y Donibane Lohizune, donde concluirá su periplo cultural el 18 de setiembre, coincidiendo con las Jornadas Europeas de Patrimonio de Ziburu.

Entre medio, fondeará en junio en los puertos vizcainos de Ondarroa, Bilbo, Portugalete, Elantxobe o Lekeitio; en julio y agosto, en los guipuzcoanos de Mutriku, Deba, Zumaia u Orio, y también en la zona de Txingudi, e Ipar Euskal Herria.

La exposición itinerante que trasladará en barriles el Juanita Larando incluye varios bloques temáticos que ponen en valor la cultura marítima en el desarrollo de la sociedad vasca e irá acompañada de numerosas actividades en torno al mar, la navegación, la Primera Circunnavegación o el conocimiento naval.

Las localidades que visitará acogerán además charlas, actuaciones de música, teatro y danza, talleres de oficios tradicionales y salidas a bordo del patache del siglo XVIII, entre otras actividades.

La mayoría de actividades serán en la calle, gratuitas. Cada ayuntamiento decidirá si establece entradas, ya que serán las entidades locales las encargadas de diseñar la programación de cada municipio. La programación se puede consultar en la web.

 

 

 

 

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sábado, 30 de octubre de 2021

Orbea y el San Juan

Para los integrantes de la diáspora vasca que están pensando en visitar Euskal Herria en cuanto la pandemia amaine, aquí les dejamos este magnífico reportaje y video publicado por Sport Life y en el que se pone especial atención en la gran labor que están llevando a cabo los integrantes de Albaola. Y ni qué decir de Orbea y su contribución a la gran tradición ciclista vasca.

Lean ustedes:


Los relatos de senderos de Orbea, por el camino del barco San Juan

No te pierdas las historias que nos relata regularmente Orbea con su serie 'Trail Tales', en esta ocasión estrenan 'From Oak to Anchor', del roble al ancla.

Euskal Herria, Euskadi o el País Vasco. Tierra de hierro y robles ancestrales. Tierra de verdes montañas que se alzan firmes frente al salvaje océano Atlántico. El inalterable poder de los antiguos bosques y las profundas vetas de mineral de hierro equilibran al salvaje y caprichoso océano Atlántico, y este equilibrio de energías impulsa la historia del pueblo vasco.

La historia vasca hunde sus raíces en las brumas del pasado y nadie puede asegurar dónde comenzó. Sabemos que el idioma, el euskera, es una lengua inusual, de las pocas de este tipo que existen en el mundo, que ha sobrevivido a numerosos desafíos y que actualmente tiene una amplia comunidad de hablantes. Los vascos eran balleneros e intrépidos marineros, al igual que pastores y agricultores. Desconocemos cuándo comenzaron a cazar ballenas, pero sí sabemos que dominaban el comercio marítimo a finales de la Edad Media. En el siglo XV, aproximadamente un 80% de las embarcaciones que atracaban en Bristol (Reino Unido) eran vascas y llegaban repletas de mineral de hierro, aceite de ballena, lana de Castilla y vino de Burdeos.

Los vascos necesitaban barcos robustos para poder sobrevivir a la brava mar del Golfo de Vizcaya y la tierra suministraba los materiales perfectos para ello. Las montañas vascas contaban con abundantes yacimientos de mineral de hierro, además de bosques para obtener el carbón vegetal necesario para refinarlo. Asimismo, los bosques de robles y hayas proporcionaban una madera de gran resistencia. El azar también intervino y, en algún momento del siglo IX, un encuentro con los vikingos enseñó a los vascos una forma mejor de construir embarcaciones sólidas y rápidas. El aprovechamiento máximo de sus recursos naturales y conocimientos supuso que la tecnología de construcción naval vasca se desarrollara cada año hasta que llegaron a convertirse en dominadores de esta industria a escala mundial.

Por supuesto, una historia industrial de este calibre deja huellas en la tierra y, hoy en día, todavía se pueden recorrer los antiguos caminos que comienzan en lo alto de las montañas que bordean la costa. Los estrechos y sinuosos senderos que transportaban carbón desde las montañas pueden reconocerse fácilmente por las marcas regulares de tierra chamuscada donde se transformó la madera en carbón vegetal a lo largo de los siglos. Los caminos del hierro son más amplios, con suaves curvas y giros, y a menudo atraviesan túneles en las laderas de las montañas. En estos caminos se extraía el mineral de hierro y se transportaba montaña abajo con carromatos y, más adelante, con pequeños ferrocarriles.

Estos senderos continúan utilizándose y manteniéndose por parte de la comunidad ciclista local y ofrecen fantásticas aventuras en las profundidades de las montañas vascas. Los caminos se han ido erosionando a lo largo de los siglos; ofrecen a los ciclistas rutas frondosas parecidas a toboganes que atraviesan los bosques de robles y hayas y descienden hasta la costa. El uso histórico de los caminos les otorga un carácter singular y, si bien es verdad que a muchos ciclistas les interesa más la ruta que la historia, estas diversas características nos ofrecen una mirada al pasado.

Los caminos del hierro y del carbón vegetal confluyen en la costa, donde el mineral se convertía en hierro y acero utilizando el calor del carbón. Sin embargo, no terminan allí. Desde la costa, se abren en abanico y siguen a las rutas balleneras y comerciales a través de la inmensa extensión de un océano sin caminos trazados. Allí resulta más difícil seguir los caminos, pero no es imposible. Los historiadores pueden rastrear los barcos vascos gracias a registros antiguos, y también las huellas que dejó el idioma en los pueblos de países lejanos. De esta manera, sabemos que los vascos se aventuraron en Noruega muy temprano en su historia y, desde allí, se dirigieron a Islandia. En el siglo XVI, los intrépidos marineros vascos ya cruzaban el Atlántico con frecuencia para comerciar con Canadá. A finales de este mismo siglo, se calcula que 5.000 vascos navegaban por el Atlántico cada año, sin cartas náuticas, y comerciaban de forma pacífica con los pueblos indígenas de América. Cabe destacar que los vascos no padecieron escorbuto durante estas travesías, una enfermedad que todavía se llevaba por delante la vida de marineros británicos y franceses 200 años después. Esto se ha atribuido a su abundante consumo de sidra durante los viajes, una tendencia que todavía puede apreciarse en cualquier bar del País Vasco.

Por lo tanto, los caminos que comienzan en lo alto de las montañas desembocan en la costa y, desde allí, se extienden a lo largo del océano Atlántico hasta Canadá. Hoy seguimos uno de estos caminos, el del barco “San Juan”. Este camino probablemente se originó a mediados del siglo XVI, cuando se taló un árbol y se convirtió en tablones de madera. Al mismo tiempo, se extrajo mineral de hierro de la tierra y se produjo carbón vegetal en lo alto de la montaña. Estos tres ingredientes siguieron nuestros caminos por la montaña, atravesando túneles, cruzando puentes y recorriendo los bosques hasta la costa. Allí, algunos de los mejores artesanos del mundo trabajaron estos materiales y así, poco a poco, nació el San Juan. Medía aproximadamente 16 metros de largo, pesaba 240 toneladas y contaba con 3 mástiles y una tripulación de 60 robustos marineros vascos. Zarpó en 1565 para perseguir a la huidiza ballena franca por todo el implacable océano Atlántico hasta llegar a Terranova. Tras atracar allí, los marineros comerciaron con los indígenas de la zona, les enseñaron un poco de euskera y transformaron la grasa de ballena en aceite. Fue en este lugar donde se produjo la tragedia en forma de tormenta que rompió la cadena del ancla y hundió la embarcación en las frías aguas de Red Bay, Terranova. Allí permaneció durante más de cuatro siglos hasta que fue descubierta en 1978. Gracias al agua fría y a la capa de fango, el barco se conservó perfectamente y, a lo largo de los 30 años siguientes, un equipo de científicos trabajó sin descanso para sacar cuidadosamente algunas de sus partes a la superficie, modelarlas y volverlas a colocar en su tumba submarina.

Como dato interesante, la tripulación sobrevivió al completo y regresó al País Vasco, donde presentaron la primera reclamación registrada de seguro marítimo, que fue aprobada y todos recibieron una compensación por su aventura.

Albaola es la fundación vasca creada para reconstruir el San Juan utilizando los métodos tradicionales y materiales locales. Las labores empezaron en 2013 con la selección y tala de árboles locales; el hierro local se transformó en clavos y los artesanos de la zona comenzaron el meticuloso proceso de reconstrucción del San Juan utilizando técnicas ancestrales que habían caído casi completamente en el olvido. Una vez terminado, el barco seguirá de nuevo las antiguas rutas y se adentrará en el otro lado del Atlántico para recrear aquella fatídica travesía de 1565. Mientras tanto, los riders locales seguirán recorriendo los caminos que serpentean desde las cumbres de las montañas vascas hasta la orilla del Atlántico, desde donde surcan las olas hacia costas lejanas adonde no podemos seguirlas.


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jueves, 7 de mayo de 2020

Acerca de Selma

Noticias de Gipuzkoa honra el legado en favor del pueblo vasco por parte de la investigadora Selma Huxley con este reportaje acerca de su aporte a la investigación de nuestro pasado.

Lean por favor:


Tras la muerte de la investigadora Selma Huxley el lunes, NOTICIAS DE GIPUZKOA repasa su vida y legado a través de testimonios de amigos y colegas de la profesión que la conocieron.

Harri Fernández

Cientos de años después de que la sociedad vasca crease una potente industria en torno a la caza de la ballena en Terranova y Labrador, y cuando todo aquello casi permanecía en el olvido, a finales del siglo pasado la investigadora británica Selma Huxley Barkham hizo que la mirada de la sociedad volviese a los océanos. "Humilde", "trabajadora", "sabia", "agradable", "exigente consigo misma y con otros" y con un porte "muy británico", varios amigos y colegas vascos que la conocieron hablan para NOTICIAS DE GIPUZKOA sobre la mujer que fue determinante para conectar Canadá con la costa vasca, una estudiosa incansable gracias a la que se halló el pecio de la nao San Juan en aquellas aguas. "Tuvieron que venir de fuera para estudiar nuestros vestigios", comenta José Antonio Azpiazu, historiador legazpiarra asentado en Oñati, a lo que el Ramón Martín, archivero del Archivo Histórico de Protocolos del territorio, añade que ese fue uno de sus grandes logros: el de "poner, de nuevo, a Euskal Herria mirando al mar" en una época en la que la historiografía y la sociología fijaban la mirada sobre lo rural.

Selma Huxley, que falleció el lunes a los 93 años de edad, pertenece a una saga de intelectuales y pensadores. No en vano, su padre fue el diplomático Michael Huxley, máximo responsable de Geographical Magazine, revista de la Royal Geographical Society editada por primera vez en 1935. Aún más, la historiadora es pariente de Aldous Huxley, autor de Un mundo feliz y La isla, y de sus hermanos, Julian Huxley, primer director de la Unesco, y Andrew Huxley, Premio Nobel de Medicina –eran primos de su padre–.

Antes de asentarse en Gipuzkoa, la historiadora tuvo una vida de trotamundos. La Segunda Guerra Mundial la vivió a caballo entre Inglaterra y Estados Unidos, mientras que sus estudios los realizó en París y Londres. A comienzos de la década de 1950 se trasladó a Canadá, donde tres años más tarde ocurría uno de los hechos que cambiaría su vida; conoció al que fue su marido, el arquitecto Brian Barkham, persona que la acercó al País Vasco –los caseríos fueron el objeto de estudio de la tesis de este inglés–. Con él viajó a Euskal Herria en 1956 y fue en esa visita cuando escuchó hablar sobre la presencia vasca en Canadá a lo largo de los siglos XVI y XVII. Desgraciadamente, ocho años después, con 37 años y cuatro hijos, enviudó.

Su interés sobre las relaciones entre ambos territorios le hicieron tomar la determinación bucear en los archivos de los Estados español y francés, motivo por el que estudió castellano en México, antes de recalar en Bilbao en 1972, donde cursó estudios de Paleografía en la Universidad de Deusto, al tiempo que impartía clases de inglés para mantener a sus hijos.

En aquella época, Huxley logró financiación del Gobierno canadiense para localizar documentos que fuesen de interés para aquel país. Así, se afincó en Oñati en 1973, municipio que albergaba el citado archivo y localidad en la que residiría durante dos décadas, convirtiéndose, tanto ella como sus hijos, como una oñatiarra más. Su importancia en el municipio es tal que desde 2017 el Ayuntamiento convoca cada año una beca de investigación que lleva su nombre con el objetivo de dar a conocer las aportaciones realizadas a lo largo de la historia por las mujeres de Oñati a la localidad.

Metodología "revolucionaria"

Martín conoció a Huxley, no en su época como investigadora en activo, sino a posteriori, dado que durante años continuó visitando los fondos de la localidad. Martín incide, "desde un punto de vista científico", en su manera de trabajar: "Fue una persona muy rigurosa". En este sentido, comenta que aplicó el "método científico" a la Historia, "en una época en la que muy pocos lo hacían".

José Antonio Azpiazu, autor de libros como La empresa vasca de Terranova, también conoció a la investigadora, con la que mantuvo una relación "estrecha". "Vino a ver si encontraba algo, y lo que encontró fue un tesoro", comenta Azpiazu. "Vivía para la investigación y creo que hizo un trabajo increíble", afirma, para después añadir que algunos, como él, han seguido por el camino marcado por la británica. "Ya sabíamos que nos habíamos dedicado al mar, pero había pocos estudios al respecto", explica Azpiazu, quien afirma rotundo que gracias a las investigaciones y publicaciones de Huxley se dio a conocer a todo el mundo la presencia de balleneros vascos en Canadá.

Martín, por su parte, remarca que lo que ella hizo fue dotar de la importancia precisa a los documentos que leía. Estableció conexiones entre unos y otros –Huxley no solo profundizó en los fondos de Oñati, también en los de otros archivos como los de Bilbao, Londres, Burgos, Valladolid...–, cruzar datos y así sacar conclusiones, que luego confirmaría con trabajo de campo. "En este aspecto, en cuanto a metodología, fue revolucionaria", explica el archivero, quien además comenta que en muchos casos la investigación de la época se circunscribía a, simplemente, encontrar un documento u otro.

"Persona esforzada"

El filólogo e historiador local Jerardo Elortza recuerda bien la llegada de Huxley a la localidad en 1973. Tras enviudar y con cuatro hijos, "era un momento difícil" para ella. Elortza y Huxley fueron vecinos en una casa situada en Foruen Enparantza y siempre mantuvieron una relación muy estrecha, no solo por la cercanía convivencial, sino también por la afición común por la historia. Ambos mantenían conversaciones sobre cuestiones como el euskera, la toponimia y también sobre algunos personajes relevantes del país; inquietudes a las que Elortza intentaba responder. "Era una persona muy esforzada", describe su amigo.

El que fuera profesor de Mondragon Unibertsitatea recuerda con cariño cómo acompañó a Huxley en un viaje a Estados Unidos en 1992, con motivo de un congreso que tuvo lugar en Reno –Nevada– por el 500 aniversario del descubrimiento de América y que analizaba el papel de los vascos en el nuevo continente.

También narra la vez en la que, a principios de la década de 1980, ambos acudieron al Museo Vasco de Baiona, tras la pista de unos versos con temática marítima. Allí fue donde encontraron tres manuscritos que narraban la relación y el viaje de navegantes vascos a la caza de la ballena en Terranova y Labrador.

Partiada Tristea, Ternuara; Itsassoco Perillac y Ternuaco Penac se publicaron, entre otros, en el tercer volumen de Itsasoa, libro en el que también participaron Huxley y su hijo Michael Barkham, también historiador. "Tuve la alegría de encontrar aquellos bertsos y poder publicarlos", comenta Elortza sobre una obra poética que, una vez traducida, también fue llevada a un museo situado en Red Bay.

Más allá de la nao 'San Juan'

El director del Museo Marítimo Vasco y uno de los nombres visibles de la Factoría Marítima Vasca Albaola, Xabier Alberdi, conoció a Huxley hace unos 25 años, cuando se encontraba preparando su tesis doctoral; fue un encuentro fortuito en el Archivo de Tolosa. De allí, surgió una relación que posteriormente también se extendería a su hijo Michael.

Es más, según cuenta Alberdi, la amistad con Huxley le llevó a conocer a varios investigadores del extranjero. Y también, gracias a su intermediación, conoció a Xabier Agote, presidente de Albaola con el que ahora comparte proyecto. Conocida es la historia de cómo Agote tuvo la voluntad de estudiar carpintería de ribera, un volumen de National Geographic de 1985 que hablaba sobre el descubrimiento de la nao San Juan en las aguas de Red Bay.

Hay que retroceder unos pocos años. Tras encontrar múltiples referencias a puertos balleneros vascos del siglo XVI en Canadá, Huxley organizó una expedición sobre el terreno en 1977 para explorar la costa sur de Labrador, entre Blanc-Sablon y Chateu Bay. Además de encontrar pruebas de presencia vasca en la zona –tejas, arpones, signos de antiguos hornos para fundir la grasa, etcétera–, el mayor descubrimiento lo hallaron bajo el mar. Se trataba del citado ballenero –que ahora Albaola reconstruye en su museo-astillero de Pasaia–, el pecio mejor conservado de la época y un hallazgo con valor sin par.

Alberdi incide en la importancia del legado de Huxley, una aportación que va aún más allá. A este respecto comenta que llegó a Euskal Herria a finales del franquismo, cuando "todo estaba por hacer". Algunos otros historiadores ya habían investigado sobre los balleneros vascos en Canadá, pero añade que la inglesa le dio otra dimensión a esta cuestión. En aquella época, la Historia se circunscribía a los Estados. Así, otras cuestiones como la caza de las ballenas o la construcción naval, eran tomadas como algo menor.

Huxley llegó a una sociedad a la que durante décadas se le había dicho que "no tenía historia". Pero no era así, aquello que algunos afirmaban tan pequeño, se demostró muy importante a nivel internacional. "Selma fue la que abrió los ojos de mucha gente en Euskal Herria", sentencia Alberdi.







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domingo, 21 de julio de 2019

Agote y el 'San Juan'

Desde el suplemento Semanal de El País traemos a ustedes este magnífico reportaje acerca de la construcción de la réplica del mítico ballenero vasco "San Juan":


La factoría de Xabier Agote construye desde hace cinco años una réplica exacta de la nao 'San Juan', un ballenero vasco hundido en Canadá en 1565

Ander Izagirre

Xabier Agote camina por el vientre de su propia fantasía. Hace más de 30 años se le ocurrió que debía construir un galeón ballenero y aquí está ahora, paseando entre enormes costillas de madera, acariciando el beque, las damboletas y las cuadernas. Agote levanta una réplica exacta de la nao San Juan, hundida en Canadá en 1565, y lo hace en la factoría Albaola, en el mismo puerto de Pasajes (Gipuzkoa) del que zarpó la original.

En las formas del barco sabe leer un cambio histórico: “Fíjate: tiene tres cubiertas; eso fue una novedad en toda Europa. Acababan de descubrir América, empezaban los viajes trans­oceánicos y necesitaban barcos con mucha más capacidad. A Terranova iban para nueve meses. Llevaban víveres, chalupas con los pertrechos para cazar ballenas y materiales para montar los hornos donde fundían la grasa, y volvían con 1.000 o 2.000 barricas de aceite. Cada una se vendía por el equivalente a 5.000 euros. Aquí también construyeron galeones para la Carrera de Indias. Yo lo comparo con la carrera espacial. Castilla era el imperio más poderoso y tenía su centro de tecnología marítima en la costa vasca. Estos astilleros eran la NASA, y el puerto de Pasajes, Cabo Cañaveral; de aquí salían los cohetes de la época a por las mercancías americanas”.

En Agote, donostiarra de 54 años, hay algo infantil, una excitación permanente. Se pasa las horas contando historias sin parar, interrumpiendo una con otra, mientras recorre la factoría y va explicando lo que sucede alrededor. “Esas dos mujeres trenzan cuerdas con la máquina de manivelas y ruedas dentadas que diseñaron siguiendo instrucciones del último cordelero de Hondarribia”, dice. O “ese es un alumno de nuestra escuela, está removiendo la pez que trajimos en un carro desde Quintanar de la Sierra para calafatear el galeón”. De vez en cuando cuenta una aventura y estalla en carcajadas oceánicas. Quizá este proyecto avanza porque él sigue siendo aquel crío que iba entusiasmado al puerto de San Sebastián.

“Para mí, con nueve años, el puerto era la entrada a otro universo. Los barcos que volvían con anchoas, bonitos y verdeles; la lonja, la fábrica de hielo, las rederas, las sardineras, los olores, el bullicio… Yo iba con mi caña y me ponía en una esquina a mirarlo todo”. Ya proliferaban los barcos de poliéster, pero a él le atraían los viejos pesqueros de madera, las chalupas, los bateles. “Esos botes viejos que nadie quería, que se pudrían por ahí, a mí me encantaban. Remaba con un batel por la bahía y me gustaba la sensación de deslizarme en el agua, los crujidos de la madera, su olor, esa arquitectura tan sencilla y eficaz”.

Con 18 años le llegó la revelación. Vio un reportaje que la televisión francesa dedicó a una escuela de carpintería naval en Maine (Estados Unidos) y lo tuvo claro. Trabajó, ahorró, estudió inglés y a los 23 años, por fin, emigró para aprender durante tres años un oficio que ya nadie requería. “Fue por impulso artístico”, dice. Adquirió habilidades manuales, pero, sobre todo, se le abrieron perspectivas mentales: aprendió que el patrimonio marítimo servía para explicar la historia en movimiento. En Maine no replicaban barcos antiguos para exponerlos en museos, sino para navegar con ellos. Un día, pensó Agote, construiría la nao San Juan y atravesaría el Atlántico.

Ese galeón le obsesionaba desde 1985, cuando vio su pecio en la portada que National Geographic dedicó a los balleneros vascos del siglo XVI. “¡Era una historia mejor que Moby Dick!”. Durante casi un siglo, decenas de galeones llegaban todas las primaveras a las costas de Terranova y Labrador; miles de marinos levantaban campamentos, cazaban ballenas y fundían su grasa, en colaboración con los nativos mi’kmaq, innu y beothuk. Se entendían en una interlingua algonquina-vasca. El historiador Lope de Isasti escribió que si a los “salvajes montañeses de Terranova” se les preguntaba “nola zaude” (qué tal estás), ellos respondían también en vasco: “Apaizak hobeto” (los curas mejor). El San Juan se hundió durante una tormenta en Red Bay y las aguas gélidas lo conservaron en un estado extraordinario hasta 1978, cuando lo descubrieron unos arqueólogos submarinos del Gobierno de Canadá. Durante ocho veranos, lo sacaron pieza a pieza, lo fotografiaron, lo midieron. Ahí tenía Agote las instrucciones para montar el galeón.

Primero fundó la asociación Albaola, en 1997, para formar a un grupo de carpinteros y replicar embarcaciones tradicionales en un astillero diminuto de Pasajes. No es necesario vivir, decía el clásico; lo necesario es navegar: con esas traineras, bateles y chalupas completaron expediciones por Galicia, Irlanda o Bretaña. En 2004, la agencia pública Parks Canada les cedió la información para construir la réplica de una de las chalupas balleneras que llevaba el galeón San Juan. “A cambio nos exigían fidelidad absoluta en los detalles, en los materiales y en las herramientas. Trabajar como en el siglo XVI resulta difícil, pero es la manera de entender la tecnología de nuestros antepasados”. Con esa chalupa navegaron durante seis semanas, a remo y a vela, por las costas canadienses hasta Red Bay.

Albaola ya estaba madura para su gran proyecto. Tenían la información canadiense y un buen grupo de carpinteros, la Diputación de Gipuzkoa les cedió un astillero abandonado en Pasajes y la capitalidad cultural europea de San Sebastián 2016 aportó dinero. En 2014 empezaron a ensamblar la nao San Juan. “El galeón será espectacular, pero lo que más nos importa es el proceso de construcción, el aprendizaje de los oficios. Y que el público lo vea”. En 2018, 63.000 personas pasaron por Albaola. Los visitantes asisten al trabajo de carpinteros, herreros y cordeleros; recorren la magnífica exposición sobre la odisea ballenera y al final del itinerario descubren el esqueleto creciente del galeón.

Agote no tiene prisa. Cree que lo botarán dentro de un año y medio, pero no pone fechas. ¿Qué sentirá cuando salga por la bocana de Pasajes, a bordo del galeón, rumbo a Terranova? “Pues yo no sé si tengo un fallo o qué, pero en los momentos especiales no me emociono. Cuando debería estar celebrando el éxito de un proyecto, ya estoy pensando en el siguiente. Sabes qué pasa, que yo no disfruto terminando las cosas. Yo disfruto haciéndolas”.






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miércoles, 1 de agosto de 2018

Balleneros Regresan a National Geographic

Hace ya algunos años la revista estadounidense National Geographic dedicaba uno de sus fotorreportajes a la presencia de los balleneros vascos en Terranova.

Pues bien, según nos informa el Correo Vasco, el tema -parte integral de la identidad vasca- está de regreso en las páginas de dicha publicación:


El ilustrador bilbaíno Fernando G. Baptista retrata en un espectacular desplegable cómo era la vida de aquellos pescadores en el siglo XVI

Luis Alfonso Gámez

Los balleneros vascos de la nao 'San Juan' protagonizan, casi quinientos años después de su naufragio en Terranova, un gran desplegable en el número de este mes de 'National Geographic'. Diez páginas de la edición internacional en las que el ilustrador bilbaíno Fernando G. Baptista, editor sénior de Infografía de la revista, cuenta en imágenes una campaña de caza desde la partida del puerto de Pasaia hasta el regreso, nueve meses después, con el barco cargado hasta los topes de barriles con aceite de ballena. Un producto muy preciado hasta mediados del siglo XIX porque no producía ni humo ni olor al quemarse en lámparas.

«La nao 'San Juan' fue uno de los primeros barcos mercantes transocéanicos», explica Xabier Agote, presidente de la Fundación Albaola, que está construyendo en Pasaia una réplica a la que la edición española de la revista dedica un amplio reportaje. La original zarpó de ese puerto guipuzcoano en 1565. Nunca volvió. Sus restos, en perfecto estado de conservación, fueron descubiertos en 1978 cerca de Red Bay, en la península del Labrador, y, siete años después, 'National Geographic' presentó los resultados de su estudio. «Me acuerdo perfectamente de aquella portada. Yo estaba apunto de ir a Estados Unidos para aprender el oficio de carpintero de ribera y, cuando vi la revista, decidí que algún día contruiría la 'San Juan'», recuerda ahora Agote.

Baptista presentó su idea a la dirección de la revista en enero. «'National Geographic' iba a cambiar su diseño en mayo e incluir en cada número un gran informe visual sobre un tema. En mis tiempos en EL CORREO, había hecho cosas sobre la caza de ballenas y trabajado con Xabier Agote. Como en julio de 1985 la revista había dedicado la portada al descubrimiento de los restos de la nao 'San Juan' y ahora se estaba construyendo una réplica en Pasaia, les propuse el proyecto de contar la historia de los balleneros vascos y les gustó», recuerda el ilustrador, jefe de Infografía de este periódico hasta que le fichó la revista estadounidense en 2007. En cuanto le dieron luz verde, empezaron largos meses de trabajo para él, que siempre tiene varios planes sobre la mesa. «En total, a este trabajo le habré dedicado unas diez semanas a jornada completa».

Hasta el último detalle

En 'National Geographic' nada se deja al azar. Se comprueba hasta el mínimo detalle. «La investigadora Patricia Healy, una de mis colaboradoras, dedicó al proyecto más de 150 horas. Una de las cosas que más me costó fue la escena del puerto de Pasaia», recuerda el ilustrador bilbaíno. Para esa preparación de la expedición, Baptista consultó a expertos sobre qué efectos personales, armamento y accesorios llevaban los balleneros, pero también acerca de cómo vestían ellos y las mujeres que, en ausencia de los hombres, trabajaban en los muelles. «Ellas se encargaban de la carga y descarga de los barcos. El color del tocado de cada mujer indicaba la ciudad de la que era». Un dato más entre los cientos desperdigados en las diez páginas que recrean la vida de los balleneros vascos en el último número de 'National Geographic'.

Cuando los barcos vascos dominaban los océanos

«Tres de los cinco barcos de la primera vuelta al mundo y siete de los de la expedición a las Molucas en la que murió Elcano salieron de astilleros vascos», destaca Xabier Agote, inmortalizado por Fernando G. Baptista en la imagen que pueden ver en estas páginas como el arponero de la txalupa. Enamorado desde siempre de la carpintería naval, el presidente de la Fundación Albaola asegura que fue la portada de 'National Geographic' de julio de 1985 la que le animó a profundizar en la historia de los balleneros vascos y de la nao 'San Juan' en particular. «En la transición de la Edad Media al Renacimiento, cuando el centro económico pasa del Mediterráneo al Atlántico, son los vascos los que tienen los mejores barcos oceánicos. El 80% de los barcos de la Corona española de esa época los construyen vascos».

Cinco siglos después de su naufragio, la nao 'San Juan' está a punto de resucitar en las instalaciones de Albaola, en Pasaia. «Esperamos botarla en 2020». Los trabajos de construcción comenzaron hace cuatro años. «El 23 de junio de 2014, víspera de San Juan», recuerda Agote. El ambicioso proyecto ha exigido recuperar oficios prácticamente desaparecidos, como la producción de brea y la cordelería. La 'San Juan' se construyó sin planos, como era costumbre, pero su réplica sigue al milímetro el dosier científico fruto del estudio del pecio. «Es la única reconstrucción de un barco histórico que ha conseguido el patrocinio de la Unesco porque va a ser completamente fiel al original», dice orgulloso Agote.

«Me han ayudado arqueólogos historiadores, biólogos, cartógrafos, especialistas en ropa, en construcción naval... Yo viajé a Pasaia para hablar con Xabi y Mikel Leoz Aizpuru, de Albaola, y ver los trabajos de la nao». Todo, desde la posición de los remeros en la txalupa con el arponero en proa hasta cómo se organizaba la carga en las bodegas de la 'San Juan' y los víveres que llevaba la expedición, tiene el visto bueno del experto correspondiente. Una vez verificado hasta el último detalle, Baptista redactó los textos que acompañan a las ilustraciones, y les dio su forma definitiva Eve Conant, «una escritora que trabaja con nosotros y lo refina todo para que encaje con la imagen».

El artista: Fernando G. Baptista. Editor sénior de Infografía de 'NG'

Licenciado en Bellas Artes por la Universidad del País Vasco, en 1993 se incorporó a EL CORREO, donde llegó a ser jefe de Infografía. Desde 2007 trabaja en 'National Geographic', en Washington. Ha ganado numerosos premios y se le considera uno de los infógrafos más influyentes del mundo.






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sábado, 14 de abril de 2018

La Muy Vasca Circunnavegación

En el cínico esfuerzo por parte de los españoles por hacer desaparecer a los vascos de la historia han quedado atrapados los más variados personajes, siendo uno de ellos Juan Sebastián Elkano quien, tras terminar apuradamente la primer circunnavegación al planeta fue relegado a un segundo plano para dar realce a Fernando de Magallanes, navegante y explorador portugués que falleciera tras haber recorrido poco más de la mitad del globo terraqueo.

Son mucho los que hoy aún pronuncian el nombre de Magallanes cuando surge este hito histórico.

Pues bien, según este artículo de Noticias de Gipuzkoa, la expedición era más vasca de lo que se pensaba, para beneplácito de Mark Kurlansky y Xabier Arzalluz:


El 80% de las naves que salían de Sevilla tenían origen en el País Vasco
Harri Fernández

La expedición a las islas Molucas (Indonesia) estuvo compuesta por la Trinidad, la San Antonio, la Concepción, la Victoria y la Santiago, que partieron el 19 de septiembre de 1519 del puerto de Sevilla.

Alberdi explicó que los trabajos de investigación han tenido dos líneas: la confirmación del origen vasco de la Victoria y el conocimiento de la construcción naval vasca de principios del siglo XVI.

Sobre el primer punto, las investigaciones realizadas por Albaola y el Museo Naval han demostrado que tres de aquellas cinco embarcaciones tienen su origen en el País Vasco. Aun más, Alberdi afirmó que el 80% de los navíos que zarpaban del puerto sevillano, entre 1520 y finales del siglo XVI, tenían su origen en el País Vasco.

En este sentido, el director científico del Museo Naval comentó que muchas de las publicaciones que se han escrito durante 500 años en relación a la primera vuelta al mundo, están sustentadas en mitos que se han ido “retroalimentando”.

Según alguno de esos mitos, la nao Victoria era de origen vasco. La respuesta de las investigaciones ha sido positiva: “En la Victoria estamos ante una tecnología efectivamente vasca”.

El experto explicó que se confirma la teoría, ya anteriormente publicada, que afirma que el navío fue originario de Ondarroa y que su dueño fue Domingo de Apayua. Aun más, la Victoria se llamaba previamente Santa María, antes de que la casa de contratación la comprase.

Asimismo, la Trinidad, el barco comandado por Fernando de Magallanes y que falleció en la travesía, era propiedad del lekeitiarra Nicolás de Artieta.

La tercera embarcación de origen vasco fue la nao San Antonio -también llamada Santa María en origen-, que perteneció a Diego de Arsua, vecino de Erandio.

Con respecto a las dos restantes, el experto explicó que la Concepción se llamó originalmente La Gallega, delatando su procedencia. No obstante, el director científico del Museo Naval aclaró que no han conseguido saber el origen de la nave Santiago.

Datos sobre Albaola

8%. Los visitantes al museo-astillero de Albaola en Pasaia han crecido un 8% de 2016 a 2017. En el año en el que Donostia ostentó la Capitalidad Cultural Europea, con una programación específica durante todo ese periodo, la factoría marítima recibió 49.300 visitantes, mientras que el pasado año las cifras llegaron hasta los 53.000. 

Margen de crecimiento. Desde Albaola consideran que aún pueden llegar a más público, basándose en los datos de Semana Santa. Entre 2016 y 2017 ese dato ha crecido un 44%.

Autofinanciación. Albaola cuenta con un presupuesto de 852.000 euros anuales. De esta cantidad, un 36% procede de ayudas públicas, mientras que el 64% restante proviene de recursos propios. La financiación privada también supone un aumento con respecto al año de la Capitalidad. En 2016 llegaba solo al 49,6%.

Personal. Albaola cuenta con 21 trabajadores, todos guipuzcoanos. Además, ha llegado a contar con 401 voluntarios y con 36 estudiantes de prácticas de cuatro países distintos.






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sábado, 24 de junio de 2017

Pasaia y Red Bay Hermanadas

Con respecto a la presencia vasca en el norte del continente americano, en lo que hoy en día es Canadá, les presentamos esta crónica de la visita del nuevo embajador canadiense en el estado español, Matthew Levin, a el local de Albaola en Pasai Donibane:


El nuevo embajador canadiense en España visitó ayer Pasaia para conocer el proyecto que desarrolla la Factoría Marítima Albaola

Elena Viñas

La relación de cerca de 500 años de historia escrita entre el País Vasco y Canadá sumó ayer un nuevo capítulo a los pies de la réplica del 'San Juan', el emblemático galeón que unió para siempre los destinos de dos pueblos situados a miles de kilómetros de distancia. Los lazos de amistad trazados a través de la cultura y la economía se estrecharon nuevamente con la visita llevada a cabo por una delegación de la embajada de Canadá, encabezada por su nuevo embajador, Matthew Levin, que viajó a Pasaia, al igual que lo hicieron anteriormente sus dos predecesores.

Levin, que acudió a esta localidad acompañado por el consejero político, Simon Cridland, y la consejera comercial, Karen Kennedy, fue recibido por los responsables de la Factoría Marítima Vasca Albaola y representantes del Ayuntamiento, la Diputación Foral de Gipuzkoa y el Gobierno Vasco. La visita oficial arrancó con una recepción celebrada a primeras horas de la mañana en la Casa Consistorial, donde la alcaldesa, Izaskun Gómez, les dio la bienvenida, recordando cómo Red Bay y Pasaia son «dos lugares con una historia en común, paralela y unida por el hilo del destino sin saberlo». «Ambas poblaciones vivimos tiempos de gloria unidos a la industria de la caza de la ballena. Ambas resurgimos siglos después con la pesca del bacalao, y ambas vivimos y padecimos la decadencia económica que supuso el fin de los caladeros», declaró Gómez.

La regidora rememoró el viaje sin retorno del 'San Juan', que zarpó de Pasaia para hundirse en 1565 en aguas de la Península del Labrador. Su pecio fue hallado en 1978. «Este descubrimiento nos volvió a unir», subrayó Izaskun Gómez. A su juicio, «si el hallazgo de los restos del 'San Juan' supuso una esperanza de futuro para Red Bay, también para Pasaia su reconstrucción en este municipio lo supone, por la importancia estratégica que tiene este proyecto y la Factoría Marítima Vasca Albaola, uno de los recursos turísticos que mejor está funcionado, por su enorme valor patrimonial y cultural, y por su capacidad para ser generador de riqueza».

Horas más tarde la delegación canadiense tenía ocasión de conocer el astillero tradicional, en el que la cubierta de la nao va ganando metros de altura, así como los detalles de su construcción de la mano de Xabier Agote, presidente de Albaola, quien puso el acento en el proceso de investigación iniciado en Canadá y la relación creada a uno y otro lado del océano para acometer la réplica de ese barco que la Unesco ha elegido como logotipo para representar todo el patrimonio subacuático mundial. «Que vascos y canadienses estemos trabajando ahora juntos en conocer cuál ha sido el legado de nuestros antepasados es una oportunidad única», aseguró Agote en una rueda de prensa ofrecida ante la popa del galeón y bajo una bandera canadiense.

En el mismo acto, Matthew Levin felicitó a Albaola y a las instituciones que le apoyan en su apuesta por la reconstrucción del 'San Juan', «por su visión a la hora de detectar las oportunidades a través de la historia y cultura, dando respuesta a los desafíos actuales», al tiempo que hizo hincapié en la pasión, creatividad e inteligencia invertida a la hora de adaptarse a los cambios económicos.

Levin mostró, además, su «total interés y compromiso» con el proyecto que se está desarrollando en la Factoría Marítima Vasca a la hora de difundirlo, y con las relaciones ya existentes entre Canadá y el País Vasco «en todas sus dimensiones».

Apoyo «sin fisuras»

En la rueda de prensa también estuvieron presentes la secretaria general de acción exterior del Gobierno Vasco, Marian Elorza; el director general de relaciones externas de Gipuzkoa, Iker Goiria; la diputada foral de Movilidad y Ordenación del Territorio, Marisol Garmendia; y el diputado foral de Cultura, Turismo, Juventud y Deportes, Denis Itxaso. Este último tomó la palabra para expresar el apoyo «sin fisuras» de las diferentes instituciones a este proyecto único, «porque entendemos que es capaz de involucrarnos culturalmente y generar un atractivo turístico».

«Este es un testimonio de lo que algún día será una embajada móvil, que hablará de la tradición vasca, que no es suficientemente conocida a pesar de que esto era una especie de Cabo Cañaveral, de donde salían las naves más poderosas del planeta a surcar los mares y hacer grandes epopeyas. Para ello, necesitaremos ayuda y el apoyo diplomático de la embajada de Canadá en España», anunció Itxaso.

Por su parte, Marian Elorza señaló que Canadá y Euskadi son desde hace tiempo «compañeros de viaje». «Compartimos una historia común y lazos económicos, históricos y culturales que vienen de lejos. La visita a Albaola y la construcción de la réplica de la nao San Juan nos conectan con ese patrimonio común vasco-canadiense», manifestó la responsable de acción exterior.






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domingo, 3 de enero de 2016

Documental 'Baskavígin'

¿Recuerdan lo que les relatabamos hace ya casi un año acerca de la derogación de una ley que permitía matar vascos en Islandia?

Pues bien, se va a realizar un documental cinematográfico al respecto y de eso nos habla este reportaje publicado en Deia:

Getxo viaja a 1615 en barco

La productora local Old Port Films rueda un documental sobre la matanza de 31 balleneros vascos en Islandia hace 400 años; entrevistas con expertos y hasta una recreación de los asesinatos en las playas del gélido país europeo dan vida a ‘Baskavígin’

Marta Hernández

En las páginas de algunos periódicos del pasado 22 de abril se podía leer el siguiente titular: “Islandia deroga la ley que permitía matar a vascos”. No se trataba de ninguna errata o de un juego de palabras que podía dar a entender algo que realmente no era así. No, no. La frase y su sentido es así, tal cual: Islandia deroga la ley que permitía matar a vascos.

En el año 1615, 31 balleneros guipuzcoanos fueron ejecutados en la zona de los Fiordos del Oeste porque se les consideraba invasores. Es lo que se conoce en Islandia como el mayor asesinato en masa de esa región. La orden que dio pie a esa matanza había continuado vigente hasta el pasado abril del ya extinto 2015, cuando el comisario Jónas Guðmundsson revocó la ley mediante la cual se podía matar a vascos. Se cumplían 400 años de vigencia de esa norma. Hubo hasta un acto para celebrar que se acababa con esa legislación. El entonces diputado de Gipuzkoa, Martín Garitano, estuvo allí presente, junto al ministro de Educación y Cultura de Islandia, Illugi Gunnarsson. Entre los asistentes también se encontraban Xabier Irujo, descendiente de uno de los balleneros asesinados, y Magnús Rafnsson, descendiente de uno de los islandeses que mataron a los vascos, como símbolo de la reconciliación entre ambas partes. También acudieron a esta cita Aner Etxebarria, Aitor Aspe y Katixa de Silva. Ellos tres están al frente de la productora getxotarra Old Port Films -que nació en 2013- y ellos tres son los autores del largometraje documental Baskavígin, que precisamente aborda la matanza de los 31 balleneros vascos en Islandia.

Paralelamente a la ceremonia de derogación de la ley en abril, se celebró un congreso internacional con 25 expertos estudiosos del suceso de siete países. “Así que teníamos muchas de las voces que queríamos para nuestro documental en el mismo sitio reunidas. Fue estupendo”, recuerda el director y grafista del proyecto, Aitor Aspe. El rodaje comenzó el pasado marzo y la intención es que el trabajo pueda estar terminado para que llegue al Zinemaldia donostiarra de este año y sea presentado bien a competición o bien a exhibición.

La historia
En junio de 1615, 86 balleneros procedentes de Donostia capitaneados por Martín de Villafranca, Pedro de Aguirre y Esteban de Tellería, navegaron hasta las frías agua del norte de Islandia. Durante una exitosa temporada de caza, se produjeron varios roces y hurtos entre la población islandesa y las tripulaciones vascas. Desavenencias aprovechadas por el sacerdote luterano Jón Grímsson y el magistrado local Ari Magnússon para levantar en armas al campesinado. Además, un revés del destino sentenció las posibilidades de salvación de los balleneros. En septiembre, una feroz tempestad destruyó sus embarcaciones. La mayoría logró salvarse y regresar a casa, pero 31 se quedaron allí. Atrapados y sin víveres en la isla más pobre y hostil de Europa, las tripulaciones de Martín, Pedro y Esteban emprendieron una huida desesperada... Tras un conflicto con los locales fueron ejecutados por orden de Magnússon. “La historia ya tiene de por sí una estructura de película de aventuras”, destaca el director de Baskavígin, que significa la matanza de los balleneros vascos, en islandés.

“Nos enteramos de este suceso del que aquí apenas se tiene conocimiento, pero que en Islandia es muy conocido, curiosamente. Y nos llamó la atención”, añade al respecto del germen de este documental. La realización de este proyecto también adquiere tintes de peli de aventuras, asegura la productora, Katixa de Silva. “Es un rodaje muy complejo que tiene todas las características de una gran película de aventuras o de una superproducción”, indica la gasteiztarra. No en vano, la obra no solo recoge entrevistas, sino también, una recreación de la ejecución. En concreto, según señala Aitor Aspe, el documental se divide en tres partes principales: “Por un lado, los testimonios de expertos que vienen acompañados por una explicación de por qué estas declaraciones son de peso”. Así, especialistas de todo el mundo analizan las causas que pudieron motivar tal acontecimiento y las consecuencias que de él se derivaron. Entre los participantes, se hallan Selma Huxley, historiadora canadiense de referencia internacional; José Antonio Azpiazu, escritor e investigador; Viola Miglio, doctora en Lingüística, y Sjón, escritor y poeta islandés, nominado a un Oscar por el coguion de Bailando en la oscuridad, de Lars Von Trier...

El largometraje, por otra parte, da mucha relevancia a la infografía. “Se incluyen grabados de la época que son preciosos, mapas y alguna fotografía, pero no mucha, porque al ser 1615 no hay mucho material fotográfico. Pero metemos mucho apoyo audiovisual para que todo sea más fácil de entender para el espectador, porque por ejemplo, los nombres en islandés son complicadísimos. Y, por último, está la recreación histórica, con actores, extras... en las playas de Islandia. Esto supone un esfuerzo de producción muy gordo”, admite el director. Baskavígin cuenta con un presupuesto de 180 millones de euros y Old Port Films ha puesto en marcha, junto a Island Tours, touroperador especializado en viajes a Islandia, Groenlandia y Alaska, una iniciativa de crowdfunding. Island Tours ha donado un viaje para dos personas a Islandia, valorado en 2.400 euros, para que sea sorteado entre los que apoyen el proyecto a través de esta herramienta.

Está previsto que el equipo viaje en abril a Islandia para rodar el grueso de la recreación histórica. De momento, su experiencia en el país europeo, con la grabación de las entrevistas fue muy positiva. “Islandia es espectacular, tiene unos paisajes impresionantes y la gente nos está ayudando mucho. El Museo Nacional nos puso muchas facilidades para grabar allí”, comenta Aspe. Los lugares de rodaje están distribuidos entre Reikiavík, Bolungarvík, Akureyri, Playa de Jökulsárlón, Costa de Strandir (Islandia); Chichester (Inglaterra); Cádiz (Andalucía), Pasajes de San Juan (Donostia), Madrid y Getxo, donde empezó este viaje en barco a 1615.





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