lunes, 30 de septiembre de 2013

Alvarez-Solís | No Hay Sitio para la Expansión

Los vascos, cuando hablamos de soberanía y de autodeterminación, no lo hacemos mirándonos al ombligo, sabemos muy bien que tenemos que estar atentos a lo que sucede a nuestro alrededor en esta aldea global hiperconectada.

En ese sentido, les presentamos este escrito publicado en Gara:


«Lo que hemos logrado en Alemania lo puede lograr también el resto de los socios europeos», estas dieciséis palabras de la reelegida Angela Merkel esconden para el autor tres falsedades. Una: Alemania no levantó la cabeza con sus solos medios tras su inmensa derrota y destrucción en la guerra 39-45. Dos: No es cierto que lo logrado por Alemania lo puede lograr cualquiera; no hay sitio para la expansión. Y tres: Falsedad del lenguaje, no son «socios» sino colaboradores forzados.

Antonio Alvarez-Solís | Periodista

La Sra. Merkel, con esa lógica infantil que suele embozar al imperialismo alemán, ha dicho que «lo que hemos logrado en Alemania lo puede lograr también el resto de los socios europeos». Tres falsedades en sólo dieciséis palabras. El promedio es alto. La eficacia, potente. La insidia, fulgurante. El desdén, hiriente.

En primer término hablemos algo sobre lo logrado en Alemania ¿Logró Alemania levantar cabeza con sus solos medios tras la inmensa derrota y destrucción sufridas en la guerra del 39-45? Alemania recibió una ayuda muy importante por parte de Estados Unidos. Fue la tercera nación en la lista de los países favorecidos por el Plan Marshall, tras Francia e Italia. Estados Unidos colaboraron especialmente en el robustecimiento alemán a fin de lograr una Alemania que impidiera la posible expansión de la Unión Soviética hacia el Oeste. Es cierto que el canciller Erhard impuso una economía de libre mercado que obligó a los alemanes a un enorme esfuerzo, pero Alemania contaba con su gran tradición industrial y su férrea disciplina social, que ya había actuado en el seno del nazismo.

Segunda falsedad que contiene la frase citada de la Sra. Merkel: es la que afirma que lo logrado por Alemania lo puede conseguir cualquiera de sus socios europeos. En principio parece una reflexión muy halagüeña hacia esos «socios» europeos, pero el sesenta o setenta por ciento de Europa Unida ya no puede superar el dogal que supone la economía alemana. La expansión germana sobre la Unión deja sin «sitio» para la expansión -hablamos de una expansión sólida y no meramente «delegada»- de ese sesenta o setenta por ciento de Europa, tanto en lo que se refiere al mercado interno como al comercio internacional con el resto del mundo. Las posibilidades de mercado de esos otros países débiles de la Unión son muy precarias y siempre dependen de las variables que adopte Alemania en su función económica o social.

Tercera falsedad. Afecta al lenguaje que emplea la canciller. Habla la Sra. Merkel de «socios» europeos. Esos «socios» no son más que puros colaboradores forzados de Alemania, siempre con el pie imperialista germano puesto sobre sus cabezas. Quizá una de las razones que determinaron al Reino Unido a no entrar en el euro fue el temor a implicarse de hoz y coz en la economía de la Unión dominada por Alemania. Es más, abrigo una discreta certeza en que esa independencia de Gran Bretaña responde a la presión estadounidense para no comprometer su baza inglesa en las posibles oposiciones a la potencia germana. El dólar está atrincherado en la libra y en cuanto al futuro de lo militar Washington no parece olvidar abiertamente la última guerra.

La Sra. Merkel es algo parecido a un gran portaaviones que necesita el acompañamiento de buques menores que ayuden y garanticen su maniobra de ataque y su seguridad.

El gran triunfo electoral de la Sra. Merkel coloca a sus «socios» europeos ante una Alemania que recupera su antigua proyección sobre el mundo, con la ventaja ahora de que Francia y, en cierto modo, Inglaterra, quedan condicionadas por la potencia industrial alemana, por su economía real de «cosas». La Sra. Merkel se ha apresurado a decir, tras su aplastante victoria, que ha destruído incluso la alternativa socialista, que las ayudas a los que persiguen una prolongación de los favores del Banco Central Europeo y de la banca alemana serán dispensadas tras un severo análisis de las garantías que ofrezcan esos Estados para hacer frente a tales préstamos.

Ante este panorama queda por ver si la exultante dominación alemana no revertirá sobre el propio interior alemán que la arrastre de nuevo hacia un viejo nacionalismo etnicista que robustezca la ya fuerte unidad de los alemanes y les incite a restaurar una conocida y repetida presión sobre el panorama político internacional. En este sentido existe un síntoma que conduce a la preocupación: Alemania está cerrando ya sus puertas a la recepción de trabajadores de base y únicamente las mantiene relativamente abiertas para la recepción de profesionales y técnicos a los que seduce con la germanicidad, eso sí, haciéndoles pagar el correspondiente canon de adhesión intelectual. Si aceptamos, aunque sea sólo por un momento, una frase del franquismo, ajustándola a la actual situación alemana, diríamos que «ser alemán es hoy una de las pocas cosas serias que se pueden ser en el mundo».

Tras el triunfo de la democracia cristiana en Alemania, una democracia cristiana atada y bien atada por el radical CSU bávaro, hay que observar con mucho cuidado la deriva que adoptará Berlín respecto a potencias como China o las emergentes como Brasil. La inclinación a operar con ellas o sobre ellas, como sería el caso brasileño y otros países de Latinoamérica, daría paso a una nueva y preocupante reordenación mundial. EEUU -presionado por el este y el oeste- empieza a vivir horas bajas y las naciones europeas como Francia, antiguas opositoras de Alemania, se inclinan hacia Berlín.

No queda sitio en los mercados ni en las grandes instituciones internacionales para las naciones-Estado que aún creen en su propia soberanía. Esas naciones-Estado están perfecta y profundamente controladas, incluso cuando practican una competencia que es, simplemente, permitida. Alemania y EEUU, incluso China y Rusia necesitan consumidores reglados, no «socios» en competencia. Es hora, pues, de pensar en una invención para alojar al mundo populoso que no puede supervivir dignamente en el marco reducido de tres o cuatro grandes potencias que han de jugar entre ellas, además, la expulsión del poder de las que no alcancen el debido nivel de resistencia.

Y esa invención consiste en crear espacio. La invención de espacio para hacer posible una vida nueva y realmente humana constituye la gran tarea de muchos pueblos que esperan su libertad y están preparadas para abordar esa aventura. El espacio de que hablamos es un espacio fundamentalmente interior, no afectado de modo poderoso por la globalización. Un espacio en que lo empresarial, la producción y el consumo recobren una organicidad caracterizada por sus prácticas de proximidad. Esas naciones, dotadas de una nueva filosofía política y social, seguramente habrán de reducir y limitar las expresiones de una economía de «sobrediseño», como la denunciada en el seno del capitalismo por David Riesman, pero ganarán en templanza y confortabilidad de existencia y también en elasticidad e independencia para imbricarse entre ellas. Esto supone, una pedagogía apropiada.

Debemos superar el peligro imperial creando ese espacio nuevo. Citando otra vez a Riesman, hay que remontar «la mecánica de crear más cosas de las que necesitamos para funcionar. Puede verse esto en los super-rifles con que la gente caza cualquier bicho o en la supercámaras fotográficas para capturar exposiciones vulgares o en los fantásticos equipos de pesca para embromar percas o en  cualquier (cosa excesiva) en esta abundante  cultura, incluso el sobrediseño de imitación de nuestros colegios universitarios. El resultado (de estos excesos) fue alejar al conductor del aire libre y de la sensación del camino ya que la supercarretera elimina toda conexión entre la gente que circula por ella y el paisaje y la vida locales, ya sean sucios o bellos». Vida sensata o muerte global. Hay que elegir.






°

Otegi y Catalunya

Les compartimos esta valoración que hace Arnaldo Otegi con respecto al proceso puesto en marcha por parte del pueblo catalán, la misma ha sido publicada en el Diario de Sevilla:

Asegura que el modelo territorial de defienden PP y PSOE es muy similar.
El dirigente y ex portavoz de Batasuna Arnaldo Otegui ha considerado este domingo que Cataluña está dando "grandes lecciones" a Euskadi con el proceso soberanista que lleva a cabo, del que ha asegurado que el País Vasco debería aprender. En una entrevista al diario El Punt Avui realizada a través de un cuestionario que ha rellenado desde prisión y recogida por Europa Press, ha explicado que vive el proceso catalán "con una enorme emoción, con admiración, con una gran expectativa y con la humildad suficiente para reconocer" las lecciones que está dando Cataluña. 
El dirigente vasco ha asegurado que el Estado español "lleva marcado en su ADN político y cultural que la solución en términos democráticos de los problemas nacionales genera grandes costes y ningún beneficio". Por ello, ha señalado que la única posibilidad de hacer variar esta posición es "poner sobre la mesa un escenario que les provoque un coste superior al de la no solución", que en su opinión solo puede ser el de declarar de forma democrática y unilateral la independencia. 
Otegui ha argumentado que la postura de los gobiernos de PP y PSOE respecto al modelo territorial de España es muy similar, y ha señalado que Carme Chacón "se tuvo que castellanizar el nombre para obtener determinados apoyos" para ser candidata a la secretaria general del PSOE. Respecto a la situación en Euskadi, Otegui ha sostenido que de las declaraciones de los líderes del PNV no se puede deducir que estén dispuestos a apostar por un Estado propio, aunque ha reconocido que "las posiciones pueden variar" dentro del partido.
Desde la prisión de Logroño donde cumple condena, Otegui ha observado que los dirigentes encarcelados lo están porque fueron "artífices del giro estratégico" de la izquierda abertzale, y su detención busca impedir que el giro se lleve finalmente a cabo. Así, ha subrayado que "forma parte de una estrategia del Estado en la búsqueda de un escenario de involución" en las posiciones abertzales, que ha matizado que no se producirá. Preguntado por el papel que deben tener las asociaciones de víctimas en el proceso de paz, ha opinado que muchas son "auténticas terminales políticas de los sectores que apuestan por la venganza para garantizar la no solución", y ha añadido que su papel deber ser el de garantizar que no se añade más sufrimiento en al resolución del conflicto.


°

Basterra | Sangre Roja

Desde las páginas de Gara traemos a ustedes este importante comentario editorial:


Juanjo Basterra | Periodista

La lucha es más necesaria que nunca. Las conquistas sociales y laborales solo se han logrado por esa vía. Todo lo que es y no es la clase trabajadora lo ha conseguido con sangre, sudor y lágrimas. No es fácil, sin duda. Sólo se pierde aquella lucha que se abandona. Es una de las frases que le atribuyen al revolucionario Ernesto Guevara, «Che», con la que estoy de acuerdo. Otros, antes que nosotros, y otros más vendrán después que la utilizarán, porque debemos aspirar a una sociedad más igualitaria y donde la justicia social se imponga en este planeta para construir pueblos libres y, por tanto, personas libres. Solo así lograremos una sociedad justa.

Ocurre esto en un momento en el que la patronal vuelve a sacar sus garras contra los trabajadores. Han conseguido todas las leyes a su favor, pero quieren obligarnos a arrodillarnos. No. La lucha continúa.

Este sábado estuve en Torrelavega en el Sindicato Unitario de Cantabria. Sangre roja corre por sus venas, cargadas de solidaridad, compromiso y lucha. Están renovando su estructura, pero con la garantía de los antiguos luchadores y los compromisos de los nuevos. Una tarde magnífica. Han iniciado unas jornadas para dar a conocer el sindicato, para animar a los trabajadores, porque la solución al desmoronamiento derechos laborales y sociales solo llegara de la acción. Recordaron cómo en Sniace la plantilla se opuso al despido de una parte de los trabajadores y decidió salir en conjunto. Un ejemplo que desde hace años no se producía. Tenemos que avanzar en la concienciación; de ahí llegara la fortaleza de la clase trabajadora.

Me despido con la letra de Los Bonitos del Norte, algunos de ellos son miembros de ese sindicato. Se titula «el río de los sueños»: «En todo pueblo oprimido/florece el sueño de la libertad/ cada mañana un desafío/ en cada vida una oportunidad. (...) Haremos que nuestros sueños/ se conviertan en derechos/ crearemos el camino/ para defender lo nuestro».

Sin duda. Haremos de la lucha nuestra manera de entender la vida para recuperar los derechos que nos roban reforma tras reforma. Me despido con una frase que repite mucho este luchador de 83 años, Periko Solabarria, conocido también en Torrelavega: «si no nos dejan soñar, no les dejemos dormir». Aurrera!






°

Tres por Tres

Desde Gara traemos a ustedes esta invitación a participar en unas jornadas que nosotros creemos son vitales para los tiempos que vivimos:


Belza, Gorka Zozaia | GITE-IPES

Cumplidos 35 años de andadura, y fuerzas e ilusión redobladas, en GITE-IPES abordamos este nuevo curso con la organización de las jornadas que hemos titulado «Mujeres del mundo ante la crisis global», que se celebran en Bilbo y Donostia entre el 30 de septiembre y el 18 de octubre. Creemos que nuestro constante empeño por ahondar en el conocimiento popular sobre la sociedad, la economía y la política adquiere, en el contexto de multicrisis actual, una especial importancia. Al malestar que genera la cruda situción socioeconómica que vivimos, se le suma el desasosiego propio de las épocas de cambio, en las que las viejas y sólidas certezas se van desquebrajando para dar paso a incipientes paradigmas. Nos preocupa que esta situación pueda llevar a la población al desánimo y la frustración, por lo que vemos necesario labrar herramientas y referencias que, al ayudarnos a entender mejor la situción que vivimos, sirvan para capacitarnos para su superación. Si bien la formación es importante en cualquier contexto, resulta imprescindible en momentos de cambio, y la crisis no es más que eso, un cambio profundo.

Aunque haya aún quien sostenga que la crisis actual es un fenómeno meramente financiero y de contados sobres entre políticos, a nadie que alce la vista por encima de los medios de información convencionales se le escapa ya que la crisis es sistémica y global. Son las estructuras fundamentales del statu quo las que tiemblan, y además lo hacen en gran parte del mundo.

Ante esta perspectiva de cambio, existen dos tendencias contrapuestas. La de los gestores del statu quo, que obviamente tratan de apuntalarla cuando no de agudizarla, y la de las fuerzas emergentes, que habiéndose hecho con cotas de poder significativas, trabajan por establecer nuevas realidades, nuevos estados, nuevos paradigmas. Nuevamente, los canales convencionales nos informan sólo de las iniciativas de los primeros, con sus «nuevas» invasiones, «nuevos» decretos y «nuevas» alianzas. Si en cambio, una quiere conocer lo nuevo, las ideas, iniciativas y proyectos que abonan, siembran e incluso florecen un nuevo mundo, esta obligada a (in)formarse por otros canales que, merece recalcar, se han multiplicado gracias a las nuevas tecnologías.

GITE-IPES quiere aportar su granito de arena en esa tarea de (in)formación con las jornadas «Mujeres del mundo ante la crisis global». Creemos que no se puede entender lo que pasa en Euskal Herria sin saber lo que pasa en el mundo, y que difícilmente acertaremos aquí a salir de la crisis, sin aprender de las experiencias de otros lugares. Es por ello, que hemos querido analizar tres realidades concretas: los procesos de emancipación de América del Sur, las llamadas «Primaveras Árabes» y el cambio europeo a traves de lo que sucede en Grecia. Estos focos resultan de grán interés para entender las dinámicas que se están dando a nivel global, pero además, hemos querido traer de cada uno de ellos una herramienta de cambio distinta: las instituciones políticas, la lucha sindical y los movimientos sociales. Y todo ello, lo hemos querido hacer desde la óptica de la mujer, pues gran parte de la construcción de lo nuevo, será feminista o no será.

Así, queremos completar un ciclo que tendría como final una última sesión en enero, en la que quisiéramos profundizar sobre las posibles vías que se nos abren en Euskal Herria.

En estas jornadas, nos acompañan esta semana Marianela Prada, directora de gabinete del Ministerio de Economía y Finanzas Públicas del Estado Plurinacional de Bolivia, la semana próxima Georgia Bekridaki, miembro del movimiento «Solidaridad para todas», y la última semana Souad Mahmoud, miembro del sindicato tunecino UGTT y participante de la Marcha Mundial de Mujeres. Y cómo no, esperamos que nos acompañes, junto a ellas, todos aquellos que querais conocer mejor el mundo, comprender mejor lo que pasa en Euskal Herria, y lejos de caer en la frustración, creais que es posible cambiarla.






°

«Kontuz con la Velocidad»

El tango colaboracionista del PNV, ese que por cada paso hacia adelante ejecuta dos de lado y otro para atrás.

Aquí lo que nos comparte Gara con respecto a lo sucedido durante el Alderdi Eguna:


Ion Salgado

El lehendakari, Iñigo Urkullu, y el presidente del EBB, Andoni Ortuzar, defendieron ayer el derecho a decidir de la ciudadanía vasca. Los dos principales protagonistas del Alderdi Eguna del PNV, celebrado en las campas de Foronda, reclamaron el reconocimiento de la nación vasca en Europa y aseguraron que el destino de «Euskadi lo vamos a decidir en Euskadi».

Ante miles de afiliados y simpatizantes, Urkullu, que compareció ante los presentes tras escuchar la intervención de Amets Arrospide (EGI), destacó que el objetivo de la formación jeltzale es crear una nueva nación en Europa. Una «Euskadi nación europea» que, según explicó el inquilino de Ajuria Enea, surgirá del acuerdo entre diferentes. «Nadie nos va a arrebatar nuestro destino -añadió-. Sabemos que nos corresponde acordar el camino. Nos corresponde pactar. Nos corresponde decidir. Ese es nuestro camino».

Esta idea, recibida con agrado por los congregados junto al aeropuerto alavés, fue desarrollada con posterioridad por Ortuzar, que criticó a Madrid por no querer escuchar las legítimas reclamaciones de la ciudadanía vasca y catalana. «España no se entera, o no se quiere enterar, de que aquí hay una sociedad que quiere ejercer un derecho básico y fundamental: su derecho a elegir su destino, su derecho a ser lo que sus ciudadanos quieran ser. Libre y democráticamente. ¿Qué hay de malo?», preguntó el líder jelkide, que cargó contra «un Estado caduco que se cae de maduro, que cada vez pinta menos en Europa».

En este sentido, lanzó un mensaje a quienes ponen en duda la continuidad de la naciones sin Estado en el seno de la Unión Europea si estas logran su independencia, en alusión al comisario de Competencia, Joaquín Almunia: «Que les quede clara una cosa a los que amenazan con expulsarnos: somos Europa, Europa es nuestra casa y nada ni nadie hará que dejemos de ser europeos, de ser una nación en Europa».

Asimismo, subrayó que «Euskadi» es un «pueblo que siempre ha creído en Europa y nos gustaría tener todavía más Europa. No esta Europa del mercado y la prima de riesgo, sino una Europa social, espacio de progreso, bienestar y justicia, para sus pueblos y su ciudadanía».

«Kontuz con la velocidad»

Esas palabras encendieron al público, que gritó a favor de la independencia. Pero a continuación Ortuzar calmó los ánimos cuando comenzó a hablar de los tiempos, ya que, a su parecer, «el autogobierno, conseguir la libertad nacional, no es una carrera». «No competimos con nadie por llegar antes. Respetamos todos los caminos, pero nosotros tenemos el nuestro», señaló, sin establecer plazos para desarrollar el derecho a decidir de la ciudadanía vasca, tal como han hecho ya en Escocia y en Catalunya.

«La velocidad embriaga y es fácil dejarse llevar por esa sensación de volar, de facilidad, de que todo es posible. Pero el exceso de velocidad lleva a veces a la pérdida de control. Y la pérdida de control puede derivar en un accidente con consecuencias irreparables. Así que... kontuz con la velocidad», advirtió antes de anunciar que el PNV, fundado hace más de un siglo como partido independentista, realizará el camino hacía la soberanía a su ritmo, «con nuestro camino, pero seguros».

El líder de lo que él mismo denominó «el Partido», como si no existieran más formaciones políticas en Euskal Herria, garantizó a sus simpatizantes el reconocimiento de la nación vasca. «Ni los peajes que quiere imponer la izquierda abertzale ni la barrera bajada con la que siempre nos amenaza el PP van a impedir que hagamos este viaje. Lo vamos hacer. Y vamos a llegar sanos y salvos», manifestó.

Al abrigo del PSE

Pese a que Ortuzar insistió en que el PNV camina solo hacia la soberanía, sus palabras dejaron entrever su cercanía al PSE. Según relató, el acuerdo fiscal suscrito entre ambos partidos, «positivo y abierto» a juicio de Urkullu, «es bueno para las personas y ayuda a crear empleo y a reactivar la economía. Por eso hemos firmado este acuerdo. Porque no hay mejor construcción nacional, porque no hay una forma más eficaz de hacer nación que ayudar a salir adelante a las personas».

Tras defender las bondades de dicho pacto, Ortuzar se refirió a la última propuesta de EH Bildu, que el sábado tendió la mano al PNV para «sostener» a un Gobierno que tome compromisos «claros y concisos» para recorrer la vía de la soberanía desde el Parlamento de Gasteiz. Una «vía vasca» que no comparte el presidente del PNV. «Ahora salen los que Bildu con la vía vasca. ¡Hace falta tener cara dura! Nos hablan de vía vasca los que se han opuesto a todas las vías, autovías y autopistas de este país», para añadir, llegando al ridículo, que se ha opuesto «hasta a la construcción de caminos vecinales».

«Lo que no pueden pretender es convertirse ni en el ingeniero de la obra -en referencia a la futura independencia- ni en el chófer del autobús. Su carretera está sin asfaltar y tienen averiado el GPS», prosiguió el responsable del EBB, que menospreció a EH Bildu al destacar que «su vía es estrecha, se trata de abertzales de vía estrecha».
Urkullu reparte responsabilidades entre ETA, el Gobierno español y su propio Ejecutivo

Iñigo Urkullu asumió que el cese definitivo decretado por ETA hace casi dos años ha abierto «un tiempo de esperanza». Un «tiempo histórico de oportunidad para la paz» en el que todos los agentes implicados deben actuar con responsabilidad, puntualizó durante su discurso. «Responsabilidad de ETA es iniciar ya el proceso de desarme y final definitivo. Hablar y hacer lo que tiene que hacer, y no más. Responsabilidad del Gobierno español es modificar la política penitenciaria. Y responsabilidad del Gobierno Vasco es, entre otras cosas, ayudar a impulsar un proceso de normalización y convivencia», dijo el lehendakari.

En su opinión, la normalización de la convivencia pasa por «curar la heridas del pasado, por favorecer una sociedad sana, sin trincheras y sin 'mundos parte'». Y dijo que ese es el objetivo del Plan de Paz y Convivencia que ha presentado para su debate en el Parlamento de Gasteiz.

Los jeltzales no llenan las campas de Foronda

Las campas de Foronda no se llenaron para escuchar los discursos del lehendakari del Gobierno de Lakua y del presidente del Euzkadi Buru Batzar. Pese a que, como era de esperar, la celebración del Alderdi Eguna reunió a miles de militantes y afiliados junto al aeropuerto gasteiztarra, estos no fueron suficientes para cerrar todos los huecos vacíos, visibles tanto en las zona de las txosnas como en los aparcamientos.

El público -entre el que se encontraban dos exlehendakaris, José Antonio Ardanza y Juan José Ibarretxe- estaba formado, en gran parte, por los integrantes de las agrupaciones locales del PNV, que a partir de las 11.00 desfilaron por el recinto. Además, al Alderdi Eguna asistieron representantes de Convergència i Unió, de BNG, de Compromiso por Galiza, de Coalición Canaria y del Parti Breton, entre otras formaciones.






°

El Novio del PNV

Desde las páginas de Gara traemos a ustedes este incisivo comentario con respecto al pacto contra natura perpetrado por Ortuzar y Urkullu.

Bastante interesante, lean por favor:


Antxon Lafont Mendizabal | Peatón

Demasiado distraídos por las «barcenadas», que hubiesen aburrido hasta a Quevedo, no nos apercibimos de artimañas políticas que consisten en apropiarse de un poder que algunos electos no han recibido. Así crece el desprestigio de la clase política.

En este momento de pactos a espaldas de los pronunciamientos de campañas electorales, convendría recordar datos testarudos que dan la verdadera medida de la legitimidad de la representación popular. La observación que sigue es aplicable a todos los partidos. Si los discursos salmodiados por la clase política están encaminados a convencernos de la legalidad evidente de su representatividad conviene debatir, también, sobre su legitimidad, poco evidente a la vista de un simple análisis de los resultados obtenidos.

Se sabe que el mejor aliado de los partidos políticos es la abstención. Los resultados anunciados después del escrutinio se refieren al número de votos emitidos obviando, además, los votos nulos y blancos. Los porcentajes así «obtenidos» dan la impresión de corresponder a representaciones debidamente acordadas por el pueblo, pero el examen de los datos nos dan un reflejo de la sustantividad de la delegación popular acordada.

Si se anunciaran los porcentajes obtenidos respecto al censo, la clase política comprendería la necesidad de la modestia, virtud ignorada o por lo menos olvidada de muchos, muchos políticos.

Los resultados respecto a los votantes o al censo nos desvelan diferencias cuyos efectos evidencian la legitimidad real en los pactos que se establecen encubriendo las taras del sistema.

Cuando oficialmente en el Parlamento de la CAV, el partido más votado, el PNV, «valorado» a 34,6% de los votantes en realidad no representa más que 22,4% de los ciudadanos con derecho a voto, es decir del censo. El segundo partido EH Bildu representa 25% de los votantes pero 16% del censo. Los partidos españoles más votados representan en el caso del PSOE-PSE 19% de los votantes y 12,3% del censo, en cuanto al PP 11,75% de los votantes y 7,6% del censo. Esa es la diferencia de delegación de poder de los votantes y del censo, es decir del pueblo palabra esta última que a algunos irrita.

Cuando examinamos esa realidad constatamos que el pacto PNV-PSE representa aparentemente al 54% aproximadamente de los electores pero en realidad no llega al 35% del censo es decir, a poco más que a un elector inscrito sobre tres. Así se establecen pactos que por declaraciones post pacto se descubren como alianzas ya que se trata de, ni más ni menos, «construir juntos el futuro» según declaraciones en el primer Pleno de política general del Parlamento de la CAV.

Es más ,se insinúa por parte del PNV que el acuerdo es trasladable al resto de instituciones, extendiendo el pacto actual al respeto de la lista más votada. Este procedimiento ya lo utilizó el PNV que acordó con el PSE y con el PP desbancar a EA, más votado, y regalar Donostia al PSOE, para veinte años, clasificado en tercer lugar después de EA y HB en las elecciones municipales de 1991.

El veterano PSOE pasará factura al PNV más brillante Movimiento popular desde el comienzo del s. XX que Partido político, papel que le corresponde desarrollar desde los años 80 del mismo siglo y que practica con escasa experiencia. El PNV, hoy, parece más guiado por su obsesión hegemónica que por la voluntad política, material y cultural de la ciudadanía y parece dispuesto a alquilar su alma para quedarse solo en el por él pretendido abertzalismo.

El novio PSE ya ha accionado la primera alarma avisando a su novia que se enfrentará con ella si «saca del cajón planes soberanistas» precisión ofrecida en el momento en el que el PNV anuncia en el Parlamento de la CAV que se propone «actualizar nuestro estatus de autogobierno» proponiendo un acuerdo en el que todas las partes estén satisfechas. El consecuencialista Aristóteles afirmaba que «el amigo de todos no es mi amigo». ¿Eso es gobernar? Café para todos pero descafeinado. ¿Para eso votamos? Difícil mejorar la campaña en pro de la abstención.

Me vienen a la memoria las recientes declaraciones de un VIP de la política española. Estos días, en un programa a su medida, ha querido llevarse «el gato al agua» afirmando que la Generalitat de Cataluña está situada en la misma hoja de ruta que inició ETA. Desde su alminar, ¿se considera legítimamente indicado para politiquear con su menos que 20% del censo electoral que obtuvo en las últimas elecciones al Parlamento Europeo? Piensa quizás, que su sustento del Cantábrico, que se agota, lo tiene que buscar ahora del lado del Mediterráneo.

No nos extrañemos del avance de la abstención que en las últimas elecciones al Parlamento de la CAV representó 36% del censo porcentaje superior al de la representación de la alianza PNV-PSOE que se limita a menos de 35 % de legítima representatividad. «Sí pero la ley electoral es esa». Estéril resignación por la que pasará a raudales la desconsideración de la representación popular si no se cambian procedimientos que, claro está, benefician a la clase política, juez y parte, que tendría que cambiarlos.

Algo podría optimizar la opinión sobre las elecciones disminuyendo la abstención. Con este objeto, convendría que los programas electorales, que como afirmaba un experimentado personaje político europeo, no comprometen más que al que los escucha, tuviesen que ser contractualizados con sanciones en caso de no respeto ante notario si es preciso y que el recurso al referéndum fuera constitucionalmente defendido. Por lo menos, ¿por qué no obligar a someter a referéndum tanto las iniciativas propuestas por representaciones políticas inferiores a 33% del censo como las no indicadas en sus programas electorales?

Sin el respeto a la acción política, cuando su clase la merezca, no habrá convivencia democrática.






°

Fitero | Escote

Cuando los medios de comunicación se convierten en estercoleros.

Lean por favor este texto dado a conocer por Gara:


Raimundo Fitero

Emma García no se rinde. Su protector, Vasile, le pone todo el equipo que sea necesario para que su apuesta personal en este programa de contenido y formato variable y de nombre «Abre los ojos», no se convierta en un fracaso estrepitoso, que se adjudicaría al propio jefe de Mediaset. Como pasa tantas veces, una desgracia, una muerte, es el agarradero de algunos programas televisivos para crecer en audiencia. Y así fue, la niña china asesinada, unos padres de clase media alta, una entrevista en exclusiva al abuelo paterno, unos invitados con ganas de ahondar en la mierda y un buen escote le han proporcionado un máximo de audiencia.

A esta conductora nacida televisivamente en ese vivero de presentadores desnortados que es ETB, le trae sin cuidado lo que le echen. Ella defenderá la telebasura en todas sus tonalidades hasta la extenuación. Y si es sobre el cadáver de una niña, de unos padres a los que se les imputa homicidio, de una investigación policial y judicial en curso, ni caso, el fin lo justifica todo. Se trata de ganar audiencia. El precio no importa. No hay ética. Hay escote, tacones altos, piruetas, invitados con ganas de hacerse un hueco y algo de cordura. Fue un comisario de policía el que más cordura vertió en la tertulia y un siquiatra forense muy conocido el que recordó que se estaba en un plató televisivo para cortar las ansias de linchamiento de algunos de los tertulianos que querían ya sentencias.

Eso sí, había una exclusiva, una entrevista al abuelo paterno de la niña muerta. Un hombre postrado en un sillón, muy analítico, muy medido en sus declaraciones. Señaló la dependencia emocional de su hijo con la abogada, la madre. Es un caso que ha calado socialmente, está en la conversación cotidiana, no se les niega oportunidad a quienes se acerquen a ello, pero cuando en la televisión se ponen a tratarlo desde el amarillismo más infame e inmisericorde produce náuseas, pero acuden las moscas a la mierda y logró máximo de audiencia. Así somos. En la pelea, «La Sexta noche», que arrancó con el mismo asunto de la niña asesinada, perdió de manera estrepitosa: menos de la mitad de audiencia. No contaron con el factor escote.






°

domingo, 29 de septiembre de 2013

Jaque... ¿Mate?

No lo creemos, pero por algo hay que empezar. Les compartimos esta nota publicada en el blog Moncada:



Alberto Cuéllar

Sobre las seis de la tarde, centenares de personas se concentraron este sábado en el intercambiador de Moncloa (Madrid) en una protesta que se dirigió hacia el Palacio Real de la capital para pedir la abolición de la monarquía. La concentración camina bajo el lema 'Jaque al Rey' y está convocada por la Coordinadora 25-S, la misma que convocó hace un año la movilización 'Rodea el Congreso'.

El objetivo de los convocantes es denunciar que la Monarquía es un sistema "corrupto", heredero del franquismo y que es urgente acabar con esta institución "arcaica, clasista y antidemocrática"

'Instituciones libres de corruptos, imputados y encausados' o 'El Rey no da golpe desde el 23-F' son otros de los mensajes presentes en las pancartas de los manifestantes, que también han coreado la consigna habitual en manifestaciones de este carácter 'España, mañana, será republicana'.

Los manifestantes -entre 1.000 y 1.500 según la policía, varios miles según los organizadores- que han crecido en número a su llegada a la Plaza de España pero han vuelto a reducirse cuando ha comenzado a llover y han cortado el tráfico a su paso por la calle Princesa y la Gran Vía, han estado en todo momento vigilados por un fuerte despliegue policial.

La Policía ha impedido el acceso al Palacio Real, donde pretendían finalizar la marcha con una concentración indefinida. Para ello, ha cortado las calles que comunican la plaza de Ópera con la Plaza de Oriente mediante vallas y furgones policiales, impidiendo así que los todavía congregados a pesar de la lluvia culminaran la manifestación.

'El deseo de un cambio constitucional'

En declaraciones a los medios, una de las portavoces de la coordinadora, Ana, ha afirmado que la manifestación "pacífica" se ha convocado para que los ciudadanos puedan demostrar "el deseo de un cambio constitucional" e "iniciar un proceso destituyente con la abolición de la monarquía", pues la consideran ilegítima heredera del dictador Franco.

Igualmente, otro de los portavoces, René, ha dado cuenta de la denuncia que la coordinadora ha interpuesto este sábado en el Juzgado de Instrucción de Guardia de Plaza de Castilla por lo que consideran "una vulneración del derecho fundamental a manifestarse" y contra la 'Operación Jaula' que, según la Coordinadora 25-S, va contra el "derecho básico y fundamental a expresarse pacíficamente".

Antes de que diera comienzo la manifestación, la Policía ha identificado a cerca de 65 personas que se dirigían con palos y con intención de provocar disturbios a la marcha, según han informado a Europa Press fuentes del Ministerio del Interior. La Policía les han identificado a su salida del centro ocupado denominado La Traba, ubicado en la calle Belchite, 18 de Madrid, y se ha incautado de 49 palos.

Por otro lado, debido a la manifestación, se ha interrumpido el servicio de Metro en la estación de Ópera en todas sus correspondencias por un tiempo estimado en más de una hora.




°

Autodeterminación y Pacharán con Hielo

Tomando en cuenta que el PSOE no tiene nada ni de socialista ni de obrero y que estará por siempre ligado a lo peor de terrorismo de estado por conducto de los GAL, les invitamos a dar un vistazo a esta joya que han publicado en La Vanguardia:


En el trascendental congreso de Suresnes (1974), el Partido Socialista Obrero Español se relanzó como fuerza política operativa con un programa de tonos radicales que iba más allá de la 'España plural' y aceptaba el derecho de autodeterminación de las nacionalidades

Enric Juliana

Hay un párrafo maravilloso de Gabriel García Márquez en ‘Cien años de soledad’ que dice: “El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo”. Hubo un tiempo en el que pasó algo parecido en este país. La democracia en España era tan reciente, tan reciente que aún no había nacido, que algunas cosas se mencionaban con nombres que ahora nos parecerían increíbles. Hubo un tiempo en el que el Partido Socialista Obrero Español señalaba con el dedo la autodeterminación de los pueblos y levantaba el pulgar. ¿Derecho a decidir? No, no, no, esa expresión ahora tan presente en los diarios, meliflua y propia de un adolescente contrariado al que no dejan llegar tarde a casa, no es de aquella época, en la que todo parecía pendiente. Estamos hablando en serio: derecho de autodeterminación de las nacionalidades de España. Ese era uno de los puntos centrales del programa del PSOE renovado en 1974. Claro, preciso y contundente. Tan contundente que estuvo a punto de proclamar la autodeterminación para todos.

10 de octubre de 1974, Suresnes, periferia de París, teatro Jean Vilar. El congreso socialista elige al joven abogado sevillano Felipe González como nuevo secretario general, tras una laboriosa alianza entre diversos sectores de la militancia en el interior de España, una mayoría que deja definitivamente fuera de juego a la vieja dirección en el exilio encabezada por Rodolfo Llopis. Maestro alicantino, masón desde la juventud a la vejez, diputado durante la República, enfrentado durante la Guerra Civil a la línea del primer ministro Juan Negrín, anticomunista, Llopis mantenía un PSOE de mesa camilla a la espera de la muerte del dictador. Y en España todo estaba cambiando.

En un congreso anterior, Llopis ya había sido sustituido por una dirección colegiada del interior, abriéndose una lucha de fracciones: el PSOE Histórico contra el PSOE Renovado. La Internacional Socialista finalmente había dado la razón a los renovadores –luego veremos en qué contexto- y el congreso de Suresnes era la ceremonia de entronización del nuevo grupo dirigente y del nuevo programa.

Un programa que enfocaba así la complicadísima cuestión territorial española. Aviso a los jóvenes lectores que no hayan vivido la transición, átense los cinturones y preparados para la sorpresa:

Ante la configuración del Estado español, integrado por diversas nacionalidades y regiones marcadamente diferenciadas, el PSOE manifiesta que:

1) La definitiva solución del problema de las nacionalidades que integran el Estado español parte indefectiblemente del pleno reconocimiento del derecho de autodeterminación de las mismas que comporta la facultad de que cada nacionalidad pueda determinar libremente las relaciones que va a mantener con el resto de los pueblos que integran el Estado español.

2) Al analizar el problema de las diversas nacionalidades el PSOE no lo hace desde una perspectiva interclasista del conjunto de la población de cada nacionalidad sino desde una formulación de estrategia de clase, que implica que el ejercicio especifico del derecho de autodeterminación para el PSOE se enmarca dentro del contexto de la lucha de clases y del proceso histórico de la clase trabajadora en lucha por su completa emancipación.

3) El PSOE se pronuncia por la constitución de una República Federal de las nacionalidades que integran el Estado español por considerar que esta estructura estatal permite el pleno reconocimiento de las peculiaridades de cada nacionalidad y su autogobierno a la vez que salvaguarda la unidad de la clase trabajadora de los diversos pueblos que integran el Estado español.

4) El PSOE reconoce igualmente la existencia de otras regiones diferenciadas que por sus especiales características podrán establecer órganos e instituciones adecuadas a sus peculiaridades.

El hombre clave del congreso de Suresnes fue el joven librero sevillano Alfonso Guerra, un hombre de origen humilde, con estudios universitarios y muy aficionado al teatro. Él movió los hilos, supervisó las ponencias y garantizó la elección de Felipe González como secretario general, frente al núcleo madrileño encabezado por Pablo Castellanos y Francisco Bustelo. Alfonso Guerra (nombre clandestino ‘Andrés’), afinando los textos sobre el irrenunciable derecho de autodeterminación de las nacionalidades de España en una brasserie de la periferia de París, con fondo musical de George Brassens. He ahí una excelente dosis de ironía para una tarde de domingo. Sugiero acompañarla con una copa pacharán con hielo.






°

Escalofriante Testimonio de Tortura

Nos han echo llegar el enlace a este artículo de Canarias Semanal por correo electrónico.

Lo compartimos con ustedes por aquello de los "demócratas de siempre y los vencidos por la actuación policial" y por lo de "las víctimas y los victimarios".

Lean por favor:


José Balmón Castell,  fue un militante  del PCE(r), una escision del Partido Comunista de España. En la actualidad es vecino de Córdoba, y  con 70 años a las espaldas. En diciembre de 1976 fue detenido por la policía que entonces estaba bajo la dirección del conocido ministro Martín Villa, quien junto con Adolfo Suárez formaría parte del núcleo dirigente de la Unión del Centro Democrático (UCD) y posteriormente terminaría integrado en las filas del Partido Popular.

José Balmón Castell 

La detención de Balmón Castell no fue una detención cualquiera. En las dependencias policiales tuvo que vérselas con un policía de la brigada político-social especialmente sádico:  "Billy el niño", hoy reclamado  a través de Interpol por la Justicia argentina. En este artículo José Balmón  a la vez que rememora  aquel siniestro  encuentro con el monstruo, aporta su testimonio a la juez argentina que lo reclama a España a través de la Interpol para procesarlo .

"Soy José Balmón Castell, de 70 años, vecino de Córdoba (España), Calle San Francisco, 27. Militante del Partido Comunista de España (reconstituido) desde su fundación en 1975, motivo por el que fui detenido varias veces, torturado y encarcelado durante 24 años.

He sabido, con sorpresa y satisfacción, que Vd. ha cursado orden de detención contra varios torturadores fascistas españoles, entre ellos Juan Antonio Gonzalez Pacheco, alias se Billy el Niño. Yo, en una de mis detenciones, pasé por sus garras, por lo que quiero aportar mi testimonio, por si sirviera, para que esta mala bestia pague siquiera una millonésima parte del daño causado, aunque no creo que el Estado fascista español entregue a tan eficiente perro de presa que tan buenos servicios ha prestado “a la patria y la democracia”.

Estoy hablando de mediados de Diciembre de 1976, en pleno proceso de “Transición” en el que el PCE(r), casi en solitario, denuncia la maniobra del régimen de “cambiar algo para que todo siga igual”, y esa osadía era puro terrorismo, tanto para el Estado como para la “izquierda” ya domesticada y vendida. Yo ocupaba una responsabilidad en la dirección, era clandestino y tenía documentación falsa. Fui detenido en Madrid, por un golpe de azar, por lo que pasaron unas horas hasta que me identificaron. Inmediatamente fui llevado a la Dirección General de Seguridad, en la Puerta del Sol, y entregado al tal Billy el Niño y su equipo de torturadores, especializados en el PCE(r) y los GRAPO.

No perdieron ni un minuto, tenían prisa en hacerme “cantar”, antes de que mis camaradas detectaran mi caída y activaran las medidas de seguridad. Esposado, de pie en medio de cuatro o cinco malas bestias histéricas de odio: golpes de todo tipo y en todas partes, rebotando como un pelele en esa “rueda” hasta caer al suelo sin sentido. En cuanto das señales de vida, preguntas y golpes, golpes y preguntas y vuelta a caer. Te levantan, te esposan a una silla, te colocan una “bolsa” de plástico en la cabeza cerrándola sobre tu cuello, que te produce la asfixia mientras te golpean por todas partes. Esposado, con las rodillas entre los brazos, te ponen una “barra” de hierro entre las rodillas y los codos y te cuelgan entre dos mesas, quedas suspendido cabeza abajo y los pies arriba, te golpean los pies con bergajos “reglamentarios”, patadas, puñetazos, insultos, preguntas, amenazas... Cuando ven que “te vas”, Billy levanta la mano y hacen un descanso, disparan la pistola sobre tu cabeza y te dicen “esta vez estaba descargada”; si ven que cierras los ojos de dan un puñetazo o una patada: ¡Habla, hijo de puta, o no sales vivo de aquí!

Sin duda, el trabajo del torturador es duro, necesitan recuperar fuerzas... Te bajan a los sótanos, por las escaleras hacen amagos de tirarte y casi deseas que lo hagan. Los sótanos son tétricos, húmedos, diseñados para el terror. Estás tirado en el suelo mojado, tiritas de dolor y de frío, los policías tienen orden de no dejarte dormir, golpean los hierros de la puerta, te insultan, te amenazan..., no sabes si es de día o de noche. En cualquier momento, abren la puerta y te suben en volandas (ya no puedes mantenerte de pié) al “despacho”... Y vuelta a empezar.

En alguno de esos “descansos”, te mandan al “bueno”, te ofrece agua o un café, llevas días sin probar nada, te lo tomas y cuando te bajan al sótano ves que estaba envenenada con sustancias psicotrópicas: te mareas, ves alucinaciones, monstruos deformes, caes flotando por un torbellino sin fin... la tortura continúa por otros medios, se trata de que pierdas el control de tu conciencia para que, inconscientemente, reveles la información que ellos creen que tienes y que les lleve a más detenciones.

En esos días, los GRAPO habían secuestrado a Oriol, - un jerifalte banquero y Presidente del Consejo de Estado entre otros cargos- , en apoyo a la reivindicación de AMNISTÍA, que era un clamor en la calle y que el Estado negaba a tiro limpio. Ellos creían que yo sabía algo, incluso afirmaban que estaba en mi casa y por eso no les decía la dirección... “Me puedes matar - le dije a Billy el Niño-, pero en mi casa están mi mujer y mis hijos, y esos no los tocas tú”. Eso lo puso aún más histérico, con las naturales consecuencias sobre mis maltrechos huesos.

También coincidió con mi detención, que los GRAPO volaron el repetidor de TV de Navacerrada (Madrid), para boicotear la campaña de propaganda del régimen por el Referéndum de la Ley de Reforma Política... Y, naturalmente, yo tenia que saber algo y conocer a los autores, así que “caña al mono hasta que cante”... Pero ya no tenían que esforzarse como al principio: ya tenía la mandíbula partida, varias costillas rotas, todo el cuerpo lleno de moratones, los pies hinchados...Ya les bastaba un golpe o un simple roce para producirme tanto dolor con una sesión intensiva de los primeros días. Y, curiosamente, el paso de los días no apaciguó sus ánimos; para ellos era un fracaso profesional, era ya una cuestión de honor del torturador frustrado: ni Billy el Niño, ni su equipo, ni su jefe Conesa podían aceptar que un cerdo comunista, enclenque como yo, no sucumbiera. Hasta el último de los 10 días de Ley Antiterrorista me estuvieron torturando.

De la DGS, pasé al Hospital Penitenciario adjunto a la Prisión de Carabanchel (Madrid). Para dar una idea del trabajo bien hecho por Billy el Niño y su equipo, baste decir que ¡a los 6 meses!, salí con la Amnistía - por error, pero esa es otra historia - , y aún no tenía el alta médica.

Las denuncias por torturas presentadas por mis abogados, pese a la contundencia de los informes médicos, nunca prosperaron, naturalmente. Billy el Niño continuó torturando y recibiendo condecoraciones. Solo después de “consolidada” la transición, lo apartaron de la DGS poniéndolo de Jefe de Seguridad en la multinacional Talbot de Madrid, una empresa emblemática con 10.000 obreros en la que había que desarticular el movimiento organizado.

Quisiera añadir una pequeña reflexión: "Billy el Niño" es uno de esos negros personajes que encarnan la personalidad del toturador, de ideología nazi, convencido de su misión de salvapatrias, lleno de odio, sádico, que disfruta haciendo sufrir y con impunidad plena. Pero no deja de ser una herramienta al servicio de un estado fascista, que necesita sembrar el miedo y el terror entre sus enemigos de clase. De hecho, este personaje aparece en toda esa época ligado al Terrorismo de Estado: guerrilleros de Cristo Rey, la Triple A, batallón Vasco-Español, etc. que acumulan cientos de acciones terroristas y asesinatos tan sonados como los de los Abogados Laboralistas de Atocha.

Sus servicios al régimen son impagables, por eso lo condecoran y protegen: la Fiscalía de la Audiencia Nazional ya ha manifestado que se opondrá a su procesamiento. ¡Faltaría más! Es la manera de proteger la impunidad de sus nuevos Billys en activo, aquí y ahora mismo. Son una pieza esencial para la “democracia”.

En Córdoba, a 24 de Septiembre de 2013.








°

YouTube | Lous Gouyats de l'Adou

Un amigo nos ha compartido el enlace a este video de danzantes de Gascuña en el cual podemos ver la estrecha relación cultural entre esta nación del estado francés y Euskal Herria.

Aquí lo tienen:

.
.



Groupe folklorique landais de Dax



°

¿Estado de Derecho?

Desde el portal de La Pupila Insomne traemos a ustedes este texto que deja en claro la hipocresía con la que se manejan ciertos conceptos en las instancias que supuestamente representan a la comunidad internacional:


Carlos Fernández Liria

Supongo que todos estaremos de acuerdo en que no basta con que la Constitución diga que hay Estado de Derecho para que admitamos que, en efecto, lo hay. Fundamentalmente, decimos que una sociedad está en Estado de Derecho cuando en ella hay una división de poderes, es decir, cuando el poder que legisla, el poder que juzga y el poder que gobierna son independientes entre sí, de modo que, por ejemplo, el gobierno puede ser llevado a los tribunales para ser juzgado con arreglo a unas leyes que no han hecho ni jueces ni gobernantes.

Pero esto es una cosa que decimos, igual que puede decirlo la Constitución. Lo difícil no es estar más o menos de acuerdo con esa definición. Lo difícil es averiguar lo que ponemos en juego para distinguir una sociedad que dice estar en estado de Derecho, de una sociedad que efectivamente lo esté. Así por ejemplo, en el 17 de abril de 1989, Pinochet declaró que Chile ya estaba lo suficientemente maduro para volver a ser un Estado de Derecho, que él ya había matado a suficientes marxistas, comunistas e izquierdistas y, que, por tanto, ya podían convocarse elecciones sin peligro de que ganaran las izquierdas, aunque, desde luego –advirtió-, “si gana una opción de izquierdas o se toca a uno solo de mis hombres, se acabó el Estado de Derecho”. El 17 de abril de 1989, por tanto, los medios de todo el planeta celebraron la vuelta de Chile a la democracia. Y, desde entonces, ha habido democracia y Estado de Derecho en Chile, ya que, puesto que no ha ganado las elecciones ninguna opción de izquierdas, no ha sido necesario volver a dar un golpe de Estado. En 1990 ganó Patricio Alwyn, un antiguo golpista democristiano y, cuando han ganado los socialistas, han seguido, como si tal cosa, haciendo lo que mandaba el FMI, porque durante los dieciséis años de dictadura ya aprendieron eso de que quien manda, manda, y que si no, ya se sabe, “se acabó el Estado de Derecho”.

El caso es que, puesto que se celebran elecciones y no ganan las izquierdas y por tanto no hay golpes de Estado, podemos decir que en Chile hay Estado de Derecho. Lo mismo ocurre en Colombia: durante estas últimas décadas, los paramilitares se han ocupado de matar a tiempo –a veces “justo a tiempo”, el día antes- a todos los que siendo de izquierdas podían ganar las elecciones, de modo que luego los comicios electorales se han podido celebrar sin sacar los tanques a la calle, a causa de lo cual podemos decir en nuestra prensa democrática que Colombia es una democracia y está más o menos en Estado de Derecho (al contrario, ya se sabe, que Cuba). En Haití dejó de haber Estado de Derecho en 1990, a causa de que, por abrumadora mayoría, había ganado las elecciones el peligroso cura izquierdista Aristide, que amenazó en seguida con subir el salario mínimo 20 centavos, por lo que, ante semejante fallo del sistema democrático, se hizo necesario dar un golpe de Estado, implantar una dictadura y matar a varios miles de personas, entre torturas horrorosas; como resulta que no se mató a los suficientes, en el 2000 volvió a ganar las elecciones Aristide, por lo que se hizo necesario otro golpe de Estado en julio de 2001, que, como fracasó, hizo necesario otro más, en diciembre de 2001, que fracasó también, por lo que se recurrió a bloquear todas las ayudas de Banco Interamericano de Desarrollo y todos los créditos del FMI, hundiendo la economía haitiana en un abismo sin fondo, y así hasta el golpe de Estado de este año 2004, que ha triunfado por fin, con la complicidad, por cierto de toda Europa; en cuanto se haya matado a todos los que tengan el propósito electoral de subir el salario mínimo de las Alpha Industries, en Haití se podrá restaurar, sin riesgo, el Estado de Derecho.

La historia de Latinoamérica está plagada de casos así. Pero, los paladines de la democracia y las libertades, como Mario Vargas Llosa, no ven nada raro en todo esto. Sin ir más lejos, aunque Chávez ganó en cuatro años ocho consultas electorales, a sus ojos y los de nuestra prensa democrática no ha cabido duda, en todo este tiempo, de que es un dictador -ya que es de izquierdas. Si hubiera triunfado el golpe “cívico-militar” del 2002, si se hubiera asesinado a Chávez y se hubieran exterminado a unas cuantas decenas de miles de bolivarianos, de modo que ya no se corrieran riesgos electorales, no cabe duda de que a los ojos de nuestros bienaventurados medios de comunicación se habría dejado a Venezuela bien madurita para la democracia y la división de poderes. De hecho, como se recordará, el golpe de Estado de abril del 2002 que colocó por 24 horas al jefe de la patronal en el poder, fue celebrado por El País, El mundo y todos las televisiones españolas y europeas como una “tranquila” “restauración de la democracia”.

Cuento todo esto que siempre suelo contar para que se vea que con semejantes criterios no hay manera de averiguar si las sociedades que dicen estar en Estado de Derecho realmente lo están, de modo que habrá que poner manos a la obra para buscar otro criterio, al menos si no queremos estar hablando por hablar (aunque bien es verdad que es una actividad bastante bien pagada en el Grupo PRISA, en tanto resulte eficaz para impedir que se hable de lo que hay que hablar). En España, por ejemplo, la última vez que ganó una opción electoral lo suficientemente de izquierdas como para molestar un poco a los Botín y los March, fue en 1936, y el desliz se pagó tan caro como todos sabemos. Lo mismo pasó en Grecia (1967). Y en Italia no pasó, porque EEUU ya se encargó de advertir que como pasara invadirían el país. Uno no se puede cansar de repetir que, en toda la historia del siglo XX no ha habido ni una sola vez en que una opción electoral de izquierdas haya podido intervenir en los asuntos del capital sin que el experimento no haya sido corregido por un pinochetazo.

Así ha sido nuestro tan cacareado Estado de Derecho: un Estado de Derecho en el que las izquierdas jamás han tenido derecho a ganar las elecciones. Las izquierdas han tenido derecho -como lo tienen, por ejemplo, hoy día en toda Europa- a intentar ganar las elecciones, eso sí. Pero no a ganarlas, porque entonces se monta la de Dios y “se acabó el Estado de Derecho”. Esto es una cosa que la historia del siglo XX ha grabado en el alma de los votantes con sangre y con fuego: si se quiere que haya democracia y Estado de Derecho, hay que votar a las derechas. También se puede votar a las izquierdas que hagan políticas de derechas. Pero no a las izquierdas que hagan políticas de izquierdas. Así pues, no es que las izquierdas de izquierda se hayan empeñado en ser revolucionarias. De ninguna manera. Es que no se les ha dejado, jamás, otra opción. La opción no ha sido nunca, o Castro o Allende, la opción ha sido o Castro vivo o Allende muerto.

Mirando el siglo XX a lo largo, resulta que a lo que hemos llamado Estado de Derecho no es exactamente a lo que antes definimos como tal, sino más bien a ese paréntesis entre dos golpes de Estado en el que el capital se puede permitir convocar elecciones porque no hay posibilidad de que ganen las izquierdas (suficientemente diezmadas en el golpe anterior: así por ejemplo, en España, para poder gozar de 25 años de democracia que llevamos por ahora, tuvimos que tener 40 de dictadura para purgar las malas hierbas).

Así pues, es de lo más interesante investigar qué diablos es lo que estamos diciendo cuando decimos que en España hay Estado de Derecho y en Cuba no. Porque, en efecto, algo decimos, de todos modos. ¿En dónde reside la fuente de las evidencias empíricas que convierten a los países europeos en Estados de Derecho y a Cuba, en cambio, no? Para dar con alguna evidencia empírica, pensemos, por ejemplo, en lugar de en Vargas Llosa, en ciertos izquierdistas, críticos del castrismo como el que más: “yo, en Cuba, estaría en la cárcel”, suelen argumentar. Yo no estaría tan seguro, pero, vete a saber. Lo interesante, sin embargo, es empezar por reflexionar por qué no están en la cárcel en España y por qué sí lo habrían estado en el Chile de Pinochet. ¿Será porque Chile era una dictadura y España no lo es? ¿O no será más bien al revés, invirtiendo causas y efectos? ¿No será que Chile fue una dictadura porque había que meter en la cárcel a cierta gente? ¿No será que para impedir que las izquierdistas ganaran las elecciones, era necesario que Chile fuera una dictadura y España, en cambio, donde las izquierdas no pueden ganarlas o son tan de derechas como la derecha, no es necesario recurrir a métodos tan contundentes? ¿Para qué meter en la cárcel a los cuatro imbéciles de izquierdas que quedan por ahí haciendo el payaso en Internet? Supongo que se advierte que es muy distinto plantear las cosas de una manera que de otra. En nuestros benditos Estados de Derecho no se nos mete en la cárcel no porque sean Estados de Derecho, sino porque somos inofensivos. Si algún día dejáramos de serlo, se nos arrancaría la piel a tiras. Bastaría con que tuviéramos alguna posibilidad de ganar las elecciones y cumplir, por ejemplo, con nuestra promesa electoral de nacionalizar la banca, para que acabáramos enterrados en cal viva (y no sólo nosotros sino todos los que tuvieran cara de querer subir un centavo el salario mínimo, que así se empieza y no se sabe cómo se acaba).

Si aquí no se mete en la cárcel a ese tal Fulano de tal que siendo tan izquierdista está tan convencido de que “en la dictadura castrista” estaría en la cárcel, seguro que no es porque en España haya libertad de expresión, sino porque seguro que ese Fulano de tal no tiene aquí ninguna posibilidad de hacerse oír ni de influir en nada que tenga importancia. Si un directivo loco pusiera en las manos de ese Fulano la sección de economía del Telediario, le despedirían al día siguiente. Y si entonces bajara un dios de los cielos para hacerle director vitalicio de los Informativos, y él pretendiera seguir siendo tan izquierdista como siempre había sido en esta bendita democracia, a las veinticuatro horas le habrían pegado un tiro en la nuca. Pero nunca es necesario llegar a esos extremos. Normalmente ni siquiera es necesaria la censura. Pero no porque haya libertad de expresión, no. Nadie niega que haya libertad de expresión, pero si no hay censura no es porque haya libertad de expresión: es, más bien, porque todos los periodistas a los que habría que censurar (con la consiguiente merma de la libertad de expresión) están en el puto paro. Es como una vez que me decía un periodista de El País que a él jamás le habían censurado ni le habían llamado de dirección para indicarle lo que tenía que decir. Resultará increíble, pero ni por un momento se le pasaba por la cabeza que era precisamente por eso, por lo muy espontáneamente que su libertad de expresión encajaba con la línea editorial de El País (que ni había que llamarle la atención, oye), por lo que había sido contratado y por lo que no se le ponía de patitas en la calle. Más cómicos aún son los periodistas en paro que siguen creyendo en la libertad de expresión porque nada ni nadie les impide decir lo que quieran en la página web que leen sus amigos.

¿Alguna vez nos hemos preguntado en serio por qué en las democracias europeas o en los EEUU no hay (casi) presos políticos? No hay presos políticos no porque haya libertades políticas, sino porque la política no tiene la menor posibilidad de intervenir en el curso de la realidad. Vivimos en una sociedad hasta tal punto chantajeada por sus estructuras económicas, que se puede permitir el lujo de ser todo lo democrática que quiera, ya que, de todos modos, ninguna intervención democrática tiene ninguna posibilidad de prosperar. Ahí donde la palabra no tiene ninguna posibilidad de intervenir en el curso de las cosas, ¿por qué no decretar la libertad de expresión más absoluta? Ahí donde las asociaciones que no tengan un millón de euros de capital son absolutamente impotentes, ¿por qué no decretar la libertad de asociación y de reunión, el pluripartidismo y su puta madre? Está bien eso de decretar la libertad de prensa en una sociedad como ésta; al noventa y cinco por ciento de los ciudadanos nos tranquiliza de la hostia saber que si tuviéramos tanto dinero como Polanco nada nos impediría decir lo que nos diera la gana en El País o en El Mundo o en El AntiGlobo que decidiéramos fundar. ¿Pero de veras creemos que es así? ¿De verdad pensamos que si tuviéramos tanto dinero como Polanco podríamos ser comunistas en un medio de comunicación que no fuera irrelevante? ¡Vamos, hombre, nada de eso! Si eso fuera así, si los comunistas pudieran tener un imperio mediático (porque, por ejemplo, Georges Soros hubiera tenido el capricho de nombrarles herederos), se prohibiría la libertad de prensa de inmediato, se metería en la cárcel a todos los que abrieran la boca y se les arrancaría con alicates las uñas de los pies. Nunca ha sido de otra forma; eso es lo que ha ocurrido sin excepción cada vez que la izquierda ha tenido, además de la libertad de palabra, la posibilidad de hacerse oír.

De todos modos, su actitud siempre será admirable, comparada con la que pusieron en práctica en las legislaturas del PSOE cuando, al ver que no podían hacer la política de izquierdas para la que habían sido votados, se pusieron, sin más a hacerla de derechas, como Dios manda.

Perra vida ésta en la que nunca ha habido libertades políticas más que bajo la condición de que esas libertades fueran impotentes. En Cuba, por ejemplo, hay, eso es verdad, pocas libertades políticas. Es obvio por qué es así: porque en Cuba las libertades políticas no serían impotentes; por el contrario tendrían unos efectos espectaculares y algunos de ellos, por cierto –como suele pasar en los países en guerra y Cuba lo está-, corrosivos y suicidas.

Así pues, conviene ordenar la cuestión para ver cómo se pueden hacer las comparaciones de manera que tengan sentido. Mientras no se haga este esfuerzo, todas las conversaciones y discusiones sobre Cuba están destinadas a dar vueltas sobre tópicos, estupideces y supercherías. Lo que se suele decir es que en los países capitalistas, así de media, hay muchas libertades (y poca Sanidad y Educación), mientras que en Cuba hay mucha Sanidad y Educación, pero pocas libertades. Pues no, se trata de una simetría mal montada. Lo que tenemos, por un lado, es que, bajo el capitalismo, hay muchas libertades porque el capitalismo mismo garantiza que no será posible hacer nada de importancia con ellas: las libertades no cotizan en Bolsa y, por tanto, el Ministro de Economía no tiene por qué tenerlas muy en cuenta a la hora de explicar al consejo de ministros lo que se puede y no se puede hacer. Y, por el otro lado, en Cuba, hay pocas libertades porque incluso las pocas que hay tienen efectos muy relevantes de los que sería largo hablar.

Pero que conste que no hemos entrado para nada en el tema de si en Cuba hay o no algo parecido a un Estado de Derecho y que soy muy consciente de ello. Me limito a señalar que, si no queremos decir tonterías, a la hora de explicar por qué no hay Estado de Derecho en Cuba conviene que dejemos claro qué es lo que estamos diciendo cuando decimos que sí lo hay, por ejemplo, en España. O mejor, la cuestión resulta aún más llamativa en abstracto: ¿cómo consideramos que una realidad social está “en Estado de Derecho”? ¿Qué entendemos por eso? Existen, al menos, dos posibilidades:

Una. Constatando que se da una coincidencia entre la realidad y el Derecho que es obra del Derecho. (Las cosas “pasan así” porque el derecho exige que pasen así)

Dos. Constatando que se da una coincidencia entre la realidad y el Derecho que es obra de la realidad. (Las cosas “pasan así” y a veces coinciden con lo que exige el Derecho y a veces no, así es que, a la parte en la que se da la coincidencia, la llamamos Estado de Derecho y a la otra la consideramos, por ejemplo, en “vías de desarrollo o de madurez”)

Es importante reparar en el hecho de que sólo la primera posibilidad tiene algo que ver con lo que la Ilustración llamó Estado de Derecho. Y lo más importante es reparar en que nosotros, los que decimos que representamos la punta de lanza del Estado de Derecho en este mundo, desde Bush y Aznar a Uribe y Blair, consistimos en estar siempre en la posibilidad Dos y decir que estamos en la Uno. Esta es nuestra gran mentira, en la que colaboran a diario todos nuestros periodistas (que no están en paro) y la mayor parte de nuestros intelectuales.

La cosa se entenderá rápidamente con un ejemplo. Uno puede hacer un recorrido turístico por los barrios residenciales del norte de Madrid, sin sentir en ningún momento que el curso de las cosas se estrelle o se dé de bofetadas contra el Derecho. Son barrios habitados por gente culta y de clase media alta o alta a secas; en ellos nadie encuentra ningún motivo para violar la ley si por violar la ley se entienden cosas como robar en un supermercado, atracar un banco, trapichear con heroína, en fin, ese tipo de cosas por el que la gente acaba en la cárcel. En estos barrios, los policías son unos señores que, más que nada, cuando se te pierde el niño te lo traen de la mano con una piruleta para que no llore. Los policías son la instancia que vela por esa milagrosa coincidencia entre cotidianeidad y derecho a la que llamamos ciudadanía. Es en sitios así donde se respira eso a lo que llamamos “Estado de Derecho”; la mejor prueba de ello es que todo el mundo tiene la sensación de que la Ley no está ahí para reprimir su libertad, sino para garantizar sus derechos. Las cosas se mueven con arreglo a derecho, y el derecho se lleva bien con el moverse de las cosas, de tal modo que no tiene que estar todo el tiempo vigilando, reprimiendo, castigando, disciplinando, regañando, interviniendo, en fin, en los asuntos humanos. ¿Cómo no considerar entonces que esos “asuntos humanos” han alcanzado un estatus al que hay que llamar, como quiso siempre el pensamiento ilustrado, mayoría de edad, madurez ciudadana, civilización e Ilustración?

Más o menos, el 15 % de la población mundial es mayor de edad en este sentido. Se trata de un 15 % para el que el curso de sus asuntos no entra en conflicto, sino todo lo contrario, con las exigencias de la razón y del derecho.

Ahora bien, lo verdaderamente ilustrado sería que esta coincidencia entre realidad y derecho se debiera a la capacidad del derecho para actuar sobre la realidad, para educar y enderezar el curso de los asuntos humanos y que, por tanto, el milagro por el que en La Moraleja nadie atraca bancos ni trafica con heroína ni roba en los supermercados (ni los policías pegan palizas si no que llevan piruletas), que todo eso se debiera a la exquisita educación racional de sus ciudadanos o a las virtudes incontestables del régimen político español, y no, como es obvio, a que es absurdo robar un banco del que eres propietario o dar instrucciones a tu criada para que te robe el desodorante al hacer la compra en el supermercado. En La Moraleja, la realidad y el derecho coinciden por la sencilla razón de que ahí no hay motivo alguno para violar la ley. Es una tontería robar cuando te puedes permitir el lujo de pagar. Pero, claro, sería chocante que los vecinos de La Moraleja argumentaran que si a los vecinos de San Blas o del Piti se les suele pillar más a menudo que a ellos robando coches y atracando bancos es porque han recibido peor educación o porque han asumido más torpemente las virtudes de la división de poderes plasmada en el ordenamiento constitucional español.

Sin embargo, por ridículo que resulte ese argumento es exactamente el mismo que utilizamos para considerar que los países europeos o los EEUU están en Estado de Derecho. Es, sin duda, cierto que, entre nosotros, el curso de la realidad no viola demasiado las exigencias de la ley. Pero eso no ocurre en absoluto porque la ley haya encontrado, a través de nuestros inigualables ordenamientos constitucionales, procedimientos adultos y liberales para hacerse respetar y obedecer, sino porque, en una situación económicamente bastante privilegiada, la realidad no tiene mucha necesidad de contradecir lo exigido legalmente. Es el curso de la realidad ─tres siglos de colonialismo, dos guerras mundiales, instituciones económicas y militares tan poderosas como el Banco Mundial o la OTAN, etc.─ el que nos ha puesto en la situación de una casual coincidencia con las exigencias racionales; en absoluto se ha debido a un procedimiento exitoso de la razón o a la eficacia de un modelo político recomendable. Si tuviéramos que explicar a un ama de casa venezolana cómo se llega a ser ciudadana de la Moraleja, o del Estado de Derecho, sería absurdo proponerle un estudio concienzudo de las Constituciones europeas. En la Moraleja, simplemente, se nace con menos ganas de violar la ley que en un suburbio de Caracas. O al menos, se tienen muchas menos posibilidades de que el arte de ganarse el pan de cada día entre en conflicto con el Derecho, es decir, con la policía.

Tras la guerra del Golfo de 1991, Arabia Saudí entregó a Egipto, en concepto de “ayuda humanitaria”, un millón de coranes. Era obvio: si los egipcios querían ser tan ricos como los sauditas, lo que tenían que hacer era respetar tanto como ellos los preceptos del Islam, así es que, en lugar de mandarles pan o petróleo, les mandaron coranes. Igualito igualito es lo que hacemos nosotros cuando nos paseamos por el mundo dando lecciones de Democracia y Estado de Derecho desde nuestras tribunas de opinión. Si los habitantes de las favelas de Río y de los suburbios de Bogotá quieren sentirse ciudadanos, si quieren sentir tan vivamente como si estuvieran en La Moraleja que la policía está ahí para proteger los derechos de la gente y para traer a casa a los niños que se pierden en los centros comerciales, lo que tienen que hacer es aprender de nuestros sistemas constitucionales. ¡No de nuestra historia de genocidios, matanzas y expolios, no! ¡No de nuestros privilegios económicos! ¡De nuestras constituciones, que dan un resultado bárbaro, y gracias a las cuales no cabe duda de que somos todo lo que somos!

Es repugnante la manera en que, en una especie de ritual supersticioso, celebramos todos los días como obra del Derecho lo que en realidad nos han regalado el Mercado y la Historia. Repugnante, pero eficaz. Porque así, utilizando esa misma confusión, podemos recomendar a los demás que, si quieren Derecho, dejen pasar a la Historia y obrar al Mercado. Así es este mundo, en el que el Estado de Derecho no lo trae el Derecho, sino el capital. Flexibilizar el mundo para las necesidades del capital tiene que ser, forzosamente, la mejor manera de extender el Derecho. No importa que toda la historia del siglo XX haya demostrado lo contrario. Los capitalistas de los países capitalistas no se llevan mal con el Derecho, viven en Estado de Derecho, como prueba el hecho de que nunca van a parar a la cárcel. Es más, cuanto más capitalista eres, menos problemas tienes con el Derecho ¿o alguien se imagina a Georges Soros atracando un estanco? Claro que a algunos se nos ocurren siempre maneras de exprimir el Derecho mediante el desarrollo legislativo de ciertos artículos capaces de meter en la cárcel a gente como ésa; pero no hay cuidado, no estamos a punto de ganar las elecciones y si lo estuviéramos, sería tonto pensar que serían ellos y no nosotros los primeros en visitar la cárcel. En tales condiciones, extender el capitalismo o extender el Derecho es prácticamente lo mismo, y si en el reparto final, algunos países en Estado de Derecho, como, por ejemplo, Guatemala, acaban siendo pobres como ratas, pues será, por tanto, porque no tenían derecho a ser ricos. Quizás les faltó iniciativa, trabajo, ahorro, quizás fue debido a la corrupción, o quizás esas gentes no se estudiaron bien nuestros ordenamientos constitucionales y cometieron algún fallo al aplicarlos. ¡Así razona hasta sus ultimas consecuencias una intelectualidad que ha sido capaz nada menos que de soportar a un Rorty!

La cruda verdad es que como nuestra sociedad “en estado de derecho” no ha sido obra ni de la razón ni de la ley, es inútil pretender extenderla por el mundo a base de leyes y de razones. Sin embargo, igual que los pastores de Belén debieron sentirse la mar de satisfechos al contemplar que la razón y la carne –según dicen- coincidían en un recién nacido (cuando pasó eso de que “el logos se hizo carne” que contaba San Juan), la satisfacción que nos produce a nosotros asistir a ese milagro sin igual de la democracia constitucional y la división de poderes, la enorme satisfacción que nos produce el contemplar cómo, día tras día, el curso cotidiano de las cosas y las exigencias del derecho coinciden en La Moraleja, en el Club de Golf del Pardo y en la punta de la polla de Emilio Botín, toda esa satisfacción ante tamaña buena nueva, nos empuja a predicarla por el mundo, cantando las alabanzas de la democracia y la libertad. Resulta un poco ingenuo pensar que eso vaya a levantar las monedas de Argentina, México, Egipto o Senegal, pero qué más da. Nosotros a lo nuestro: mientras se predica en el desierto la buena nueva, lo que efectivamente hacemos es cerrar las fronteras, legislar extranjerías, edificar murallas y fortalezas en las que conservar inmaculada nuestra feliz coincidencia con las exigencias del Derecho. Puesto que es en La Moraleja y no en San Blas o en Getafe donde coinciden de natural la realidad y el derecho, lo lógico es preservar ese bendito lugar de toda contaminación exterior. De este modo, La Moraleja que representa el 15 % de la población mundial se ha encerrado en una fortaleza inexpugnable, a la espera de que los 4.000 millones de personas que, en el exterior, subsisten con menos de dos dólares diarios, terminen de estudiarse la Constitución y aprendan a ser ciudadanos mayores de edad respetuosos de la división de poderes, la libertad de expresión, el pluripartidismo y todo eso. Aunque Oriana Fallaci ya nos ha advertido que esa gente, por mucho que estudie, no tiene remedio… Quizás algún día haya que seguir su consejo (y el de Gabriel Albiac), convertir al 80 % del planeta en un campo de exterminio y gasear a toda esa gentuza. Al fin y al cabo, teniendo en cuenta las proporciones de la tarea, sale más barato encerrarnos nosotros en La Moraleja y gasear el resto del planeta que llenarlo todo de prisiones y cámaras de gas. La verdad es que la tarea hace ya tiempo que se inició utilizando el arma de destrucción masiva más potente que haya conocido la humanidad: la economía capitalista. Hace ya mucho tiempo que –sin necesidad de leer a Hannah Arendt- dejó de ser un misterio cómo fue eso de que la población alemana conviviera normalmente con Auschwitz , sin hacerse demasiadas preguntas o sin que aflorara escrúpulo alguno que turbara su conciencia ciudadana: probablemente había, entre ellos, periodistas parecidos a los nuestros e intelectuales que cumplían el mismo papel que la plantilla de PRISA. Si esto es posible, nada tiene de extraño que fuera posible aquello.

El que haya una coincidencia entre cómo van las cosas y cómo exige el derecho que vayan no indica para nada que la cosa en cuestión esté en “estado de derecho”. Para que haya Estado de Derecho hace falta que las cosas estén en “estado de derecho” por obra del derecho (y no, por ejemplo, a consecuencia de haber construido un club de golf sobre el campo de una sangrienta batalla). A causa de todas las carnicerías de la historia, se han venido a constituir algunos recintos tan privilegiados que en ellos no queda ya motivo alguno para meterse en líos con la Ley, de tal modo que, siendo la Ley casi superflua no hay ningún problema en configurarla según todas las florituras de la división de poderes, las libertades, la seguridad jurídica y todo el resto de la cantinela. Pero, para que haya derecho a llamar Estado de Derecho a una realidad política, hace falta algo más; hace falta que el sistema político consista, precisamente, en conferir a las leyes la capacidad de modificar, influir o coartar el curso de las cosas. Y no vale decir, cada vez que el curso de las cosas coincide con lo que dicen las leyes que es porque las leyes han obrado o legislado así. En las condiciones capitalistas de producción el gobierno no está atado de pies y manos por la legislación vigente (como exigiría una sana mentalidad ilustrada que, además, remitiría esa legislación, en último término y a través de tribunales competentes, a la Declaración de los Derechos del Hombre); más bien está vendido e hipotecado de por vida a las necesidades de un sistema económico que respira a sus espaldas según designios propios, enfriándose y calentándose según ritmos febriles para los que no hay medicina política, para los que –como dicen siempre en Chicago- la política es muchas veces peor remedio que la propia enfermedad. En esas condiciones el poder económico es el que decide sobre el curso de las cosas y no lo hace precisamente consultando a políticos y jueces, sino, más bien al contrario, haciéndose consultar por ellos sobre el margen de actuación que les queda. El bienintencionado gobierno de Zapatero, por ejemplo, no ha podido aún ni bajar el IVA de los libros de texto y si logra legislar sobre el matrimonio de los homosexuales, será sólo en la medida en que el ministro de economía certifique que eso no será malo para la Bolsa. Resulta patético, pero de lo más esclarecedor, comprobar cómo algunas promesas electorales que parecían anecdóticas han sido ya declaradas imposibles de cumplir por el Ministro de Economía. Nuestro flamante Parlamento, nuestro poderoso gobierno constitucional, democrático y de derecho, respaldado por la soberanía popular y con el tajante veredicto de las urnas aún caliente ¡no ha podido reducir de doce a ocho el número de domingos que abren las Grandes Superficies Comerciales! Según parece, aunque eso sería obviamente muy bueno para los pequeños comerciantes que han hecho esa reivindicación (y a los que se les prometió contemplarla a cambio de su voto) y aunque nadie puede creer que eso fuera terrible para unas Multinacionales forradas hasta los dientes, Solbes ya ha advertido que sería muy malo para la Economía (1). Más claro el agua. Lo mismo pasó con el intento de reformar el impuesto sobre las plusvalías. ¿Y alguien espera alguna Ley que aborde de cara el problema de la vivienda? ¿Sería posible –no digo si conveniente o no, digo si sería posible- una Ley que expropiara todas las segundas viviendas, o al menos las terceras, o al menos las quintas? ¿O que, al menos, obligara a venderlas a un precio justo consensuado en un Parlamento? No, el ministerio de economía dicta lo que es posible y lo que no. Un precio justo tendría que ser un precio legislado y eso es incompatible con los precios de mercado que son la salud de nuestro sistema económico. Ya se ha dicho que, en el asunto de la vivienda, habrá que jugar con el difícil equilibrio de la oferta y la demanda. Quizás, por ejemplo, si se suben las hipotecas, haya menos demanda y bajen los precios… o algo de ese tipo.

Dos palabras, aún, para evitar posibles equívocos, que ya me sé lo que alguno estará pensando. Lo que no estoy pretendiendo decir es algo así como “¿que en Cuba no hay Estado de Derecho? ¿y dónde hay Estado de Derecho?”. No es que esté mal esa línea argumental, pero no es la que viene al caso. Estoy, más bien, intentando llamar la atención sobre el tipo de experimento teórico que sería pertinente para juzgar cuándo una realidad está en Estado de Derecho y cuándo no. Lo que no vale es pasearse por el mundo como hacen nuestros periodistas y comentaristas políticos plantando la medalla del Estado de Derecho, por una parte, a todas las realidades lo suficientemente privilegiadas para no tener que darse de bofetadas con la ley y, por otra parte, a todos los rincones del planeta en los que las libertades políticas son tan impotentes que ni siquiera hace falta reprimirlas. El experimento correcto para decidir sobre el nivel de Derecho en el que está una realidad social tiene que venir a preguntarse si las cosas estarían en otro estado sin el concurso del Derecho. Haría falta, en suma, algún experimento que pudiera mostrarnos en qué medida la Ley ha sido algo más que un papel mojado, en qué medida, en efecto, ha sido un límite del poder ejecutivo y un modelo capaz de conformar la realidad y corregir el curso histórico de las cosas.

Cuba es uno de esos experimentos. Una de las cosas que más llama la atención en Cuba es hasta qué punto –para nosotros insospechado- las leyes son ahí responsables de cómo van las cosas. No hay problema que en Cuba no pudieran remediar las leyes. Es precisamente por esa responsabilidad de la ley en la marcha de las cosas por lo que hay a quienes Cuba les parece una dictadura. Eso ocurre porque nosotros estamos acostumbrados a que la realidad coincida con la ley no por eficacia de la ley, sino por privilegio de la realidad. Es por lo que nosotros tampoco solemos pensar que las malas leyes sean responsables de cómo nos van las cosas y solemos confiar más en otros indicadores, como el estado de la Bolsa o el índice de inflación. No reconocemos ni certificamos un “estado de derecho” más que ahí donde el Derecho es superfluo. Lo mismo pasa con la Política. No reconocemos que haya libertades políticas más que ahí donde la política es impotente. De lo contrario, la política nos parece sospechosa, y su misteriosa eficacia síntoma de oscuras posibilidades totalitarias. Nos negamos a ver que la eficacia de la política (es verdad que característica del fascismo y el totalitarismo, pero, precisamente, porque el fascismo y el nacionalsocialismo fueron la opción política del capital para salvarse del capitalismo ahí donde el capitalismo ya no respetaba ni al capitalismo) es, antes que nada, el presupuesto elemental del pensamiento ilustrado y la base de todo sistema republicano y que es a partir de ahí y no antes desde donde cobra sentido la distinción entre dictadura y libertad. Es solamente ahí donde se ha vencido el totalitarismo de lo económico, donde se abre la posibilidad política de optar entre fascismo o democracia. Pero el gran truco ideológico del siglo XX ha sido el de poner por un lado lo político y lo estatal, presentándolo como lo potencialmente totalitario, y contraponerlo al mundo sin ley de la economía, ahí donde la política es impotente, como el espacio propio de la libertad. Es de este modo como se ha llegado a considerar evidente que no hay libertades políticas más que ahí donde no hay en absoluto política.

En Cuba no ocurre nada de esto. Ocurre más bien todo lo contrario. Una mala ley o una mala decisión política es capaz de hacer adelgazar a la gente a ojos vistas. Hasta tal punto Cuba depende de su Derecho y de su Política que una decisión legislativa o política llega a marcar la estatura de las personas. “Es que ésos son los que nacieron durante el período especial, por eso son bajitos”, se oye decir. En el período especial de principios de los noventa comenzó a faltar de todo en Cuba, no, desde luego, a causa de un error político o legislativo, sino a causa de que, al hundirse la URSS, Cuba vio desaparecer, de golpe, el 85 % de su comercio exterior y evaporarse la única línea de crédito de la que disponía. Pero frente a ese terremoto internacional, Cuba no tuvo, como en tantas otras ocasiones desde el 59, más que un arma disponible: las leyes y la política. Ni las leyes ni la política son todopoderosas; no son capaces, desde luego, de impedir los terremotos, los ciclones o los hecatombes históricas, pero es muy diferente, llegados a estos casos, tenerlas o no tenerlas a mano. Demasiado sabemos lo que ocurre en Haití, o en Guatemala, o en Argentina ante hecatombes bastante menos espectaculares que la desaparición del 85 % de su comercio exterior. Las venas de Latinoamérica se han abierto hasta desangrarse por un derrumbe de un punto en el precio del café o por la desaparición de un arancel del 0,1 %, mientras que, ante semejantes fatalidades, la Ley y la Política no podían hacer otra cosa que cruzarse de brazos rumiando su impotencia. Ya lo dicen el FMI y el BM: lo mejor que puede hacer política y legislativamente el Tercermundo en general es no hacer nada políticamente, suprimir todas sus inoportunas legislaciones y abrirse de piernas frente a los planes de ajuste estructural, que son los buenos y, quién sabe por qué, los legítimos (como demuestra el hecho de que quien no los cumple acaba siendo acusado de terrorismo). Primero la Economía, que después ya habrá tiempo para la Polis. Esos planes de ajuste, por supuesto, no son decididos en la Asamblea general de la ONU, ni en Parlamento alguno del planeta, sino en reuniones herméticas celebradas en búnkeres policiales, en cumbres de altas montañas o, si se llega a terciar, en plataformas submarinas, donde no haya que lidiar con los movimientos antiglobalización. Así se lleva siglos reprimiendo toda intervención política o legislativa y aguardando a que las vías económicas del desarrollo conduzcan a otro sitio que al basurero.

Muy distinta es la cosa en Cuba. Frente a un terremoto natural o histórico, los ojos en Cuba no se vuelven hacia la Bolsa, para leer ahí el destino, sino hacia la legislación y la política. En estas ocasiones, algunos opinan que Cuba entera se convierte en un inmenso Parlamento, en lo que se ha llamado “la parlamentarización” de la sociedad; otros opinan que toda esa hirviente actividad democrática no es sino aparente y que, al final, será desde arriba desde donde se decidirá la política a aplicar. Ahora bien, los cubanos que nacieron en el periodo especial están muy seguros o bien de que son más bajitos de lo normal porque algo no se hizo bien políticamente, o bien de que, habida cuenta de lo que se venía encima, tienen que agradecer a la política el simple hecho de continuar vivos. Quizás había que haber prohibido más eficazmente el sacrificio de reses, quizás, por el contrario, había que haber liberalizado el mercado de vacuno; quizás había que haberse dado más prisa en levantar las prohibiciones sobre el pequeño comercio de subsistencia, quizás había que haber hecho esto o lo otro. Los problemas de Cuba podían y pudieron en todo momento ser discutidos, argumentados, explicados y reflexionados en el Parlamento, en lo que es su Parlamento.

Sea lo que sea a lo que podamos llamar Parlamento en Cuba, lo más curioso es que siempre se asemejará más que nuestros Parlamentos a lo que nuestros Parlamentos pretenden ser: un lugar en el que la política, la argumentación y la contrargumentación, el consenso, el uso público de la palabra, en suma, puede aspirar a tomar las riendas del curso de las cosas mediante una actividad legisladora. La actividad parlamentaria cubana puede presentar muchas deficiencias. Fundamentalmente, es enteramente deficiente debido no a una escasez de democracia, sino a causa de una carencia de división de poderes. En general, en Cuba no falta democracia, sino Derecho. Ya hemos visto antes que eso no es porque los cubanos no tengan el privilegio de vivir en un Estado de Derecho como el nuestro, sino porque en Cuba, al contrario que entre nosotros, el Derecho no es ni impotente ni superfluo. Nosotros nos podemos permitir el lujo de una actividad parlamentaria intachable, pero sólo mientras la actividad parlamentaria no pretenda meterse donde no le llaman, es decir, en cualquier cosa de importancia. Nuestros políticamente intachables Parlamentos sólo tienen un problema: que no están situados en el lugar de la política; que, bajo condiciones capitalistas de producción, la política no está al alcance de la actividad parlamentaria, sino de la negociación de las grandes corporaciones económicas. Protegidos por su superfluidad, nuestros Parlamentos se pueden permitir la casi completa perfección formal y, en cualquier caso, los defectos pasan desapercibidos; en Cuba, por el contrario, no hay déficit del Derecho que no resalte hasta dañar la vista. Pero, no nos engañemos: si en Cuba se ven muchos defectos es porque en Cuba los defectos son importantes.

Ocurre con estos asuntos algo parecido a lo que pasa cuando se están corrigiendo exámenes de filosofía, o mejor aún, cuando se está intentando explicar a un alumno las razones de un suspenso. La mayor parte de los exámenes que merecen suspender no es porque estén mal. Al contrario, algunos, cuando nos encontramos un examen que está mal le ponemos casi siempre notable alto, o por lo menos, aprobado. Los exámenes que merecen el suspenso son aquellos que no logran siquiera alcanzar ese nivel en el que las cosas pueden estar mal. Para que un argumento esté mal hecho tiene que ser un argumento o, como mínimo, parecerlo. Los exámenes suspensos no están ni bien ni mal, sencillamente no tienen la forma en el que las cosas pueden ser verdaderas o falsas. Las equivocaciones, los errores, en filosofía, como en general ha ocurrido en la historia de la ciencia, son siempre fecundos y, a veces, tremendamente difíciles. Lo que para la teoría es impresentable no es el error, sino la ambigüedad, la falta de rigor, la opinión subjetiva, el cambio de tema, la divagación. Por eso es tan difícil explicar a un alumno que ha suspendido por qué ni siquiera merecía suspender, por qué ni siquiera alcanza ese nivel en el cual el aprobado o el suspenso tienen sentido.

Pues bien, a mí no me cabe duda de que en cuestiones de Estado de Derecho, la humanidad en general está suspendida sin vacilación. Pero mientras que Cuba representa un suspenso de esos merecidos, de los que –a la luz de las circunstancias atenuantes- uno acaba por archivar como notables, la realidad parlamentaria española, por ejemplo, representa uno de esos otros suspensos que ni siquiera merecen suspender. Nuestro Estado de Derecho, en efecto, ni siquiera llega a ese nivel en el cual es posible equivocarse.

Así pues, en lugar de pasarse el día, con tanta suficiencia, señalando con el dedo los defectos del régimen político cubano, la humanidad del siglo XX debería haber tenido la decencia de admirar con asombro, perplejidad y respeto, el espectáculo inigualable de una realidad social que dependía a vida o muerte de sus buenas o de sus malas leyes. Nunca como en Cuba se había hecho carne este milagro que condensa el conjunto de aspiraciones de todo el Proyecto Ilustrado desde Sócrates hasta nosotros.

Al declarar la guerra a Cuba, mediante el bloqueo y el terrorismo, lo que se hacía era ponerla en una situación en la que, en general, las leyes tenían que ser bastante malas, o mejor dicho, una situación lo suficientemente inestable como para que las leyes no pudieran nunca asentarse y tuvieran que ser suplidas por caprichosos decretos ejecutivos. Todavía hoy se hacen demasiadas leyes en Cuba como para que puedan ser vividas como leyes. El curso histórico mundial ha obligado a Cuba a acomodarse, defenderse y transigir constantemente mediante revoluciones legislativas continuas. Eso naturalmente es una calamidad para cualquier pretensión de estado de derecho. Las leyes no pueden cambiar a diario, de tal manera que haya que estar muy al tanto leyendo el Granma para ver si hoy es legal esto o lo otro. De hecho, como bien advirtió con contundencia desde el primer momento el lado reaccionario de la Ilustración, una mala ley que dura es siempre mejor que una buena ley reciente. Cuba no se ha podido permitir jamás el lujo de dar tiempo a sus leyes. Y así, desde el principio (y tal y como ocurre invariablemente en todos las situaciones de guerra), los decretos han ocupado el lugar de las leyes y el poder ejecutivo ha sepultado la división de poderes.

Es lo mismo que ocurrió con las jóvenes repúblicas soviéticas, que nacieron en el seno de una guerra mundial y pasaron sus primeros años combatiendo en una guerra mal llamada civil en la que se volcaron todas las potencias del capitalismo internacional. El experimento soviético navegó en realidad, desde entonces, en una guerra permanente, hasta su rendición final con Gorbachov, cuando este creyó tan ingenuamente que al fin se le iba a permitir al Derecho estacionarse sobre la fabricación de mantequilla en lugar de convulsionarse bajo la fabricación de misiles. Ningún país en guerra puede permitirse la división de poderes. El experimento soviético duró, en realidad, un abrir y cerrar de ojos, setenta años, marcados por tres guerras mundiales y decenas de millones de muertos. Es hacer gala de un sorprendente cinismo pretender que en esas condiciones el socialismo podría haber sido compatible con un Estado de Derecho. Pero el verdadero y más rebuscado cinismo se oculta tras la famosa alegación de que los países capitalistas sí lograron, en cambio, funcionar como Estados de Derecho en las mismas condiciones de guerra permanente. El capitalismo se puede permitir el Derecho –cuando se lo puede permitir y donde se lo puede permitir, que suele ser en un 10 % de las ocasiones y de los lugares- porque, normalmente, bajo sus condiciones –y siempre en el aludido 10 %-, el totalitarismo económico que garantiza los privilegios económicos que hacen innecesario violar la ley, convierte, a su vez, en innecesarias a las dictaduras de corte político. La sociedad capitalista no depende de sus leyes, sino de su capitalismo. En el socialismo, en cambio, la sociedad depende por entero de sus leyes. Nada tiene de extraño, así pues, que los países capitalistas más privilegiados se hayan podido permitir el disfrute de una intachable división de poderes, pues lo han hecho en unas condiciones en las que lo que se dividía no era el poder, sino una apariencia de poder. Aquí reside el mito tribal más persistente de lo que llamamos Occidente. Está bien eso de inventar toda suerte de dispositivos para dividir un poder imaginario, mientras el poder real circula de forma salvaje por otros cauces indomeñables. Lo que mueve al vómito es constatar la gran cantidad de buenos cerebros que de Habermas a Enzensberger o Savater se han aplicado en hacer pasar por filosofía la justificación tribal de este mito.

La tarea ilustrada de la división de poderes es bastante más difícil de lo que uno puede llegar a creer leyendo a esos señores. La humanidad no se ha enfrentado en serio a la dificultad real de ese problema más que bajo el experimento de lo que se llamó “socialismo real”. Y el fracaso fue, desde luego, estrepitoso. Y por supuesto que no se reparó en gastos para provocar que lo fuera. Pensemos por ejemplo en la Nicaragua sandinista. Para poner al ejecutivo sandinista en condiciones en las que se viera obligado a censurar unos cuantos artículos de prensa, dañando así la consistencia del Estado de Derecho, fue necesario poner el mundo entero patas arriba, montando una guerra con Irangate incluido y volcando todas los malas artes del Imperio sobre un país pobre y pequeño, en el que no había un solo ascensor que funcionara. Demasiados ejemplos parecidos se podrían poner, pero bastará en los próximos meses con estar atentos a lo que ocurra en Venezuela, en donde todavía no se ha censurado nunca la prensa ni se ha puesto jamás en cuestión la división de poderes, pese a que, en efecto, el mundo entero se ha confabulado para forzar a Chávez a cometer algún desliz de este tipo.

La humanidad no tiene todavía la menor idea de lo difícil que es la división de poderes, ni tampoco de lo apasionante que puede llegar a ser esa aventura a la que llamamos Ilustración. Cuba es pionera en este campo de experimentación política. En Cuba no hay Estado de Derecho, pero a lo mejor algún día nos veremos obligados a reconocer –cuando la historia del siglo XX empiece a contarse bien de una vez- que con ella comenzó para este mundo miserable y mentiroso, la aventura de una vida política conforme a derecho. Para que haya la posibilidad de un espacio político en el que vivir es, ante todo, necesario que la totalidad de las posibilidades humanas no se gasten o se consuman en la aventura de la supervivencia. Hasta el momento, y aunque resulte increíble a la luz del desarrollo tecnológico que hemos alcanzado los seres humanos, supervivir nos ha impedido vivir. No existen posibilidades políticas sin tiempo libre, como se sabe bien desde los tiempos de Pericles. La revolución tecnológica ininterrumpida en la que vivimos tendría que tener por efecto una reducción de la jornada laboral que liberara más y más tiempo para actividades políticas. Pero eso es imposible bajo condiciones capitalistas de producción, como bien demostró Marx hace ya tiempo. El capitalismo ha condenado a la humanidad a la aventura de la supervivencia en condiciones tecnológicas crecientemente más y más privilegiadas. La vida política es incompatible con un sistema económico como el capitalista que se caracteriza por mantener constantemente a los hombres en condiciones mínimas de supervivencia, para concentrar así cualquier adelanto tecnológico en la producción de más adelantos tecnológicos, de modo que la revolución de las condiciones de producción sea siempre máxima. Como decía Wallerstein, el capitalismo produce más para poder producir más. El hambre económica del capitalismo por el máximo de producción ha acogotado a la humanidad con más eficacia que antes lo hiciera el hambre biológica, obligando a la vida social a conformarse con la supervivencia y denigrando toda posibilidad de descanso y tiempo libre bajo la figura abyecta del parado.

El socialismo real fue la punta de lanza de una nueva época para la humanidad, en la que la Política y el Derecho tenían la posibilidad de reinar sobre la Economía y, por tanto, legislar y decidir sobre todos los asuntos humanos de importancia. El socialismo no fue, en este sentido, sino la propia Ilustración, una vez que se había reparado en el imprevisto de un capitalismo al que nadie había invitado y al que no se podía simplemente guillotinar en una plaza pública. Se trata de la aventura más heroica y la causa más verdadera que la humanidad haya emprendido desde que Sócrates, Platón y Aristóteles lanzaran al mundo el reto de una vida política a todos los seres racionales del futuro. La Ilustración que recogió ese guante sólo tuvo una verdadera posibilidad histórica de triunfar bajo el proyecto de las economías socialistas y ya hemos visto lo mal que salió la cosa y la mucha voluntad que se puso en que saliera así de mal. Así, fue como si, bajo el socialismo, la humanidad se hubiera empeñado en demostrar hasta qué punto podía liberarse del chantaje económico a costa de sujetarse a malas leyes y malas políticas. Pero la pura verdad es que, en las ocasiones en que se intentaron hacer las cosas mejor, como con Allende en Chile o con el sandinismo en Nicaragua, los esfuerzos de la política tuvieron que consumirse en la tarea de resistir al sabotaje, el bloqueo y la guerra, en una correlación de fuerzas desigual y condenada de antemano.

Hoy, Cuba es el único testigo que queda de todo aquello por lo que lucharon los esfuerzos de la Ilustración desde la muerte de Sócrates. Cuba es el único testigo de esa posibilidad humana que es el Estado de Derecho. Naturalmente que eso no la convierte ni mucho menos en un Estado de Derecho. Pero, aunque Cuba no es un Estado de Derecho, se sostiene constantemente en esa posibilidad y bastaría con que la dejaran en paz para que las leyes fueran corrigiendo a las leyes hasta instituir un verdadero régimen constitucional. Cuba no es un Estado de Derecho, pero podría serlo, y, además, no dice que lo sea, lo que siempre es un buen comienzo para el Derecho. Cuba es más bien la prueba de hasta qué punto es difícil en este jodido mundo capitalista arrancar una mísera isla de las garras de la Historia, para que la Ley y la Política puedan tomar por una vez la palabra. Cuba es la prueba de la dificultad de introducir una obra de la libertad en el curso fatal de las cosas.

Mucho peor es, desde luego, lo que nos ocurre a nosotros, que no sólo no somos un Estado Derecho sino que tampoco sabemos que no lo somos y, antes bien, nos creemos la encarnación misma del Derecho sobre la tierra, así sea protegidos tras el muro de Sharon. En Cuba tienen la posibilidad de tener malas leyes. Por eso no tienen ninguna necesidad de llamar Ley a la ausencia de Ley, como ocurre entre nosotros. Por lo menos en Cuba no se llama Estado de Derecho a los rincones más privilegiados de esa salvaje carnicería en la que veinticinco multinacionales se arrancan a mordiscos la carne de sus ciudadanos.

1) Acabo de escuchar en la radio que se acaba de iniciar un anteproyecto de revolución legislativa que permitirá a cada Comunidad autónoma pedir permiso por separado a las respectivas multinacionales que operen en su territorio para hacer realidad tan asombrosa utopía.






°