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domingo, 14 de diciembre de 2025

Transportando la Verdad

Desde Naiz traemos a ustedes esta Editorial que pone de manifiesto los avances en la larga y desgastante lucha por el reconocimiento de las víctimas vascas - usando como vehículo el caso de Mikel Zabalza además del fusilamiento de Jon Paredes y Anjel Otaegi - de la violencia tardocolonial españolista.

Adelante con la lectura:


Cuando se cumplen cuarenta años del día en el que el cuerpo de Mikel Zabalza apareció en el río Bidasoa, el autobús itinerante que ha recordado su caso cerrará su periplo en Donostia. Durante veinte días –los mismos que Zabalza estuvo desaparecido–, ha transportado la verdad sobre el caso a vecinos y vecinas de Intxaurrondo, Orbaitzeta, Iruñea o Endarlatsa. Es una iniciativa brillante, muy bien pensada, diseñada y ejecutada. El caso Zabalza es particularmente trágico y emblemático, y todos sus elementos se han utilizado de manera inteligente para recordar los hechos a quienes los conocían, e informar a quienes no.

Tal día como hoy se cumplieron los peores augurios: la sociedad vasca ya sabía para entonces que Zabalza había sido torturado hasta la muerte en Intxaurrondo, que su fuga ficticia era la coartada que la Guardia Civil y sus responsables políticos habían pergeñado, y que la «aparición» del cuerpo era el penúltimo acto de esta farsa. Por eso respondió entonces con movilizaciones masivas, y reivindica hoy su memoria con orgullo popular y exigencia moral.

Tal y como ha señalado el abogado Iñigo Iruin, un año más tarde, en 1986, el Consejo de Ministros de Felipe González extendió el concepto de «secretos oficiales» para que encubriera las actuaciones de los servicios de información de Guardia Civil y Policía.

Sus sucesores se siguen valiendo de esa «política antiterrorista» para negar a las víctimas vascas el derecho a la verdad, la justicia y la reparación. Y así no puede haber garantías de no repetición. Sin articular una nueva lógica que vertebre en serio derechos humanos, Estado de Derecho y plurinacionalidad, la política de Pedro Sánchez siempre será caduca.

Hay que saber qué batallas hay que dar

Lo que sí ha reconocido el Gobierno español, por fin, es la condición de «víctimas de vulneraciones de derechos humanos» de Jon Paredes Manot, “Txiki”, y Angel Otaegi. Reconoce «la ilegalidad e ilegitimidad del Consejo de Guerra» que juzgó a los jóvenes militantes vascos y declara «ilegítima y nula, por vicios de forma y fondo, la condena y resolución que dictó y tuvo como consecuencia su fusilamiento por el régimen franquista». Todo ello hace más grotesco el episodio revisionista de Gogora, hace solo tres meses.

A su vez, el Gobierno de Nafarroa ha reconocido siete nuevas víctimas de torturas a manos de la Policía española y la Guardia Civil, siendo ya 101 las personas oficialmente reconocidas en ese herrialde.

Quienes colocaron «la batalla del relato» como eje de este tiempo político se engañaban sobre la descompensación que ha habido en el conflicto vasco en relación a los derechos humanos y la impunidad. Es fácil imaginar a alguno de ellos diciendo «se van a enterar…». A su pesar, ellos sí que se van a enterar.

El espíritu de Lafont y los derechos humanos

Hace un año que murió Antxon Lafont y Gaindegia ha querido homenajearle y recordar su legado. En sus «Apuntes para una República vasca», Lafont defendía que la Constitución vasca «podría comprender 30 artículos, es decir, literalmente los de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948». Puede sonar idealista, pero hay pocas manera de articular un proyecto más viable y firme para un pueblo tan pequeño, castigado y rebelde como el vasco.

Con ese mismo espíritu, utilizar los derechos humanos como contraste de las políticas podría servir para fijar «todos los derechos para todas las personas» como principio rector de esta época en Euskal Herria. Ese criterio sirve para situar mejor la memoria de las personas torturadas, la no discriminación de los y las migrantes, el derecho a la protesta de la juventud, el derecho a hablar en euskara… Acertar en las estrategias es otro tema, pero ofrece una base.

 

 

 

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viernes, 12 de diciembre de 2025

Lakua Omisa con Martxoak 3

Una más del Instituto Gogora en contra de la memoria del pueblo vasco, en este caso, con las víctimas de los hechos acaecidos en Gasteiz aquel infame 3 de marzo de 1976.

Lean esto que se nos reporta desde Naiz:


Martxoak 3 abandonará el patronato del memorial si no se cumple el acuerdo con Gogora

Martxoak 3 ha denunciado que Lakua ha eliminado la partida presupuestaria destinada al convenio de colaboración con Gogora. La asociación ha advertido de que «si no se cumple lo acordado el memorial no tiene ninguna razón de ser para las víctimas» y, «en consecuencia», abandonará el Patronato.

Ion Salgado

Martxoak 3 ha alertado este viernes de que el Gobierno de Lakua «ha eliminado unilateralmente» la partida destinada a sufragar el convenio de colaboración suscrito en febrero de 2024 entre la asociación de víctimas y Gogora, con vigencia hasta el 31 de diciembre de 2028.

En un comunicado, Martxoak 3 ha explicado que «ese convenio es una herramienta eficaz y un marco de trabajo estable que permite la participación y una capacidad de influencia mínima a las víctimas en el diseño de un proyecto dedicado a ellas mismas», en alusión al memorial previsto en la Iglesia de San Francisco de Asís de Gasteiz, donde la Policía española mató a cinco trabajadores el 3 de marzo de 1976.

Según ha indicado, su puesta en marcha ha hecho posible el desarrollo de unas líneas de trabajo e investigación coordinados por el historiador Julen Díaz de Argote, que ha realizado 187 entrevistas a víctimas, supervivientes y protagonistas de las movilizaciones obreras; ha catalogado medio centenar de objetos donados a la asociación; y ha realizado consultas en archivos históricos y ha recopilado  todo tipo de publicaciones vinculadas a la matanza de Zaramaga. 

«Las líneas de trabajo e investigación abiertas no han concluido, ni mucho menos. Sin embargo, el Gobierno Vasco ha eliminado la partida presupuestaria para 2026», ha apuntado la asociación, que el pasado 30 de octubre mantuvo una reunión con el director de Gogora, Alberto Alonso, «en la que se le transmitió la gravedad de la situación y la importancia de la continuidad de dicho marco de colaboración».

«Desde entonces la asociación de víctimas no ha recibido ninguna garantía sobre cómo se va a mantener el acuerdo firmado. Tampoco se ha convocado la comisión de seguimiento que debe prorrogar el convenio. Por ese motivo, la asamblea de Martxoak 3 celebrada el 11 de diciembre ha decidido lo siguiente: sin ese convenio de colaboración y asesoramiento, no se garantiza la participación eficaz de los que han mantenido viva la memoria del 3 de marzo durante décadas. Si no se cumple lo acordado este memorial no tiene ninguna razón de ser para las víctimas y en consecuencia Martxoak 3 abandonará el Patronato de la Fundación Memorial 3 de Marzo», ha manifestado. 

Ha anunciado que esta decisión será trasladada al Patronato en la reunión que se celebrará este lunes 15 de diciembre.

Composición del Patronato

Cabe recordar que han pasado ya casi cinco años desde que las instituciones anunciaron su intención de crear un memorial sobre el 3 de Marzo. Y la firma del convenio entre Martxoak 3 y Gogora dio pide a las aprobación de los Estatutos de la Fundación Memorial 3 de Marzo, en cuyo patronato participan la asociación de víctimas y Memoria Gara.

Ambas asociaciones suman cuatro miembros en un patronato formado por 16 personas, en el que están representados el Gobierno de Lakua, la Diputación de Araba, el Ayuntamiento de Gasteiz y la Diócesis. Cada institución cuanta con tres asientos, Martxoak 3 y Memoria Gara, solo dos.  

 

 

 

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miércoles, 26 de noviembre de 2025

¿Y Madrid para Cuándo?

Con respecto a la visita del presidente alemán Frank-Walter Steinmeier ocasión en la que se escenificará una solicitud de perdón por parte de Alemania al pueblo vasco, aquí les dejamos con esta punzante opinión de la pluma de Ramon Sola, publicada en Naiz:


¿A quién interpela Gernika: al Gobierno actual, a PP-Vox, a los Borbones?

La visita del presidente alemán a Gernika para pedir perdón por la matanza de 1937 reabre un debate sobre quién debería hacer lo mismo en Madrid. Mientras el PNV señala hacia el Gobierno Sánchez, este emplaza a mirar a PP y Vox. Y entre medio, Felipe de Borbón, este sí heredero franquista.

Ramon Sola | Aktualitateko erredaktore burua / Redactor jefe de actualidad

El presidente alemán, Frank-Walter Steinmeier, se convertirá este viernes en el primer jefe de Estado alemán en visitar Gernika, ciudad masacrada en 1937 por la Legión Cóndor alemana y la Aviación Legionaria italiana, aliadas de Francisco Franco. Lo hará para pedir perdón por el bombardeo. Y ello ha reabierto un debate siempre latente sobre cuándo hará lo mismo Madrid y, más complejo, quién debería hacerlo.

Steinmeier ya pidió públicamente perdón en Varsovia en 2023 por los crímenes perpetrados por el régimen nazi en la capital polaca contra los judíos. Asistirá también en Gernika al Museo de la Paz. Y este mismo miércoles, a su llegada, irá a ver el ‘Guernica’ de Picasso, que sigue en el Reina Sofía de Madrid pese a las demandas vascas para que recale en el lugar que debiera ser más natural, algo a lo que todos los diferentes gobiernos españoles siempre se han negado alegando cuestiones técnicas.

El viernes, el lehendakari Imanol Pradales animó en el Parlamento de Gasteiz al «Estado español» a emular el gesto alemán, sin señalar qué instancia debería hacerlo pero apuntando hacia el Gobierno español, en estos términos: «El pueblo vasco viene reclamando esa misma conducta por quienes hoy asumen la representación de lo que aquellos que cometieron semejante agravio vinieron a simbolizar durante tantos años. Nadie duda de que aquel Estado español nada tiene que ver con el actual. Simplemente, se trata de hacer presentes la verdad y la justicia desde el compromiso con la libertad y la democracia que debiera guiar su actuar».

Desde el PSOE no tardaron en revolverse contra esta apelación, comenzando por la propia estructura de Lakua, puesto que el director de Gogora, Alberto Alonso, respondió que en 1937 «en el caso de España, el Gobierno español era el atacado, un gobierno plural donde había diferentes sensibilidades. La Segunda República era la atacada».
Este martes ha sido el ministro de Exterior español el que ha considerado que no puede ser el gobierno actual el interpelado, sino en todo caso el PP, que asiste como convidado de piedra a esta situación. Para José Manuel Albares, «menuda lección de memoria para los señores del PP» será la que dará el presidente alemán en la villa vizcaina este viernes.

Más paradójico aún que todo lo anterior resulta que entre los interpelados directamente no esté Felipe de Borbón. Y es que el monarca español sí estará en Gernika, pero aparentemente por mero protocolo, dado que debe acompañar a su homólogo alemán según los estándares al uso. Si el Gobierno español actual muy difícilmente puede entenderse como heredero del franquismo, sobre el hilo conductor que une a la dictadura y la monarquía actual no hay duda alguna.

En esta contradicción flagrante ha incidido Pello Otxandiano (EH Bildu) este miércoles en Euskadi Irratia: «Si el Rey de España no tiene que pedir perdón, el presidente de Alemania tampoco –ha considerado–. El actual Estado alemán no es heredero del régimen nazi. En el caso de España, si hacemos caso a la historia, la restauración borbónica llegó de la mano de Franco, es decir, Felipe VI no sería Rey de España si Franco no hubiera bombardeado Gernika o si no hubiera muerto en la cama», constata Otxandiano. Así las cosas, «sabemos cuál es el propósito de la visita del presidente alemán y es bienvenido, pero desconocemos a qué viene el Rey de España, por lo que hay que hacer una interpelación al Estado español y a su jefe de Estado», ha planteado.

La sucesión directa es un hecho revivido estos días por los recuerdos del 50 aniversario de la muerte y de Franco. Y el propio padre de Felipe de Borbón lo ha subrayado sin tapujos en sus recientes memorias, contando cómo ocurrió en primera persona: «Un día Franco me hace ir a su despacho. Yo no sabía nada. Me lo dijo sin rodeos: ‘Te voy a nombrar sucesor como rey. ¿Aceptas? Me quedé estupefacto, pensé en mi padre. Pregunto si tengo tiempo para pensármelo, pero él esperaba mi respuesta rápidamente. Estoy entre la espada y la pared. Reina el silencio, solo escucho mi respiración. Acepto. Como un deber y una obligación. ¿Tenía otra opción?».

Desde entonces, explica esta biografía autorizada, Juan Carlos de Borbón nunca permitió que alguien hablara mal de Franco en su presencia. Menos aún hizo un reconocimiento sobre el bombardeo de Gernika. Pudo ser en 1981, cuando visitó la Casa de Juntas de Gernika y tuvo que escuchar el ‘Eusko Gudariak’ entonado por electos de HB. Entre 1981 y 2025, por cierto, ya ha pasado tanto tiempo como entre 1931 y 1981... y el mismo silencio.

 

 

 

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lunes, 24 de noviembre de 2025

Vascófobo de la Semana | Alberto Alonso

Desde el momento mismo de su creación el Instituto Gogora ha estado lastrado por las fobias y complejos de los jeltzales, que aunque se digan el único bastión en contra del fascismo, la realidad han sido instrumentales para algunas de las acciones más nocivas por parte del régimen español en contra del pueblo vasco.

Pero si el panorama en ese entonces ya no era para nada prometedor, con la llegada del sociata Alberto Alonso las cosas han ido de mal en peor. 

Ya lo decía Simone de Beauvoir: "el opresor no sería tan fuerte si no tuviese cómplices entre los propios oprimidos".

Tal parece ser el caso no solo de Alberto Alonso sino de todos los sociatas vascos, gente que simplemente no entienden ni lo más básico de los principios del socialismo y que militan en un partido cuya sigla E lejos de significar Euskadi en realidad, y de eso no tenemos duda, significa españolista.

Y es que eso de andar por ahí diciendo que Madrid no debe ofrecer disculpas por el bombardeo de Gernika porque para Alonso ese día los alemanes bombardearon al gobierno español es insultante para cualquier persona pensante. Si a eso agregamos que se atrevió a decir que el actual gobierno alemán es una continuación del gobierno alemán de 1937 y no así el gobierno español es obviar que el bombardeo de Gernika lo solicitaron los sublevados fascistas, no la Segunda República, misma que fue suplantada por la dictadura franquista y posteriormente, por la monarquía borbónico franquista.

Pero el tema no queda ahí, resulta que Deia, medio afín al PNV, ese que pactó con el PSOE y con el PP para nombrar al actual Ararteko... se ha sumado alegremente al engañoso planteamiento de Alonso.

Lean ustedes esto que han publicado con respecto a la próxima visita de Frank-Walter Steinmeier a Gernika, en lo que será una ocasión más en la que Alemania reconoce su involucramiento en la masacre llevada a cabo en esa localidad allá en 1937:


Alemania muestra el camino del perdón por el bombardeo de Gernika

La visita al municipio del presidente alemán el día 28 reabre el debate sobre si el Estado español debería pedir disculpas

H. Kareaga

Este viernes el presidente de la República Federal de Alemania, Frank-Walter Steinmeier, llegará a Gernika-Lumo para realizar un acto de desagravio por el bombardeo de la aviación nazi al servicio de los golpistas franquistas el 26 de abril de 1937. Su llegada, aún por confirmarse del todo, ha levantado mucha expectación en el municipio, pero también entre los agentes políticos vascos y ha vuelto a poner sobre la mesa el debate de si el Estado español también debería hacer un gesto de perdón por el bombardeo de Gernika. 

El sentir general en la localidad es partidario de un reconocimiento del dolor causado y una declaración de desagravio por parte del Estado español. También una buena parte de la población de Euskadi lo ve así, aunque un sector de la sociedad vasca opina en términos parecidos a los expresados recientemente por Alberto Alonso, director del Instituto vasco de la Memoria-Gogora, y considera que el Estado español no debe seguir los pasos de Alemania.

Sostiene el director de Gogora –entidad dependiente del Departamento de Justicia y Memoria del Gobierno vasco, en manos del PSE– que hay una “gran diferencia”, ya que, al contrario que en el caso alemán, “el Gobierno español era el atacado” por los aviones de la Luftwaffe. Añade que resulta “paradójico que cuando volvemos a tener un sistema democrático se le exija que pida perdón a aquel mismo gobierno que fue bombardeado y atacado en su momento”.

Desde esta perspectiva, el Gobierno español de entonces era una víctima que se defendió de los ataques de la Legión Cóndor alemana y era una República presidida por Manuel Azaña, que contaba incluso con un ministro del PNV, Manuel de Irujo, el primer y único ministro abertzale en la historia de España. 

Frente a estos argumentos, el consistorio de Gernika-Lumo y el Gobierno vasco han venido reclamando desde hace décadas un gesto de perdón que emule a los pasos dados por Alemania. El primero en reclamarlo fue el Gobierno Ibarretxe en el año 2007 solicitando al Gobierno español que también pidiera perdón al ser, de alguna forma, heredero del régimen franquista, dado que durante la transición no hubo una ruptura con el pasado, sino una reforma, y por tanto tiene una responsabilidad subsidiaria. 

En el caso alemán, la línea continua deriva de que el bombardeo de la Legión Cóndor fue ordenado por un gobierno elegido en las urnas con Adolf Hitler al frente. Y en el caso español, la línea de enganche es que la Jefatura del Estado (el rey) fue elegido por Franco. La Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado aprobada en julio de 1947 restableció formalmente el reino de España estableciendo que Francisco Franco era jefe de Estado vitalicio y que nombraría sucesor. En julio de 1969 el caudillo designó como su sucesor, con título de rey, al nieto de Alfonso XIII, Juan Carlos de Borbón y Borbón, nombramiento que fue ratificado por las Cortes españolas el 22 de julio de 1969. Buena parte de su biografía ha estado muy ligada al dictador y sus terminales políticas, lo que a los ojos de la historia visualiza a la Jefatura de Estado como heredera de la dictadura. 

El próximo viernes el presidente de Alemania y también jefe de Estado visitará Gernika en homenaje a las víctimas del bombardeo de la Legión Cóndor y la aviación italiana, dentro de la visita de Estado que realizará a España entre los días 26 y 28 de este mes. Será la primera vez que un presidente de Alemania se traslada a la localidad, por lo que la cita cobra un gran valor simbólico y político.

Verdad y justicia

En el debate también ha terciado el lehendakari Imanol Pradales que destaca que será un gesto de “reconocimiento y reparación” que el Estado español “todavía no ha hecho”. Aunque reconoce que el actual “no tiene nada que ver” con el de entonces, cree que le corresponde dar un paso: “No reclamamos al Estado español ni más ni menos que lo que hará el presidente de Alemania, mirar a la propia historia reivindicando verdad y justicia”.

La visita de Steinmeier, del partido socialdemócrata SPD y en el cargo desde 2017, es un nuevo paso del Estado alemán en sus gestos hacia la población de Gernika y de Euskadi. En 1997, Alemania pidió perdón a las víctimas a través de una carta del entonces presidente Román Herzog, leída por el embajador alemán en España, Hening Wegener, en el que asumía en nombre de su país la responsabilidad del ataque aéreo de la Legión Cóndor. Herzog reconoció “la culpa de los aviones alemanes” y pidió perdón. Fue una declaración de reconocimiento del daño causado, en el que se solidarizó con las víctimas, compartió su dolor y extendió su mano como gesto de reconciliación. Un año antes, en 1996, Alemania aprobó enviar 252 millones de pesetas (millón y medio de euros) a Gernika para construir el polideportivo municipal como gesto de resarcimiento.

Posteriormente, la Cámara baja del Parlamento Federal o Bundestag también pidió perdón oficialmente por el bombardeo en una moción presentada por el Partido del Socialismo Democrático (SPD), y en la que todos los grupos parlamentarios del Bundestag votaron ayer en forma unánime una declaración de perdón por lo que fue el primer ataque aéreo masivo de la historia contra la población de una ciudad. La iniciativa señalaba que es “vergonzoso” que las víctimas del terror hayan tenido que esperar tanto e instaba al gobierno a sumarse al Bundestag y presentar “excusas oficiales a la población de Guernica”.

Casi tres décadas después, Alemania va a reforzar su compromiso con el resarcimiento de las víctimas causadas en 1937 y una nueva petición de disculpas con Steinmeier como protagonista. Por el momento se desconoce su agenda en tierra vasca, aunque se apunta como posibilidad una reunión con el lehendakari Imanol Pradales. Su visita se enmarca en un viaje de Estado a España donde, según algunos medios, se reunirá con su homólogo español, el rey Felipe VI. Aún se desconoce quién acompañará a Steinmeier por parte del Gobierno español en su visita a Gernika.

Uno de los nombres que se han barajado es el del presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez. Su participación junto con el presidente alemán en un acto de desagravio a Gernika haría más elocuente su negativa a pedir perdón. No se espera que lo haga y menos aún en su situación de debilidad por los casos de corrupción que merodean su gobierno, agravada con la reciente sentencia del Tribunal Supremo condenando al fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz, por revelación de secretos. 

Moncloa se ha desentendido históricamente de cualquier responsabilidad moral, político o legal por el bombardeo de Gernika. Con la llegada de Sánchez al poder, esta posición ha cambiado y ya en 2022 envió al secretario de Estado para la Memoria Democrática, Francisco Martínez, al responso anual en recuerdo a las víctimas del bombardeo que se celebra en el cementerio local. Al siguiente año, sin llegar al desagravio del Estado al pueblo de Gernika y mucho menos a una petición expresa de perdón, Sánchez dio un paso adelante al “condenar sin paliativos” el ataque con una declaración institucional aprobada por el Consejo de Ministros. 

Ningún Ejecutivo español había ofrecido un mensaje de ese tipo desde la restauración de la democracia. Además, envió por primera vez a un ministro a los actos que conmemoran el aniversario del ataque aéreo en la villa foral. Fue el titular de la cartera de Presidencia, Relaciones con las Cortes y Memoria Democrática, Félix Bolaños, que frente al mausoleo donde descansan los restos de las víctimas del bombardeo dijo que “como ministro del Gobierno de España es un honor estar aquí representando también al Gobierno legítimo que en aquel momento fue atacado”, en un intento de zanjar el debate y rechazar la petición del entonces lehendakari Iñigo Urkullu de que el Estado hiciera un gesto de reparación.

Los gestos de Alemania con Gernika | El presidente y el parlamento

Perdón y reparación. La República Federal de Alemania no ha escatimado gestos de desagravio y reparación hacia Gernika-Lumo por la participación de los aviones nazis de la Legión Condor en el bombardeo de la localidad vizcaina el 26 de abril de 1937. A las autoridades alemanas no se le han caído los anillos por reconocer que fueron sus compatriotas los que soltaron las bombas sobre Gernika. Primero fue en 1996 cuando donó un millón y medio de euros para la reconstrucción del polideportivo local. Al año siguiente, el presidente Roman Herzog reconoció en nombre del pueblo alemán la culpa de los aviones alemanes y pidió perdón. Poco después, se sumó el Parlamento alemán a una nueva muestra de desagravio.

Otros perdones

México. El pasado octubre España reconoció el “dolor” causado a los pueblos originarios en México durante los años de la Conquista. En la historia reciente hay varios ejemplos de gobiernos que han hecho gestos de reconocimiento y perdón. La propia Alemania ya pidió perdón en el 2000 ante el Parlamento israelí por los crímenes nazis en el Holocausto judío. En 2013, Países Bajos se disculpó por las ejecuciones sumarias en Indonesia. En 2020, Bélgica reconoció su profundo pesar por la violencia y crueldad ejercidas en Sudán. 




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Martínez | Viajar a Madrid

Con un estilo deliciosamente mordaz, Jonathan Martínez hace cera y pabilo de la clase política madrileña así como de sus colaboradores operando en Hego Euskal Herria con este texto publicado en Naiz:


Viajar a Madrid 

Jonathan Martínez | Investigador en Comunicación

Hace unos días, el diputado abertzale Peio Dufau acudió al programa “¡Políticos, a la mesa!” del canal LCP para charlar delante de un plato de cordero al chilindrón. Con el pretexto de la gastronomía, la entrevista saltó de las batallas sindicales a los pimientos de Ezpeleta, pasando por la especulación inmobiliaria y los jamones de Baiona. Hubo un instante emotivo y viral porque sonó “Martxa baten lehen notak” de Mikel Laboa. ¿Por qué has elegido esta canción?, quiso saber la presentadora. Porque expresa la esencia de lo que somos, respondió Dufau. Yo no estoy en París por placer, sino para representar a mi tierra.

A los vascos del norte y del sur nos unen muchas cosas y muchas otras cosas nos separan. Lo que más nos separa son los lugares adonde acudimos sin placer. Unos a París y otros a Madrid. No me refiero al descanso vacacional con fotografía feliz en la Torre Eiffel, paseo por El Retiro, artisteo en Montparnasse o relaxing cup of café con leche en la plaza Mayor. Ojalá todos los desplazamientos tuvieran el ocio por objeto. Me refiero más bien al traslado resignado, al madrugón con ojeras y tentempié de gasolinera, a la vista oral en la Sala de lo Penal, cuarenta minutos en el locutorio, quítese el cinturón, vaya a la ventanilla cuatro, vuelva usted mañana.

Recuerdo haber viajado a Madrid para ver el juicio contra Udalbiltza. El magistrado fue llamando a los testigos del registro policial, pero muchos de ellos ni siquiera se habían personado porque tenían otros asuntos en el extranjero o andaban de vacaciones o se habían jubilado. Cuando por fin apareció un policía que había tomado parte en la redada, el fiscal le preguntó qué clase de documentos requisaban y cómo determinaban si tenían relación con el caso. El agente reconoció que arramblaban con todo lo que no entendían. «Si estaba en vasco, a cajas». Tras un calvario de arrestos, cárcel, audiencias y viajes a Madrid, la acusación no pudo demostrar sus fantasías terroristas.

Hay cosas que son posibles en Madrid pero imposibles en Euskal Herria. En Gasteiz, por ejemplo, era imposible dar homenaje a Txiki y Otaegi porque Alberto Alonso y Gogora los tenían por emisarios de «la violencia, el terror y el miedo». Sí hubo homenaje en la Cámara baja de Madrid con la única ausencia de PP y Vox. También hay cosas que no ocurren en Madrid pero ocurren en Euskal Herria. La Ertzaintza, por ejemplo, clasifica a los detenidos por su origen, al contrario que las policías con sede madrileña. Lo hace, según Bingen Zupiria, por presiones de una extrema derecha que es fuerte en Madrid pero marginal en Gasteiz.

Euskal Herria y Madrid están unidos por insólitas cadenas. Pongamos por caso a Miguel Ángel Rodríguez, mano derechona de la presidentísima madrileña, que cerró las listas del PP en las últimas elecciones municipales de Durango. Los vascos vivimos bajo una incómoda paradoja: a los mozos de Euskal Herria sur, los madrileños nos llaman «chicarrones del norte». En un mitin electoral, Rodríguez retorció aún más la geografía denunciando que el País Vasco está casi «fuera de Occidente». Ni norte ni sur: los jeltzales nos tienen en la China maoísta. El candidato de Rodríguez, Carlos García, terminó dando la alcaldía al PNV y últimamente lo hemos visto reclamar la ilegalidad para EH Bildu.

Miguel Ángel Rodríguez ha vuelto a la actualidad defendiendo en sede judicial su legítimo derecho al bulo. Durante el juicio contra el fiscal general del Estado, media España se sofocaba de vergüenza ajena mientras en tierras vascas bostezábamos curados de espanto. ¿Quién es Antonio Balas, teniente coronel de la UCO que defendió el recorte sospechoso de algunas conversaciones «por motivos de privacidad»? Pregunten en Intxaurrondo. ¿Quiénes son los magistrados del Tribunal Supremo que han condenado a Álvaro García Ortiz con una clamorosa ausencia de pruebas? Vénganse al norte (o al sur, o a la China maoísta) y se lo explicamos.

Cuatro de los siete magistrados que han juzgado al fiscal general participaron en el proceso condenatorio contra los jóvenes de Altsasu. Dos de los siete magistrados firmaron la condena del caso Atutxa antes de que Estrasburgo les cantara las cuarenta por haber vulnerado el Convenio Europeo de Derechos Humanos. El magistrado Juan Ramón Berdugo, que el otro día condenó al fiscal general, había confirmado la sentencia contra Arnaldo Otegi por el caso Bateragune. Estrasburgo amonestó a España por haber denegado un juicio justo. Si uno regresa al macrosumario 18/98 o al proceso contra las «herriko tabernak», algunos de los togados se repiten.

Hubo un tiempo en que los pretextos antiterroristas sirvieron para justificar cualquier atropello. La Policía irrumpía en la sede de LAB para llevarte esposado a Madrid. La Guardia Civil irrumpía en la redacción de Egunkaria para llevarte encapuchado a Madrid. Dice Xabier Beortegi que viajó a Madrid aturdido por los golpes de cuatro agentes. Estrasburgo condenó a España. Cuenta Xabier Atristain que lo asfixiaron con una bolsa durante el mismo trayecto. Estrasburgo condenó a España. «Durante el viaje a Madrid me dan golpes y collejas», dice Beatriz Etxebarria. Estraburgo volvió a condenar a España.

Ahora pienso en los viajeros inversos, los falangistas que viajaron a Gasteiz para glorificar el fascismo, los autobuses de Ciudadanos que salían de Madrid para montar el pollo en Errenteria o en Altsasu, el paseo de Cayetana Álvarez de Toledo hasta Etxarri-Aranatz para ofrecer un mitin solitario en una plaza llena de estiércol. Qué bonito es viajar a París o a Madrid, como ellos, solamente por gusto, tomar el autobús de la mañana, asomarse a la ventanilla y quedarse dormido mirando el cereal interminable de la meseta mientras suena Mikel Laboa en los auriculares.

 

 

 

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viernes, 7 de noviembre de 2025

La Tortura es Violencia Estatal

Desde Naiz traemos a ustedes la cobertura que se hace de las declaraciones del abogado Iñigo Iruin con respecto a la responsabilidad insitucional del estado español en lo que se refiere a los casos de tortura.

Aquí la información:


Iruin: «La tortura no es violencia policial, es violencia de Estado con sus tres poderes»

Iñigo Iruin lleva 45 años de ejercicio como abogado y en ese tiempo nunca ha visto a un juez o fiscal acudir a comisaría a interesarse por un detenido que era torturado. Este dato elocuente se incluye en el análisis de cómo ha funcionado esta lacra, este jueves en la jornada internacional de Iruñea.

Ramón Sola

La Red de Personas Torturadas de Nafarroa ha celebrado este jueves su conferencia internacional anual, en Iruñea. En la sesión, un testimonio irlandés, el de John Finucane, abogado al que NAIZ ha realizado una entrevista que se publicará próximamente, y otro vasco, con capacidad de mirada larga y profunda sobre la tortura: Iñigo Iruin.

Su análisis ha puesto perspectiva –y además detalle y ejemplo– a «un binomio: tortura e impunidad». Partiendo de una idea, con la que ha querido rebatir la opinión de un catedrático en la reciente mesa redonda de Gogora sobre el atentado del Hotel Monbar: «La tortura no es violencia policial, es violencia de Estado. Intervienen los tres poderes y hay una decisión de Estado. Y cuando un Estado toma una decisión de torturar, busca además que sea jurídicamente inexistente: que no haya pruebas, que no se llegue a los tribunales. Así que el Estado hizo un plan que le permitía esta impunidad». 

En ese plan confluían los tres poderes, algo que ha comenzado a diseccionar Iruin partiendo por el legislativo. Se impuso un «diseño legal con un tronco común: la incomunicación. El Tribunal de Estrasburgo siempre lo subraya en sus decisiones: son detenciones incomunicadas».

Las normas se van adaptando a las necesidades. Así, hasta 1983 ni siquiera había un letrado que asistiera al detenido; después sí se permitió, pero de oficio y sin acceso al espacio de detención. Ha apuntado aquí la cobertura permitida por la Ley de Secretos Oficiales, dado que se usa para negar la identificación de los policías y guardias civiles. Así, se dio el caso de un proceso en que hubo condena al instructor y al secretario del atestado, pero no a los agentes, al no saber quiénes eran. «El caso de Mikel Zabalza también es evidente: se utiliza la Ley de Secretos Oficiales para no responder a los requerimientos del juzgado de instrucción. Primero no se responde y luego se dice que no hay información», ha explicado.

Hay más leyes destinadas al mismo horizonte final. Empezando por el propio Código Penal: «En el de 1973 la palabra ‘tortura’ ni existía y además las penas eran muy benignas». O la ley de fondos reservados, utilizada para «premiar a quienes participan en actos de tortura».

En cuando al Poder Ejecutivo, Iruin ha citado algunas declaraciones públicas en que se reconoce más o menos explícitamente el aval de los gobiernos a la tortura. Hace ahora tres años, el exministro de Interior y Justicia Juan Alberto Belloch reconoció en ‘El Español’ que «en Interior se permitía la tortura y que con él se acabó, lo que no es cierto». De aquella época, es conocido el episodio en que su mano derecha, Margarita Robles, se reunió con «mandos antiterroristas al llegar al cargo, en 1994, y la cuestión que se le planteó es si iban a poder seguir trabajando ‘con red’. Era el eufemismo que se usaba entonces para aludir a ‘protección’». Este blindaje se prolongaba luego con indultos o condecoraciones, ha recordado Iruin.

El Ejecutivo, eso sí, no se pillaba las manos. Para ello dejó la macabra práctica en manos de «unidades especiales antiterroristas de Policía y Guardia Civil. Eran unidades que trabajaban con absoluta autonomía y de manera totalmente antirreglamentaria, al margen de las normas y de la jerarquía del propio cuerpo. El escenario del horror era clandestino», ha resumido.

Como efecto, surge una «frontera» o «barrera» entre «la actuación policial y el Poder Judicial, hay una imposibilidad de acceso». Ha detallado el caso de Intxaurrondo, que conoce muy bien por experiencia propia: «Allí no había libros de registros, ni de entrada y salida de detenidos, ni hojas de servicio… De tal manera que cuando el 12 de diciembre de 1985 el juez que estaba investigando lo que aún era la desaparición de Mikel Zabalza se desplaza a Intxaurrondo, les pide la documentación y se encuentra con que no hay absolutamente nada. En el caso de Zabalza yo solo conseguí dos documentos: el de entrada y registro en su domicilio y el acta en que presuntamente se le leen sus derechos, ¡no había más!».

La tercera pata es el sistema judicial, con el que el abogado vasco ha chocado obviamente una y otra vez en estas décadas. La primera falla se produce cuando los cuerpos policiales «no esperan a la decisión judicial para detener. El control de los primeros momentos es absoluto por su parte, lo que les permite también generar las condiciones para la impunidad posterior».

Se continúa con «la absoluta pasividad de los jueces de instrucción de la Audiencia Nacional», una «dejación de funciones» que se resume en el axioma «ya irá el forense a visitar al detenido. Y el juez a veces ni mira esos partes», ha añadido.

Le ha seguido una revelación potente: «No he conocido nunca un juez que se haya personado en dependencias policiales en base a denuncias de maltrato, aunque es una obligación. No lo he conocido nunca en 45 años de ejercicio profesional. El único fue en el caso de ‘Egunkaria’, por una solicitud de ‘habeas corpus’ tuvo que ir a un hospital a ver a uno de los detenidos. Al detenido muchas veces no se le deja ni narrar, se le dice que eso será competencia de otro juzgado y que ahí está solo para deliberar un delito de terrorismo».

¿Y cuál es la actitud de los jueces a los que les corresponde investigar torturas en tribunales territoriales, más allá de los instructores de la Audiencia Nacional? «Hay algunos patrones que recogen las condenas de Estrasburgo por no investigar –ha certificado Iruin–. En primer lugar, solo se reconocen las señales físicas de los informes del forense, no las afecciones síquicas. En segundo, a la única persona a la que se interroga es a la forense para que ratifique su informe, no se quiere conocer el relato de hechos del torturado. Y además no se practican diligencias, por ejemplo para identificar a los policías y guardias civiles».

Un último apunte en que este bloque ha sido para los fiscales, que «no hacen absolutamente nada. No he visto un fiscal que se haya desplazado a una comisaría cuando llegan informe de malos tratos a detenidos. Eso sí, para permitir la incomunicación, siempre tres líneas de manera automática».

Un sistema que ‘aprende’ para perpetuarse

«En resumen: tres poderes interactuando para posibilitar la impunidad de la tortura». ha concluido Iruin. Y a partir del diagnóstico, los datos objetivos, resumidos en los informes oficiales de los gobiernos de Lakua e Iruñea: «Miles de denuncias de tortura y solo 20 sentencias firmes de condena, que además se refieren a hechos entre 1979 y 1984 con la única excepción de Kepa Urra (1992). Es decir, quitando este caso en los últimos 41 años no hay constancia en los tribunales españoles de que se haya torturado a algún ciudadano vasco», ha dicho Iruin como dato palmario.

Se ha detenido un momento para profundizar en ello. ¿Por qué sí fue posible condenar, aunque con cuentagotas, entre 1979 y 1984? «Porque los detenidos aún no eran trasladados a Burgos ni a Madrid, se quedaban en dependencias en Euskal Herria. Por eso correspondía investigar a los juzgados de Donostia, de Bilbo… Intervenían los forenses de estos juzgados de aquí y sus informes eran mucho más concretos y detallados».

«Luego, aprenden y toman determinadas medidas. ¿Por qué se consigue condenar en el caso de Juana Goikoetxea, Olano… y luego no? Porque entonces agredían y lo hacían sin cubrirse la cara. ¿Qué hacen luego? Encapuchar al detenido, y mandar a los detenidos a Burgos primero y Madrid luego para que los forenses de aquí no investiguen», ha añadido. Otro ejemplo claro de la distorsión que supone alejar de Euskal Herria las pruebas y las diligencias es el posterior de Igor Portu y Mattin Sarasola, en 2008: en ese caso las pruebas forenses se hacen en Gipuzkoa y el juicio en Donostia, lo que deriva en condena, pero luego el Supremo la anula desde Madrid.

Entre los «casos flagrantes» ha citado el de la urnietarra Gurutze Iantze (1993), apuntando que «el informe de la Comisión de Valoración del Gobierno Vasco es brutal, manifiesta claramente que hay una negligencia médica, se limitaron a escucharle por teléfono el dolor que se sentía, la forense no se desplazó a Tres Cantos, no fue enviada a un hospital, le recetaron un mucolítico para bronquitis.… y al final falleció»

Preguntado por su sensación a nivel más personal sobre todo esto, Iruin ha reconocido «la impotencia del Derecho frente a la tortura», y en paralelo, «la impotencia del Estado de Derecho frente a la razón de Estado. Y es que incluso los procedimientos judiciales son utilizados por el propio Estado, por un lado para mantener que la tortura es un residuo del pasado, algo obra de unos policías cualesquiera, y por otro para mejorar sus propios procesos –ha constatado–. ¿Renunciamos entonces a los procedimientos penales? Por supuesto que no, hay que seguir en la pelea como estáis vosotros, pero siendo conscientes de cómo va actuando el Estado», ha planteado.

Iñigo Iruin había abierto su intervención saludando el trabajo de la Red: «Es digno de aplauso. Uno de los objetivos de la tortura es inhibir a la gente y está claro que no lo han conseguido. Estamos viendo los frutos además continuamente: el documental de Sakana ‘ArgHitzen’, las declaraciones de la presidenta Chivite…»




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domingo, 24 de agosto de 2025

Martínez | Ni Stauffenberg ni Hitler

Seguimos esperando al Pantheon de París, seguimos esperando el patio del Bendlerblock.

Desde Naiz Jonathan Martínez le ha enmendado la plana a Alberto Alonso, el niniísta titular de Gogora, la cosmopaleta institución de la CAV con la que los jeltzales y sus compinches sociatas buscan preservar viva la impronta del genocida Francisco Franco:


Ni Stauffenberg ni Hitler

Jonathan Martínez

Era 1944 en un Berlín en blanco y negro. De madrugada, en el patio del Bendlerblock, un pelotón de fusilamiento abrió fuego contra los traidores que habían intentado matar al Führer. El líder de la conspiración se llamaba Claus von Stauffenberg. Su delito era haber depositado una maleta explosiva en la sala de conferencias donde debía celebrarse un encuentro entre oficiales. Murieron cuatro hombres. Adolf Hitler salió ileso. La guerra pasó y los traidores de aquel tiempo son los héroes de ahora. «Hay momentos en que la desobediencia es obligatoria», diría Angela Merkel tres cuartos de siglo más tarde.

El acto de desagravio, animado por los reclutas del Ejército alemán, se celebró en el mismo patio de los fusilamientos. Hubo desfiles con banderas, armas largas y músicas marciales. Durante la ofrenda floral, la canciller alemana reivindicó el «derecho a la resistencia» y llamó a proteger el recuerdo de los conjurados. «Al seguir su conciencia, demostraron ser verdaderos patriotas». Claus von Stauffenberg cuenta con un lugar preferente en el Memorial de la Resistencia Alemana. Al contrario, el búnker donde murió Hitler fue reducido a escombros y convertido en aparcamiento para que nadie tuviera la tentación de convertirlo en un vulgar Valle de los Caídos.

Aquel mismo año, el año en que Alemania rendía honores a Stauffenberg, Covite llevó a Sortu ante la Audiencia Nacional como responsable de un tributo público a José Miguel Beñaran, Argala. La acusación contemplaba un delito no probado de enaltecimiento del terrorismo y humillación a las víctimas. La víctima humillada, en este caso, sería Luis Carrero Blanco. El asunto se complica si consideramos que Argala murió en un atentado ejecutado por los hombres del almirante. Pese a las evidencias, el Estado español concede a Carrero Blanco la condición de víctima, pero se la deniega a Argala. La asimetría es elocuente.

El atentado contra Carrero Blanco fue el único magnicidio exitoso contra un jefe de Gobierno activo del eje Madrid-Berlín-Roma. Hoy Italia celebra a los partisanos que enfrentaron el fascismo igual que Alemania celebra la resistencia armada contra los nazis. Aunque el PP comparte filiación con la CDU de Merkel, nadie imaginaría a Núñez Feijóo en una ofrenda floral a Argala. En primer lugar, porque los tribunales españoles proscriben la memoria de Argala. En segundo lugar, porque el PP ha preferido rendir sus respetos a Carrero Blanco frente al monumento que lleva su nombre en Santoña.

Al calor de la ofensiva contra Txiki y Otaegi, Gaizka Fernández Soldevilla trata de zanjar la polémica imponiendo un juego de suma cero entre opresores y oprimidos: tanto Carrero Blanco como Argala son «victimarios-víctimas» y no merecen ninguna loa. El semiólogo Roland Barthes detectaría aquí un viejo truco argumental de la derecha: el ninismo. Se trata de plantear dos contrarios con el fin de equipararlos y rechazarlos al unísono. Ni Argala ni Carrero Blanco, ni partisanos ni Mussolini, ni Stauffenberg ni Hitler, ni Malcolm X ni el Ku Klux Klan. Cuando es incómodo elegir, dice Barthes, se huye de la realidad para quitar la razón a las dos partes.

Resulta que Txiki y Otaegi responderían a la figura de «victimarios-víctimas», aunque solo sea posible tildarlos de terroristas bajo los términos legales de la dictadura. Los tribunales militares del tardofranquismo tienen su precedente inmediato en las leyes de bandidaje que utilizó Franco contra los maquis. La referencia no es ociosa. En 2011, el Gobierno español extendió el alcance de la ley de víctimas hasta 1960 para dar cobertura al bulo que atribuía a ETA la muerte de Begoña Urroz. No calcularon que en enero de aquel mismo año había muerto un guardia civil durante una emboscada contra una guerrilla republicana. Y la familia del benemérito pidió reconocimiento e indemnización.

La memoria oficial ampara ya al teniente Francisco de Fuentes como primera víctima del terrorismo. Los maquis Francisco Conesa, Antoni Miracle, Rogelio Madrigal y Martín Ruiz murieron a tiros en aquella celada, pero la Ley 29/2011 no los distingue como víctimas. Al contrario, señala como victimarios a una estirpe de soldados que lucharon en las trincheras del 36 y cuyos cadáveres aún se reparten por las cunetas. No sabemos si Alberto Alonso, director de Gogora, entiende que los combatientes del Eusko Gudarostea merecen nuestra reprobación por haber utilizado, como Txiki y Otaegi, «las mismas herramientas que utilizó la dictadura, que eran la violencia, el terror y el miedo».

¿Hay algún militante antifranquista que sea acreedor de nuestra simpatía? Consuelo Ordóñez ha encontrado la víctima perfecta, Enrique Ruano, que contribuyó al advenimiento de la democracia «sin utilizar la violencia». No se me ocurre una elección más desatinada. Ruano cayó por la ventana cuando se encontraba bajo custodia policial en un piso de Madrid donde se había escondido su amigo Ángel Artola, ex militante de ETA torturado por Melitón Manzanas. Si Covite da por buena la legalidad de Franco para tachar de terroristas a Txiki y Otaegi, debe aceptar también el sumario que incrimina a Ruano por su estrecho vínculo con un «miembro de ETA en activo».

¿Incluirá Covite los elogios de Consuelo Ordóñez hacia Ruano en sus informes sobre actos de apoyo a ETA? Sería una extravagancia. De hecho, Covite dedicó una losa en Gasteiz al torturador del amigo de Ruano. Tampoco denunciará los homenajes a Mario Onaindia, exdirigente de ETA-pm y del PSE-EE que defendía así su activismo armado: «Para nosotros la violencia tenía justificación porque el franquismo era un régimen político que se basaba en una victoria militar». Hubo un tiempo en que Txiki y Otaegi eran para el PSOE «jóvenes que quieren un futuro libre, democrático y justo». Nada de equilibrios imposibles para legitimar un régimen que se negaba a morir entonces y que se empeña en vivir ahora.

 

 

 

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viernes, 22 de agosto de 2025

Egaña | A la Espera del Panteón

Les compartimos el parecer de Iñaki Egaña con respecto a las irresponsables declaraciones del director de Gogora con respecto a Jon Paredes 'Txiki' y Ángel Otaegi.

Adelante con la lectura:


A la espera del Panteón

Iñaki Egaña

De nuevo la memoria y las víctimas se han convertido en trinchera para quienes reivindican el modelo de “Transición modélica” sin reparar, espero, que con ello y su posicionamiento hacen el caldo gordo a quienes afirman que el franquismo no fue tan horrible. Blanquear el fascismo es el coste de su apuesta y categorizar nuevamente a sus víctimas el resultado. No es de recibo el enfoque actual de Gogora de comparar a quienes el propio Gobierno vasco calificó de víctimas con los verdugos franquistas, más aún cuando su director es licenciado en historia. Cerca de 100.000 desaparecidos, decenas de miles de ejecuciones extrajudiciales, millones de bienes incautados y, en el caso vasco, 151.000 exiliados (de ellos 39.000 niños) y 60.000 presos políticos. Más una sociedad capada en su desarrollo personal y colectivo.

La deriva proviene de ese seguimiento que ha adoptado en los últimos tiempos el Instituto de la Memoria, la Convivencia y los Derechos Humanos de la CAV del Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo, que ve en la sociedad vasca un ejemplo de patología social y ha convertido a las víctimas en asimétricas. El socialista Jagoba Álvarez, reciente director de DDHH del Gobierno de Gasteiz, ha escrito acertadamente hace unos días que no contextualizar el pasado “deja el campo abierto a la revisión sobre la violencia durante la dictadura que pretende hacer la derecha española cuestionando a todos para difuminar la violencia de Estado través de todas sus formas”.

Así, se dan por buenos los juicios militares sumarísimos (a pesar de la nulidad de todos ellos según la Ley de Memoria Democrática). Si eran de ETA, como Txiki y Otaegi, eran criminales. Si pertenecían al FRAP, como semanas pasadas sucedió en el caso de Xose Humberto Banea, en 1975 era un “asesino” y en 2025 ha sido reconocido como víctima, “asesinado”. La guerrilla antifranquista, los maquis, mataron a 234 guardias civiles, el último en la década de 1960 en el Irati navarro. Eran bandoleros y criminales para el régimen. Hoy son tratados y homenajeados como “miembros activos de la resistencia armada contra la dictadura franquista”. En 2021, Fernando Martínez López, secretario de Estado de Memoria Democrática afirmó: "Los guerrilleros lucharon por la democracia y así se estudiará en las escuelas".

Pero en el caso vasco, aquellos que fueron condenados como victimarios no podían ser tratados de ninguna manera también como víctimas a pesar de ser torturados. La ola de Galdakao infló el argumento. Jon Mirena Landa: “El aumento de las asimetrías, tras manipulación, envenenará las políticas públicas de memoria”. Que es el fondo de la cuestión, plantear un debate en la que los victimarios o supuestos (en cualquier época incluso en una dictadura), queden al margen de la condición de víctima. Si entraríamos a fondo en la cuestión se abriría la discusión en profundidad. ¿Un victimario lo fue por ser previamente víctima? Si fuera así ¿se legitimarían las actividades de las disidencias políticas, incluso las violentas? Recordar aquel preámbulo de la Carta de Naciones Unidas: “Los derechos deben ser protegidos por la ley a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión”.

Esta deriva de Gogora/Melitonium ha abierto un melón que no se si lo han calibrado en su medida. Porque el argumento sobre la criminalidad de Txiki y Otaegi y su matización como víctimas tiene una traslación universal. Y es el mismo, por cierto, que el que emplean el evangelista César Vidal o el franquista Pío Moa que afirman que los ejecutados por el dictador eran, en su mayoría, asesinos. No lo señalaron explícitamente, pero se entiende que se lo merecían. ¿Estaban justificadas las torturas a Txiki, Otaegi, Baena, García Sanz y Sánchez por su condición de condenados a muerte?

Joseba Elosegi, militante del PNV y capitán del batallón Saseta sobrevivió al bombardeo de Gernika. En setiembre de 1970, en los mundiales de pelota celebrados en Donostia, se prendió fuego y en el frontón Anoeta se lanzó contra el dictador. Erró en el intentó y, en cambio, provocó graves heridas a uno de sus escoltas, por lo que fue condenado. ¿Y si hubiera matado a Franco? ¿Habría sido un tiranicidio? ¿Y si, por el contrario, hubiera fallecido únicamente el policía-escolta, ¿un crimen de por vida? ¿Un victimario porque en Carabanchel compartió comuna con los presos de ETA?

Este argumento absurdo no tiene recorrido en otras latitudes. Nelson Mandela era un terrorista -27 años en prisión por dirigir un grupo armado- que combatía el supremacismo. Mariano Rajoy y el hoy rey Borbón asistieron a sus exequias. El polaco-judío David Ben-Gurión, otro terrorista que fue el primer ministro de Israel. En 2019 Angela Markel, en nombre de su Gobierno, homenajeó a los “patriotas” que intentaron matar a Hitler en 1944: “Hay momentos en que la desobediencia es obligatoria”, dijo la canciller. ¿Se imaginan un homenaje en el congreso español a quienes mataron a Carrero Blanco? ¿O a Joseba Elosegi por intentarlo con Franco? Yo tampoco.

Hace unos meses, los restos de Missak y Mélinée Manouchian, integrantes del grupo armado contra el nazismo que aparecieron como criminales en el conocido como Affiche Rouge alemán y luego ejecutados con otros 23 compañeros de su partida, fueron a parar al Panthéon de París, donde reposan cerca de un centenar de destacados personajes en la historia del Estado francés. Comparten descanso junto a Dumas, Víctor Hugo, Voltaire, Marie Curie, Malraux, Rousseau, Zola… No fue un Gobierno radical de izquierdas quien tomó la decisión, sino un atlantista como Emmanuel Macron. Una lógica decisión.

Y no sería irregular que, ya en la cercanía, Gogora destinara parte de su presupuesto a replicar un proyecto similar, un Panteón vasco. Si lo desean, con un arco cronológico reducido que recogiera los restos de quienes lucharon en la época citada. Ahí van mis propuestas: Txomin Letamendi, Delia Lauroba, Alfredo Espinosa, Jesús Larrañaga, Columba Fernández, Julián Zugazagotia, Julia Álvarez Resano, Isaac Puente, Txiki, Otaegi, los cinco obreros del 3 de marzo… A la espera.

 

 

 

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lunes, 18 de agosto de 2025

La Involución Sociata

Si Alberto Alonso tuviera un poco de vergüenza o de decoro, ya habría renunciado a su poltrona al frente de Gogora. Ya para que incluso Urkullu le haya enmendado la plana, imaginen ustedes.

Pero vergüenza es algo que los vascos de mente colonizada no tienen, así que a él y a sus secuaces - tanto del PSOE como del PNV - les dedicamos este texto publicado por Naiz:


El PSOE de Guerra lo tenía más claro sobre Txiki y Otaegi que el de Gogora, hace 50 años

La declaración del director de Gogora nombrado por el PSE sobre Txiki y Otaegi no solo ha enfadado a parte de la ciudadanía vasca, sino que contradice lo que el propio PSOE pensaba en 1975. Esto decía su publicación oficial, ‘El Socialista’, cuyo responsable era nada menos que Alfonso Guerra.

Ramon Sola

La posición expresada por el director de Gogora, Alberto Alonso, sobre Jon Paredes Manot ‘Txiki’ y Anjel Otaegi supone una auténtica reescritura de la posición de su propio partido, el PSOE, en aquel 1975. Pasado medio siglo, Alonso ha negado a los dos militantes de ETA fusilados la condición de «luchadores por la libertad» y les ha acusado de usar «las mismas herramientas del franquismo». Unas tesis muy alejadas de las que sostenía ‘El Socialista’, medio oficial del partido todavía entonces en la clandestinidad, en octubre de aquel año, y también de la declaración de la Comisión Ejecutiva del PSOE que incluía en sus páginas.

En la misma aparecen los rostros de los cinco antifranquistas fusilados, definidos como «las víctimas» frente a «los verdugos», a saber el dictador Franco (que aparece en la imagen junto a Juan Carlos de Borbón), su primer ministro Arias Navarro y el Consejo de Ministros al completo. Todo ello tras un titular contundente: «Terrorismo oficial».

Ni en la declaración de la Ejecutiva del PSOE ni en el editorial de ‘El Socialista’ hay crítica alguna a la acción de Txiki y Otaegi, ni en genérico a la de ETA y el FRAP, como la que ha desarrollado medio siglo después el director de Gogora. El editorial los define como «cinco jóvenes asesinados por un gobierno decrépito». De los fusilados se apunta que «quieren otro futuro para España, un futuro libre, democrático, justo».

Tampoco hay cuestionamiento de las «herramientas» de lucha atribuidas a los cinco fusilados en la declaración de la Ejecutiva del partido que dirigía Felipe González desde Suresnes (1974). Más bien al contrario; se denuncia que «el Régimen, acorralado, intenta prolongar su vida quemando la posibilidad de una alternativa democrática que no cueste a los pueblos del Estado los traumas de los enfrentamientos y de las muertes, y trata de colocar a todo hombre con conciencia política en una batalla desigual con el aparato represivo y las fuerzas más reaccionarias».

El PSOE remarca en aquel momento la enorme gravedad de los fusilamientos. Explica que el partido «hizo un ingente esfuerzo nacional e internacional para evitar que la escalada represiva llegara a este punto dramático culminante». Y añade que «los socialistas tienen la obligación histórica de contribuir con su esfuerzo definitivo a la conquista de las libertades democráticas». La declaración de la ejecutiva se emitió el 1 de octubre, apenas cuatro días después de las ejecuciones franquistas.

‘El Socialista’ es el órgano de expresión del PSOE desde 1886 y hasta la actualidad. Su primer director fue el propio fundador del partido, Pablo Iglesias Posse. En este octubre de 1975 estaba dirigido por alguien nada sospechoso de afinidad con ETA ni la causa vasca en general, como quedó claro posteriormente, desde su etapa como vicepresidente del Gobierno español hasta la actualidad: Alfonso Guerra. Había sido elegido en Suresnes secretario de Prensa e Información del PSOE, y como tal, responsable de ‘El Socialista’.

Relectura también respecto a 2012

Las palabras de Alonso sobre Txiki y Otaegi también suponen una ‘enmienda’ sobre la posición del PSE en 2012, cuando ambos fueron admitidos por el Gobierno de Lakua como víctimas de violencia estatal.

Algunas organizaciones de víctimas de ETA cuestionaron esa decisión y, en condición de portavoz del Ejecutivo de Urkullu, Idoia Mendia la reafirmó sin incluir matiz crítico alguno sobre los dos fusilados. «Forman parte de la memoria de este país», subrayó la consejera, que dos años más tarde pasaría a liderar el PSE durante siete años.

Alberto Alonso Martín fue designado por el PSE de Eneko Andueza para dirigir Gogora tras el trasvase de la cartera de Justicia y Derechos de Humanos desde el PNV a su socio de gobierno. Antes ha sido parlamentario del PSE en la pasada legislatura, y más atrás concejal en Bergara, además de director general de Osalan entre 2016 y 2020.

La involución producida en Gogora con el relevo es patente. La primera decisión muy cuestionada fue que PNV y PSE coparan su dirección, dejando fuera a Pilar Garaialde, postulada como representante de las víctimas del Estado. Estas expresaron su dolor un mes después por la decisión paralela de la Delegación del Gobierno español de celebrar un desfile de la Guardia Civil en Gasteiz: «Ojalá pudiéramos olvidar que en sus manos deseamos morir».

Otros indicadores inquietantes son el cuestionamiento del espíritu del Palacio de la Cumbre donostiarra como Lugar de Memoria o los recortes en la estructura para el reconocimiento de las víctimas del Estado. Algunas voces alertan de que ello está poniendo en riesgo los consensos sobre políticas de memoria gestados por la propia Gogora anteriormente.




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domingo, 17 de agosto de 2025

Urkullu Corrige a Alberto Alonso

Imaginen cuan insultante ha sido la declaración de Alberto Alonso, titular de Gogora, en contra de la memoria de Jon Paredes 'Txiki' y de Ángel Otaegi que el mismísimo Iñigo Urkullu, otrora lehendakari de la CAV, ha salido a enmendarle la plana.

Lean ustedes lo publicado por Naiz:


Urkullu recuerda que Txiki y Otaegi son «víctimas reconocidas oficialmente» y pide respeto

El lehendakari Iñigo Urkullu ha subrayado que Txiki y Otaegi «son dos víctimas reconocidas oficialmente por el Gobierno Vasco» y que, en esa medida, «merecen respeto», lo cual «implica, entre otras cosas, omitir valoraciones que afecten a su condición de víctima, la cuestionen o pongan en duda».

En una reflexión realizada a la agencia Europa Press, Iñigo Urkullu ha salido al paso de la polémica surgida en torno a la memoria de Jon Paredes Manot, Txiki, y Ángel Otaegi, últimos fusilados del franquismo junto a los miembros del FRAP José Luis Sánchez Bravo, Ramón García Sanz y Humberto Baena.

El Ayuntamiento de Zarautz, gobernado por PNV y PSE, retiró una lona de grandes dimensiones que se había desplegado en el muro de Santa Bárbara y, el pasado martes, cientos de vecinos volvieron a exhibirla en el barrio de Azken Portu.

Sortu, en un comunicado, censuró la postura del Ayuntamiento y su «falta de reconocimiento» a «dos luchadores vascos contra la dictadura franquista». «Sortu denuncia la actitud mostrada por PNV y PSE-EE con la memoria de Txiki Otaegi. Los dos fueron reconocidos como víctimas por el Gobierno del lehendakari Iñigo Urkullu en 2012. Era del PNV ese gobierno, como el de Zarautz», subrayaba el texto, para llamar también a participar en el acto nacional que la formación independentista celebrará el 27 de septiembre en el Anaitasuna de Iruñea.

La polémica creció posteriormente con las inaceptables declaraciones del director del Instituto Gogora, Alberto Alonso, que afirmó que Txiki y Otaegi «no son luchadores por la libertad» y que «luchaban contra la dictadura, pero utilizando las mismas herramientas que utilizó la dictadura, que era la violencia, el terror y el miedo».

En medio de esta polémica, Iñigo Urkullu ha reaparecido para destacar que se trata de un tema «muy sensible» que, desde el Gobierno del que fue lehendakari, intentaron «gestionar con la mayor delicadeza posible en el objetivo del respeto a los Derechos Humanos y a la Memoria como guía para los pasos en la normalización de la convivencia política y social en Euskadi».

«Es, además, una cuestión con aristas todavía hoy en día y que necesita el máximo rigor posible para las interpretaciones que desde prismas diferentes se hacen y se hagan», apunta.

En este sentido, recuerda que Txiki y Otaegi «son dos víctimas reconocidas oficialmente por el Gobierno Vasco, mediante la normativa que fue construyéndose entre 2011 y 2020 para la reparación y reconocimiento de las víctimas de violencia estatal ilícita».

«En la medida en que son víctimas de vulneraciones de derechos humanos, merecen respeto. Ese respeto implica, entre otras cosas, omitir valoraciones que afecten a su condición de víctima, la cuestionen o pongan en duda. De igual manera, el respeto que merece cada víctima, toda víctima, la apropiación partidaria de su memoria que se haga –sin entrar en consideraciones sobre la misma– no debería ser compatible con su instrumentalización política para el enfrentamiento», asegura.

Por ello, considera que «merece la pena una constante reflexión sobre cómo todas y todos consideramos a cada, a toda, víctima habida; al reconocimiento de las mismas desde la injusticia del daño causado; y al compromiso con la memoria basada en el respeto a los derechos humanos que a cada ser deberían haber asistido y asisten».





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viernes, 15 de agosto de 2025

Vascófobo de la Semana | Alberto Alonso

El distanciamiento del ente de la CAV conocido como Gogora para con el pueblo vasco se ha vuelto mucho mayor tras las más que malintencionadas palabras de su director, el sociata Alberto Alonso, en contra de las víctimas de terrorismo de estado español Jon Paredes 'Txiki' y Ángel Otaegi.

Aquí lo que nos relata Gara con respecto al más reciente insulto a la memoria de lucha de Euskal Herria:


Alberto Alonso (Gogora): «Txiki y Otaegi no luchaban por la libertad»

En vísperas del 50 aniversario de los últimos fusilamientos del franquismo, el director de Gogora, Alberto Alonso, decidió ayer salir al paso de los actos de recuerdo a Txiki y Otaegi con unas infames declaraciones: «No son luchadores por la libertad». «Luchaban contra la dictadura, pero utilizando sus mismas herramientas, que eran la violencia, el terror y el miedo», añadió.

El director de Gogora, Alberto Alonso, pidió ayer que «no se meta en el mismo saco» a los miembros de ETA Jon Paredes Manot, “Txiki”, y Ángel Otaegi, ejecutados por el franquismo hace ahora 50 años, y a otros miles de antifranquistas. «Una cosa es reconocerles su condición de víctimas franquistas y otra es el homenaje», consideró, antes de incidir en que estos emplearon «la violencia, el miedo y el terror».

Alonso realizó estas inaceptables declaraciones a la agencia Europa Press, después de que en las fiestas de pueblos y ciudades vascas se estén exhibiendo carteles y pancartas de Txiki y Otaegi, y de que el martes Sortu reclamara al Ayuntamiento de Zarautz «reconocimiento institucional» para ambos, tras la retirada de una lona de gran tamaño colocada en el monte Santa Bárbara. Posteriormente, cientos de personas mostraron esa tela con orgullo en el barrio de Txiki, Azken Portu.

El director de Gogora argumentó que Txiki y Otaegi, fusilados junto a tres miembros del Frente Revolucionario Antifascista y Patriota (FRAP) -José Luis Sánchez Bravo, Ramón García Sanz y Humberto Baena-, «por supuesto son víctimas del franquismo, de un régimen dictatorial que decidió juzgarlos por un procedimiento militar sumarísimo, sin ningún tipo de garantía judicial». «No tuvieron un juicio justo, no tuvieron ningún tipo de garantía jurídica y fueron condenados a muerte de una forma arbitraria y fusilados», indicó.

En su opinión, «eso les convierte en víctimas del franquismo, y hay que reconocérselo», pero puntualizó que, «de ahí a decir que son luchadores por la libertad y contra la dictadura, va un paso gigantesco». «Porque luchaban contra la dictadura, pero utilizando las mismas herramientas que utilizó la dictadura, que eran la violencia, el terror y el miedo», precisó.

El director del Instituto Gogora para la Memoria, la Convivencia y los Derechos Humanos fue incluso más allá, para advertir que se busca «blanquear la existencia de una ETA buena y una posterior ETA mala». En este sentido, subrayó que en 1974, el año anterior al fusilamiento, ETA había puesto una bomba en la cafetería Rolando (Madrid) y había matado a trece personas y herido a más de medio centenar, «de la forma más cruel». «ETA fue una banda terrorista desde el primer momento y su opción fue crear e imponer el terror», manifestó.

Alberto Alonso dijo que, si se pretende defender que «fueron luchadores antifranquistas, ¡cuidado!, porque no todos los luchadores antifranquistas tienen por qué merecer un homenaje». «Hubo luchadores antifranquistas que utilizaron las mismas herramientas de miedo y violencia que el franquismo para enfrentarse a Franco. Ni Txiki ni Otaegi querían una sociedad democrática después de Franco, querían imponer su propia visión de Euskadi, su propio proyecto como alternativa al franquista», sostuvo.

Por ello, pidió que no se «meta en el mismo saco a Txiki y a Otaegi, y a los cientos y miles de militantes de partidos que exigían y reivindicaban la llegada de una democracia a este país». «No confundamos», reiteró.

En una línea similar, la asociación Covite censuró ayer que se hubiera desplegado la lona de Zarautz y aprovechó para rechazar que Txiki y Otaegi merezcan «reconocimiento público ni homenaje institucional». 




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miércoles, 14 de mayo de 2025

Cinco Esclarecedores Días

Le ha tomado cinco largos días a Lakua para pronunciarse con respecto a la absolución de la víctima de terrorismo de estado Iratxe Sorzabal.

Cinco días en que los asesores del gobierno bicéfalo PNV-PSE se han devanado los sesos tratando de asegurarse que dicho pronunciamiento no se convierta en un boomerang que les complique a ellos la existencia, toda vez que la misma Ertzaintza ha torturado, no sin mencionar sus violaciones a los derechos humanos y su actuar prepotente como en el caso de la muerte de Kontxi Santxis en Hernani o el asesinato del Iñigo Cabacas en las inmediaciones de San Mamés.

Cinco largos y más que esclarecedores días.

De ese tamaño el contubernio jeltzale con el régimen español.

Aquí lo que nos informa Naiz:


Lakua considera «importante» la sentencia que reconoce las torturas a Iratxe Sorzabal

Tras cinco días de silencio y a preguntas de la prensa este martes en rueda de prensa, la portavoz del Gobierno de Lakua, Maria Ubarretxena, ha respondido sobre la sentencia que reconoce torturas a Iratxe Sorzabal que «es una decisión importante en el ámbito de los derechos humanos».

Iñaki Iriondo

Fue el pasado jueves cuando se conoció que la Audiencia Nacional ha reconocido por vez primera que la autoinculpación de Iratxe Sorzabal durante su detención en 2001 a manos de la Guardia Civil fue debida a tortura. «Existe la evidencia de que fue sometida a la aplicación de electrodos por parte de aquellos funcionarios que la custodiaban», reza el fallo.

Desde el Gobierno de Lakua no se había dicho nada al respecto. Este martes, en la rueda de prensa posterior al Consejo de Gobierno y a preguntas de la prensa sobre la valoración de esta sentencia, la portavoz María Ubarretxena ha respondido que «es una decisión importante en el ámbito de los derechos humanos. El Gobierno vasco estamos a favor, como no podría ser de otra manera, del reconocimiento de los derechos humanos. El Gobierno constató en su día casos de torturas en Euskadi a través de su informe».

Presa en Zaballa y «reparación»

Iratxe Sorzabal está en estos momentos presa en la prisión alavesa de Zaballa, cuya gestión está transferida al Gobierno de Lakua. Ante la evidencia de que ahora Sorzabal es oficialmente una víctima de conculcación de Derechos Humanos, se le ha preguntado también a la portavoz si el Ejecutivo autonómico tiene alguna intención de buscar fórmulas para que obtenga verdad, justicia y, en este caso concreto, algún tipo de reparación.

María Ubarretxena ha respondido que «este es un tema que en todas sus vertientes se debe abordar en el seno del Instituto Gogora».

Cambios en el Departamento de Justicia

Por otra parte, en el Consejo de Gobierno de este martes la consejera de Justicia y Derechos Humanos, María Jesús San José, ha anunciado el cese de Jagoba Álvarez como director de Derechos Humanos y Atención a las Víctimas y el nombramiento para ese puesto de Ainhoa Zugasti.

Pese a que el Gobierno no lleva todavía ni un año desde su nombramiento, este es el segundo cambio sustancial que se produce en esta consejería, puesto que hace apenas un mes Alfredo Retortillo dejó su puesto como viceconsejero de Derechos Humanos, Memoria y Convivencia, alegando motivos personales, y para su cargo la consejera nombró a Arritxu Marañon.





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lunes, 28 de abril de 2025

Orejiplático

Desde Naiz traemos a ustedes este análisis acerca de la más reciente intentona por parte de Gogora de tergiversar la memoria histórica de Euskal Herria, claro está, en favor del relato españolista.

Lean ustedes:


28 de diciembre

Jonathan Martínez | Investigador en Comunicación


Me he quedado orejiplático escuchando a Alberto Alonso en la Cadena SER Vitoria. Dice el director de Gogora que el nuevo Memorial del 3 de marzo debe ir más allá de la masacre de Zaramaga e incorporar otros fenómenos históricos como el movimiento obrero, las asociaciones vecinales, las luchas feministas o la estrategia acción-reacción de ETA. Habría que enfatizar, añade Alonso, los cuatro atentados mortales que cometió ETA aquel mismo mes en busca de una reacción desmesurada de las fuerzas de orden público. “En esa gran hoguera hubo mucha gente interesada en echar gasolina”..

La idea tiene cierto aroma de broma pesada o disparate historiográfico. Para empezar, si uno acude a los archivos del Memorial de las Víctimas del Terrorismo, descubrirá que no son cuatro sino tres los muertos a manos de ETA-m durante aquel mes. Teniendo en cuenta que el asesinato de Manuel Albizu en Getaria tuvo lugar diez días después de la matanza del 3 de marzo, bien podríamos revertir los argumentos de Gogora y reprobar aquí la estrategia acción-reacción del Estado. Con las palabras de Alonso, y echándole el mismo morro al asunto, sería más honesto concluir que la Policía Armada de Manuel Fraga buscaba en Zaramaga una reacción desmesurada de ETA.

Forzando aún más la paradoja, el Gobierno de Mariano Rajoy inauguró en Gasteiz un Memorial de las Víctimas del Terrorismo que lo mismo abrillanta el nombre de Luis Carrero Blanco que el de Melitón Manzanas. A nadie le extrañó, sin embargo, que el partido fundado y presidido por Manuel Fraga denegara el reconocimiento a las víctimas de su Policía Armada. Que vivan las amnesias unilaterales. Las asociaciones memorialistas, con razón, ponen el grito en el cielo. El Memorial del 3 de marzo podría servir para aliviar el agravio si algunos de sus promotores no estuvieran obcecados en empeorarlo.

De momento, el proyecto continúa enfangado en la pereza burocrática mientras el edificio asignado asume su vocación de ruina. El pasado mes de febrero supimos que la iglesia de San Francisco de Asís no solo presentaba lesiones estructurales sino que además hacía agua en medio de un paisaje embalsado, goteras, placas desprendidas y filtraciones de humedad junto al cableado eléctrico. Por todas partes se acumula el polvo. Hay cristaleras horadadas por las balas que corren el riesgo de desbaratarse. Nuestro patrimonio histórico, elevado al estatus de Lugar de Memoria Democrática, es por ahora un almacén de belenes cubiertos por plásticos.

Hace años que nuestras administraciones marean la perdiz museográfica. En 2021, Iñigo Urkullu anunció que Gogora abriría el Memorial del 3 de marzo antes de que terminara la legislatura. Al año siguiente, EH Bildu acordó con el Gobierno de Pedro Sánchez una trasfusión de 600.000 euros que el Gobierno vasco se ha resistido a movilizar. Tras un periplo interminable, la Fundación Memorial 3 de Marzo se registró por fin en febrero pero aún no ha encontrado tiempo para celebrar un primer encuentro. Sospecho que será una reunión acalorada, pues cuesta creer que los cuatro vocales de designación popular den por buenas las divagaciones de Gogora.

Si la cosa va de ampliar el Memorial del 3 de marzo y explorar las periferias de la masacre, propongo que agarremos el toro por los cuernos y expliquemos a las generaciones futuras la alianza de poderes franquistas y matones descontrolados que lideró la Transición. ¿Quién condujo un seat blanco con matrícula de Madrid y ametralló en la más sospechosa impunidad el escaparate de la librería El Parnasillo en la madrugada del 10 de marzo en Iruñea? ¿Quién la tomó a la vez con la librería Aritza? ¿Quién activó el artefacto que explotó en el comercio de la familia Mandaluniz el 23 de marzo en Bilbao?

Claro que la matanza del 3 de marzo no fue un hecho aislado. Los mozos armados de Fraga venían borrachos de sangre tras el último estado de excepción. Habían matado a Mikel Gardoki en Ergobia. A Blanca Salegi y a Iñaki Garai en Gernika. A Jesús María Markiegi en Ajangiz. A Koldo Arriola en Ondarroa. A Alexandra Lecket a las afueras de Donostia. A Alfredo San Sebastián en Mungia. A Josu Mujika en Madrid. A Ramón Reboiras en Ferrol. A Jesús García en Gros. A José Ramón Martínez en Madrid. A Andoni Campillo en Barcelona. A Jon Paredes en Cerdanyola del Vallès. A Ángel Otaegi en Burgos. A Kepa Josu Etxeandi en Orreaga. A Iñaki Etxabe en Kanpazar. A Ángel Esparza en Dima. A Koldo López de Gereñu y Kepa Tolosa en Beasain.

Cuando la Policía Armada abrió fuego contra las multitudes indefensas en Gasteiz, ¿quiénes eran los patrones del Estado? Había franquistas de primera generación como Carlos Arias Navarro y José María de Areilza, pero también prometedores neofranquistas como Juan Carlos de Borbón, Rodolfo Martín Villa o Adolfo Suárez. ¿Qué dijo la prensa del régimen sobre la matanza? Culpó sin titubeo a los manifestantes, los tildó de agitadores y los acusó de perturbar el orden público, forzar el choque policial y provocar un elevado número de víctimas. Por lo visto, los cinco muertos y los más de cien heridos tenían interés en echar gasolina a aquella hoguera.

Vamos a dejarnos de rodeos. Queremos un memorial que devuelva la dignidad a Pedro María Martínez, Francisco Aznar, Romualdo Barroso, José Castillo y Bienvenido Pereda. Queremos que se encienda el recuerdo de Juan Gabriel Rodrigo, que murió en oscuras circunstancias durante una protesta solidaria en Tarragona. Y queremos que se honre a Vicente Antón, asesinado por la Guardia Civil durante la huelga general del 8 de marzo en Basauri. Queremos, en definitiva, que dejen de jugar al escondite con la conciencia colectiva de nuestro país. Que se respeten las demandas populares. Y que las instalaciones de Zaramaga acojan un Memorial del 3 de marzo y no del 28 de diciembre.




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