sábado, 15 de octubre de 2016

Detrás del No Colombiano a la Paz

Con respecto al plebiscito del infame No a la paz en Colombia les compartimos este texto publicado ne Euskariaren Bloga:

¿Hacia dónde vas?, Colombia

Ignacio Landa | Miembro de RIOS
Con el resultado del plebiscito del 2 de octubre, varios millones aquí y decenas de millones tras estas fronteras nos quedamos pasmados, impotentes frente a la realidad que indicaban las Urnas y ahí seguimos echándole cabeza para explicar que pudo haber pasado para que el pueblo colombiano no avalara la pregunta: ¿Apoya el Acuerdo Final para terminación del conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera?. Con ello los Acuerdos firmados por el Gobierno Colombiano y las FARC el pasado 26 de septiembre en Cartagena quedaban en un limbo. Como me decía un amigo, Colombia ya tiene su propio brexit criollo.

Voto por el No y masiva abstención

Fue un empate reñido entre los ganadores del No y los votantes del Si, con una escasa participación del 18 % de los ciudadanos electores por cada opción, en total incluidos los nulos, algo más de 13 millones . Y con los votos del 63% restante (casi 22 millones de ciudadanos), ¿Que paso? ¿ Por que no participaron en este proceso tan importante para el futuro del país?.

Además del paso del huracán Matthew y su clara afectación en las votaciones de la costa atlántica, se evidenció que las maquinarias políticas de los partidos de la “coalición nacional”, tal vez por sus calculos políticos y confiados en la victoría del Si, como auguraban todas las encuestas, no pusieron toda la carne en el asador para lograr una victoria arrolladora del Si.

El manejo parcial y manipulado que los principales medios, con los grupos de poder, han hecho del proceso de paz, y han venido haciendo de la vida colombiana por décadas, tienen mucho que explicar de esta situación. Aunque los niveles de pobreza han ido bajando desde 2002, con complicidad también de un manejo estadístico amañado, un alto porcentaje de la población del país vive al día y sin posición ni formación su vida transcurre a espaldas de la otra realidad nacional. Desconfían y no les mueve una política carcomida por la corrupción y si es que votan en elecciones, lo hacen por alguna motivación o prebenda personal. En esa parte, la manera tradicional de hacer política consiguió que se deforme el sentido social del bien común y el voto más invoque el “que gano yo con esto”, en este caso con tanta controversia y confusión, son muchos los que optaron por no votar.

Es una gran parte de la sociedad del país, que no es que no les interese, mas bien no entienden, pues se les ha mantenido en la ignorancia, bajo un regimen “democrático” de doble cara, limosnero de un lado y de exclusión y terror por el otro; lo que ha imposibilitado el ejercicio pleno de los derechos humanos, económicos, sociales y politicos de millones de ciudadanos colombianos, de los de a pie. “Rezar, trabajar, obedecer y callar” son las consignas que se han ido forjando en sangre con unos medios de comunicación captados al servicio de la guerra. Ahora esa dinámica podría empezar a quebrarse, aunque no sin resistencia.

La eficiente campaña del No tuvo mucho de juego sucio y de mentira, lo que quedó desvelado tras las ingenuas declaraciones del director de la campaña del partido de Uribe, Juan Carlos Vélez, quien escandalosamente confirmó que ésta se basó, no en el contenido de los acuerdos sino más bien en indignar a la gente con información falsa, segmentada según estrato social y región. Por ejemplo las cuñas engañosas sobre el dinero a devengar por los guerrilleros desmovilizados les dio miles de votos de humildes trabajadores que luchan honrada e incansablementemente cada día por salir adelante.

Muchos de los miembros de las iglesias cristianas empujados por sus pastores desde los púlpitos y también de la católica, con su No mostraban su defensa a la familia en oposición a lo que han denominado “ideología de género” que más que en el acuerdo ha ido ganado su justo terreno vía sentencias de la corte constitucional. Pero tambien sumó, cierta animadversión a las políticas y a los incumplimientos de Santos que hizo que varios otros colectivos, como los taxistas ante la amenaza de uber, votaran directamente contra el presidente.

Los resultados también muestran las grandes distancias y la dicotomía campo-ciudad, no exenta de individualismo y escasa solidaridad. Las empobrecidas poblaciones rurales votaron mayoritariamente a favor de silenciar los fusiles, ellos han sufrido con mayor intensidad la confrontación y hastiados no aguantan más guerra. En cambio son las ciudades del país, donde muchos han visto la guerra por televisión, las que arrastraron más votos del No y sumaron más significativamente a la gran abstención.

La otra Razón Oculta del visceral No de Uribe

Muchas portadas se han llenado con el tema de la amnistía a delitos conexos, su impunidad y la participación política de los que no se han cansado de denominar narcoterroristas de las “far”. Pero hay razones de peso que están y han estado en la forubunda oposicion al Acuerdo de Paz del expresidente Uribe coaligado con otro triste expresidente, de apellido doblemente amargo para la historia de Colombia, Pastrana. Pese a gozar de inmunidad, le tienen temor a lo que pueda clarificar la pactada Jurisdiccion Especial para la Paz, en cuanto a su responsabilidad durante la inhumana confrontación.

Jurisdiccion Especial para la Paz

“Un Acuerdo en honor a las víctimas”, así se han llenado la boca los victimarios, Farc y Estado. Los ahora en suspenso Tribunales de Justicia Independiente que se acordaron por las partes en Cuba, prometían a las víctimas juzgar a los responsables de delitos de lesa humanidad en una apuesta por conocer la verdad y reconstruir el accionar de esa guerra atroz. Así los responsables operativos y políticos de ambas partes del conflicto podrían acceder a las privilegiadas penas pactadas a cambio de la verdad de los responsables y mecanismos de los miles de delitos violatorios de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario, como la desaparición forzada sistemática, el asesinato selectivo y “limpieza social”, los secuestros y las masacres, desplazamiento de mas de 6 millones de personas y comunidades completas desarraigadas…..

Esa es la pieza maestra que destrabó el acuerdo con el beneplácito de la CPI y de buena parte de las víctimas, primando conocer la verdad, dar reales garantías de no repetición y aportar en el camino de la reconciliación. Este aspecto si va a ser difícil de renegociar porque su ardua construción duró más de 1 año y da razones y ayuda para que muchas de las víctimas sean resarcidas tras la guerra, conociendo el por que de lo que les pasó.

Otros factores que entran a jugar

Ante la crisis política y la gran confusión generada, otro nuevo factor que puede ser decisivo ha entrado a jugar con inusitada fuerza en el país, la movilización ciudadana por la Paz. Cientos de miles de ciudadanos colombianos empujados por los jóvenes vía redes sociales (estudiantes de las universidades públicas y privadas) junto a las víctimas y las organizaciones sociales, no ha parado de manifestarse masivamente en la capital y todas las ciudades del país, exigiendo “implementación de los acuerdos ya – #AcuerdoYa”. Estamos ante esperanzadores acontecimientos (marchas, acampadas, asambleas, comités, plataformas ciudadanas…) de alto calado que ilustran también una rúptura intergeneracional y con la clase política que ha manejado el país, son nuevos tiempos y los más jóvenes hasta ayer invisibilizados claman sin temor a los cuatro vientos su derecho a vivir en Paz en una nueva Colombia. Este “Basta Ya” es uno de los efectos positivos palpables que ha traído nuestro brexit y cuyo contagioso efecto lo hace imparable, impredecible y clave para la salida airosa a la compleja situación.

El inesperado novel de Paz concedido a Santos es un nuevo gran espaldarazo de oxígeno de la comunidad internacional al proceso y al pulso de poder por la Paz, que hace volar al presidente para terminar cabalmente la negociación frente a las maniobras dilatorias de su atrora aliado Uribe (como ha afirmado el New York Times en su editorial de hoy “El hombre que bloquea la paz en Colombia”).

Además, el anuncio de la fase pública de las negociaciones de Paz del Gobierno con el Ejército de Liberación Nacional-ELN que iniciará el próximo 27 de octubre en Quito, es otro revulsivo que abre la esperanza de que el país pueda tener una Paz completa en un futuro próximo. Desde luego tendrán que recoger mucho de lo acordado durante 5 años de negociación en la Habana pero cuenta con un ingrediente adicional, que con los nuevos elementos de “#LaPazALaCalle” puede convocar el masivo interés de la ciudadanía. Se trata del caballito de batalla que ha buscado desde hace años el ELN para su paz negociada, la “Participación de la sociedad en la construción de Paz”, que junto al punto 5f de la agenda pactada “gestos y dinámicas humanitarias” serán simultáneamente los primeros puntos a tratar. Un acuerdo sobre un alto al fuego bilateral daría confianza y alas al proceso que de lo contrario se podría demorar varios años.

Como salir de la encrucijada

En el momento actual, el gobierno intenta ajustar posturas con los voceros del No partiendo de sus propuestas “viables” para después llevarlas a discusión con las FARC en la mesa de la Habana. Los mensajes conciliadores insistentes con la voluntad de Paz de las partes y el anunció de ayer de Santos de prorrogar el alto al fuego bilateral hasta el próximo 31 de diciembre abre un espacio de mayor tranquilidad social, aunque una decisión de fondo no puede demorarse mucho. La corte constitucional todavía se debe pronunciar sobre varias demandas que pretenden invalidar el resultado del plebiscito. Son varias alternativas las que se ventilan (como ilustra Ariel F. Avila en su columna de ayer), a estas alturas, una opcion seria que con algunos cambios no sustanciales al acuerdo, este volviera a ponerse a consideracion del pueblo en plebiscito en unos meses. Ahora sí, con mayor pedagogía sobre los contenidos y un pueblo decididamente movilizado por el Si.

En cualquier caso, se cierne un gran pulso en la sociedad colombiana ante los movimientos de grupos de poder contrarios a cambios en el estatus quo y la ciudadanía manifestada masivamente en las calles por la Paz. Colombia está en un momento crucial para su futuro y debemos estar atentos a lo que pueda venir, ojalá los fusiles dejen de rugir y entremos en la construción de un nuevo país favorable para la mayoría de la población y no solo para las multinacionales y unas clases dominantes que siguen obstentando el poder.

Por último, un reclamo urgente que no se puede dejar de manifestar. El estado colombiano debe combatir sin dilación al paramilitarismo que visiblemente se sigue extendiendo imparable por el país y continua atentando diariamente contra defensores de ddhh y líderes sociales y comunitarios defensores del medio ambiente y sus territorios. Según el Sistema de Información de Agresiones a Defensores de Derechos Humanos, entre julio y septiembre fueron asesinados 19 defensores, contabilizándose 54 homicidios de líderes desde comienzo de año (ayer mismo 2 lideresas fueron asesinadas en Cáceres {Antioquia} y la lista sigue..). Esta macabra realidad hay que denunciarla internacionalmente y presionar a Colombia para que active mecanismos eficaces que enfrenten decididamente estos grupos armados irregulares de una vez por todas. Mientras el paramilitarismo siga cabalgando a su antojo con impunidad no es posible la paz del país y mucho menos la reconciliación entre colombianos….






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