martes, 20 de septiembre de 2016

Los Vascos y su Continuo Espacio-Temporal

La información contenida en este reportaje publicado en Noticias de Gipuzkoa nos parece toral al momento de explicar a los positivistas la gran diferencia entre la nación orgánica y el estado artificial.

Los vascos como pueblo viven en un espacio geográfico que de hecho les ha moldeado y les ha dotado de características diferenciadas con respecto a sus vecinos, a quienes sus propios espacios geográficos les hna otorgado características distintivas. Pero hubo un tiempo en que esos vecinos contaron con el poderío económico y/o militar para imponer sus fronteras artificiales. Preceptos políticos forjados durante La Ilustración nos dieron la visión compartida que tenemos hoy día con respecto al estado-nación, entes políticos que empatan a mayor o menor grado con los espacios geográficos ocupados por pueblos milenarios. 

Esos mismos preceptos nos dieron himnos, escudos nacionales, banderas de nuvo cuño, monedas, pasaportes, etc. Se validaba con atificios estados artificiales. Y sin embargo, las naciones orgánicas que no sucumbieron han estado experimentando un renacimiento, para desmayo de los positivistas, de los apologistas del colonialismo, de los que cantan loas al imperialismo, de los que niegan la constante evolución y adaptación de las complejas sociedades humanas.

Aquí lo tienen:


José Luis Orella Unzué

El espacio geográfico es una realidad en transformación permanente. El espacio es un producto de la sociedad en que se ha desarrollado, pero a la vez se inserta en un sistema global. Es un resultado en el que no solo colaboran los actuales actores sino también todos los que, a través de los tiempos, tuvieron posibilidades de decisión sobre ese mismo espacio. Según Milton Santos la estructura espacial, aparente producto inerte de la historia, se convierte en un elemento dinámico. El espacio, no es únicamente un escenario, sino una variable decisiva de transformación de las sociedades pasadas y actuales.

Del lugar geográfico se extraen datos que conforman una identidad individual y colectiva. Estos datos pueden proceder tanto de las condiciones geofísicas como de aquellas incorporadas por aplicaciones tecnológicas, pero que presentan en común la carga de significado que le asignan las personas.

Asistimos a una revalorización de los lugares geográficos, como reacción a la homogeneización cultural global. Las empresas transnacionales clasifican y distinguen entre lugares “luminosos” y lugares “opacos” en razón de sus prácticas de localización de inversiones financieras y productivas. Desde la óptica geográfica cada uno de los lugares del mundo posee cualidades intrínsecas para ser luminoso.

De estas relaciones se ocupa la Geohistoria que es una nueva ciencia que inaugura un nuevo método del que participan secundariamente y por partes iguales las metodologías geográficas e históricas. El punto de partida de toda investigación geohistórica aunque se trate de una biografía no es el individuo aislado, el agricultor o el ciudadano, sino el grupo social del que forma parte el individuo, ya sea la tribu, el clan, la casta, la identidad social, cultural, lingüística o religiosa. Este grupo social tiene unas exigencias espacio-temporales para su realización que condicionan el desarrollo y la vida de cada uno de sus miembros. Es base de la Geohistoria caer en la cuenta de que la geografía está inserta en el tiempo natural de las cosas y también en el tiempo de los hombres. Es decir, que asume la geografía como sostén en los diferentes momentos históricos, que influye en las sociedades pero no determinándolas, porque las mismas sociedades con su tecnología pueden llegar a cambiar la misma geografía en la que se asientan.

Más aún la Geohistoria estudia puntualmente la relación entre una sociedad del pasado y la geografía en la que se desarrolló y su deriva en los grupos sociales de hoy día.

Por otra parte la moderna sociología afirma que la estructura de las sociedades modernas se está viendo crecientemente afectada por el fenómeno de la multiculturalidad, algo que plantea nuevos conflictos y cuestiones en la medida en que las minorías étnicas y nacionales piden que se reconozca y se apoye su identidad cultural. Y esto significa que hay que cambiar el punto de vista en el estudio de los derechos del ciudadano. Porque, ¿cómo se podrán reconocer en una sociedad multicultural los derechos diferenciados de la ciudadanía cuando determinados miembros se incorporan a la comunidad política no solo como individuos sino como miembros del grupo y sabiendo que sus propios derechos dependen en parte de su pertenencia al grupo?

Guiadas por una sociología liberal antigua, las Naciones Unidas eliminaron toda referencia a los derechos de las minorías étnicas y nacionales en su Declaración Universal de los Derechos Humanos. Fue un error aceptado por muchos sociólogos liberales por el que se sustituyeron los derechos específicos de los grupos minoritarios por unos derechos universales.

Sin embargo la actual sociología se pregunta si podemos seguir hablando de “ciudadanía” en una sociedad donde los derechos se otorgan en función de la pertenencia a un grupo. Así, minorías y mayorías de las sociedades multiculturales se enfrentan cada vez más respecto de temas como los derechos lingüísticos, la autonomía regional, la representación política, el currículum educativo, las reivindicaciones territoriales, la política de inmigración y naturalización, e incluso acerca de símbolos nacionales, como la elección del himno nacional y las festividades oficiales.

Encontrar respuestas moralmente defendibles y políticamente viables a dichas cuestiones constituye el principal desafío al que se enfrentan las democracias en la actualidad.

Más aún, la actual sociología se pregunta si un conjunto social, étnico, religioso o lingüístico tiene derecho a conformar nuevas fronteras. Porque cada “unidad nacional” haciendo pie en sus reivindicaciones territoriales puede establecer las fronteras que le convenga.

En la conformación de muchos estados (como en España) algunas minorías fueron físicamente eliminadas, ya fuese mediante expulsiones masivas o bien mediante el genocidio. Así tenemos constancia histórica española de la expulsión de los judíos y de los moriscos. Otras minorías fueron asimiladas de forma coercitiva, forzándolas a adoptar el lenguaje, la religión y las costumbres de la mayoría como sucedió con la idiosincrasia de algunos antiguos reinos hispanos como el de Asturias o el de León. En otros casos, las minorías fueron tratadas como extranjeros residentes, sometidas a segregación física y discriminación económica, así como a privación de derechos políticos como ha sucedido con los gitanos.

La pretendida igualdad que proporcionaba la ciudadanía universal no resolvió los problemas prácticos de las sociedades. Finalmente estos conflictos se resolvieron no mediante la concesión de derechos especiales a minorías religiosas concretas, sino mediante la separación de la Iglesia y el Estado y el refuerzo de la libertad religiosa de cada individuo que gozaba de una protección indirecta, ya que se le garantizaba la libertad individual de culto. Pero no se ha concedido lo mismo a los derechos de los ciudadanos unidos a otros no por razones religiosas sino étnicas, culturales o lingüísticas y conformando las naciones. Porque la mayoría de los sociólogos liberales continúa rechazando la diferenciación permanente de los derechos de las minorías. Rechazan que los derechos específicos de grupo sean necesarios para reconciliar diferencias culturales tradicionales y para remediar discriminaciones históricas. Se han negado a conceder a los grupos étnicos o nacionales una identidad política permanente o un estatus constitucional.

Para resolver estas cuestiones de una manera equitativa debemos complementar los principios tradicionales de los derechos ciudadanos con una teoría de los derechos de las minorías. Y esto es ineludible y urgente.

Pero llegando a la práctica política hispana de hoy día se presentan tres conclusiones: 1ª Hay que contrastar derechos de mayorías y minorías frente a sucesos históricos y realidades fácticas. Tanto las mayorías políticas del Estado español como las minorías deben llevar adelante un proceso de maduración. 2ª La conciencia social del Pueblo Vasco no es aún mayoritaria si se pretende afirmar que su territorialidad se articula en Vasconia o Euskal Herria. 3ª Y para un inmediato futuro nacen varias alternativas como la que acepta, valora y concluye que su singularidad minoritaria solo es viable con la secesión creando un nuevo Estado, la que acepta la integración indiferenciada con la mayoría y finalmente la que propugna la integración singular y pactada dentro de un Estado mayoritario.






°