domingo, 18 de septiembre de 2016

La Historia de la Foralidad

Son tiempos electorales en Euskal Herria, específicamente en la CAV y, como es costumbre, una y otra vez sale a relucir el asunto de "los fueros vascos", tanto a favor de la autodeterminación del pueblo vasco... como en contra.

¿Y qué son los fueros? ¿Con qué se comen?

Pues bien, aquí tienen un artículo al respecto cortesía de El Nacional:

El origen histórico de los fueros vascos

Los vascos del actual Euskadi se autogobiernan desde el año 1200

Marc Pons
El 25 de septiembre los vascos de Álava, Vizcaya y Guipúzcoa están llamados en las urnas. Para elegir a los diputados del Parlamento de la Comunidad Autónoma Vasca. Y de la Casa de Juntas de Gernika tiene que surgir un gobierno presidido por un lehendakari. Que tendrá que dirigir el edificio político con más amplías competencias del espectro autonómico español. La salida de la crisis económica a través de la internacionalización de la producción es el gran reto. Pero el blindaje definitivo del concierto económico –la pared maestra del autogobierno que es la evolución de los fueros- es el gran caballo de batalla. Todavía más cuando Catalunya –que aporta el 20% de los ingresos tributarios del Estado español- ha tomado un camino determinante. Un concierto económico que podría estar en peligro de laminación y que es la madre del cordero de la bonanza vasca. Y la garantía de su independencia fiscal.
Más allá de 1936

Será la undécima vez desde 1980 que los vascos van a las urnas para elegir a su Parlamento. Pero la historia del autogobierno vasco va mucho más allá de esta fecha, incluso de la de 1936, que es la que la Constitución española tomó como referencia en la construcción del Estado de las autonomías -el año 1978- para diferenciar aquellas comunidades que ya se habían autogobernado, con respecto al resto. Lo cierto, sin embargo, es que los vascos del actual Euskadi se autogobiernan desde el año 1200. Los fueros. Bajo el dominio de los reyes navarros, primero; o de los monarcas castellanos, después. Y más recientemente, también, bajo el dominio de los Borbones españoles. Los que –en 1714- conquistaron en sangre y fuego los países de la corona catalano-aragonesa, y los redujeron a la categoría de simples provincias de Castilla.

Hacia el año 1100 Navarra empezaba a tomar fuerza. Se había erigido como el Estado de los vascos y era la primera potencia peninsular, militar y económica. Álava, Vizcaya y Guipúzcoa formaban parte del reino navarro pero con sus particularidades. Las de una sociedad de raíz tribal y matriarcal, y de poblamiento rural. Denso pero sin ciudades. El país de los baserris (casas de campo) y de las anteiglesias (agrupaciones de baserris), núcleos de conservación de la tradición. A diferencia de lo que sucedía en la Navarra estricta, más asomada al valle del Ebro, de tradición romana y urbana. Pamplona-Iruña y las capitales de merindades –el equivalente de provincia-, se erigían como ciudades populosas que ejercían una gran influencia sobre su territorio. El modelo "oasis" clásico de las civilizaciones mediterráneas. El "urbi et agri" (ciudad y campo) de los romanos.

Fueros y puertos

El camino de Santiago, autopista medieval de personas y mercancías, y el precedente más remoto de Schengen, cambió la historia de Euskal Herria. Los reyes castellanos dirigieron la mirada –y los colmillos- hacia Euskadi. Los dos ramales principales del camino transitaban por territorio vasco. Y los establecimientos florecían como setas. Alimentaron –a propósito- las diferencias entre la corte de Pamplona y las élites vizcaínas. Y para ganárselas les prometieron una amplia autonomía de gobierno, política y fiscal. Matizada con sus particularidades, las propiamente vascas, y la exención de ciertas obligaciones que tenían con la monarquía navarra: Tributos y servicio militar, el origen de los fueros. Y de la guerra civil que –durante los siglos posteriores- desangró Euskadi en las guerras de bandos. Los partidarios de Navarra contra los de Castilla. Un conflicto político que degeneró en pillaje generalizado.

A partir del año 1200 Castilla ocupó militarmente Vizcaya y Guipúzcoa. Álava lo sería doscientos años más tarde. Y los fueros –el autogobierno- sólo se concedieron a las ciudades de nueva fundación, las que se creaban a pie de costa, impulsadas por las élites autóctonas, que las convirtieron en los puertos preferentes de Castilla. Una maniobra que ponía al descubierto el verdadero conflicto. El que enfrentaba las poderosas oligarquías agrarias de Burgos y de León, que se proyectaban -al norte y al mar- a través de Euskadi y de Asturias respectivamente. Entre 1200 y 1400 surgieron Bilbao, Bermeo, Lekeitio, Ondarroa, Getaria o Donosti, gobernados como pequeñas repúblicas mercantiles. Exportación de lanas castellanas hacia los telares de los Países Bajos. Y, de retorno, importación de ropa de lujo holandesa, manufacturada con lana castellana, hacia Toledo, Burgos o León. La extraña forma española de hacer negocios.
Vascos ricos, vascos pobres

Hacia el año 1500 las ciudades costeras habían ganado la partida al mundo rural. Al comercio se le sumaba la industria naval, astilleros de mercantes y pescadores. Y a la pesquera, capturas y salazón. Euskadi cambiaba de fisonomía. Tenía mucho impacto el trato fiscal favorable pero ello no significaba que los habitantes de Bilbao –por poner un ejemplo- no pagaran impuestos. Quería decir que pagaban menos. Y que pagaban a sus propias instituciones, que lo invertían sin tutelas. Estas gobernaban soberanamente en el municipio, y en virtud de un pacto individualizado –cada ciudad tenía su cuota pactada- liquidaban una parte de los tributos al señor feudal, lo que significaba al representante de la corona. El origen remoto del concierto económico. En el caso de Bilbao, a los López de Haro –de la oligarquía local- que de esta manera se aseguraban –guerras y saqueos aparte- la manutención del día a día.

Esta situación planteaba una dualidad escandalosa, porque los habitantes de los baserris –las explotaciones agrarias rurales- que no estaban amparados por los fueros estaban sometidos a una fiscalidad más onerosa. Y además estaban expuestos a las arbitrariedades de sus señores feudales, personajes de baja calaña que vivían de atemorizar y extorsionar a los campesinos. Con sus ejércitos particulares integrados por una selecta extracción de lo peor de cada casa, elementos que con el pretexto de las guerras de bandos practicaban una forma de bandolerismo y criminalidad que arruinaba el país. En aquellos años, Bilbao vivió una presión inmigratoria brutal, generada por la gente que huía del pillaje y la violencia. Y sus autoridades dictaron –en sucesivas ocasiones- reglamentos municipales que limitaban –incluso prohibían- el asentamiento y el empadronamiento de forasteros.

La mancha de aceite

Bergara, situada en la zona interior de Guipúzcoa- dio el primer paso. Era un caso singular. A pesar de no estar en la costa había sido fundada de nuevo y dotada de un fuero propio. No tenía ni comercio ni industria naval y su economía se movía en torno a la producción agraria. Por este motivo los campesinos de su entorno consiguieron incorporar sus tierras a la jurisdicción de la ciudad. A la república municipal, escapando de las zarpas del señor feudal. Y consiguieron también negociar su representación en el gobierno municipal. Al mismo tiempo, las ciudades forales de la costa crearon una confederación, la "Hermandad de las villas marineras y Vitoria" que pretendía reforzar el modelo de repúblicas municipales vascas y adquirir más fuerza ante la deriva autoritaria y centralista de la corona castellana. En el cambio de la medievalidad a la modernidad que quería imponer al Rey como la personificación del poder, la razón de Estado.

Hacia la centuria de 1700 los fueros ya se habían universalizado en la práctica totalidad del territorio de Euskadi. Bergara y la "Hermandad" actuaron como una mancha de aceite y los vascos se gobernaban como una república. O como tres: Álava, Vizcaya y Guipúzcoa. Al principio de la centuria de 1800, Humboldt –figura clave de la Ilustración- quedó impresionado con la celebración de las Juntas de Gernika, de las que dijo que eran "la forma más perfecta de democracia". Una democracia que, paradójicamente, fue laminada hasta a la mínima expresión por los gobiernos liberales españoles del siglo XIX, los que enterraron el Antiguo Régimen y la Inquisición. Después vendría el corto paréntesis de la República (1936). Y finalmente la plena recuperación actual. El compromiso de una nación por sus libertades políticas y por el bienestar de su sociedad. Que hace bueno el viejo proverbio vasco que dice "Non gogoa, han zangoa", que significa que hacia donde imaginan los pensamientos, andan los pasos.





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