sábado, 20 de septiembre de 2014

Unos, Otros... y Nosotros

Vientos de cambio, vientos de libertad, vientos de autodeterminación.

Aquí un texto publicado en Noticias de Gipuzkoa con respecto a lo que está aconteciendo en Catalunya, en Escocia... y su indispensable referencia, Euskal Herria:

Escocia, Catalunya... Euskal Herria

Es preciso reiterar que la suerte del soberanismo va unida al modelo de sociedad, no como un objetivo a alcanzar –que también–, sino como una pieza básica que acompaña al proceso.
Adolfo Muñoz Sanz ‘Txiki’
Es oportuno felicitar al pueblo catalán y a cuantas organizaciones han trabajado por el éxito de la Diada. Lo vivido marca un hito de expresión democrática en un pueblo que quiere convertir en imparable su destino soberano. Ojalá esa expresión popular se concrete, en el ámbito político, en una voluntad firme capaz de sortear los obstáculos que el Estado presente. Al mismo tiempo, es preciso subrayar dos elementos que se antojan esenciales en Catalunya. El primero, la movilización social: organizada, civil, pacífica, democrática, muy enraizada, no partidaria y transversal entre quienes defienden que Catalunya sea sujeto político y decida su futuro. Se quedan fuera quienes lo niegan. El segundo elemento, el acuerdo entre partidos favorables a la consulta que, sacando conclusiones del portazo del Estado a sus reivindicaciones, han concluido que solo tienen futuro confrontando democráticamente. Esos partidos y sus instituciones (incluidos entes públicos como TV3) han decidido hacer pedagogía política frente a la negación.

El despertar de los debates políticos y democráticos es plausible. Estaban tutelados o proscritos. Produce una gran satisfacción que el debate democrático no quede cautivo por unas elites que deciden entre ellas sus límites. Vivimos tiempos interesantes.

Pero es de subrayar, además, la idea de proceso. En Catalunya, el proceso es innegable. Cuando quienes conforman la Asamblea Nacional de Catalunya iniciaron el camino, no creían que en pocos años verían esta foto. Y lo han logrado. Las realidades se pueden cambiar. Liderazgo, visión estratégica, el valor del trabajo en común, capacidad de propuesta e ilusión… Son parte de sus virtudes. Decidieron que todo no termina, ni mucho menos, en la vida institucional y partidaria y que, para conquistar derechos, hay que empujar a la clase política. Hoy, esa movilización social sostiene el proceso; le da credibilidad, y pone muy difícil un acuerdo de elites que frustre las expectativas generadas.

El Estado español está en franca involución en todos los órdenes. En lo político, en lo social, en los jurídico… Su confianza para poner punto final al proceso soberanista, una vez más, se sitúa en el Código Penal y en un Tribunal Constitucional (TC) cuya composición la deciden el PP y el PSOE.

Visto desde Euskal Herria, existen elementos comunes y notorias diferencias con Catalunya. No hay diferencia en cuanto a la relación con el Estado. La agenda estatal para Euskal Herria es unilateral, por más que el Gobierno vasco quiera hacer creer otra cosa. Es y lo va a seguir siendo. Es unilateral y, sin embargo, los partidarios de la soberanía no somos capaces de acordar unos mínimos comunes para confrontar con el Estado. Un gran hándicap. Además, la estructuración de la movilización social en nuestro país tiene por delante mucho camino que recorrer. Si queremos que tenga futuro, no debe ser instrumental para nadie. Un dato más: en Catalunya, más de 700 ayuntamientos sobre un total de aproximadamente 900 se han declarado independentistas.

¿De verdad la agenda del Estado es unilateral en todos los órdenes? Lo es respecto de la normalización política (personas presas, sumarios políticos que no cesan, dirigentes políticos encarcelados con sentencias políticas vergonzosas…); también en materia de autogobierno, con un Estatuto irreconocible a fuerza de legislación básica y un Amejoramiento cada vez más irrelevante…

¿Y en el orden social y económico? ¿Es unilateral? No. El Estado acuerda con Europa la política económica y social (ajustes y reformas estructurales), pero su aplicación en Hego Euskal Herria se acuerda con los gobiernos de Gasteiz e Iruñea. Solo existe bilateralidad con el PP y el Estado para acordar las políticas económicas y sociales que sufrimos. En el resto, el Gobierno vasco carece de pulso político y limita su denuncia de la uniformidad centralizadora a presentar recursos al Tribunal Constitucional, veinte años después de asegurar que no volverían al mismo por tratarse de un órgano político. La misma agresividad con Madrid que la que muestra UPN.

Las fuerzas políticas catalanas -así nos lo han dicho- lamentan que, en el momento de mayor enfrentamiento político con el Estado desde 1978 en clave de reconocimiento nacional, el Gobierno vasco y el PNV renuncien a cambiar los registros políticos; no hay nuevas referencias políticas. Crear en el Parlamento Vasco una Comisión para el autogobierno supone repetir lo que se hizo con el Estatuto Político que, tras el sopapo de Madrid al lehendakari Ibarretxe, se guardó en un cajón. Renunciar a la pedagogía política sobre el No del Estado supone optar por dormir el conflicto político mientras el Estado sigue de cosecha. Y mirar con desconfianza a la movilización social supone priorizar los acuerdos de elite, acuerdos que en los últimos años se han saldado con renuncias políticas por parte vasca. Desde la Loapa, la calle no ha existido.

Hoy, en relación con Catalunya, las diferencias vencen a las similitudes. Aquí priman los espacios de competencia y así no hay proceso. ELA muestra su apoyo a plataformas como Gure Esku Dago y anima a su afiliación a participar. Los nuevos referentes políticos, tanto en el conflicto social como en el nacional, no llegarán sin movilización social.





°

No hay comentarios.:

Publicar un comentario