domingo, 21 de septiembre de 2014

Espíritu Olímpico Soberanista

En el blog Cuestionatelotodo han sonado la alarma, parece ser que hubo chanchullo en el conteo de las papeletas del referendum escocés y los partidos soberanistas están exigiendo un reconteo imparcial.

Mientras esa historia se desarrolla les presentamos la editorial de Gara con respecto a dicho referendo:



Tomemos el referéndum escocés con espíritu olímpico

En algunos casos por convicción, y en otros haciendo de la necesidad virtud, los que deseaban que Escocia fuese independiente han asumido la decisión soberana y democrática de los escoceses con un gran espíritu olímpico, ese que reza que «lo importante es participar». Que la ciudadanía escocesa haya tenido la opción de votar en referéndum es de por sí un hito en la historia de la democracia, tanto por cómo han gestionado las partes todo el proceso como por el nivel de participación. Y les toca a los independentistas reivindicarlo, porque los unionistas lo obvian.

No obstante, el olimpismo contempla más valores, de los cuales el central es la idea de superación, la aspiración de dar lo mejor de uno mismo. Y la voluntad de ganar también, claro está. Es evidente que ese espíritu olímpico ha guiado la campaña del Sí, hasta contagiar a una mayoría de la sociedad, incluidos muchos votantes y activistas del No, que han tenido que defender la devolución máxima de poderes como un mínimo, blindando la misma. Evidentemente, está por ver qué hará Londres, pero haga lo que haga tendrá un coste político.

El esfuerzo intelectual y emocional de los escoceses ha sido titánico. Recuerda al de esos atletas que tienen que ir mejorando tiempos y mentalizándose de que pueden ganar. Finalmente, el día de la competición, pese a ofrecer su mejor forma y superar todas sus marcas, los independentistas escoceses no han logrado vencer. Pero como decía ayer en «The Guardian» el escritor Irvine Welsh, «este glorioso fracaso -otro más- podría ser también, paradójicamente, su más dorado momento».

En este proceso, en ese entrenamiento colectivo que han supuesto estos dos años previos a la competición, el pueblo escocés ha ido mejorando. Su tradicional progresismo se ha profundizado, ha adquirido un sentido más plural y comunitario, ha puesto un contrapunto al delirio neoliberal de la City y a los recortes de Westminster, y ha hecho una propuesta mejor en términos sociales y humanos. Es cierto que quizás no va mucho más allá de una socialdemocracia nacional cívica que asume bolsas de marginalidad y desequilibrios muy grandes. Pero su apuesta por mantener los estudios universitarios gratuitos o los servicios sociales, por ejemplo, muestra consensos sociales radicalmente distintos a los del resto de la isla, donde la austeridad en lo público contrasta con la opulencia en lo privado. Visto desde fuera, las apuestas estratégicas de Escocia tienen más sentido para desarrollar una sociedad compacta y más igualitaria. En general, también han demostrado una cultura política muy avanzada y democrática.

Como todo acto colectivo de un pueblo, el referéndum ha tenido un gran componente épico, que los independentistas han explotado al máximo y que seguirán capitalizando en esta nueva fase. Sin duda, esa nueva épica democrática ofrece un marco al resto de pueblos que persiguen poder decidir su futuro. Pero en ningún caso será suficiente por sí sola, tampoco en el caso de los vascos. Junto a la reivindicación del derecho a decidir, del derecho a participar plenamente de la política, a ser soberanos y responsables de nuestro futuro, los vascos debemos aspirar también a construir una sociedad mejor, una nación mejor y una vida mejor para las personas que viven aquí. Existen condiciones, partiendo de la base de que comparada con las de nuestro entorno nuestra sociedad ha priorizado valores más progresistas. Sin embargo, eso no es suficiente porque nuestros registros en temas cruciales como educación o innovación son pobres y preocupantes. Para ello hacen falta cambios radicales basados en nuevos consensos, desde las cosas más cotidianas hasta las más profundas: en materias como educación, derechos humanos, industria, cultura, gasto social, empleo, innovación... Y hace falta la aspiración a hacerlo lo mejor que podamos, no simplemente conformarnos con algo mejor que los españoles. Guardemos ese espíritu para cuando nuestros modelos tengan que competir directamente, en las urnas, y mientras tanto entrenemos duro para lograr un modelo de sociedad que responda a las necesidades y deseos de nuestra ciudadanía. Lo contrario es querer vivir de rentas, sean reales o simbólicas, y no nos queda margen como pueblo.

Evidentemente, tener derecho a votar es uno de los elementos centrales para mejorar una sociedad. Más allá de las convicciones personales, es difícil o quizás imposible decir positivamente si una Escocia independiente o una con mayores poderes sería mejor. Lo que es evidente que la Escocia en la que se ha podido votar es infinitamente mejor que una en la que no se podría votar. Eso ningún demócrata lo puede negar.

Cada cual sabrá en contra y a favor de qué está

Tampoco ningún demócrata debería justificar la negación de derechos a las personas, por mucho que estén encarceladas. Pero en el tema de los presos vascos Madrid ha hecho trinchera. En Euskal Herria no falta quien asume esa posición como propia, aunque resulte socialmente insostenible. Ayer la red ciudadana por los derechos de los presos, Sare, se presentó en Bilbo buscando nuevas fórmulas y protagonismos en esta lucha.

Cuando algunos plantean que es solo a la izquierda abertzale a quien urge el tema de los presos, olvidan varias cosas: que trata de derechos humanos, que trata de personas, que trata de ciudadanos y que trata de paz. Si hay personas y políticos que quieren posicionarse contra todas esas cosas, o sencillamente mirar para otro lado, estarán proyectando una sociedad cruel y bastante inhumana. Que piensen bien si esa es la bandera bajo la que quieren competir en una liza democrática que, antes o después, también tendrá lugar entre nosotros.





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