domingo, 28 de agosto de 2016

En Memoria de Práxedis G. Guerrero

Les compartimos este parte publicado en la página de Facebook titulada Pensamientos Magonistas:


Hoy es el aniversario natal del anarquista Práxedis G. Guerrero, precursor de la Revolución Mexicana. Estas palabras las escribió su compañero Ricardo Flores Magón en su recuerdo, justo un año después de su muerte en combate contra el Ejército Mexicano de Porfirio Díaz (Fragmento):

"Práxedis fue, sencillamente, un hombre; pero hombre en la verdadera acepción de la palabra; no el hombre-masa atávico, egoísta, calculador, malvado, sino el hombre despojado de toda clase de prejuicios, el hombre de abierta inteligencia que se lanzó a la lucha sin amor a la gloria, sin amor al dinero, sin sentimentalismo. Fue a la revolución como un convencido. Yo no tengo entusiasmo, me decía; lo que tengo es convicción...

Práxedis fue heredero de una rica fortuna que despreció: no tengo corazón para explotar a mis semejantes, dijo, y se puso a trabajar codo con codo con sus propios peones, sufriendo sus fatigas, participando de sus dolores, compartiendo sus miserias. Era niño entonces; pero no se arredró ante el porvenir tan duro que se le esperaba como esclavo del salario. Trabajó varios años en México, ya de peón en las haciendas, o de caballerango en las casas ricas de las ciudades... Por fin vino a los Estados Unidos, ávido de aprender y de ver esta civilización de la que tanto se habla en los países extranjeros, y, como todo hombre inteligente, quedó decepcionado de la pretendida grandeza de este país del dólar, de la insignificancia intelectual y del patriotismo más estúpido.

Aquí, en este país de los libres, en este hogar de los bravos, sufrió todos los atentados, todos los salvajismos, todas las humillaciones a que está sujeto el trabajador mexicano por parte de los patrones y de los norteamericanos que, en general, se creen superiores a nosotros los mexicanos porque somos indios y meztizos de sangre española e india. En Louisiana, un patrono a quien le había trabajado algunas semanas, iba a matarlo por el delito de pedirle el pago de su trabajo.

Así fue como se templó ese grande corazón: en el infortunio. Nació en rica cuna y pudo haber muerto en rico lecho; pero no era de esos hombres que pueden llevarse tranquilamente a la boca un pedazo de pan, cuando su vecino está en ayunas.

Práxedis fue, pues, un proletario, y por sus ideales y sus hechos, un anarquista. Por dondequiera que anduvo, predicó el respeto y el apoyo mutuo como la base más fuerte en que debe descansar la estructura social del porvenir. Habló a los trabajadores del derecho que asiste a toda criatura humana a vivir, y vivir significa tener casa y alimentación aseguradas y gozar, además, de todas las ventajas que ofrece la civilización moderna, ya que esta civilización no es otra cosa que el conjunto de los esfuerzos de miles de generaciones de trabajadores, de sabios, de artistas, y, por lo tanto, nadie tiene derecho de apropiarse para sí solo esas ventajas, dejando a los demás en la miseria y en el desamparo.

Práxedis fue muy bien conocido por los trabajadores mexicanos que residían en los Estados del sur de esta nación, y la noticia de su muerte causó gran consternación en los humildes hogares de nuestros hermanos de infortunio y de miseria... las familias, congregadas en la noche, oían la amable y sabia plática de este hombre singular que nunca andaba solo; en su modesta mochila cargaba libros, folletos y periódicos revolucionarios, que leía a los humildes.

¿Y qué habrá ganado el hijo del pueblo, que por sostener el sistema capitalista tronchó la fecunda vida del mártir?

¡Ah, soldados que militan en las filas del Gobierno: cada vez que su rifle mata a un revolucionario, echan otro eslabón su cadena! Vuelvan a la razón, soldados de la Autoridad; son pobres, sus familias son pobres, ¿por qué matán a los que todo lo sacrifican por ver a toda criatura humana libre y contenta?...

Y usedes, trabajadores, piensen en la ejemplar vida de Práxedis G. Guerrero. Vean su rostro: es una blusa de peón la que tiene encima, y, la actitud en que está, es la misma en que se le veía cuando al frente tenía unas hojas de papel en que vaciar generosamente sus exquisitos pensamientos.

Práxedis G. Guerrero, el primer anarquista mexicano que regó con su sangre el virgen suelo de México, y el grito de ¡Tierra y Libertad! que lanzó en el obscuro pueblo del Estado de Chihuahua, es ahora el grito que se escucha de uno a otro confín de la hermosa tierra de los aztecas.

Hermano: tu sacrificio no fue estéril. Al caer al suelo las gotas de tu sangre, surgieron de ella mil héroes que seguirán tu obra hasta su fin: la libertad económica, política y social del pueblo mexicano."

-Del periódico Regeneración, 1911





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