viernes, 5 de agosto de 2016

Egaña | Asimetrías

Hablando de las guerras asimétricas que Antonio Gramsci no presenció, les compartimos este texto de nuestro amigo Iñaki Egaña que él mismo ha compartido en su cuenta de Facebook:

Asimetrías

Iñaki Egaña
El atentado de Niza en el día de la Fiesta Nacional francesa que provocó la muerte de 84 personas y heridas a más de 200, al margen de la perplejidad sobre el método por su novedad, el horror, uno más, por la constatación de que la población civil es objetivo militar, ha verificado nuevamente el fin de la simetría en el desarrollo de los conflictos bélicos. Hasta el punto que expertos en estas cuestiones recalcan por enésima vez que estamos ante episodios de una guerra de IV Generación. Para los modernos, "Guerra 4.0". El concepto de "guerra asimétrica" (URW en su acrónimo inglés), fue introducido ya hace unos años por los coroneles chinos Qia Liang y Wang Xiangsui. Planteaba la guerra en términos de difícil previsión. La reflexión fue publicada en 1999. Decían los autores: "la primera regla de la guerra moderna es que no hay reglas".

Nadie les prestó atención hasta que dos años después, los atentados yihadistas del 11 de septiembre de 2001 en EEUU avalaron sus tesis y desvelaron que la hipótesis se confirmaba. Quince años después la asimetría es evidente. Aún así, la tesis quedó en "stand by" porque la invasión de EEUU y sus aliados de Irak en 2003 que llevó a la caída del régimen de Sadam Husein, se hizo de manera clásica: ejército contra ejército, estado(s) contra estado. Y con la maquinaria armamentística de Washington, la mayor en la historia, engrasada al máximo, el resultado estaba cantado. Vietnam y Somalia ya eran un pasado muy lejano como para pensar que volvería a repetirse la derrota de EEUU en campo abierto.

Hoy, la mayoría de los Ejércitos del mundo, tienen la reflexión en el eje de su remodelación. Guerra tradicional (escudos antimisiles, por ejemplo), y guerra moderna (expertos en comunicación y psicología de masas). Según los coroneles chinos, los conflictos de cuarta generación se deberían afrontar desde una estrategia asimétrica. Definida como la capacidad de "actuar, organizar y pensar de forma diferente a los oponentes para elevar al máximo las ventajas propias, explotar las debilidades del enemigo, lograr la iniciativa o ganar la libertad de acción". La guerra asimétrica elude los términos militar y civil, y por ello, su comprensión ha sido lenta en los medios occidentales.

El trabajo, convertido en libro, fue traducido al inglés y al francés, no en cambio al castellano. El Ejército hispano, acuñó el término "guerra híbrida" para el mismo concepto. La tesis china añadía, como circunstancia principal, que ha desaparecido el campo de batalla. Aunque excesivamente largo para un artículo de opinión, permítanme rescatar, para no perderme en demasiadas explicaciones, cómo exponen sus autores el escenario. De esa manera, se acercará la comprensión de centenares de episodios que nos asaltan en la actualidad, desde la descalificación de deportistas en una competición internacional, hasta la especulación del precio del petróleo. Incluidos, por supuesto, los atentados yihadistas en Europa, África y Asia.

Al meollo: "Guerra Cultural, controlando o influenciando los puntos de vista culturales de la nación adversaria. Guerra de las Drogas, invadiendo a la nación adversaria con drogas ilegales. Guerra de la Ayuda Económica, empleando la dependencia a la ayuda financiera para controlar al adversario. Guerra Ambiental, destruyendo los recursos ambientales a la nación adversaria. Guerra Financiera, subvirtiendo o dominando el sistema bancario del adversario y su mercado de valores. Guerra de las Leyes Internacionales, subvirtiendo o dominando las políticas de las organizaciones internacionales o multinacionales. Guerra Mediática, manipulando los medios de prensa extranjeros. Guerra del Internet, mediante el dominio o destrucción de los sistemas informáticos transnacionales. Guerra Psicológica, dominando la percepción de las capacidades de la nación adversaria. Guerra de Recursos, controlando el acceso a los escasos recursos naturales o manipulando su valor en el mercado. Guerra de Contrabando, invadiendo el mercado del adversario con productos ilegales. Guerra Tecnológica, ganando ventaja en el control de tecnologías civiles y militares claves.Terrorismo". (La traducción es mía, es decir aproximada).

Una lectura en 2016 del párrafo anterior nos acerca al escenario actual. No aporta algo novedoso. Sin embargo, nos llama a la reflexión, al igual que supongo que lo habrá hecho en otros escenarios del planeta, donde se han dado los que entonces se llamaban "conflictos de baja intensidad". Los más cercanos y similares en Irlanda, Euskal Herria y Corsica. Han sido conflictos armados donde estuvieron presentes los códigos abiertos tras las guerras anticoloniales que se sucedieron al fin de la Segunda Guerra mundial. No fueron al uso, pero en cierta medida se desarrollaron dentro de un canon establecido, de unas ciertas reglas. Previsibles.

La continuidad de aquellas estrategias en el siglo XXI, dentro de la asimetría actual en la confrontación de los conflictos, era un suicidio político. Así lo han entendido, también, los penúltimos guerrilleros que se encuentran ultimando su proceso de paz, las FARC. Hoy, simplificando obviamente, de aquella oleada mundial únicamente quedaría el PKK, en Kurdistán, donde masa crítica, condiciones objetivas y subjetivas son particulares.

Hemos llegado al punto de que el futuro más cercano es imprevisible, en el seno de una “lógica” diferente. Han desaparecido los “daños colaterales” para ser sustituidos por la ampliación de objetivos, entre ellos la población civil. No es una vuelta atrás en conceptos, por ejemplo de tipo religioso, como desde algunos centros se nos hace creer. Los movimientos asimétricos son producto de la modernidad, incluso de la posmodernidad. Y en esas maniobras, la interrelación de todos esos apartados citados por los teóricos adquiere la centralidad.

Con estas reflexiones apuntadas intento, no sé si con éxito, comprender la complejidad de situaciones que se van sucediendo una tras otra, a una velocidad de vértigo. El autogolpe de Erdogan en Turquía, los movimientos estratégicos en Siria, la desestabilización de Brasil y Venezuela, la proliferación de “lobos solitarios”, la traslación a Europa de escenarios de guerra antiguamente lejanos… Todo ello sumado a las condiciones y conflictos inherentes al capitalismo (reformas laborales, migraciones, apropiación de los recursos naturales, racismo latente en EEUU y Europa…), al poder omnipresente de los lobbys armamentísticos, farmacéuticos, especuladores, inmobiliarios.

Y esa evidencia en los actos me lleva a una conclusión inquietante. Nos encontramos ante una transformación global, cada vez con más actores, donde valores, modos tradicionales de entender la política, códigos de conducta universal, modelos de resistencia incluidos, van perdiendo la trascendencia a la que nos habíamos acostumbrado.

En Euskal Herria, como si fuéramos actores secundarios, las señales no se perciben en exceso. Como si la transformación fuera un factor lejano. Inmersos en una transición estratégica, con el cierre unilateral de un ciclo que se había alargado al menos más de medio siglo, la coyuntura internacional se percibe convulsa. Nada favorable.

En efecto. No es propicia porque ante esa asimetría extendida a todos los aspectos de la vida política, económica, social y cultural, el proyecto emancipador se enfrenta a un enemigo reforzado por la segurocracia, la firmeza de sus aliados y la expansión de un sentimiento generalizado del miedo al cambio, donde las posturas más timoratas ganan terreno. No hay lugar a los viejos esquemas de paridades, bilateralidades. La asimetría también afecta a nuestro espacio político. Y así, dentro del paraguas de la asimetría, deberíamos profundizar en un concepto que parece nuevo pero en realidad está asociado al anterior: la unilateralidad.





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