domingo, 14 de agosto de 2016

El "Domuit Vascones" Podemita

El 25 de septiembre la CAV eligirá a una lehendakari equidistante, digna representante del niniísmo ideológico. Aún no sabemos si llegará a Lakua por la fuerza de sus propios votos o si lo hará tras negociar con los jeltzales, los peperos o los sociatas, tal vez incluso llegue tras sentarse a la mesa con la izquierda abertzale.

¿Qué es lo que esto representa en la práctica para los vascos del 3/7?

Aquí un adelanto de lo que se avecina en este artículo publicado en Gara:

Del grupo vasco de Podemos al «café para todos»

La demanda de un grupo vasco-navarro para Unidos Podemos se hizo a bombo y platillo pero ha pasado desapercibida una vez que la dirección de Pablo Iglesias se limitó a conceder un subgrupo, que no implica ningún cambio respecto a lo que hacen PP o PSOE.

Alberto Pradilla
«Pedimos una representación a la altura de esa confianza y, además, consideramos que eso nos daría un altavoz mucho más grande para poner encima de la mesa temas referentes a Euskadi de los que queremos que se hable en el Congreso». En julio, la secretaria general de Podemos-Ahal Dugu en la Comunidad Autónoma Vasca, Nagua Alba, anunciaba su intención de tratar de configurar un grupo parlamentario con los diputados procedentes de Araba, Bizkaia, Gipuzkoa y Nafarroa. Los buenos resultados del partido en la CAV –donde con 333.000 votos quedó primero por delante del PNV– y en Nafarroa –con cerca de 100.000 sufragios y solo por detrás de UPN– motivaron que los parlamentarios vascos planteasen una fórmula organizativa que les permitiese mayor visibilidad. Al final, el anuncio ha quedado tan desdibujado que lo que los nueve parlamentarios procedentes de Hego Euskal Herria tendrán es un «subgrupo» que solo compromete a que se ocupen de los asuntos relacionados con su territorio. Vamos, nada que no hagan otros partidos como PP o PSOE.

La «plurinacionalidad», un concepto importado de la Constitución boliviana impulsada por el presidente Evo Morales, ha sido la respuesta teórica de Podemos a las demandas soberanistas de las naciones sin Estado. Esta idea también debería tener reflejo en la organización interna de la formación de Pablo Iglesias dentro del Congreso. En un principio, la idea fue que En Comú, En Marea y A la Valenciana formasen grupo propio. Finalmente, la Mesa del Congreso vetó sus expectativas. De este modo, en lugar de regirse por las «regiones y nacionalidades» en las que la Constitución española divide al Estado, en la formación morada optaron por dividirse según las alianzas. Es decir, las comunidades con «confluencia» podrían formar parte del «mapa plurinacional» mientras aquellas en las que Unidos Podemos se presentó en solitario, no. Esto provoca que Catalunya, Galiza y el País Valencià sean los únicos legitimados a ser tratados de igual a igua y no como mera provincia. Tras la marcha de los cuatro diputados de Compromís al Grupo Mixto, el nombre final que secunda a Pablo Iglesias es Unidos Podemos-En Comú Podemo-En Marea.

Esta diferenciación generaba problemas con Hego Euskal Herria y con Andalucía, que bajo el lema «como la que más» también reivindicaba un papel especial. La respuesta ha sido un subgrupo, lo que, en la práctica, no significa nada, puesto que ni siquiera aparece reflejado dentro del organigrama de la formación en el Congreso. Algo que reconoció el propio Errejón, quien admitió que la posición de vascos y andaluces no sería la misma que la de catalanes o gallegos. Solo concedió que sus portavoces atenderían a los asuntos específicos de su territorio. Es decir, lo mismo que viene ocurriendo toda la vida, tanto en Podemos como en el resto de partidos. Por ejemplo, Alfonso Alonso (PP) o Ramón Jauregi (PSOE) han sido los encargados de abordar desde la tribuna los asuntos vascos. Al final, pues, la «plurinacionalidad» ha quedado limitada al más que tradicional «café para todos».

La lista de En Marea para el 25S sigue, pero «in extremis»

El culebrón sobre las listas de Podemos en Galiza llegó a su fin el viernes a última hora de la noche con un tuit de Pablo Iglesias. A las 12 se cerraba el plazo para presentar una coalición, que es la fórmula jurídica por la que apostaba Carmen Santos, la actual secretaria general en Galiza. Esto no gustaba a los miembros de Esquerda Unida y Anova, con los que también se comparte la iniciativa, ni tampoco a otros «críticos» de Podemos. La intervención del secretario general de la formación morada permitió evitar el colapso de la negociación pese a que esta ya se había dado por rota. Los problemas internos, sin embargo, continúan, a pesar de que su aspiración es quedar como segunda fuerza en las elecciones del 25S.



O sea, van a votar para cambiar algo y que así no cambie nada.





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