lunes, 8 de agosto de 2016

Ecos de Gernika en Alemania

Sin mayores preámbulos, les presentamos este reportaje de Ingo Niebel acerca de las repercusiones en la propia Alemania del bombardeo fascista a Gernika, mismo que ha sido publicado en Gara:

Gernika, una piedra en la bota de la memoria histórica alemana

La emblemática villa celebra el 650 aniversario de su fundación. La más grave cesura en su centenaria historia la vivió en 1937 cuando la Legión Cóndor alemana la arrasó. Alemania tardó seis décadas en reconocer su responsabilidad en este crimen.

Ingo Niebel

Una de las voces que se alzó después del bombardeo de Gernika fue la de Heinrich Mann, hermano del premio nobel de literatura Thomas. Como tantos otros intelectuales había tenido que exiliarse ante el nazismo que dominaba Alemania desde 1933. «La destrucción de Guernica y del País Vasco no es ningún acto de guerra, es un pérfido e infame crimen», sentenció, y añadió que «nos avergonzamos de los alemanes que lo cometieron». Los autores materiales del bombardeo contaban con el respaldo del gobierno del líder nazi Adolph Hitler que hizo suya la mentira oficial del régimen franquista culpando a «dinamiteros asturianos» y «rojo separatistas» de la destrucción del símbolo de las libertades vascas.

De una condena por la intervención ilegal en la Guerra Civil española se escaparon también el jefe de la Fuerza Aérea hitleriana y número dos de la dictadura, Hermann Göring, y el único comandante en jefe superviviente de la Legión Cóndor, Hugo Sperrle, en los juicios de Nuremberg porque los aliados decidieron sólo juzgar delitos contra la humanidad cometidos entre el 1 de septiembre de 1939, inicio de la invasión alemana de Polonia, y el 8 de mayo de 1945, día de la capitulación incondicional de las Fuerzas Armadas alemanas. Aunque el lehendakari Jose Antonio Agirre ofreció al Tribunal Militar Internacional testigos y pruebas del crimen cometido aquel 26 de abril de 1937 por los alemanes, no logró que los aliados cambiasen de opinión.

En 1949 nacieron dos estados alemanes en el seno de una nación dividida en tres grandes territorios. En el este, bajo la protección soviética surgió la socialista República Democrática Alemana (RDA) que se declaró el primer estado antifascista en suelo alemán surgido de las ruinas dejadas por el nazismo. Esta definición hizo que cortara al menos legalmente con el estado anterior. En cambio, en el oeste, la capitalista República Federal de Alemania (RFA) sí se consideró heredera del “Tercer Reich” asumiendo todos sus activas y pasivas, y otorgándose el derecho de ser el único estado alemán negando a la RDA como tal.

Acorde con su interpretación de la Historia y su ideología, la RDA consideró el bombardeo de Gernika como uno entre muchos crímenes del nazismo. Como tal, tampoco puso más interés en investigarlo. El canciller de la RFA, Konrad Adenauer, sin embargo, buscó poner un punto final al capítulo nazi, ya que las generaciones que habían participado activamente en el nazismo lo querían así. El aparato judicial, que había salido indemne de la denazificación, veló por ello. Integrantes del sistema represivo de las SS y de la Gestapo, hicieron la vista gorda sirviendo en las nuevas estructuras policiales y de inteligencia cuando buscados criminales de guerra, como el médico de Auschwitz, Josef Mengele, visitaron a sus familias en Alemania. Además Bonn retomó las excelentes relaciones con la Madrid franquista y con ello la mentira sobre Gernika.

Primeras investigaciones

Todo cambia cuando a principios de los años 70 el franquismo culpa exclusivamente a los alemanes de la destrucción de la villa. Por eso el Gobierno del socialdemócrata Helmut Schmidt (SPD) encarga un estudio oficial. El historiador y comandante de la Fuerza Aérea, Klaus A. Maier, demuestra a base de documentos alemanes la autoría de la Legión Cóndor pero achaca a fallos de puntería y al viento que las bombas no dieran al puente de Renteria sino al centro de la ciudad. Su explicación se convirtió en la versión oficial de los demócratas mientras que la ultraderecha seguía empleando la mentira fascista.

En 1980 el primer consistorio democráticamente establecido en Gernika encarga al padre Jesús Arana sondear en la RFA la posibilidad de lograr algún gesto de reconocimiento oficial por el bombardeo. Fracasa principalmente por dos razones. Primero, la RFA y ante todo su diplomacia se niegan a reconocer la responsabilidad política en la destrucción; segundo desde su inicio la misión de Arana parte de una base doblemente asimétrica porque por un lado un ayuntamiento quiere tratar con un Ejecutivo extranjero, que, por otro lado, sigue siendo aliado de su homólogo español que a la vez sigue en su grave conflicto político contra Euskal Herria. De nuevo un Estado alemán opta por apoyar al español en esta materia.

Sin embargo, Gernika se convierte realmente en una piedra en la bota de la memoria histórica de Alemania, cuando en 1987 los políticos pacifistas del partido Los Verdes, Petra Kelly y Gert Bastian, criticaron duramente la ausencia del embajador de la RFA, Guido Brunner, en los actos del 50 aniversario del bombardeo. Ambos lograron llevar el debate sobre un gesto de reconciliación al Bundestag. Si fuera por ellos, el Estado germanooccidental hubiera reconocido su culpa por la destrucción y financiado un Centro de Investigación por la Paz. Por un momento entre 1987 y 1988 parecía que la pareja pudiera lograr una declaración institucional del Parlamento Federal, apoyada por todas las fuerzas políticas ahí representadas.

No obstante, su proyecto no gustó al gobierno demócratacristiano-liberal de Helmut Kohl (CDU) que proponía un Centro de Formación Profesional y el hermanamiento con Pforzheim como alternativa. Con esa ciudad, 10 veces mayor que Gernika, y destruida en 1945, Bonn quería evitar que Wunstorf, con su base militar de la OTAN y su vínculo directo con la Legión Cóndor, se hermanara con Gernika, tal y como lo proponían el historiador local Hubert Brieden y otros cercanos a los Verdes, pero opuestos a Kelly y Bastian. Además con Pforzheim se podía paliar la culpa alemana ya que la causa política entre un bombardeo y otro era bien distinta. Al final Brunner supo aprovechar las contradicciones que hubo en el laberinto político vasco al respecto, diciendo que en la Comunidad Autónoma Vasca se prefería el Centro de F.P. y el hermanamiento con Pforzheim, ambos favorecidos por el PNV y aún así muy criticados por la CDU del municipio alemán.

En 1989 Pforzheim y Gernika se hermanaron, pero ya pocos años después la relación entró en crisis cuando Bonn se echó atrás con el Centro de F.P. Como mucho daría 3 millones de marcos (1,5 millones de euros) para un polideportivo. El cambio de idea se dio en medio de fuertes debates en Alemania, originados por las FFAA y el Ministerio de Exterior, que por un lado ignoraban la intervención alemana o saboteaban la reconciliación de Kelly y Bastian, pero por otro sí hacían uso propagandístico del cuadro “Guernica” de Picasso.

Acercamiento

En ese momento de paralización, en 1997, un grupo en torno a la sindicalista Constanze Lindemann lanzó la “Iniciativa 60 años Gernika - Contra el olvido”. Consiguió reunir en Berlín a supervivientes y representantes de todas las sensibilidades políticas que en Gernika no se comunicaban para llevar sus voces a la capital de la Alemania reunificada. «Exigimos del Parlamento y del Gobierno que en nombre del pueblo alemán reconozcan su culpa y se disculpen ante la población de Gernika por tal crimen», constó en el manifiesto firmado por el premio nobel de literatura Günter Grass y otros intelectuales. Paralelamente, y coordinado con el Ejecutivo de Kohl, el presidente de la República, Roman Herzog, redactó una carta a los supervivientes del 37. Su embajador la leyó en Gernika. «Yo quiero asumir ese pasado y reconocer expresamente la culpa de los aviones involucrados», dice Herzog y termina expresando que «les ofrezco a Uds., que todavía llevan en las entrañas las heridas del pasado, mi mano en ruego de reconciliación». En Alemania recibía críticas por sus expresiones, mientras que en Gernika se valoraba el gesto más que las palabras ante la absoluta pasividad del Estado español en esta materia. Más tarde el PNV denunciaría que el gobierno de José María Aznar obstruyera que el socialdemócrata Wolfgang Thierse, en calidad de presidente del Bundestag, pudiera visitar Gernika.

Un final feliz lo realizó en 2007 el antifascista, interbrigadista y superviviente de Auschwitz, Kurt Julius Goldstein, cuando desde el Batzar Etxea expresó como invitado de honor su deseo de que «el pueblo vasco alcance, por fin, todos los derechos que tenía en tiempos de la II República».

Por fin, un alemán reconoció la existencia del pueblo vasco y que en 1937 no sólo se destruyó una villa emblemática sino también un proyecto político vasco.

De las labores de la Alemania no oficial, buscando un gesto por la destrucción de Gernika, surgió la asociación cultural germanovasca del mismo nombre, que hoy en día es también el Euskal Etxea de Berlín. Con el reciente congreso sobre el lehendakari José Antonio Agirre y muchas otras actividades más ha demostrado que por un lado conserva el recuerdo pero por otro también sabe mirar hacia el futuro divulgando otros rasgos que caracterizan a Euskal Herria.



Gernika es una piedra en la bota alemana... y un peñasco en la bota española.




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