domingo, 21 de mayo de 2006

De Lenin a Zapatero

Daniel C. Bilbao nos deleita con un excelente ensayo aparecido hoy en inSurGente:

Una lección de democracia

Carta de Lenin a Rodríguez Zapatero

Daniel C. Bilbao

¿Por qué defender el progreso social con el pasado –con el perimido jacobinismo de las burguesías que perdieron ya su contenido revolucionario–, si podemos defenderlo con el futuro, con el derecho de los pueblos a decidir en libertad, y con la democracia de las clases que llevan en sí el germen de la sociedad futura?

Estoy casi seguro de que en el otoño de 1913, cuando Lenin escribió sus «Notas críticas a la cuestión nacional», estaba pensando en el actual Gobierno español. No puede ser tanta la casualidad. Se refiere a las inconsecuencias y los desvíos ideológicos de muchos liberales rusos que quieren imponer un centralismo que va a contrapelo de la democracia obrera. La comparación entre la filosofía de aquella «dictadura del proletariado» y el actual paraíso democrático español puede llegar a asombranos.

Al hacer la crítica de algunos artículos periodísticos de la época, dice Lenin -refiriéndose a uno de ellos- que «la hostilidad al idioma ruso en nuestro país 'se debe exclusivamente' a su implantación 'artificial' (debería haber dicho -el artículo-, por la fuerza)». Una situación similar a la que enfrentan las lenguas oprimidas dentro del estado español, ante el castellano como idioma de imposición.

El revolucionario ruso pone de ejemplo a Suiza: «La pequeña Suiza no sale perdiendo, sino que gana, por el hecho de que en ella, en vez de un idioma único para todo el país, existan nada menos que tres idiomas: el alemán, el francés y el italiano». Ninguno de estos idiomas resulta hostil a los demás «porque es un idioma que ninguna repugnante medida policíaca impone», escribe Lenin. Esta postura democrática de una "dictadura", provoca el anatema de los "demócratas" españoles de todos los tiempos. «El libro negro del euskera», de José María Torrealdai es un compendio de las barbaridades de los centralistas opresores de izquierda y de derecha.

Sostiene Lenin que los pueblos saben ponerse de acuerdo para comunicarse, y que ese acuerdo será tanto más rápido «cuanto más consecuente sea la democracia». Y es contundente a la hora de describir a los "liberales", que hoy, sin pruritos, se autodenominan "demócratas": «Los liberales abordan la cuestión de los idiomas, lo mismo que todas las cuestiones políticas, como mercachifles hipócritas, tendiendo una mano (abiertamente) a la democracia y la otra (por la espalda) a los feudales y los policías».

Democracia obrera

Lenin también describe el programa nacional de la democracia obrera. Atención, señor Rodríguez Zapatero. «Ningún privilegio para cualquier nación o idioma; solución absolutamente libre y democrática del problema de la autodeterminación política de las naciones, es decir, de su separación como estado; promulgación de una ley general para todo el país, declarando ilegal y sin efecto toda medida que establezca cualquier privilegio para una de las naciones y menoscabe la igualdad de derechos de las naciones o los derechos de una minoría nacional; cualquier ciudadano tiene derecho a exigir la revocación de tal medida por anticonstitucional y que se castigue como delincuentes a cuantos traten de llevarla a la práctica».

Cuestiona la "cultura nacional" en tanto es cultura dominante, expresión del proyecto liberal-burgués y acierta también al señalar que la «autonomía cultural-nacional» acerca a los obreros de una nación a "su" burguesía, al poner en manos de la cultura dominante la programación de la educación y la cultura local.

La autodeterminación como necesidad

Los derechos de la lengua y la cultura de una nación oprimida están en consonancia directa con el derecho de autodeterminación. Las opiniones de Lenin -contempladas en su tiempo histórico-, se refieren a la formación de los estados nacionales y al papel que le competía a la burguesía. «es necesario que la burguesía conquiste el mercado interior, es necesario que territorios con población de un solo idioma adquieran cohesión estatal, eliminándose cuantos obstáculos se opongan al desarrollo de ese idioma y a su consolidación en la literatura. El idioma es el medio principal de comunicación entre los hombres; la unidad de idioma y el libre desarrollo del mismo es una de las condiciones más importantes de una circulación mecantil realmente libre y amplia, correspondiente al capitalismo moderno, de una agrupación libre y amplia de la población en cada una de las diversas clases; es, por último, la condición de un estrecho nexo del mercado con todo propietario, grande o pequeño, con todo vendedor y comprador».

De esta observación y de los hechos históricos, es posible suponer que el movimiento aranista, la encendida defensa del euskera y la cultura vasca, tienen que ver con la necesidad de la burguesía de afirmarse en un proceso constructivo de su propio poder dentro de un estado. Hoy vemos como una realidad a la burguesía vizcaína, un poder dentro de un estado autonómico. Pero, de acuerdo con la visión leninista, le falta aún la conformación del estado independiente. En su opúsculo, Lenin define: «por autodeterminación de las naciones se entiende su separación estatal de las colectividades de otra nación, se entiende la formación de un Estado nacional independiente». Esta ha sido la debilidad e inconsecuencia de esta burguesía vasca.

De la polémica del líder ruso con Rosa Luxemburgo -expuesta en el artículo que comentamos- se pone de actualidad la equivocada afirmación de la inolvidable y combativa Rosa: «¿Puede acaso hablarse en serio de la "autodeterminación" de los montenegrinos, búlgaros, rumanos, servios, griegos, y, en parte, incluso, de los suizos, pueblos todos que gozan de independencia formal, producto ésta de la lucha política y del juego diplomático del "concierto europeo"?». Y Rosa arriesga aún más: declarando "utopía" la independencia de Polonia exclama con ironía: «¿por qué no exigir la independencia de Irlanda?».

Sobre Irlanda: "He tratado por todos los medios de promover en los obreros ingleses una manifestación de simpatía por la lucha de los fenianos... Antes creía imposible la separación de Irlanda de Inglaterra. Ahora la creo inevitable, aunque después de la separación se pueda llegar a una federación". Así escribió Marx a Engels en una carta del 2 de noviembre de 1867.

El paso del tiempo, y precisamente en este domingo de referendum en Montenegro, vuelve a ratificar la certeza de Lenin. No cabe duda de qué lado hubiera estado Rodríguez Zapatero en esta polémica.

Unidad de los trabajadores

En definitiva, esa «dictadura» del proletariado que encabezó Lenin, defendía el derecho de los pueblos oprimidos, a mantener su lengua y a formar su propio estado, cosa que niega la "democracia" española. Convoca a las clases trabajadoras del estado opresor y de la nación oprimida, a tener un programa común de lucha contra el nacionalismo burgués de ambas naciones, advirtiendo que «el espíritu reaccionario» de esas burguesías «engendrará (e intensificará) a las vez, tendencias "separatistas" en unas u otras naciones oprimidas». Y recomienda «luchar contra todo nacionalismo y, en primer término, contra el nacionalismo ruso; reconocer no sólo la completa igualdad de derechos de todas las naciones en general, sino también la igualdad de derechos respecto a la edificación estatal, es decir, el derecho de las naciones a la autodeterminación, a la separación».

Esta es la visión marxista-leninista del problema de la autodeterminación de los pueblos, de hace menos de un siglo. Pero, claro, se le hace incomprensible a Rodríguez Zapatero, representación de un partido que escenificó la apostasía en un pomposo congreso en el que renunciaron a la ideología. La cabeza de los "socialistas", vacía de ideas, fue llenada inmediatamente por la corrupta socialdemocracia europea, por los estertores del franquismo y por el decadente capitalismo de la globalización.

¿Por qué defender el progreso social con el pasado –con el perimido jacobinismo de las burguesías que perdieron ya su contenido revolucionario–, si podemos defenderlo con el futuro, con el derecho de los pueblos a decidir en libertad y con la democracia de las clases que llevan en sí el germen de la sociedad futura?

El derecho de autodeterminación de los pueblos es hoy, revolucionario, esencial a la democracia, y ninguna nación que oprima a otra y no reconozca este derecho, puede ser considerada "democrática".

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