lunes, 3 de abril de 2017

Héroes de un Régimen Fascista

Cuando Esteban Beltrán, el caudillo de Amnistía Internacional España, funge más como vocero de COVITE y AVT que como el defensor de los derechos humanos que supuestamente es, diciendo que ETA no se puede desarmar así por así y que primero debe entregar las armas con las que se cometieron asesinatos aún sin aclarar, convenientemente olvida que el régimen para el que él trabaja de hecho descarademente premia a quienes han llevado a cabo operativos de terrorismo de estado en contra del pueblo vasco.

Tal como hacia Inglaterra al dar el nombramiento de sir a los bucaneros que asolaban a los barcos de otros estados europeos elevándoles así al rango de héroes, el régimen borbónico franquista también sabe premiar a los que han delinquido en su favor.

Ese es el caso de los torturadores que hoy ocupan cargos de mayor jerarquía dentro de los cuerpos represivos del estado español, tema del que hemos estado hablando desde que se dio a conocer que los cuatro agentes acusados de torturar a Sandra Barrenetxea serían juzgados y el dantesco espectáculo en el que eso se convirtió al permitirse que decenas de compinches de los acusados hostigaran a la represaliada vasca durante la farsa denominada juicio.

Pues bien, hoy les traemos este reporte publicado en Gara:


Los casos de agentes españoles condenados por torturas son escasos. De ellos, muchos fueron indultados. Y la práctica totalidad siguió vistiendo el uniforme sin haber siquiera cumplido la pena. Aquí se muestran algunos casos, de una lista todavía incompleta.

Alberto Pradilla

Los casos de José Pérez Navarrete, José María De las Cuevas Carretero y Manuel Ángel Sánchez Corbi no son una excepción. Hay más policías y guardias civiles que, después de ser condenados por torturar a ciudadanos vascos, se beneficiaron de un indulto y siguieron su carrera hasta llegar a tener importantes responsabilidades. Si la lista no es más larga no es por la falta de voluntad del Estado para premiar a quien ha realizado el trabajo sucio en su nombre, sino porque el primer filtro está en la ausencia de investigaciones fiables y, por lo tanto, de condenas. Juan Antonio Gil Rubiales, José Domínguez Tuda, José García Maldonado, José Luis Fraila Ayuso, Antonio Santamaría Linuesa, Paulino Navarro González-Lafont o Abel Alberto Nuñez Álvarez son algunos de los agentes condenados por brutales torturas que gozaron de absoluta impunidad.

Juan Antonio Gil Rubiales fue uno de los dos policías sentenciados por el tormento que acabó con la vida de Joseba Arregi en 1981. No hay constancia de que cumpliese los tres meses de arresto y los dos años de suspensión a los que le castigó el Tribunal Supremo, aunque sí puede seguirse su rastro en la Policía española, donde pasó por diversos cargos hasta su muerte en 2008. En aquel momento, a sus 58 años, era comisario jefe en Santa Cruz de Tenerife. Previamente había pasado por Bilbo, Madrid, Iruñea (donde fue sorprendido cuando golpeaba a manifestantes que protestaban por la muerte de Mikel Zabalza) y Las Palmas de Gran Canaria. Allí llegó en 1993, con lo que estuvo dos décadas involucrado en la actividad contra el independentismo, ya que comenzó su carrera policial en 1973.

José Domínguez Tuda falleció en Gasteiz en 2012. En aquel momento era comandante de la Guardia Civil. No solo fue indultado una vez, sino que gozó del perdón gubernamental en dos ocasiones. En primer lugar, cuando fue condenado por las torturas a Jokin Olano. En segundo, por su participación en el tormento de los hermanos Olarra. En 1995, el diario «El País», citando fuentes del Ministerio de Justicia e Interior (en aquellos tiempos en manos de Juan Alberto Belloch), aseguraban que no se volverían a producir indultos de estas características. Quizás contaban con evitar las condenas, algo que no ocurrió del todo, por lo que los perdones gubernamentales se sucedieron.

A José García Maldonado el Tribunal Supremo le condenó en 2004 a un mes de prisión por las torturas a siete vecinos de Zornotza en 1980, es decir, 24 años después. En 2014, diez años después de una pena que no cumplió, seguía ejerciendo como capitán de la Guardia Civil de Almería, donde fue condecorado con la cruz al mérito policial.

El policía español José Fraila Ayuso recibió en 1997 una pena de dos meses de arresto y diez de inhabilitación por el tormento padecido en 1981 por Miguel Ruiz Maldonado, ciudadano vasco acusado de colaborar con los GRAPO. Apenas cuatro años después, el ministro de Justicia, Ángel Acebes, condonaba la práctica totalidad de la pena a condición de que no cometiese otro delito durante la duración de la pena. En 2003 ya ejercía como comisario en Alcobendas (Madrid) y en 2005 era premiado con la medalla al mérito policial. Siguió como funcionario hasta que dio el salto a la empresa privada, como responsable de seguridad de Metrovesa.

Otro guardia civil condenado por torturas es José Antonio Santamaría Linuesa, penado por el maltrato padecido por Maria Dolores Barrenetxea y Miren Jasone Sánchez. En total, según el TS, un mes de arresto y seis años de inhabilitación. Lo único que se conoce sobre su trayectoria es que en 2011 ejercía como instructor en un curso para guardas de campo en Zamora. Su especialidad: «detenciones, cacheos y croquis», según recogió la prensa local.

Paulino Navarro González-Lafont fue otro de los once policías españoles indultados por Acebes en 2011. Había torturado a Kepa Otero y José Ramón Kintana en 1984. En 2015, cuando ejercía como inspector en Huelva, fue condecorado. En ese grupo de indultados también estaba Abel Alberto Nuñez Álvarez, quien siguió vistiendo el uniforme hasta convertirse en número dos de la comisaría de Avilés, en Asturias, en 2017.

La lista está incompleta. La impunidad dificulta saber hasta dónde han ascendido los torturadores indultados. Una labor abierta sin la que no puede realizarse una fotografía completa de la violencia en Euskal Herria.






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