miércoles, 26 de abril de 2017

Aquel Fatídico Día

Con motivo del 80 aniversario del bombardeo de Gernika, crimen de guerra aún impune, también desde Argentina y gracias a la vitalidad de la diáspora vasca, nos comparten este texto, escrito hace ya unos años:


Sergio Recarte
Si existe en el País Vasco un lugar que simboliza la libertad de un pueblo, es precisamente Gernika, la villa vizcaína donde en su dilatada historia cuenta con una marca de horror y sufrimiento. Ese punto de encuentro con la tragedia tiene fecha concreta: 26 de abril de 1937.

En ese fatídico día, la ciudad fue bombardeada por los aviones de la Legión Cóndor alemana, que como tropa auxiliar de los militares sublevados contra la República española contribuyó al triunfo del fascismo encarnado en el caudillo Francisco Franco.

Gernika, en esa jornada, fue completamente destruida y cientos de inocentes personas murieron en una lluvia de bombas, metralla y fuego. El bombardeo de Gernika fue el primer ataque aéreo indiscriminado contra una ciudad indefensa y su población civil, y como tal, un anuncio de futuras tragedias que culminaron en la destrucción de Pforzheim, Dresden, Hiroshima o algo más cercano a nuestros días, en las aldeas vietnamitas arrasadas por el napalm, en las ciudades de Irak bombardeadas de forma indiscriminadas o en los poblados indígenas de las selvas centroamericanas. Incluso, nosotros, argentinos, tenemos por desgracia nuestro propio Gernika cuando aviones navales bombardearon la Plaza de Mayo en el año 1955 y masacraron a cientos de ciudadanos con la intención de derribar un gobierno.

Podemos decir que desde entonces Gernika se convirtió en símbolo de los horrores de la guerra de nuestra era. Una acción que mejor representa la barbarie fascista y, por otro lado, la tragedia del pueblo vasco. Un hijo de Gernika, el periodista Manuel Leguineche dijo con certeza: “el bombardeo de Gernika fue el ensayo general para la gran tragedia que se cernía sobre el mundo. Sirvió de laboratorio donde experimentar la masacre planificada”.

Gernika, lugar donde la soberanía de la nación vasca se encarna en el legendario Roble, como bien lo supo expresar el bardo Iparraguirre en sus versos del Gernikako Arbola, el himno de la reivindicación popular de las libertades vascas. Allí, en Gernika, un 26 de abril de 1937 la humanidad toda se sonrojó de vergüenza y un genial pintor, Pablo Picasso supo frente al espanto plasmar en el lienzo la bestialidad de los hombres.

Valga recordar en esta ocasión, las emotivas palabras pronunciadas un 27 de abril de 1997 por Luis Iriondo en representación de los sobrevivientes del bombardeo, para tener cabal dimensión de aquella tragedia, palabras dichas frente a una delegación de autoridades alemanas que habían acudido a Gernika a pedir perdón por lo que había realizado aquella Alemania nazi, y que nos refleja la desolación y desesperación de esas inocentes personas.

Nos veían como hormigas que huíamos desesperadamente y nos lanzaron una lluvia de fuego, metralla y muerte. Y destruyeron nuestro pueblo. Y aquella noche ya no pudimos volver a cenar en nuestra casa ni dormir en nuestra cama. Ya no teníamos hogar. No teníamos casa…

Hoy, a 73 años de lo ocurrido en el corazón de la Nación Vasca, sirva tener presente que con el transcurrir de los años, Gernika supo resurgir de las cenizas y el espanto y en donde han brotado innumerables proyectos encaminados a defender la cultura de la reconciliación y del diálogo como resolución de los conflictos. Ejemplo para el mundo y demostración plena que el pueblo vasco potencia la cultura de la paz a los cuatros puntos cardinales.

Lamentablemente, ese convencimiento no ha tenido y tiene en el presente, la reciprocidad en quienes desde el poder de sus gobiernos, tanto de Francia como de España, niegan y boicotean sistemáticamente cualquier posible solución al conflicto político vasco, valga decir, el más extenso en el tiempo en toda la historia contemporánea de Europa, vigente aún con sus secuelas de dolor y angustia. No obstante, y pese a todas las enormes dificultades que la historia supo plantarle en la existencia de este pueblo, es el deseo mayoritario de los vascos a no resignarse, a no bajar los brazos y a seguir luchando en democracia, por la paz, por sus derechos y su libertad.






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