domingo, 23 de abril de 2017

Los Retoños del Roble

En la Ciudad de México existen dos retoños "oficiales" del Roble de Gernika. El más antiguo está situado en el Colegio de San Ignacio de Loyola, mejor conocido como Colegio de las Vizcaínas. El más reciente fue plantado en un camellón en la Colonia Polanco, a cierta distancia de la Eusko Etxea de la capital.

El 80 Aniversario del bombardeo a Gernika se acerca y los vascos de la diáspora valoran el vínculo que significan estos retoños con la tierra de la cual migraron ellos, sus padres, sus abuelos...

De eso nos habla esta nota publicada en Deia:


Para las decenas de Euskal Etxeas del mundo, los retoños representan mucho más de lo que se puede imaginar

A. Atxutegi

Carlos Urrutia sobrevivió al bombardeo de Gernika. Por eso, cuando emigró a Estados Unidos, se llevó consigo una bellota del Árbol y lo plantó en el jardín de su casa en San Francisco. Y no dudó en donarlo al Centro Cultural Vasco de San Francisco cuanto éste se inauguró en 1982. “Fue él mismo el que lo plantó. Es un honor contar con un retoño porque simboliza la persistencia del pueblo vasco, la dedicación a nuestra cultura y es una imagen visual de nuestro País Vasco”, reconoce Pierre Etcharren, miembro del Centro Cultural. Está rodeado por siete losas, una por cada territorio que conforma Euskal Herria y junto a el está aparcada una de las carretas en las que vivían aquellos primeros emigrantes vascos en el oeste americano. “Para muchos, fue su primera casa al llegar a Estados Unidos. Estos tres símbolos -el árbol, los nombres de los territorios y la carreta- cuentan la historia de los emigrantes vascos en Estados Unidos”, explica. “Supone un lazo de unión con nuestras raíces, nuestra casa”, añade Philipe Acheritogaray.

Para las decenas de Euskal Etxeas del mundo, los retoños representan mucho más de lo que podemos imaginar. “Nos llena de orgullo y emoción. Reafirma nuestro sentir vasco y nos compromete con su legado de símbolo de la paz universal, al que podremos admirar y acompañar en su crecimiento”, destaca Alejo Martín, presidente del centro vascoargentino Gure Txokoa, en Córdoba. Un roble que ya tenían en la plazoleta Gernika se les secó y, tras contactar con la Casa de Juntas, les enviaron otro retoño. “El lugar donde será plantado no está aún reacondicionado. Además, el árbol llegó en parada vegetativa y hubo que esperar a que salieran sus primeras hojas y se vaya haciendo más fuerte”, relata Martín. Pero no duda de que, cuando llegue, esa jornada será muy especial. “La comunidad vasca siempre mantuvo un hondo sentir por nuestro Roble”.

Tampoco han podido plantar todavía en la Euskal Brasildar Etxea de Sao Paulo el retoño que su socia Dunia Goitia recibió de manos de la presidenta de las Juntas Generales durante el Congreso Mundial de las Colectividades Vascas de 2015. “Solicitamos el retoño porque toda Casa Vasca debería tenerlo; es uno de los emblemas más queridos por todos los vascos”, aseguran desde Brasil. Mientras continúa su proceso de aclimatación en la Serra de Cantareira, confían en plantarlo en el Palacio de Atxieta - “vasco fundador de la ciudad de Sao Paulo, que aloja el Parlamento de la ciudad”- a finales de este verano. “Será un motivo de gran orgullo y satisfacción”.

Pero los retoño no solo echan raíces en las Euskal Etxeak; también municipios marcados por la violencia han querido plantar en su suelo este símbolo de la paz. Es el caso de La Garriga (Barcelona) que sufrió, como Gernika, bombardeos sobre la población civil. Lo plantaron en 2009, en el 70º aniversario de los ataques, frente a uno de los refugios antiaéreos convertido hoy en museo. “Para nosotros es un privilegio tener un retoño por el simbolismo que, por sí solo, tiene. Es referencia dentro de los espacios de memoria del pueblo”, se enorgullece Enric Costa, del área de Patrimonio del Ayuntamiento.





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