domingo, 16 de abril de 2017

Más Revisionismo Español y el Guernica

Erre con erre.

A ochenta años del bombardeo a Gernika desde Madrid han destapado una campaña revisionista que debiera de preocupar a quienes dan su apoyo incondicional al régimen.

Les traemos pues otro bonito artículo que nos muestra esta la más reciente obsesión españolista, negar que el bombardeo a Gernika - y eso cuando se acepta que sucedió, recuerden que la historia oficial sigue siendo que la quemaron los rojos - haya servido de inspiración para Pablo Picasso al momento de pintar su obra maestra, el Guernica.

Ya lo dijo José María Juarranz, ahora corresponde a  Gonzálo Ugidos, parapetado por la inmunidad que le provee el arrimarse a la sombra que  produce el relato oficial franquista en su etapa borbónica. En donde Juarranz se quedó corto Ugidos se lanza con todo: baste poner el ojo en todo el asunto de Paracuellos y como fueron los rojos los que derribaron al corresponsal francés que según Ugidos, realente inspiró a Picasso para pintar el Guernica.

Aquí lo tienen, cortesía de El Mundo:


Las verdaderas crónicas que inspiraron a Picasso salieron de la pluma de un periodista francés, Louis Delaprée, testigo de la guerra en Madrid

Gonzálo Ugidos

Cuando el 1 de mayo de 1937, cinco días después de la destrucción de la ciudad vasca, Picasso empezó a pintar el Guernica, el acontecimiento apenas había tenido eco en la prensa francesa y no había hecho todavía su camino simbólico. No había relato, por eso lo que inspiró al pintor no fue la ruina de Guernica el 26 de abril de 1937, sino las crónicas de un corresponsal francés sobre los bombardeos de Madrid de noviembre y diciembre de 1936, que acapararon las portadas de la prensa mundial. En la Guerra Civil se citaron los mejores escritores y periodistas.

Louis Delaprée fue uno de ellos, uno de los pocos comprometidos sólo con la verdad y no con uno de los bandos. Cuando en julio del 36 llegó a España como enviado especial del periódico conservadorParis-Soir era el reportero más brillante de la prensa popular francesa, pero sus experiencias en el frente lo transformaron y se convirtió en un mártir del periodismo honesto. Aunque había venido a cubrir la zona rebelde, al poco tiempo de llegar a Burgos lo expulsaron por visitar el frente sin permiso.

Los primeros reportajes que envió tenían el estilo blando que tanto gustaba a sus jefes; pero pronto quedó conmocionado ante lo que vio y mandó una crónica sobre las salvajadas de los nacionales en una cárcel de Burgos. Paris-Soir no quería estropear su línea amable y no la publicó, les parecía filocomunista. El reportaje del día siguiente se publicó relegado a la página siete con frases cortadas: su estilo se había vuelto directo, emocional y apocalíptico, y no era eso lo que querían en Paris-Soir, sino estampas costumbristas con mucha antropología y poca sangre.

En las últimas semanas de su vida, Delaprée mandó reportajes furiosos que denunciaban el horror de los bombardeos aéreos de Madrid, pero su periódico volvió a censurarlos porque se apartaban de las simpatías del diario por el bando nacional. Como a sus jefes les importaba más el culebrón de la familia real inglesa, Delaprée se quejó amargamente de que "la matanza de 100 niños españoles es menos interesante que un suspiro de Mrs Simpson, la puta del rey".

Fueron las últimas palabras que el 4 de diciembre de 1936, desde el edificio de Telefónica, cablegrafió a su periódico. Decía que estaba asqueado y que se despedía. La víspera de volver a Francia, su colega neozelandés Geoffrey Cox lo vio de noche en el bar Miami de Madrid "vestido con gabardina y explicando a un madrileño desconfiado que no era fascista y que, de hecho, los fascistas lo habían expulsado de Burgos". Más triste que un sauce, esa noche Delaprée le había dicho a Arturo Barea, jefe de prensa de la Junta de Defensa de Madrid, que en París pensaba protestar por las actividades del consulado francés a favor de los franquistas.

En La forja de un rebelde Barea recordó su despedida: "Me dijo que odiaba la política, que era un hombre liberal y humanista. Así se marchó". La Cruz Roja Internacional había enviado a Madrid al médico suizo Georges Henny para redactar un informe sobre las condiciones humanitarias y planeaba volver con un dosier de datos y fotografías. Sus contactos en la embajada francesa permitieron a Delaprée ocupar un sitio en el avión de la Cruz Roja, un bombardero Potez 54 convertido en avión civil que operaba semanalmente como correo entre Madrid y Toulouse.

Volaba con el número 228 del catálogo castrense y la matrícula F-A000, y despegó de Barajas a las seis de la tarde del 8 de diciembre con el doctor Henny, dos niñas, Louis Delaprée y su colega de la agencia Havas André Chateu. Diez minutos después el aparato fue abatido. Aunque el piloto logró un aterrizaje de emergencia en un campo de Pastrana, al tocar tierra dio varias vueltas. Todavía es un misterio de qué bando eran los cazas que lo derribaron. El Potez era perfectamente reconocible, llevaba la bandera francesa en el timón de cola y en el fuselaje se podía leer Ambassade de France. El diario L'Humanité atribuyó el ataque a la aviación nazi, pero el corresponsal del Daily Express, Sefton Delmer contaría más tarde que Delaprée le había dicho en su lecho de muerte que "dos cazas rojos" los habían atacado por error.

Delmer estaba convencido de que el servicio secreto soviético había ordenado el ataque para evitar que el doctor Henny llevase a Ginebra informes comprometedores y fotos de Paracuellos en vísperas de que el Comisario General del Ejército, Álvarez del Vayo, denunciara ante la Sociedad de Naciones a Alemania e Italia por la muerte de miles de mujeres y niños españoles con bombardeos indiscriminados. A Delaprée la bala que le penetró por la ingle le hizo perder mucha sangre y murió a los tres días en el hospital de San Luis de los Franceses, en la calle Claudio Coello.

El suceso y el misterio de su muerte conmocionaron a Francia, se escribieron necrológicas recordando su heroica labor y la prensa de izquierdas lo presentó como "una víctima de Franco". Eso creía también Picasso, cuya primera referencia a la contienda está en Naturaleza muerta con una lámpara, donde hay un brazo cortado -que reaparecerá en el Guernica- y un cartel en la pared con fecha de 29 de diciembre. Ese día, círculos vinculados a L' Humanité, el único periódico que leía Picasso, empezaron a distribuir el cartel que anunciaba la inminente publicación de las crónicas completas de Delaprée, en manos de la censura republicana.

Los originales fueron publicados el 8 de enero de 1937 en cinco idiomas en un folleto titulado El martirio de Madrid y se remitieron ejemplares a figuras internacionales como Virginia Woolf, André Malraux o el propio Picasso, que, aunque no había duda de a quién apoyaba, era reacio a hacer arte político y tardó en prestar su genio a los republicanos. El principio de ese compromiso puede fecharse con exactitud: 8 de enero de 1937, cuando el artista leyó las crónicas de Delaprée y empezó a pintar Sueño y mentira de Franco, 18 pequeñas imágenes carnavalescas que grabó en dos planchas. Era una denuncia rabiosa contra el dictador y su primera obra con contenido político. Era también un anticipo del Guernica.

Las crónicas del francés se las bebió el malagueño en vaso largo y es inevitable reconocer su eco en el Guernica. "Toda la ciudad [Madrid] está llena de escenas y cuadros que parecen inventados por un genio macabro, un demiurgo necrófilo", escribe el corresponsal. Picasso se sintió interpelado y decidió ser el "genio macabro" y traducir al óleo las imágenes de Delaprée. Detrás del Guernica están Goya, Calderón o el pintor renacentista Vitale de Bolonia, pero fueron las crónicas sobre la batalla de Madrid de un periodista insobornable las que estuvieron en el corazón de la respuesta de Picasso a la barbarie. Las imágenes de Delaprée entraron en el paisaje creativo del pintor, que si reaccionó con furia a la destrucción de Guernica fue porque sentía que, tras bombardear a civiles en Madrid, Franco lo había vuelto a hacer.

El humo

El 18 de noviembre, en su crónica Trágico espectáculo, escribe Delaprée: «Pequeñas humaredas suben de los montones de escombros... Tras el bombardeo, el humo se alza desde cada tejado». En su reportaje del 25 de noviembre titulado Madrid bajo las bombas, el periodista describe una bomba incendiaria que «cae sobre el tejado de la embajada de Francia en la calle Villalar y los edificios colindantes arden como antorchas». Picasso dibuja la cola del toro como una columna de humo.

Las bocas abiertas

Todas las figuras -incluidos el caballo y el toro- están dibujadas con la boca abierta como en un aullido de locura. Había escrito Delaprée: «Refugiados en el círculo protector de la pequeña lámpara, escuchamos los ruidos que desgarran las tinieblas de la ciudad... murmullos, aullidos, estruendos... los sollozos de las mujeres a nuestro lado que esconden la cabeza en un pañuelo... A la mañana siguiente, encontrarán a cinco o seis que han enloquecido y tendrán que llevarlos a la fuerza».

El genio macabro

"Toda la ciudad está llena de escenas y cuadros que parecen inventados por mero capricho por un genio macabro, un demiurgo necrófilo", escribió Louis Delaprée. Aquellas crónicas de noviembre y diciembre de 1936 contribuyeron a que Pablo Picasso se sintiera interpelado, especialmente por las expresiones "genio macabro, demiurgo necrófilo", y decidió llevar a un gran cuadro todas aquellas imágenes del francés cuyos originales, censurados por su periódico, serían publicados en enero de 1937, al poco tiempo de su muerte trágica, en un folleto titulado El martirio de Madrid, impreso en cinco idiomas.

La madre y las bombillas

Una de las imágenes más intrigantes del Guernica es la bombilla que proyecta un triángulo de luz sobre una mujer y un bebé muerto. Parece la ilustración de estas palabras del corresponsal: "Un destello de la lámpara nos muestra la pequeña cabeza infantil sobre el corazón materno y todo vuelve a sumirse en la noche". En una atmósfera nocturna, en el Guernica hay también un quinqué que parece el trasunto de otra de las crónicas: "El haz luminoso de una linterna ilumina el cadáver".

El silenciamiento de la prensa

En su edición de las crónicas de Delaprée (Morir en Madrid) el hispanista británico Martin Minchom asegura que el brazo amputado de Naturaleza muerta con una lámpara es la metáfora del silenciamiento

El hombre abatido

En primer plano de la explosiva composición de Picasso hay un hombre abatido que tiene la cabeza desprendida del cuerpo. En Madrid bajo las bombas, el corresponsal había escrito: "En el portal de la misma casa hay un miliciano decapitado... Si he dibujado esta escena con algo de detalle es porque fue la primera vez que me puso en contacto ya no con el bombardeo abstracto en la ciudad torturada, sino con la realidad de esta carnicería".






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