lunes, 26 de diciembre de 2016

Cronopiando | Y Otra Más

Israel es un estado que además de artificial es diminuto, vean los mapas. Sí, el sionismo inglés se aseguró de proveerle dos salidas al mar, casi como un bypass del Canal de Suez, por si se ocupaba en el futuro, por lo que el territorio tiene algo de estratégico, pero nada más.

Israel es un estado miserable, carente de recursos naturales, rico en sal y piedra. Sus líderes son tan obtusos que las únicas tierras fértiles, en manos de los palestinos que las hicieron fértiles a fuerza de trabajarlas ininterrupidamente durante los últimos dos mil años, están siendo destruidas.

Israel no representa absolutamente nada en el concierto internacional, nada, que no lo decimos nosotros, simplemente lean ustedes las noticias -no olviden que la mayor parte de los periódicos están en manos de sionistas, judíos y gentiles - y constatarán su total ausencia en el concierto internacional, con la excepción, paradójicamente, de su eventual presencia en los titulares por el más reciente crimen de lesa humanidad en contra de los palestinos.

Israel es un miserable pedazo de tierra esteril que se ha hecho viable gracias al dinero donado por Estados Unidos y a las cuantiosas cantidades que por medio de la extorsión ha obtenido de Suiza, Alemania y Austria.

Israel es un estado espurio, una miserable cabeza de playa en el Levante, puesto ahí para una eventual Cruzada eurocéntrica en la región, como esas que se llevan a cabo en estos momentos en Siria y Yemen.

Y sin embargo, Israel, en toda su insignificancia, se ha atrevido a retirar a sus representaciones diplomáticas de todos los países que han votado en contra de su política genocida de ilegal expansionismo territorial. Les podemos decir desde ya que nadie que viva en Inglaterra, China, Rusia, Francia, Egipto, Japón, Uruguay, Estado Español, Ucrania o Nueva Zelanda siquiera notará la más mínima diferencia.

Dicho lo anterior, les presentamos el Cronipiando de Koldo Campos dedicado al asunto:

Y otra más

Koldo Campos Sagaseta

Israel es, entre todas las naciones del mundo, la que más resoluciones de condena acumula en la Organización de Naciones Unidas.

Decenas de veces, la Asamblea General de esa institución, ahora también su Consejo de Seguridad, han condenado al régimen israelí por toda clase de desmanes, incluyendo el terrorismo en sus más diversas formas, sin que pase absolutamente nada. En todo caso, otra resolución de condena más.

Ese Estado sionista ha sido condenado por levantar muros, por atacar y abordar barcos con ayuda humanitaria en aguas internacionales, por promover asentamientos ilegales, por crímenes contra la población árabe, por atentar contra vehículos de la Cruz Roja y bombardear dependencias de la propia ONU, sin que nada ocurriera, excepto otra resolución de condena más.

Ese régimen ha vulnerado toda suerte de acuerdos, ha quebrantado toda clase de leyes, ha violado todos y cada uno de los derechos humanos sin otra respuesta de la comunidad internacional que no fuera otra resolución de condena más.

Desoír, por ejemplo, una resolución de Naciones Unidas, solo una, sirvió de excusa para que Iraq fuera reducida a escombros. Uno no pide tanto pero ¿no sería posible que de una vez por todas la ONU expulse de su seno a ese régimen sionista?





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