jueves, 16 de marzo de 2017

Responsabilizarse de Sus Propias Decisiones

La solidaridad por parte de la izquierda abertzale en favor de los tres represaliados políticos que dejó como secuela la acción de ATA en Iruñea ya está en marcha.

ATA por su parte se ha dedicado a victimizarse y lanzar acusasiones en contra de la izquierda aberzale "oficial", mostrando que no cuenta con una estrategia clara para lidiar adecuadamente con las consecuencias de su tan cacareada estrategia de confrontación.

Les presentamos este texto publicado en Gara:


Miguel Angel Llamas «Pitu» | Periodista de Ahotsa.info

Estaba escribiendo este artículo cuando me he enterado de la noticia de que 3 de los jóvenes arrestados durante los incidentes del sábado durante la manifestación de Errepresioari Autodefentsa han sido enviados a prisión y se les acusa de terrorismo. Y creo que lo que voy a decir cobra mayor sentido aún.

Para empezar, mi solidaridad con estas personas y con sus familias. Sabemos perfectamente lo que se les viene encima y todo ello supone una injusticia inmensa. En este país donde corruptos, torturadores y asesinos a gran escala quedan impunes, las leyes de excepción se aplican al disidente político, y las cárceles, se llenan de pobres. Espero que se articule una ola de solidaridad igual y en los mismo parámetros que la que han recibido los jóvenes de Altsasu y sus familias. Esa es la única posibilidad de sacarlos de prisión.

Y dicho lo anterior, creo que es necesario hacer una reflexión profunda. El sábado, lo que vi, me recordó bastante a la situación que tantos vivimos en los años 90 en las calles de Iruñea. Lo que se vino a denominar kale borroka era un formato de lucha popular que llegó a condicionar la vida política vasca. Hasta tal punto llegó su intensidad que se tuvieron que hacer reformas judiciales y traer muchísimos más efectivos policiales para acabar con quienes la practicaban.

Quienes el pasado sábado participaron en los incidentes, en su gran mayoría jóvenes, no conocieron esos años. Pero seguramente que todos ellos tienen en sus retinas imágenes de aquel tiempo, donde los enfrentamientos totalmente desiguales de civiles contra policías fuertemente armados era lo más parecido al enfrentamiento entre David y Goliath. Una visión romántica, idealizada de la kale borroka, en la que no se cuenta lo que había después de esas jornadas de lucha llenas de adrenalina y emoción: detenciones, miedo, torturas, encarcelamientos, dispersión, condenas altísimas, multas… en definitiva, sufrimiento. Sufrimiento amortiguado, en cierta medida, porque la kale borroka se enmarcaba dentro de una estrategia política de un movimiento como la Izquierda Abertzale, fuertemente estructurado, que contextualizaba políticamente este y otros métodos de lucha, los apoyaba más o menos explícitamente y ofrecía solidaridad en sus distintas formas (jurídica, económica, humana…).

La kale borroka fue una experiencia para quienes vivimos aquellos años. Con sus cosas buenas y sus muchas cosas muy poco positivas. La represión provocó que el movimiento juvenil sufriera un fuerte bloqueo de sus dinámicas de lucha, las detenciones masivas hicieron que gran parte de la juventud quedara fuera de juego (encarcelados, atemorizados), toda una generación militante «se perdió», y hubo incluso una ruptura en la transmisión generacional. Al menos eso era algo que yo escuchaba muchas veces de boca de quienes comenzaron su militancia política en el movimiento juvenil durante la década del 2000.

Hoy hay quienes abogan por poner en marcha algo similar, y yo me pregunto si serán honestos para poner todas las cartas sobre la mesa. Porque hay que contar todo sobre lo que supone este método de lucha, no solo nos podemos quedar en lo romántico, en la nostalgia de tiempos pasados. La situación ha cambiado, no porque el Estado haya aceptado respetar nuestros derechos, sino porque la izquierda abertzale y amplios sectores de Euskal Herria han decidido cambiar los parámetros de confrontación. Y eso no se puede obviar. Quienes inicien este camino tendrán que responsabilizarse de sus propias decisiones, y hacerse cargo de lo que ello supone a todos los niveles. Cada movimiento se debe responsabilizar de sus estrategias y consecuencias.

Creo que la labor de la izquierda abertzale, y en esto se va con mucho retraso, es ofrecer y dinamizar nuevos espacios de confrontación en clave democrática para lograr que los estados español y el francés respeten nuestros derechos civiles y políticos y como nación que somos. Y en eso se deben implicar todas sus organizaciones sin fisuras.






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