domingo, 26 de marzo de 2017

El Jacobinismo Condecora al Franquismo

Con los casos de Sandra Barrenetxea y Nekane Txapartegi muy presentes sobre la mesa en recientes oportunidades les hemos informado acerca de la inmunidad con la que cuentan los torturadores al servicio del régimen español.

Les hemos dado a conocer como la buena fortuna que le ha sonreído a José María de las Cuevas Carretero y también la aparente falla en burbuja que protege al forense Juan Miguel Monge Pérez.

Pues bien, les traemos un tercer caso y les prometemos que al terminar de leer este reportaje publicado en Gara usted podrá entender las razones por las cuáles los movimientos Alde Hemendik, Fan Hemendik y Ospa Eguna son tan vigorosos:


París entregó en 2015 la Legión de Honor al guardia civil Manuel Ángel Sánchez Corbi, uno de los principales mandos contra ETA. También es uno de los torturadores de Kepa Urra.

Alberto Pradilla

El Estado francés entregó en 2015 la Legión de Honor, su más alta condecoración, a uno de los torturadores de Kepa Urra, indultado en 1999. El guardia civil Manuel Ángel Sánchez Corbi, junto a José María De las Cuevas Carretero y a Antonio García Lozano, fue sentenciado por la Audiencia de Bizkaia en 1997 a 4 años de cárcel y 6 de inhabilitación por maltratar al ciudadano vasco durante su detención en Basauri el 29 de enero de 1992. Un año después, el Tribunal Supremo español redujo la condena de cárcel a 12 meses, pero mantuvo la sanción que le apartaba del cuerpo. Nunca se hizo efectiva ya que, en 1999, la ministra de Justicia durante el primer mandato de José María Aznar, Margarita Mariscal de Gante, indultó a los tres agentes. Al igual que ocurrió con De las Cuevas Carretero, cuyo caso relató GARA el pasado lunes, Sánchez Corbi siguió escalando en el estamento militar. En su caso, ha llegado hasta lo más alto: actualmente es coronel jefe de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil. Es decir, que el Estado español ha convertido a un torturador en uno de los principales mandos del Instituto Armado. Una carrera sustentada en sus éxitos en la denominada «lucha antiterrorista».

Los reconocimientos a Sánchez Corbi no han llegado solo de Madrid. El 16 de setiembre de 2015 fue condecorado con la Legión de Honor francesa junto a otro guardia civil, Pablo Martín Alonso, Jefe del Mando de Operaciones del Instituto Armado. Se trata del mayor galardón que otorga el Estado francés (instaurado en 1804 por Napoleón Bonaparte), y que el agente recibió como premio a su actividad contra ETA. El premio lo entregó Patrick Calvar, Director General de la Seguridad Interior en el Estado francés, en una ceremonia que tuvo lugar en la Residencia del Estado francés en Madrid, tal y como da cuenta la web de la embajada gala.

Únicamente tres guardias civiles han recibido esta condecoración. Que Sánchez Corbi sea uno de ellos se explica por la estrecha relación que ha mantenido históricamente con las autoridades del país galo. De hecho, se trata de un agente que domina perfectamente el francés. Esta cercanía con la administración de París quedó patente en noviembre de 2016 en Madrid, durante un acto de homenaje a la jueza Laurence Le Vert ofrecido por el Ministerio español del Interior (ya con Juan Ignacio Zoido al frente) y la Fundación de Víctimas del Terrorismo. La magistrada, actualmente jubilada pero que ha encabezado la actividad gala contra ETA durante décadas, nombró en repetidas ocasiones a Sánchez Corbi durante su discurso, asegurando que fue el guardia civil el que «le enseñó qué era» la organización armada vasca.

«Sucesor de Galindo»

Para entender el peso de Sánchez Corbi en la estructura militar de la Guardia Civil basta con recurrir a lo que dicen de él otros uniformados. Una nota emitida en noviembre de 2012 por el Sindicato Unificado de Policía (SUP) lo calificaba como el «sucesor del general (Enrique) Rodríguez Galindo en la defensa del espíritu militar de la Guardia Civil, de su consideración como un Cuerpo esencia de la Patria por encima de todas las instituciones». Comparar a Sánchez Corbi con el general condenado por el secuestro y muerte de Joxi Zabala y Joxean Lasa se encuadra en una pugna entre cuerpos policiales. Sin embargo, Sánchez Corbi nunca ha ocultado su admiración por el cuartel de Intxaurrondo.

También existen paralelismos entre Rodríguez Galindo y el torturador de Kepa Urra, aunque sea por los puestos que han ostentado. El actual jefe de la UCO se presenta como uno de los máximos responsables «contraterroristas», de igual modo que en su momento se presentó al jefe de Intxaurrondo como «azote de ETA». Como tal, es uno de los encargados de producir la literatura policial que explica su relato sobre el conflicto vasco. Así ocurre, por ejemplo, con un texto titulado «Cómo la Guardia Civil derrotó a ETA», en el que logra eludir en sus casi 30 páginas toda referencia a la tortura. De hecho, solo concede la existencia de «excesos» en un pasado remoto. Según su análisis, en el origen del apoyo social a ETA se ubicaba «una respuesta torpe y desproporcionada, que inclinó la balanza de la opinión pública (sobre todo la residente en el País Vasco y Navarra) hacía los terroristas, que acabaron pareciendo menos malos que el mismo Estado».

Este periódico ha tratado de ponerse en contacto con Sánchez Corbi, tanto a través del Ministerio de Interior como de la Guardia Civil, con el objetivo de obtener su valoración del hecho de que uno de los principales mandos del Instituto Armado sea un agente condenado por torturas y posteriormente indultado. Como ocurrió con De las Cuevas Carretero, no ha obtenido respuesta alguna.

«Es injusto que un terrorista como Otegi quiera pasar página»

«Es injusto que un terrorista como (Arnaldo) Otegi quiera pasar página». Así se expresaba el torturador indultado Manuel Sánchez Corbi, ya como coronel jefe de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil, durante una conferencia titulada «Guardias civiles víctimas de ETA", organizada por la Universidad Camilo José Cela y la Unión de Guardias Civiles celebrada en mayo de 2016. En aquellos momentos, el secretario general de Sortu, recientemente excarcelado, aspiraba a ser el candidato a lehendakari de EH Bildu en las elecciones de setiembre. Finalmente, el Tribunal Constitucional español lo impidió.

Resulta significativo que un condenado e indultado por torturas sea quien proclame que no parecía razonable «pasar página» en relación a Otegi. Fue más allá y aseguró que «no es comprensible que se quiera reparar lo ocurrido entre 1936 y 1939 (la guerra civil española) y pasar página de lo ocurrido hasta 2009, hace siete años», afirmó, en referencia al último atentado mortal cometido por ETA.

En los últimos años Sánchez Corbi ha pasado por micrófonos como el de Onda Cero o el de la Cadena Cope. En sus intervenciones, dedicadas a alabar el papel de la Guardia Civil en Euskal Herria y apuntalar la versión de la «victoria sobre ETA», nunca se le ha escuchado mencionar su condición de torturador ni la existencia de maltratos en comisaría.

Una vida ligada a la Guardia Civil sin verse afectado por la condena

Las biografías que se encuentran de Manuel Sánchez Corbi reflejan una vida estrechamente vinculada a la Guardia Civil. No en vano, es hijo y nieto de miembros del Instituto Armado y se crió en el cuartel de Irun, donde estaba destinado su padre. Como si su historia ya estuviese escrita, el uniformado se inscribió en la Academia General Militar de Zaragoza, que es donde estudian los agentes denominados «sangre azul». Así se conoce a los uniformados que, tras superar los cursos, obtienen directamente el puesto de capitán. De aquí suelen venir la mayor parte de altos mandos del cuerpo fundado por el Duque de Ahumada en 1844. Es el caso de Sánchez Corbi, que comenzó la carrera que le ha llevado a coronel jefe en 1987, cuando aterrizó en la Brigada de Información de Bizakia. Sería en este puesto cuando, en 1992, participase en la detención de Kepa Urra, a quien torturó golpeándole y arrastrándole por el suelo en el monte para obtener información, según recogen las sentencias de la Audiencia de Bizkaia y del Tribunal Supremo español.

Estar condenado por maltratar a un ciudadano vasco detenido en una operación contra ETA no le ha impedido mantenerse durante 25 años envuelto en la denominada «lucha antiterrorista», que no abandonó hasta 2013, dos años después del cese.





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