lunes, 27 de marzo de 2017

254 Presxs Políticos Vascxs

Antes de que los adoradores de Sendoa el Iluminado inicien con su aburridos mantras tenemos que dejar algo bien claro: este blog es alimentado con el esfuerzo de integrantes de la diáspora vasca con presencia en Nuestra América y nuestro deseo es uno y solo uno, la amnistía para todxs y cada unx de lxs presxs políticxs, en especial, lxs vascxs. Amnistía total, sin peros, sin dimes, sin diretes, sin excepciones... simplemente, amnistía.

Pero aún estamos trabajando para llegar a eso, por eso, mientras se logra sumar suficientes voluntades para llegar a ese punto, cualquier logro que alivie el enorme peso que han cargado familiares y amigxs durante tantas décadas... es bienvenido.

Querer darle cualquier otro sentido a este esfuerzo solidario es de canallas.

En ese tenor, les presentamos este artículo publicado en Gara:


Las cárceles de Hego Euskal Herria no tendrían problema alguno para acoger ya a los 254 presos vascos dispersados por el Estado. Así lo reconoce una respuesta de Interior a EH Bildu.

Alberto Pradilla y Ramón Sola

Las cárceles ubicadas en Hego Euskal Herria disponen ya de plazas para repatriar a todos los presos vascos dispersados. Así lo refleja una respuesta remitida por el Ministerio español del Interior al senador de EH Bildu, Jon Iñarritu, que se interesó por la capacidad de las prisiones de Basauri, Martutene, Iruñea, Langraiz y Zaballa y el número de presos con los que cuentan actualmente. Según los datos ofrecidos por el ministerio que dirige Juan Ignacio Zoido, estos cinco centros penitenciarios están a poco más del 50% de su capacidad, por lo que el acercamiento, en términos técnicos, no presenta ningún problema, y depende únicamente de decisiones políticas. «Los presos vascos deberían estar en casa pero, en caso de ser trasladados, tiene que ser a Euskal Herria», asegura el senador.

Se da la circunstancia de que Interior aporta estos datos la misma semana en la que ‘‘El Correo’’ daba cuenta de un plan que el Gobierno de Lakua habría remitido al Ejecutivo español y que preveía un acercamiento limitado, ubicando a los presos a un máximo de 250 kilómetros de Euskal Herria. Según han señalado diversos portavoces de la administración que dirige Iñigo Urkullu, no se trata de un plan nuevo, sino que ya se había remitido a La Moncloa meses atrás, en las reuniones mantenidas entre Madrid y Gasteiz.

Sin problemas técnicos

Los números muestran que, si existiese voluntad política para ello, no habría problema alguno que los 254 prisioneros vascos alejados en cárceles del Estado fueran repatriados ya. En concreto, las prisiones de Araba, Bizkaia y Gipuzkoa cuentan con capacidad total para 1.827 presos (225 en Basauri, 1.290 entre las alavesas de Langraiz y Zaballa, aunque esta última no está operativa al 100%, y 312 en la donostiarra Martutene), mientras que en Iruñea hay espacio para 912. En total, 2.739 plazas de las que, actualmente, se ocupan 1.562.

A finales de 2016 había 1.230 presos en las prisiones de la CAV. Un número similar al de 2015, cuando permanecían encerrados 1.273 reclusos. Las 554 plazas libres podrían permitir por tanto sobradamente la repatriación a su lugar de origen de presos alejados a cientos de kilómetros de sus domicilios.

Por si esto no fuera poco, quedaría la cárcel de Iruñea, inaugurada en 2012 y que se halla muy por debajo de su capacidad. Ocho de sus doce módulos están cerrados y a finales de 2016 solo 289 presos permanecían tras sus muros. Una cifra levemente inferior que los 309 con los que cerró 2015. Es decir, 623 plazas disponibles que también bastarían para acercar a los presos vascos que permanecen dispersados.

Desarme y presupuestos

«Si tienen que ser trasladados, lo normal es que sean trasladados a Euskal Herria. Hay sitio de sobra. Es lo que reclaman la mayoría de la sociedad vasca», insiste Iñarritu, que considera que, con estos datos en la mano, no tendría sentido mantener alejados a los presos, aunque fuese a una distancia menor de lo que actualmente están, como plantea el plan de Lakua.

La cuestión del acercamiento se ha vuelto a poner sobre la mesa en una semana marcada por el anuncio de los «artesanos de la paz» de que ETA estará completamente desarmada el 8 de abril. Fue precisamente este colectivo quien, en su comparecencia del pasado jueves, remarcó que, aunque no debería estar ligada al desarme, la repatriación es todavía un asunto pendiente para la resolución de la fase armada del conflicto vasco.

En esta ecuación aparece otro elemento clave: la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado. Después de que el PSOE haya insistido en que no avalará las cuentas de Mariano Rajoy, el PNV se ha convertido en la opción de socio prioritario. Y diversas informaciones periodísticas en Madrid apuntan a que el acercamiento ya no sería una «línea roja» para La Moncloa. El último en sumarse a esa tesis fue el secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, quien en una entrevista con Onda Cero este pasado viernes, consideró que, para atar los presupuestos, Mariano Rajoy podría estar planteándose la repatriación. El Gobierno español, por su parte, ha rechazado en reiteradas ocasiones que esté dispuesto a incluir ese elemento en una negociación.

A la espera de que vayan concretándose las posibles iniciativas, queda claro que, a día de hoy, las cárceles vascas tienen capacidad para cumplir una reivindicación mayoritaria en la CAV y Nafarroa: el acercamiento de los presos vascos y poner fin a una política de alejamiento que dura ya casi tres décadas.

Logroño, Burgos, Zuera, León... el entorno se ha vaciado desde 2011

Los datos constatan que el alejamiento de los presos vascos es cada vez más extremo. Año a año se le da una nueva vuelta de tuerca, que hace que –como publicó GARA el pasado mes de enero– en la actualidad nada menos que el 81% del Colectivo esté encerrado a más de 500 kilómetros de su casa. Poniendo el foco en Euskal Herria y su entorno próximo, ello supone, como constatación inicial, que hoy solo haya dos prisioneros en cárceles vascas, menos que nunca: Txus Martin y Aitzol Gogorza, ambos con enfermedades graves. Se da la circunstancia de que otros represaliados enfermos como Ibon Iparragirre o Jagoba Codo fueron sacados de Euskal Herria y llevados lejos cuando denunciaron su situación y demandaron su excarcelación.

Llama la atención, paralelamente, que también las cárceles próximas a Euskal Herria hayan sido vaciadas de vascos desde 2011. A modo de ejemplo, en la más cercana, Logroño, ya solo hay uno (Santi Aragón) cuando tras la decisión de ETA eran seis. En Burgos han bajado de seis a dos en este mismo periodo (Ekaitz Ezkerra y Jose Antonio Zurutuza); en la leonesa Mansilla, de catorce a dos (Juan Carlos Subijana y Olga Comes); en la asturiana Villabona, de trece a cuatro (Sebas Etxaniz, Urko Labeaga, Jose Ramon Lopez de Abetxuko y Txabi Moreno); y en la aragonesa de Daroca, de siete a dos (Aitor Olaizola y Kemen Uranga). El caso más llamativo es la también aragonesa de Zuera, donde en 2011 había 26 vascos y ahora solo 9.

La situación es calcada al norte. No hay presos políticos vascos en la cárcel de Baiona. En la siguiente más próxima, la landesa de Mont-de-Marsan, usada como referencia por EPPK en sus iniciativas judiciales por el acercamiento, únicamente son dos. Tampoco hay ninguno en Gradignan (Burdeos), son seis los encerrados en Lannemezan, junto a Tarbes. Un radio figurado de 250 kilómetros desde Baiona, por tanto, apenas acoge a ocho vascos de un total de 76, el 10%.







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