sábado, 4 de febrero de 2017

Egaña | Sindicalismo Vasco ¿Estación o Apeadero?

Con este texto publicado en su cuenta de Facebook, Iñaki Egaña invita a los dos sindicatos vascos principales a comprometerse de una vez por todas con la clase trabajadora de Euskal Herria:


Iñaki Egaña

Desde aquellos prolegómenos de Lizarra-Garazi de 1998 en los que la mayoría sindical se puso el buzo para intentar avanzar en la solución de ese conflicto que nos enfrenta históricamente a París y Madrid, las dos referencias sindicales que marcan nuestro recorrido soberanista no acaban de articular un proyecto de bases compartidas. Las direcciones de ELA y de LAB que se han sucedido desde entonces, han pasado por momentos de agrios enfrentamientos públicos. También por acercamientos coyunturales notorios, en especial contra las reformas laborales y la aplicación de las políticas neoliberales.

Pero siempre con la mosca detrás de la oreja. La coyuntura y las elecciones sindicales han sido prioridad a la hora de buscar cualquier acuerdo estratégico. También las desconfianzas por parte de ELA a lanzarse a un escenario en el que estarían, según su secretario general, "supeditados a iniciativas políticas". Como si ELA hubiera salido escaldada de aquella apuesta que, como sabemos, fracasó tras la vuelta a las armas de ETA en 1999. También las reticencias de LAB, las de convertirse en una rama, un apéndice, del árbol más frondoso, el sindicato mayoritario.

Han pasado, sin embargo, casi 20 años desde Lizarra-Garazi, desde aquel acontecimiento que removió los cimientos del Estado español. Más desde aquellos primeros acuerdos que dieron origen a la articulación de la "Mayoría Sindical Vasca" y desde la constatación del agotamiento del modelo autonómico vasco. Hay coincidencia en el diagnóstico de situaciones políticas, sobre todo de la económica del país, pero falta una decisión rotunda de que Euskal Herria necesita en su camino soberanista el empujón de los protagonistas de quienes representan a buena parte de su clase trabajadora.

¿Cuál es la razón de la ausencia de un modelo compartido para avanzar en una línea en la que ELA y LAB coinciden, la de la unilateralidad? Tengo la impresión de que buena parte de las desconfianzas provienen del pasado. Aunque también del presente, por razones no únicamente atribuibles a los sindicatos, sino a cualquier tipo de agente político o social. La autorreferencialidad. Siempre he entendido que grupos, organizaciones, partidos, sindicatos... son herramientas con las que se dota el pueblo o un sector del mismo, para alcanzar sus objetivos. La práctica nos demuestra, desgraciadamente, que estos agentes se convierten en un fin en sí mismos. Y ahí llega el fracaso. O el bucle eterno que mantiene un estado favorable precisamente a quienes desean que nada se mueva.

Apuntaba a que el pasado, aunque parezca paradójico, es una de las razones de esta desconfianza. LAB formó parte de un proyecto que en ocasiones se identificó con la insurrección revolucionaria. ELA, con una historia centenaria, navegó por las aguas mansas del abertzalismo contemplativo. El de no elevar la voz para no molestar. Pero aquello, tanto en uno como en otro lado, quedó como antecedente. Sorprendentemente, con unos inicios tan dispares, ambos sindicatos coinciden en el diagnóstico y en la necesidad de la confrontación social, para desenmascarar al enemigo histórico de clase, la patronal. Una patronal que, cerrando el círculo, es alabada por el partido de la derecha vasca, el PNV, el mayor valedor del neoliberalismo en nuestros días. ELA y LAB coinciden en el marco de relaciones laborales. Coinciden en enfocar los problemas y en marcar las puertas de salida.

El PNV es, también paradójicamente, otro de los escenarios que alarga o achica la goma. Desde ELA y también desde LAB se constata que esa identificación de las políticas neoliberales, de la aplicación de los principios básicos del capitalismo, de la feminización de la pobreza, de la precarización del trabajo, tiene en los jeltzales sus ejecutores cercanos. Cuando las trincheras se han definido, el PNV ha elegido, a capella y por unanimidad, la de la patronal. La de la clase trabajadora sólo ha servido para su demagogia.

Sin embargo, el reflejo catalán (con una burguesía implicada, al menos hasta ahora, en el proceso secesionista) ha sugerido un falso mimetismo. La burguesía, el empresariado vasco representado en Confebask y blindado por el PNV, ha hecho una apuesta decidida, pública y también y de momento sin marcha atrás, por España. Por su conjunto nacional, con las particularidades que conocemos. El PNV afirma que el modelo autonómico no está agotado, como decían ELA y LAB ya hace más de dos décadas, sino que no ha sido desarrollado en toda su potencialidad. Freno al avance.

Pero, y lo que es más sintomático, la política social del PNV no difiere apenas de la de las grandes tendencias del neoliberalismo, a pesar de que su ámbito de actuación sea reducido (Euskal Herria). Los temas estrella que ha planteado la derecha vasca han coincidido con los de la española: privatización del ahorro popular, reformas laborales, política fiscal, servidumbre a las multinacionales, infraestructuras... La única ética que conocen es la de sus actividades económicas.

Es en este aparatado donde la mayoría de las sensibilidades del sindicalismo vasco coinciden. Pero es también en este aparatado donde las diferencias se hacen notorias. Desde la izquierda abertzale histórica (en cuyas filas surgió LAB), la vía conjunta con el PNV tiene sus seguidores. Desde mi humilde opinión, es una vía estéril. Desde ciertos sectores de ELA, cuyas bases de afiliados provienen del antiguo medio jeltzale, la confrontación con el PNV no parece de recibo. Las direcciones de ELA y LAB lo tienen claro: el PNV se ha alineado con el enemigo natural de clase. En el resto...

LAB celebrará su próximo congreso en mayo. ELA en junio, apenas unas semanas después. LAB anuncia la renovación de su dirección. ELA, por contra, ya ha manifestado que Txiki Muñoz continuará al frente. Desde LAB se cierra un proceso que se ha prolongado dos años, "re-pensando" el sindicalismo vasco. Pero el recorrido de la reflexión sobrepasará al Congreso. La Mayoría Sindical Vasca está viva, después de la crisis existencial de 2012, pero no hay una previsión de vuelco estratégico. Vuelco para avanzar en un proceso integral, a pesar de ese empuje unitario perceptible tras el acontecimiento de Luhuso y el torpedo hispano-francés en la línea de flotación del desarme y, en consecuencia, de la paz y la resolución del conflicto.

Euskal Herria necesita de un acuerdo estratégico sindical, de la Mayoría Vasca. Un acuerdo que vaya más allá del diagnóstico y que incida en esa singularidad que seguimos sin creer en ella. Necesita de un trabajo en común en el terreno sindical y sociopolítico, en el terreno de la resolución del conflicto y sus consecuencias, y en el terreno del logro de las aspiraciones de soberanía. Dos sindicatos a los que no les une su lectura del pasado del país, ni de sus propias trayectorias, pero que son capaces de hacer un diagnóstico de futuro coincidente.

En la unilateralidad que nos lleva a la confrontación con mayúsculas, a esa confrontación democrática que ya el Comité Nacional de ELA plasmó en un documento allá por septiembre de 2005: "Preparar la confrontación democrática para ganar la soberanía". Más de una década ha transcurrido desde entonces, más de un lustro desde que ETA cesó definitivamente su actividad armada. LAB, como el resto de la izquierda abertzale ha hecho suya la necesidad de la confrontación democrática. Es tiempo de cerezas. Hay que ser audaces y aprovechar las fuerzas activas, la movilización y los mimbres que tenemos a estas alturas, 2017. Hay que llenar esa especificidad que nombramos como Euskal Bidea. Avenida para confrontar democráticamente con el neoliberalismo y con los estados que nos tienen atados a él. Y ese camino pasa, indefectiblemente, por un acuerdo estratégico, social y también político, de la mayoría sindical vasca.





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