sábado, 18 de febrero de 2017

Insensatez Medioambiental por Duplicado

Euskal Herria es un país pequeño geográficamente incluso para los estándares europeos. Lo que se describe en el reportaje de Gara que les presentamos a continuación ni siquiera se circunscribe a la totalidad del territorio sino a una de sus partes, la Comunidad Autónoma Vasca que de las siete herrialdes solo incluye a Gipuzkoa, Araba y Bizkaia. Este ente político es gobernado por un partido político que se rige por los sacrosantos preceptos del neoliberalismo y quizas ahí se encuentre la respuesta a la pregunta que es título del texto en cuestión.

Lean ustedes:


Incluso miembros del PNV como Iñaki Anasagasti, «Amatiño» o Iosu Madariaga se han planteado públicamente por qué la basura de Gipuzkoa no se lleva a la incineradora de Bizkaia. El volumen actual no lo permitiría, pero el futuro sí. Y entonces, ¿para qué Zubieta?

Ramón Sola

La cuestión no forma parte del argumentario habitual de los detractores del proyecto de Zubieta, dado que el rechazo a la incineración se impone como cuestión de principios, pero la duda queda flotando ahí, cada día. ¿Por qué los 25 camiones repletos de residuos no reciclables de Gipuzkoa que recorren 200 kilómetros hasta el vertedero cántabro de Meruelo no hacen la mitad del recorrido y descargan en Zabalgarbi, la incineradora que se encuentra en pleno camino, en la salida de la A8 hacia Balmaseda a la altura de Bilbo?

El asunto se vuelve más sorprendente cuando tanto las administraciones responsables de Zabalgarbi (Diputación de Bizkaia y Gobierno de Lakua) como la impulsora del proyecto de Zubieta (Diputación de Gipuzkoa) son del mismo signo político. Y más enigmático aún cuando referencias conocidas del PNV con autoridad manifiesta sobre la cuestión del tratamiento de residuos se han hecho esa pregunta en voz alta.

Por ejemplo, en 2013 el entonces diputado de Medio Ambiente de Bizkaia y hoy viceconsejero del ramo en Lakua, Iosu Madariaga, señaló que «quizás sea suficiente una sola incineradora en toda Euskadi». Cabe matizar que para entonces ya se había descartado la opción de abrir una segunda línea en Zabalgarbi duplicando su capacidad, de modo que la sugerencia de Madariaga se asentaba sobre la realidad actual y no sobre la eventual ampliación que se sopesó durante años y finalmente se descartó.

Hace ahora un año era Iñaki Anasagasti –muy bien conocedor de la planta de Zabalgarbi que impulsó en los años 90 su esposa, María Esther Solabarrieta, como diputada de Medio Ambiente de Bizkaia– quien se preguntaba en Radio Euskadi por qué las basuras de Gipuzkoa no van a Zabalgarbi. Y en julio, en su blog, Anasagasti expresaba su malestar con José Ignacio Asensio, el diputado de Medio Ambiente de Gipuzkoa que acaba de firmar la adjudicación de Zubieta, por obviar a Zabalgarbi: «Teniendo esto a cien kilómetros, estos señores se van a Alemania y Austria [a visitar incineradoras]. Seguimos siendo un país de banderizos».

Otra voz libre del PNV muy conocida es la del periodista Luis Alberto Aranberri, Amatiño. En marzo del pasado año lanzaba al aire algunas preguntas incómodas: «¿Tiene sentido en la filosofía foral pagar seis millones de euros y el IVA a Cantabria? Cuando los camiones deben pasar literalmente bajo Zabalgarbi, ¿a nadie se le ha ocurrido dejar allí los residuos? Si Bizkaia y Gipuzkoa fueran del mismo territorio, ¿haría Gipuzkoa otra incineradora en Zubieta? Si todos fuéramos un tanto normales, ¿no sería suficiente una incineradora para una población de menos de dos millones?». Y como conclusión, «¿acaso hemos enloquecido todos?».

La realidad es que la opción Zabalgarbi no se ha planteado por los actuales gobernantes de Gipuzkoa ni siquiera como parche para reducir la costosa factura –económica y ecológica– del traslado a Meruelo de unas 150.000 toneladas de residuos en total durante el año anterior y este en curso, hasta el 31 de diciembre. ¿Cuál es el motivo?

¿Hay sitio? ¿Y rentabilidad?

Gorka Bueno –profesor de Ingeniería de la UPV, miembro de Ekologistak Martxan y autor de estudios sobre Zabalgarbi– explica a GARA que en la actualidad la incineradora vizcaina no tendría capacidad para absorber todo ese volumen; si acaso, una pequeña parte. Está quemando unas 240.000 toneladas al año, muy cerca de su límite, «y es sabido que en 2014 y 2015 parte de los residuos han acabado en el vertedero al no poder tratarse allí». No parece el peor momento de una planta que en los últimos años ha sido noticia por la falta de eficiencia (que le ha obligado a depender de ayudas especiales de hasta 19 millones de euros en 2012) o la contaminación (ha sido señalada como la quinta instalación en emisiones de gases de efecto invernadero de la CAV tras Petronor, la cementera de Rezola...)

Efectivamente, en este momento concreto Zabalgarbi no parece ser una solución para el problema guipuzcoano. Pero entonces, ¿por qué el diputado Asensio renuncia a escudarse un argumento tan contundente? Entrevistado el mes pasado por ‘‘Noticias de Gipuzkoa’’, cuando se le preguntaba por qué no se llevaba la basura a Bizkaia, salía por la tangente: «Tenemos el volumen de residuos que necesitamos para el tratamiento y además el volumen es lo suficientemente importante para que gestionemos nuestro recurso». Esgrimía además que Zubieta generará «80 puestos de trabajo directos y casi 110 indirectos», una cifra sin duda irrisoria ante los cerca de 1.000 millones de euros que acabará costando esta instalación a las arcas guipuzcoanas: cada empleo sale a cinco millones.

La explicación a este sospechoso vacío en el discurso de la Diputación de PNV-PSE es la consciencia general de que el paso del tiempo hará excesiva la existencia de dos incineradoras en cien kilómetros de distancia. Primero, por los avances previsibles –y exigidos por Europa– en recogida selectiva y reciclaje: el propio Asensio dice haber mejorado la tasa nada menos que seis puntos, del 44% al 50%, en un año. Y segundo, por la probabilidad de nuevas tecnologías y procesos que reduzcan el volumen de residuo no reciclable sin necesidad de incinerar.

Aquí llegamos a otra pregunta final clave, y a una respuesta más surrealista todavía. Ni en Bizkaia ni en Gipuzkoa hay proyección clara y fiable sobre el volumen de residuo futuro. Asensio sostiene que cada año seguirá habiendo que tratar 160.000 toneladas, porque el crecimiento del reciclaje se compensará negativamente con el aumento del consumo o el envejecimiento de la población, pero la cifra parece inflada interesadamente si se recuerda el fuerte descenso (en 2008 se preveía que se necesitarían quemar 260.000). Y en cuanto a Bizkaia, Bueno recuerda que el anterior plan (PIGRUB) se fijó para un periodo entre 2008 y 2016, «y después no hay plan, algo que es muy grave». Con todo, los penosos índices de recogida selectiva en Bizkaia, sobre todo Bilbo, muestran enorme margen de mejora, y hacen prever que Zabalgarbi se quede grande.

Claro que también puede pasar justo lo contrario. Si Bizkaia y Gipuzkoa cuentan con costosas incineradoras tras sendas batallas políticas encarnizadas, ¿para qué reciclar?

Zabalgarbi, en datos

Inicio

Zabalgarbi S.A. se constituyó en 1993, si bien la planta no comenzó a operar a pleno rendimiento hasta 2005.

Coste

190 millones de euros. En el accionariado participan Gobierno de Lakua, Diputación de Bizkaia y Mancomunidad de Municipios de Ezkerraldea, además de Kutxabank y empresas como Sener y FCC.

Rentabilidad

Los constantes déficits han sido solventados con primas de régimen especial. Por dar un dato ilustrativo, en 2013 no produjo electricidad durante 132 días al año.

Otros problemas

Ekologistak Martxan ha denunciado que la incineración en Zabalgarbi da lugar a un flujo de escorias de casi 45.000 toneladas al año, que no son recicladas sino que acaban en un vertedero de residuos no peligrosos. Es la quinta mayor emisora de gases de efecto invernadero de la CAV.

Zubieta, en datos

Inicio

El proyecto ha sido retomado a la carrera por la Diputación de Markel Olano, después de que la de Bildu lo descartara hace cuatro años. La adjudicación se ha materializado ya pese a haber todavía recursos abiertos en los tribunales, con la intención de iniciar los trabajos en un mes y el objetivo expreso de acabarlos antes de que concluya la legislatura.

Coste

La construcción en sí del llamado oficialmente «complejo medioambiental» tiene un presupuesto de 212 millones de euros, pero la fórmula escogida (la adjudicataria adelanta la cantidad y la Diputación va abonando la obra y la gestión durante 32,5 años) elevará la factura finalmente a entre 800 y 1.200 euros según distintas fuentes.

Capacidad

La planta TMB podrá tratar unas 155.000 toneladas anuales, y a la incineradora irían unas 130.000 (Zabalgarbi puede quemar más de 250.000).

Asensio dice que la suya será mejor: «Sin discusión»

La entrevista del responsable de Medio Ambiente de Gipuzkoa, José Ignacio Asensio, a «Noticias de Gipuzkoa» es fiel reflejo del provincianismo con que se afronta también esta cuestión. Mientras obvia la posibilidad de una colaboración fructífera con Bizkaia, la preocupación del diputado se centra precisamente en establecer una especie de competición. Así, vaticina que la incineradora de Zubieta será mejor que la de Artigas «sin discusión»: «La desventaja es que vamos doce años detrás de ellos y la ventaja es que tenemos una tecnología mucho más avanzada». En la misma línea, recalca que la planta no se intentará optimizar con otros clientes, sino que servirá únicamente a GHK: «La planta está pensada solo para Gipuzkoa. Aquí se genera una economía, una industria. Generamos riqueza desde nuestras basuras». La realidad es que la privatización escogida para levantar la incineradora sin superar el tope de déficit empobrecerá considerablemente a las arcas guipuzcoanas, abocadas a pagar a la adjudicataria unos 30 millones cada año hasta casi 2050.






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