miércoles, 24 de enero de 2018

Sin Miedo al Espacio Público

Pues bien, ya que estamos visitando y revisitando el tema del heteropatriarcado y su capacidad para fagocitar todo lo que se le ponga enfrente, les compartimos este artículo en Naiz que nos habla acerca de una expresión de nueva masculinidad que bien vale la pena dar a conocer, sobre todo en el ámbito de la sociedad vasca, hoy tocada por el manejo del caso de la violación grupal que tomó lugar durante los San Fermines del año antepasado:


El autor de ‘Soy un potencial asesino’, el post que reflexiona sobre el acoso callejero y que ha sido compartido casi 10.000 veces en Facebook, es Sergio Garcia Ferreiras, un joven bilbaino residente en Santiago de Chile.

‘Soy un potencial asesino’ es un post que reflexiona sobre el acoso callejero que sufren las mujeres y vulnerabilidad que siente estas ante él. El post fue compartido en Facebook el pasado 4 de enero y en veinte días ha llegado a ser compartido casi 10.000 veces y ha cosechado más de medio millar de comentarios.

Tras estas líneas se esconde Sergio Garcia Ferreira, un joven bilbaino de 24 años que tras estudiar ingeniería industrial ha acabado trabajando y residiendo Santiago de Chile. Garcia ha explicado a NAIZ, en un entrevista, qué lo llevó a colocarse en la piel de una mujer que vuelve a casa después de pasar la noche en las txosnas de la Aste Nagusia bilbaina.

En el texto Garcia explica al detalle el protocolo que muchas mujeres activan en sus vueltas a casa nocturnas. Sin embargo, algunas líneas después descubre que es un hombre el que escribe y por tanto, «un potencial agresor» a los ojos de esas mujeres que vuelven a casa.

Garcia finaliza su reflexión siendo consciente de que el mismo habrá sido considerado como una amenaza por alguna mujer y demandando una sociedad más justa en la que nadie tenga que vivir con miedo.

La reflexión que Garcia comparte en Facebook ha llevado a un interesante debate en Facebook.

Aquí el texto completo:

Sergio Garcia Ferreira

Soy un potencial asesino

Tengo veinticuatro años y me llamo Greta. Mañana son fiestas de Bilbao y, como todos los años, me pillaré una buena cogorza. Tampoco os penséis que soy una alcohólica, eh, pero una vez al año, o dos, pues me apetece. Como a ti. Quedaré con mis amigas a eso de las once para empezar a beber y luego iremos a algún conciertillo por txosnas, como todos los años. Lo bueno de fiestas es que te encuentras con un montón de conocidos de la uni, de basket... y te pones a hablar porque solo les ves en fiestas. Seguramente en una de esas perderé a mis amigas. Bueno, y ellas se perderán también que aquí a cada una le gusta ir a su bola. Como todos los años, vaya. Así que me tocará volver sola a casa. Mi padre me dice que le llame a la hora que sea y que él viene a buscarme. Pero yo paso que él trabaja al día siguiente y tampoco vivimos tan lejos. Eso sí, en cuanto me separo de la gente, activo protocolo. Me abrocho la chamarra hasta la barbilla, el bolso hacia delante y bien pegadito, móvil en la mano (incluso desbloqueado y listo para llamar) y paso ligero (sin correr) hasta casa. Da igual lo perjudicada que vaya que eso lo tengo bien interiorizado desde pequeña. De camino a casa desconfío de cualquier hombre. Ójala que no, pero es mi mecanismo de defensa. Si me silba, no me voy a girar; es más, aceleraré el paso. Si se me acerca, cruzaré la calle y llamaré a alguna amiga. Aunque venga de frente sin poder tenerse en pié de lo borracho que va, daré media vuelta y elegiré otro camino. A medida que me acerque al portal se me acelerará el corazón. Buscaré rápido la llave en el bolso y cuando consiga entrar inhalaré una gran bocanada de aire para expulsarla con alivio. Como todos los años. Y en mi calendario mental haré un check, porque será un día más en el que no me habrán matado.

Por suerte, yo no me llamo Greta. Me llamo Sergio. Yo jamás he vivido esa experiencia. Nunca he tenido miedo de que una mujer, por el simple hecho de ser mujer, pudiera hacerme algo. Sin embargo, sí la he vivido desde el otro lado. Yo soy el potencial asesino. Y me jode, pero lo más probable es que alguna chica con la que me haya cruzado por la noche me viera como una amenaza. Seguramente alguna mujer acelerara el paso al verme, porque soy hombre. O se diera media vuelta. Y no quiero. No quiero tener ese poder. No quiero ese privilegio. Lo rechazo como el resto de privilegios que vienen en el pack. Quiero que cuando nazca Greta no tengan que enseñarle a defenderse. Que jamás active el protocolo. Y que no tenga que dar las gracias por estar viva.




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