domingo, 8 de octubre de 2017

Entrevista al Comandante Ramiro Valdés

Conmemoramos la fecha en la que el Che se convirtió en parte intrínseca de la gesta revolucionaria de la humanidad con esta entrevista dada a conocer por Cuba Debate:


Minoska Cadalso Navarro

El Comandante de la Revolución Ramiro Valdés Menéndez es un hombre no dado a la palabra, tampoco lo necesita, sus acciones a lo largo de su vida de revolucionario hablan por sí solas.

Es héroe de la República de Cuba. Con apenas 21 años estuvo en el asalto al Cuartel Moncada, fue uno de los ocho seleccionados para tomar la posta 3 y sería el primero en penetrar al cuartel, después de bajar de un golpe la cadena que impedía el paso en esa área. Formó parte de los 82 expedicionarios del yate Granma que desembarcaron el 2 de diciembre de 1956 en la costa sur de Oriente.

Integró parte del núcleo guerrillero que inició la lucha en la Sierra Maestra luego de los difíciles días posteriores al desembarco. Al crearse la columna invasora No. 8 «Ciro Redondo», al mando del comandante Ernesto Che Guevara, fue designado su segundo jefe.

Han pasado 50 años de la caída del Che en Bolivia, y 20 del hallazgo de sus restos y posterior traslado a Cuba. Pocas veces se le ha oído hablar de la misión que Fidel le encomendara: «una tarea difícil y dura para nosotros».

Investigadores y especialistas que participaron en «aquella verdadera hazaña científica», como dijo Fidel, han ofrecido sus testimonios; sin embargo, es un privilegio contar con sus declaraciones.

A fines de 1995, el general retirado boliviano Mario Vargas Salinas afirmó en una entrevista que el cadáver del Che estaba enterrado bajo la pista de aterrizaje del antiguo aeropuerto de Vallegrande. ¿No obstante esta información existía en Cuba algún otro indicio que indicara que los restos del Che permanecían en suelo boliviano? ¿Cuándo y cómo el gobierno cubano decide enviar un grupo de investigadores y científicos para incorporarse a la búsqueda de los restos del Che?

Como se conoce, la versión oficial difundida por el gobierno de Bolivia, después del asesinato del Che, aseguraba que su cadáver había sido incinerado y sus cenizas esparcidas en la selva boliviana.

Sin embargo, desde entonces se conocieron testimonios de pobladores, campesinos y militares, sobre posibles lugares de enterramiento del Che y sus compañeros de lucha.

Además, en 1983 orientamos desarrollar una investigación histórica para determinar los lugares donde pudieran estar enterrados el Che y los guerrilleros que le acompañaron en la gesta boliviana, partiendo del criterio fundamentado que la versión oficial constituía una desinformación, elaborada a propósito, para impedir cualquier posibilidad de búsqueda e indagación.

Esta pormenorizada y fecunda investigación, que se realizó entre 1983 y 1987, permitió establecer 13 lugares de posibles enterramientos de los guerrilleros, entre ellos el del Che, que tuvieron mucho valor para la tarea desarrollada posteriormente, a partir de 1995.

La declaración del General retirado Mario Vargas Salinas, en una entrevista de prensa, al hacerse pública el 21 de noviembre de 1995, tuvo una gran repercusión en Bolivia e internacionalmente y propició que el entonces presidente de Bolivia, Gonzalo Sánchez de Lozada, emitiera un decreto autorizando la búsqueda de los restos de los guerrilleros y su entrega a los familiares, por razones humanitarias.

De inmediato, en Cuba se creó una Comisión Central presidida por el General de Ejército Raúl Castro Ruz, e integrada por antiguos compañeros del Che, así como un Grupo de Trabajo Ejecutivo para el cual me designaron, encargado de establecer la estrategia y dar seguimiento, paso a paso, del trabajo a realizar en Bolivia y en Cuba.

Fue designado el doctor Jorge González, entonces director del Instituto de Medicina Legal, como representante de los familiares del Che, de los combatientes cubanos y de Tania, así como Jefe de un Grupo multidisciplinario de científicos cubanos que, en composición reducida, viajó a Bolivia en diciembre de 1995, después de haber realizado visitas a los familiares de los guerrilleros y múltiples indagaciones para conformar las fichas de identificación Pre-Mortem de cada uno de los guerrilleros.

Los trabajos iniciales en Bolivia se realizaron conjuntamente con el Equipo de Antropología Forense Argentino, el cual regresó a su país tiempo después, mostrando disposición de viajar nuevamente a Bolivia si fuese necesario.

El equipo cubano prosiguió su incansable labor, incorporando, progresivamente, a otros científicos y expertos según las tareas a realizar.

Coméntenos sobre las manipulaciones tendientes a quebrar las razones humanitarias que habían prevalecido en las altas esferas del Gobierno boliviano encabezado por el mandatario Gonzalo Sánchez de Lozada durante la búsqueda de los restos.

Como era de esperar, el Gobierno de los Estados Unidos y, en especial, la CIA y algunos sectores de la derecha boliviana trataron de neutralizar e impedir que se continuara la búsqueda, utilizando diversas manipulaciones y fuertes presiones al gobierno boliviano, por lo que se trató de establecer un tiempo límite para la búsqueda y se realizaron múltiples acciones y medidas activas con ese fin.

Cuentan que el agente de la CIA de origen cubano Félix Rodríguez, ante la cercanía del hallazgo, se apareció en una avioneta en Vallegrande acompañado con las cámaras de la CNN y ubica el enterramiento en un lugar opuesto a donde buscan los cubanos.

Fueron varios agentes de la CIA de origen cubano los que trataron de desinformar ubicando otros posibles lugares de enterramiento e inventando «historias», pero el resultado de las investigaciones con los decisivos testimonios de campesinos y pobladores de la zona, junto a la capacidad científica y perseverancia revolucionaria de los científicos cubanos, permitieron que el 28 de junio de 1997 se produjera el hallazgo de una fosa común donde se encontraban 7 cuerpos y uno de ellos con sólidas evidencias que indicaban eran los restos del Che.

¿Cómo usted valora la labor del equipo multi-disciplinario cubano que participó en el hallazgo?

Nuestro Comandante en Jefe valoró esta histórica tarea como «una verdadera hazaña científica».

Debemos destacar que en esta labor de investigación, búsqueda, hallazgo e identificación de los restos del Che y sus compañeros de lucha participaron 71 científicos y especialistas cubanos, de los cuales 15 trabajaron, en diferentes momentos, en Bolivia, en incansable labor, ampliando y profundizando la investigación histórica, así como utilizando y aplicando con iniciativas diversos medios tecnológicos modernos y otros creados con ese fin.

Durante todo el tiempo se mantuvo, desde Bolivia, una amplia y sistemática comunicación, informando sobre los avances, las dificultades y las necesidades para el trabajo, que eran sometidas, según la temática, a los científicos y expertos que se encontraban en Cuba, para valorar las problemáticas presentadas, buscar posibles soluciones y dar las respuestas, que se trasladaban a Bolivia.

En total participaron en esta histórica tarea, de una u otra forma, 27 instituciones científicas cubanas.

En junio de 1997, finalmente son encontrados los restos del Che. ¿Cómo recibió la noticia?

Estábamos convencidos de que los restos del Che serían encontrados. Al respecto decíamos entonces: «todo es cuestión de tiempo…».

Además, antes del hallazgo de la fosa común, se habían encontrado restos de varios guerrilleros, gracias al apoyo y colaboración de pobladores de la zona. Esto acrecentaba nuestra confianza.

No obstante, cuando nos informaron desde Bolivia el hallazgo de la Fosa Común, la emoción fue indescriptible. ¡Lo logramos…!

El 6 de julio fueron trasladados los restos del Che al Hospital Japonés, en Santa Cruz de la Sierra, para su identificación definitiva. Teniendo en cuenta todo lo que había acontecido ¿no desconfiaron de que alguien pudiera desaparecerlos?

En el Hospital Japonés, en Santa Cruz de la Sierra, se realizaron las identificaciones antropológicas, antropométricas y otras, por los especialistas cubanos y argentinos, que fueron convocados para ese fin, basándose en los datos recogidos en las Fichas de Identificación Pre-Mortem, que se habían confeccionado en Cuba, antes de partir el Grupo multidisciplinario a Bolivia. Una vez que llegaron a Cuba los restos del Che y sus compañeros se realizaron las correspondientes identificaciones por ADN que confirmaron las anteriores.

Durante la permanencia en el Hospital Japonés de los restos del Che y los guerrilleros encontrados en la fosa común, se adoptaron todas las medidas de seguridad posible, garantizándose la protección y custodia por los propios científicos.

¿En qué condiciones se produjo el traslado de los restos del Che a Cuba en una misión encomendada a usted por Fidel, quizás la más difícil de su vida revolucionaria?

Fue una tarea muy difícil y dura para nosotros. Viajamos en un chárter de cubana de Aviación especialmente seleccionado y preparado para esa misión.

Llegamos al aeropuerto de Viru-Viru y las autoridades bolivianas no autorizaban que descendiéramos del avión, a lo que después accedieron, circunscribiéndonos al pequeño aeropuerto de Santa Cruz de la Sierra.

Los restos colocados en sus respectivas urnas de caoba se subieron a la escalerilla del avión formando una cadena entre los científicos y funcionarios cubanos.

Una vez dentro del avión y colocadas adecuadamente las urnas, partimos hacia Cuba en absoluto silencio.

En el largo viaje pasaron por mi mente, como si fuera una película, muchos de los momentos que habíamos compartido con el Che.

El sábado 12 de julio, con la puesta del sol aterrizó el avión de Cubana de Aviación, en el que viajaban los restos mortales de Ernesto Che Guevara, en la base de la Fuerza Aérea de San Antonio de los Baños. No era una tarde cualquiera. Usted rindió un parte militar al Comandante en Jefe: «La misión de trasladar a suelo patrio los restos del comandante Ernesto Che Guevara y cuatro de sus compañeros caídos en combate, ha sido cumplida», dijo. ¿Qué sentimientos embargaban a Ramiro Valdés hombre, guerrillero? ¿Cómo recuerda a Fidel ese día?

La amistad que puede unir a los hombres que han combatido juntos en una guerra durante años, en una guerra justa y por ideales, es algo muy especial y profundo. Durante los años que estuvimos en todas las contiendas de esta etapa de nuestras guerras de liberación, nos unió una profunda amistad, un profundo sentimiento de compañerismo y solidaridad. Ese tipo de sentimiento perdura para siempre y va junto al respeto y consideración que siempre he tenido hacia Fidel, como guía y jefe de nuestro movimiento y líder de nuestra invencible Revolución, y, hacia el Che, como mi jefe en la contienda de la invasión a Occidente.

Como muchos de nosotros, conocí al Che en México, y a partir de entonces todos comenzamos a sentir e identificar en él a un hombre de profundas convicciones antiimperialistas y de valentía sin límites, pero a la vez de una vasta cultura y humanismo. Fueron todas esas cualidades las que lo llevaron a unirse inmediatamente a nuestro movimiento y ser uno de los combatientes de la total confianza de Fidel. Su decisión de salir de Cuba para combatir en otras tierras la tenía predictada por su propia madurez política antiimperialista desde muy joven.

Cuando fuimos designados por Fidel para la tarea de traer a Cuba los restos del Che y sus compañeros, la acogimos como una misión de un decisivo combate, el cual no se podía perder. Ya hemos explicado sobre todo el trabajo del equipo que cumplió la misión. Teníamos el compromiso con Fidel y Raúl, y a la vez con mi compañero y jefe de la columna invasora «Ciro Redondo», quien había caído en tierras bolivianas en su permanente lucha contra la injusticia, lucha que desde muy joven se la había propuesto. Al llegar a Cuba y ver a Fidel recibir la misión de los que llegábamos, fue un momento que unieron muchos sentimientos de todas nuestras vidas. Por cumplida y muy importante no dejaba de ser una misión un tanto dolorosa y, que de alguna manera, reflejaba tristeza en nuestros corazones. Pero regresábamos con el deber cumplido y eso nos daba la fuerza necesaria, seguridad, y tranquilidad por haber hecho lo que nos tocó hacer.






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