miércoles, 31 de enero de 2007

Por El Proceso

Interesante reflexión publicada en Gara:

Tasio Erkizia - Militante de Batasuna

Debemos recuperar el proceso

En los últimos meses el PSOE da la sensación de reconocer que ha sido derrotado por los neofranquistas del PP. Evidentemente no sólo por ellos, porque sus contradicciones internas y el nefasto «apoyo» que le ha prestado el sector del PNV liderado por Josu Jon Imaz, son factores determinantes para entender el recule del Sr. Zapatero y de la dirección de dicho partido en el intento de superar el conflicto político de Euskal Herria.

Las declaraciones que efectuó Rubalcaba a los tres días del atentado de Barajas fue el exponente más claro de un PSOE atemorizado ante los ataques y supeditado al PP. A preguntas de una periodista el ministro de Interior del Estado español no pudo ser más explícito: «Si el PP quiere que digamos expresamente que hemos roto el diálogo con ETA, le digo que efectivamente el diálogo con ETA está roto. Si el PP quiere que digamos que el proceso está acabado y liquidado, evidentemente lo está. Si el PP quiere que digamos que el proceso de paz es inviable, le digo que efectamente es inviable».

Es cierto que la derecha neofranquista ha puesto en marcha toda la maquinaria del Estado que está en su poder y muy especialmente los medios de comunicación y muchos de los estamentos de la judicatura. Es indudable que la presión que ha ejercido ha sido descarada y sin escrúpulos. Pero un partido que ostenta el Gobierno del Estado tiene que tener más valentía para liderar un proceso de paz tan complejo y difícil.

El gran error de PSOE es no haber tenido determinación para romper el tutelaje ideológico que le ejerce el neofranquismo, especialmente en lo que al modelo de Estado se refiere. El Sr. Zapatero comenzó a mencionar la bicha del concepto de soberanía en los albores del debate sobre el Estatuto de Catalunya, pero en vista de las presiones mediáticas, inmediatamente optó por negociar con la derecha catalanista, a cambio de unas mejoras económicas, dejar intacto el modelo de Estado centralista que heredamos de la llamada transición. Ese recule del PSOE tuvo su lectura en las filas del PP que dijeron para sí: «si le atacamos de manera frontal y continuada el éxito está garantizado». Y efectivamente, la derechona neofranquista ha ejercido tal presión sobre el Gobierno que toda su andadura ha quedado reducida al anuncio realizado en el Congreso por el propio presidente.

El Sr. Zapatero, fundamentalmente en los primeros meses tras el alto el fuego decretado por ETA, tenía una gran oportunidad de dar pasos determinantes en los dos carriles: en el del diálogo entre los partidos así como la negociación con ETA. Y sin embargo, dejó pasar el tiempo sin mover ficha alguna. Es más, ha llegado a jactarse en público y de manera reiterada de no haber realizado ningún movimiento para afianzar el proceso de paz.

Otro factor, tan importante como éste para entender el recule del PSOE, es sin duda sus propias contradicciones internas. Contradicciones que tienen su fundamento en las claudicacio- nes ideológicas que protagonizaron en la denominada «transición demócratica» para amoldarse a las exigencias de los franquistas. Primero, renunciaron a depurar los aparatos franquistas, para a continuación aceptar una Constitución que afincaba un modelo de Estado centralista con el mismo anclaje impuesto por la dictadura: renuncia expresa del Derecho a la Autodeterminación de los Pueblos del Estado y separación de Navarra del resto de los territorios vascos.

Posteriormente, tras llegar al Gobierno del Estado el año 82 y para mejor gestionar los intereses de las multinacionales y ser recibido en el club del capitalismo salvaje, vendrían la renuncia al marxismo y de todo vestigio que le identificara como partido obrero. Despojado de sus principios progresistas y supeditado a las exigencias del neofranquismo ha recibido en su seno a ex falangistas y muchos discípulos aventajados de la dictadura. Y sobre todo, la propia evolución de los últimos años le ha llevado a identificarse con un rancio españolismo, despojado de cualquier planteamiento de izquierda coherente, con lo que a sus sectores más jóvenes les resulta difícil desmarcarse de la derecha más recalcitrante. Con este panorama, no resulta extraño que le crezcan los enanos al PSOE.

Sin embargo, todavía está a tiempo de retomar y reconducir el proceso democrático que tanta esperanza ha creado en nuestro pueblo. Sus propios líderes afirmaron en marzo pasado: «Este proceso tiene anclajes profundos». Siendo ello verdad, no se puede desbaratar semejante oportunidad y tanto trabajo realizado. Para ello, es evidente que tiene que despojarse de la tutela ideológica de los neofranquistas rompiendo con el PP y recuperar sus propias raíces de partido de izquierda y vasquista de los últimos años del franquismo y los primeros de la denominada transición.

No tienen nada que inventar. Sólo necesitan leer las actas de sus congresos y hacer suyas las resoluciones adoptadas. Así, en el Congreso que celebraron los socialistas vascos en Iruñea el año 77 y con los delegados de los cuatro territorios del Sur de Euskal Herria, aprobaron una resolución extraordinariamente explícita: «En el País Vasco no habrá Paz mientras no se le reconozca el Derecho a la Autodeterminación y tengan un Estatuto de Autonomía que abarque a Nafarroa, Araba, Gipuzkoa y Bizkaia». No tienen que ceder nada ante las exigencias de Batasuna. Es cuestión de volver a sus raíces y actuar en consecuencia. ¿Labor imposible? Sólo depende de voluntad política.

Y por último, no puedo dejar de señalar el nefasto papel que está cumpliendo el PNV de Josu Jon Imaz. Lejos de animar y obligar al PSOE a ser valiente se dedica a ofrecer cobertura a la falta de liderazgo y decisión del Sr. Zapatero. Simplemente por intereses electorales y cálculos cortoplacistas, porque está más cómo- do en las poltronas con la izquierda abertzale ilegalizada, le está ayudando al Gobierno del Estado a desaprovechar una oportunidad inmejorable. ¡Qué papel tan triste para unos líderes que se dicen nacionalistas vascos! Es cierto que con un PNV implicado en el proceso tampoco sería fácil, ¡pero ante qué futuro tan diferente nos encontraríamos!

¿La batalla está perdida? En absoluto. Queda el papel activo de la sociedad vasca, de una izquierda abertzale empeñada en aprovechar esta oportunidad histórica y de otros muchos sectores abertzales, incluido un amplio espectro del propio PNV, que tendrían la obligación de reactivarse y jugar un papel mucho más activo. La situación es difícil, pero hay determinación y fuerza suficiente en esta sociedad como para retomar y reorientar este proceso. -

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