sábado, 6 de enero de 2007

El Diálogo Suprime La Violencia

Este escrito ha sido publicado en inSurGente:

Con violencia no hay diálogo

por Manuel F. Trillo

El actual presidente del Gobierno -a quien sucederá otro y otro y así largo y largo- ha dicho algo que me llama la atención: “Con violencia no hay diálogo”. Desde luego. Repites como un loro lo que dicen tus subordinados. Así no se dirige un país.

Rubalcaba lo dijo antes y más clarito:”con violencia no hay diálogo”. Y ésa es una obviedad de tal calibre que decirlo coloca a quien lo dice en ridículo. No hay diálogo; nunca hubo diálogo, porque nunca desapareció la violencia. La violencia no cesó en ningún momento, continuó después del 24 de marzo, y eso cansa. Pues aún sin que se moviera un dedo por parte del “enemigo”, tú permitiste que tu ministro de Justicia siguiera en el sillón después de aquella maldita afirmación de que “construiremos nuevas imputaciones” para que no salieran de la cárcel los presos vascos. ¿Y tú qué has hecho?, ¿acaso cantar al son de los acordes de guitarra de ese tuno? La bomba de hoy se venía venir. Te lo advirtieron. Se te acabó el “buen rollito”, ahora toca tratar con la gente vasca, con la gente del norte, gente de palabra. (¿A que sabes a qué me refiero?).

Se tomaron todas la medidas de verificación para comprobar si una de las partes en conflicto había cesado en sus actividades. En el mes de junio, tres meses después, se comprueba que los vascos -como siempre fieles a la palabra dada- no se movían, estaban quietos. Por el otro lado, el Estado de Derecho de Juan Fernando Lopez Aguilar y de Conde-Pumpido seguían con las agresiones, con la violencia institucional, aplicando un sistema carcelario a todas luces fuera de la racionalidad legal y aún menos desde la política, y proceder a crear “nuevas imputaciones” a los presos vascos para que no salieran de la cárcel una vez cumplida su condena. A eso hay que añadir la modificación de la jurisprudencia a través de arteras argumentaciones jurídicas que dan lugar a la muy conocida “doctrina Parot”. Añadamos que hay en la actualidad 145 presos vascos que debieran haber salido de prisión -unos porque ya han cumplido sus condenas, otros porque se encuentran en estado límite debido a su enfermedad- y por último, porque otros ya han cumplido las tres cuartas parte de la condena. Para colmo, salen algunos presumiendo de que la represión es mayor en este año que en años anteriores. Con estos mimbres, ¿quién hace un cesto?

No mover un dedo; hacer como que se mira hacia los patos del parque cuando lo que se tiene entre manos es la seguridad y la tranquilidad; cuando lo que se tiene entre manos es que los independentistas vascos defiendan su proyecto político a través de las instituciones, es cuando menos una irresponsabilidad. El Gobierno se ha pasado de listo poniendo más atención a los gritos de la derechona franquista que a lo que convenía a los ciudadanos de España. Dejó pasar el tiempo, dejó que se fuera pudriendo el proceso; pensó Rubalcaba que todo estaba preparado para iniciar una marcha triunfal sin ceder nada de nada. Esto hiere a la inteligencia, pues quien tiene ideología y capacidad militar no es un juguete, no es un grupo de necios que negocian suelo urbano o la concesión de la recogida de basura -por eso Anguita, que nunca dejó de ser un edil, no entendió nunca con quiénes se gastaban los cuartos-, aquí la cuestión es que muchas personas de un lado y de otro se han dejado la vida y la siguen dejando. Y con la vida no se juega. Claro que eso lo entienden pocos, acomodados como estamos con la “plei” y el “chintonic”.

“Hoy es el paso más equivocado que han podido dar”, así lo has proclamado con gran énfasis, Zapatero. No dudo que todos podemos dar pasos equivocados, yo doy el primero al escribir lo que escribo, dado que me puedes echar encima a ese Conde-Pumpido. Pero, dímelo a mí, o si te parezco poca cosa, díselo a todos los ciudadanos, ¿tú no te has equivocado nunca? Más aún, en la dialéctica del combate, las fuerzas en liza usan los recursos de que disponen. Que el general del ejército contrario considere que el enemigo se ha equivocado es como para proclamar la victoria en breve. ¿Estás tú en condiciones de decir que has derrotado al enemigo? Disculpa que te diga que no creo que puedas decir tal cosa, tanto es así que solamente suspendes los contactos con el “enemigo”. Un general que se precie de ser un comandante vencedor no permite al enemigo que tenga posibilidad alguna para negociar siquiera la rendición.

Lo he dicho hace días: la paz silenciosa era posible porque alguien había dejado de actuar. Pero no miráis a vuestro alrededor, y enfrascados como estáis en la neurosis del Poder, y queriendo contentar a la derecha franquista -mal que os pese- no habéis reparado en que los ciudadanos de España, de toda España, esperábamos que no fracasarais, pues es de recibo que las exigencias de la ultraderecha peperina no tenían razón de ser. Ni un solo gesto en nueve meses y, es más, si hubo un gesto fue para acallar a la ultraderecha, y no para favorecer el proceso de paz. Todos los gestos iban en el sentido contrario para conseguir un final del conflicto vasco.

Llamazares acusa a una de las partes de acabar con el proceso de paz; su excusa: la violencia, y no hay duda de que una bomba es un acto de violencia, pero no he visto que este paisano preguntara, sólo preguntara, al Gobierno qué pasos estaba dando a favor del proceso de paz. ¿Acaso una condena de 12 años y siete meses a un preso vasco por publicar cuatro folios no es un acto de violencia con la argucia de que lo determina el Estado de Derecho? Te diré algo “Llama”, los tribunales son lacayos del Poder, ¡lo hemos padecido durante tanto tiempo!, que hasta en Roma se buscaba la independencia de los magistrados, nunca lo consiguieron, pero esto es demasiado para alguien que busca sólo votos. No quiere el muchacho dar por cerrado el proceso, es curioso, no es el único. Te sigue Zapatero y el resto de los profesionales.

Y ahora ETA. Organización armada vasca, tanto es así que hasta Amnistía Internacional la denomina de ese modo. El dolor acumulado es mucho; los siglos de los presos, muchos; y el de los familiares de los presos, mucho más; las torturas y las condenas excesivas, más aún. Vasca y con la determinación de llegar a la independencia, no cesa y no abandona en su objetivo político. En Euskal Herria, un 20% -arriba, abajo- sigue vuestras pretensiones. Muchas personas, y muchas más que se callan. Pero dadme una razón por la que hay que seguir matando gente. Se pueden entender políticamente algunas acciones, pero es muy difícil entender que se busque la desgracia absoluta: la muerte.

En cierta medida las palabras de Zapatero tienen mucho sentido: no se gana nunca con la violencia, salvo que sea absoluta y total, pero esas condiciones no se dan ni se darán. Me parece que la suma de la segunda y la tercera generación no tienen una solución al conflicto. Por eso el sufrimiento y el dolor continuará, y mientras tanto en Euskal Herria la gente seguirá teniendo hijos y mirando cuánto ha subido el SMI, la hipoteca, y el precio de la luz.

La izquierda abertzale tiene un proyecto político expresado en Anoeta: una sociedad democrática y un proyecto democrático. Las bombas pueden tener un objetivo político pero no dejan de ser un crimen, y eso lo saben incluso quienes las ponen en el aeropuerto, pero no se puede con la acción “militar” superar la propuesta política. Dicho desde aquí parece fácil, pero no es así, pues ahora nos encontramos ante una situación que puede ir mucho más allá, y esperaremos sentados a que llegue esa cuarta generación.

Mucho cuidado habéis puesto en la acción del 30 de diciembre, pero por más cuidado que se tenga se ve que las consecuencias se escapan de las manos. El Gobierno ha jugado al ratón y al gato, pero no se puede jugar con fuego. A estas horas no sé si De Juana Chaos está muerto o no, pero su muerte añadirá un plus de sufrimiento en ambos lados del conflicto. En la mesa de negociaciones deben dejarse las uñas, si no es así, es porque aún los elementos presentes no están a la altura del momento histórico que les ha tocado vivir.

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