sábado, 13 de enero de 2007

Empatía y Compromiso

A ver que les parece esta reflexión por parte de Endika Zapirain, publicada en Deia:


La paz, no es posible sólo con palabras

Endika Zapirain

Los comentarios y reflexiones diversas que se han venido manifestando en los diferentes medios y formas de comunicación, acerca del atentado de ETA en Barajas, por innumerables personas, grupos e instituciones no me han parecido, a excepción de algunas, satisfactorias ni ajustadas a la realidad. No estoy de acuerdo con el atentado. Y siento, sobre manera la muerte de dos personas, y además muy humildes, por los efectos colaterales de la conflagración. (En este caso sí son "efectos colaterales" porque, es obvio, que los activistas no querían, producir muertes. No suelen ser colaterales las acciones de los ejércitos regulares de EE.UU. Israel, Reino Unido, etc. cuando bombardean ciudades y lugares con niños, mujeres y hombres corriendo despavoridos y aterrorizados; quieren castigar a la sociedad civil para que influya en los combatientes). Pero no basta con no estar de acuerdo con la acción de ETA porque no procede la violencia de respuesta cuando existen condiciones suficientes para que la ciudadanía trabaje y luche, intensamente, por sí misma y a través de grupos sociales, políticos e instituciones representativas, hasta lograr sus objetivos.

Es el momento de la política. No obstante, no basta con el hábito de juzgar sólo los efectos de los hechos y acontecimientos que se producen y sus consecuencias. Es indispensable tener en cuenta las causas como única forma de afrontar una situación y lograr que no se repita en el futuro. Esto es válido y elemental para cualquier circunstancia y hecho negativo que conviene o es necesario evitar su repetición. Cuanto más grave es el hecho, más necesario es su análisis completo. Son necesarias dosis suficientes de humildad y autocrítica. Casi todos los ciudadanos/as conscientes deseamos la paz y normalización de Euskadi-Euskal Herria y pensamos y sentimos la necesidad del cese de la violencia de ETA, definitivamente. Sin embargo, los mínimamente dotados con visión de la realidad y conciencia democrática aprecian claras contradicciones y deficiencias en el Gobierno español y, especialmente, en su presidente y secretario general del PSOE. Efectivamente, pretender que una organización armada que practica la violencia de respuesta como medio para alcanzar objetivos políticos mínimos, desde hace 47 años, cese en su actividad definitiva sólo con palabras - además, vacías de contenido práctico- es simplemente irrisorio, lo cual deja traslucir un conocimiento muy deficiente de la realidad vasca y de la naturaleza humana. Es casi imposible lograr que una actividad violenta de respuesta cese sin crear las condiciones mínimas para propiciarla. Esto que es difícil en una relación entre personas individuales es prácticamente imposible entre colectivos, instituciones y Estados.

Si el presidente del Gobierno y secretario general del PSOE hubiera, simplemente, cumplido con su deber de hacer efectivo la aplicación en España de los Derechos Humanos y respetar e impulsar los principios democráticos en la sociedad española, ahora no estaríamos hablando del atentado de ETA, sino, probablemente, del abandono definitivo de las armas. Si no se hace nada en nueve meses, por parte del Gobierno español, el proceso no sólo puede ser largo, sino eterno. Hacer efectiva la declaración de los DD.HH. implica, entre otras cosas, lo siguiente:

a) Acercar a todos presos, sin distinción alguna, a cárceles próximas a sus domicilios, en todo el Estado español.

b) Acondicionar todas las cárceles, de tal forma que los presos puedan vivir dignamente como personas y sean respetados sus derechos íntegramente, excepto su libertad. (Si fueran animales, protestarían las organizaciones protectoras de éstos, por las condiciones de insalubridad y hacinamiento).

c) Que los presos/as, sin distinción alguna, que han cumplido las dos terceras partes de la condena y/o están gravemente enfermos sean puestos en libertad.

d) Que se tomen medidas inmediatas para que la tortura y los malos tratos sean erradicados ya, de forma efectiva en todos los lugares de detención, interrogatorios, etc. Se debe tener en cuenta que los miembros de cualquier policía tienen también un impulso natural a la violencia, lo cual es muy peligroso cuando no se establecen controles y estímulos suficientes para respetar los derechos de los detenidos/as.

e) Que todos los ciudadanos-as, grupos sociales y políticos de todas clases puedan ejercer libremente su actividad en igualdad de condiciones sin limitación previa alguna. Que se actúe a posteriori de los actos si se considera que se han cometido delitos en el desarrollo de los mismos, no a priori .

Si a lo anterior el Gobierno añade y declara que respetará, escrupulosamente, lo que deci-da la ciudadanía vasca en consulta popular, entonces el terreno de juego -diálogo y negociación- quedará limpio de basura y de minas. Esto no tiene nada que ver directamente con el proceso de paz y normalización, pero tengo la intuición y la convicción que ayudaría enormemente a crear las condiciones propicias para hacerlo posible. No sirve de nada: enjuiciar las acciones y comunicados de ETA y rechazarlos contundentemente, sin más consideraciones; declarar que tiene que cesar en su actividad definitivamente; que estamos asistiendo a su entierro; que en la Europa del siglo XXI no encaja su actividad; que está derrotada políticamente; que no tiene que interferir en la política, etc. Solamente es posible entender al otro/otra poniéndose en su lugar (empatía). Es indispensable ponerse en la lógica de ETA para llegar a una aproximación y afrontar con éxito la superación de la violencia y comenzar el proceso de normalización. La represión legal, policial y judicial no sirve para nada más que alargar el conflicto.






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