jueves, 4 de enero de 2007

Lección Irlandesa

Esto nos llega gracias a Arantza:

El IRA rompió dos veces su alto el fuego

Walter Oppenheimer | Londres

El atentado de Barajas evoca el estancamiento que padeció en su día el proceso de paz de Irlanda del Norte. A las 19.02 del sábado 10 de febrero de 1996, una bomba de media tonelada escondida en un camión estalló en la estación de tranvía de South Quay, en los Docklands, en el nuevo barrio financiero de Canary Wharf, en Londres. La bomba, que mató a dos personas, puso fin a 17 meses de alto el fuego del IRA. Tras nuevos atentados, el IRA decretaría un nuevo y definitivo alto el fuego el 20 de julio de 1997, que daría paso a los acuerdos de paz de Viernes Santo de 1998.

La interpretación general de esos atentados es que el IRA no buscaba matar sino avisar al gobierno de Londres de que aún podía hacerlo si quería. Eran más una exigencia de conversaciones de paz que un retorno a las armas.

El primer alto el fuego del IRA había llegado el 31 de agosto de 1994. Era consecuencia de la llamada Declaración de Downing Street publicada por los gobiernos de Londres y Dublín el 15 de diciembre de 1993, que abrió las puertas a una solución negociada al conflicto de Irlanda del Norte. Tras diversos estancamientos en las conversaciones mantenidas entre bastidores, el IRA decidió romper el alto el fuego inmediatamente después de la publicación del manifiesto del mediador norteamericano, el ex senador George Mitchell, que imponía seis condiciones para la participación de los grupos políticos en unas conversaciones formales de paz.

El manifiesto provocó interpretaciones opuestas entre los republicanos y el gobierno británico, encabezado entonces por John Major, y la respuesta del IRA fue romper el alto el fuego y hacerlo en territorio inglés, amenazando sobre todo intereses económicos. Es una táctica que los republicanos ya habían puesto en marcha anteriormente, en 1993, cuando una bomba con una tonelada de fertilizante estalló a las 7 de la mañana del 24 de abril de 1993 en Bishopsgate, en el corazón de la City de Londres, a unos cientos de metros de la sede del Banco de Inglaterra, provocando daños enormes. Aquel atentado, como el que el 10 de febrero de 1996 sacudiría el Canary Wharf, ocurrió en sábado, cuando los barrios financieros están desiertos. En Bishopsgate murieron dos personas, pero la policía admitió que una falla humana había retrasado la operación de alerta puesta en marcha tras recibirse el aviso de bomba enviado por el IRA a dos medios de comunicación.

La bomba de los Docklands provocó una gran conmoción en la opinión pública. El IRA había conseguido trasladar a Inglaterra la sensación de miedo que durante años habían sufrido pueblos y ciudades de Irlanda del Norte. La campaña terrorista alcanzaría un nuevo éxito publicitario el 15 de junio de ese mismo año, 1996, cuando otra enorme explosión literalmente destrozó el centro comercial de Manchester. La bomba, de 1,5 tonelada, estaba de nuevo escondida en una camioneta. La magnitud de la explosión pudo apreciarse 10 años después, cuando la policía difundió las imágenes del atentado grabadas desde un helicóptero. Los destrozos fueron tan grandes que Manchester edificó el centro comercial de nueva planta a partir de las ruinas provocadas por el atentado del IRA, que no provocó víctimas mortales.

Ni el atentado de 1994 ni los de 1996 supusieron el fin del proceso de paz; más bien ayudaron a extender la sensación de que aunque el IRA no podía ganar la guerra, tenía capacidad para prolongarla durante mucho tiempo si era necesario. El 20 de julio de 1997, tras recibir el proceso de paz un impulso decisivo con la llegada de Tony Blair al poder, el IRA decretó un nuevo alto el fuego, que sería el definitivo. El Viernes Santo de 1998 se firmaron los acuerdos de paz y el verano de 2005, tras un tortuoso camino lleno de sobresaltos políticos, el IRA inutilizó todos sus arsenales y renunció públicamente a la lucha armada.


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