viernes, 6 de octubre de 2017

El Antes y el Después Catalán

Sin mayores preámbulos, les presentamos este texto acerca de los recientes acontecimientos en Catalunya, compartido por los compas de La Haine:


Dabid Soto Aldaz | militante internacionalista

Ernesto Che Guevara dejó escrito: “Lo que nosotros tenemos que practicar hoy, es la solidaridad. no debemos acercarnos al pueblo a decir: Aquí estamos. Venimos a darte la caridad de nuestra presencia, a enseñarte con nuestra presencia, a enseñarte con nuestra ciencia, a demostrarte tus errores, tu incultura, tu falta de conocimientos elementales”. Debemos ir con afan investigativo, y con espíritu humilde, a aprender en la gran fuente de sabiduría que es el pueblo”.

Con poco más que estos consejos, el saco, la esterilla y un par de contactos recorrimos este pasado viernes el trayecto Euskal Herria / Catalunya. Una primera ubicación, las presentaciones oportunas y un primer reconocimiento de la zona en la que nos íbamos a mover fueron los preparativos previos al día D, el 1 de octubre.

No, aunque pueda parecerlo, no viajamos a organizar nada, y mucho menos a organizar ninguna guerra. Viajamos a tratar de dar respuesta a muchas preguntas. A tratar de entender, los cómos de un proceso que ha hecho que miles de corazones hayan vuelto a latir en Euskal Herria, después de años de tener las pulsaciones al límite del estado vegetal.

Aunque pueda sonar poco correcto, lo ciertos es que no viajamos para conocer los porqués de cada una de las decisiones adoptadas. El donde, cuando o quien o quienes fueron las personas u organizaciones que las adoptaron, nos daban exactamente igual. Esas cosas raramente son útiles y casi siempre son interpretables. Por decirlo llanamente, en la mayoría de ocasiones solo sirven para tratar de demostrar que se tiene más y mejor información. Porque en estos procesos siempre hay quien cree saberlo todo, aunque vivirlo realmente, siempre lo ha vivido de manera virtual.

Y para responder al cómo puede estar pasando todo esto en un periodo tan relativamente corto de tiempo, es imprescindible estar allí. Porque independientemente de cual sea el tipo de barricada que compartas, es ahí donde se da respuesta a los Cómos con mayúsculas.

Por eso me resulta incomprensible que haya quien pusiese en duda si era o no necesario estar allí. Dudas que en todo caso vimos en Euskal Herria, nunca en las gentes con las que hemos compartido horas de tensión, sueño y altas dosis de adrenalina. Dudas que solo se entienden si viajas para enseñar o por creer imprescindible tu presencia, en lugar de viajar para tratar de ser útil y sobre todo para aprender.

Es imposible predecir que va a ocurrir en Catalunya en las próximas horas o días. Pero si la situación lo requiere volveremos a acudir. Porque las respuestas a la infinidad de preguntas que podemos hacernos con respecto al proceso catalán, las podremos encontrar ya rumiadas, elaboradas y perfectamente digeribles en cientos de análisis. Pero siempre serán las interpretaciones de alguien, y no nuestras propias sensaciones, parciales si, pero tomadas a pie de calle.

Tanto es así que partiendo de una misma realidad, aunque respondiendo a intereses contrapuestos, lo que estamos viviendo en Catalunya servirá a todo el mundo por igual. Reforzará para unos la via de la bilateralidad mientras para otros demostrará que es la unilateralidad la que permite avanzar. Servirá para denostar o abogar por una via desobediente. Para reclamar compromisos o renuncias.

La oportunidad que nos brinda el proceso catalán para aprender, va a ser por desgracia utilizada para que cada una de las grandes familias políticas de Euskal Herria presente las suyas como las tesis válidas y las que además salen reforzadas de este proceso. Lo cual una vez más nos aleja de una de las principales claves de la”via catalana ”: lograr que los intereses particulares hayan dejado de ser un obstáculo para afrontar los intereses generales, los de todo un pueblo.

Ya en clave interna, y más dirigido a la militancia de la izquierda independentista vasca, viajar estos días a Catalunya es imprescindible para no volver a repetir errores del pasado. Para no volver a caer en el error de que alguien, como ya ocurrió con el proceso irlandés, nos de a la militancia las claves necesarias para entender la resolución de un conflicto. Porque al igual que ocurrió con las bondades de los acuerdos de StormonT, puede ocurrir que también en el caso del proceso catalán, se nos cuente un relato que encaja con decisiones ya adoptadas en torno a la estrategia política, aunque eso suponga obviar datos igual de objetivos que pondrían esa estrategia en cuestión.

Ahora que el proceso catalán nos demuestra que es llenando las calles de compromisos, voluntades y determinación como se pone en jaque al estado, alguien debería explicar el porque de aquel famoso “sacar el conflicto de las calles para llevarlo a la mesa de negociación” acuñado en el 2004 y posteriormente matizado, pero que en la práctica ha servido para vaciar las calles de Euskal Herria de intensidad política durante más de una década.

Ahora que el proceso catalán demuestra que es asumiendo que una de las claves fundamentales desde la perspectiva de la unilateralidad es la desobediencia, con sus posibilidades pero también con sus costes, alguien debería explicar porque tras más de 6 años del cambio de estrategia seguimos sin recursos efectivos para establecer líneas de confrontación con los estados.

Ahora que el proceso catalán demuestra que los muros populares pueden contribuir de manera determinante a la hora de poner en evidencia la debilidad y el uso indiscriminado de la violencia estatal, alguien tal vez debería explicar porque la estrategia de la firma de acuerdos con la fiscalía era más útil para el proceso que los muros populares creados en defensa de militantes políticos.

Ahora que el proceso catalán demuestra que el objetivo no debe ser exclusivamente llenar calles, sino que es llenándolas de compromisos como se pueden obtener resultados, deberíamos preguntarnos porqué planteamos que es sacando del espacio de la confrontación las reclamaciones de presas, exiliadas y deportadas como lograremos avances en este terreno. Qué nos ha llevado a la conclusión de que restando carga al carácter político de represaliados y represaliadas sumamos unas fuerzas que nunca acaban de llegar, mientras cada vez más y más militantes percibimos como ajenos las lecturas, discursos y prácticas que se desarrollan en torno a ellas.

Ahora que el papel de las CUP se ha demostrado como determinante a la hora de impedir los movimientos que pudiesen tratar de desvirtuar o hacer encallar el proceso desde las propias filas amigas… Alguien tal vez debería explicar porqué ha sido posible para esta organización mantener y hacer respetar su posición radical en dististos momentos, sin que ello le haya restado capacidad de interlocución y de incidencia. Porqué allí es posible, mientras aquí tratamos permanentemente de hacer un discurso y una practica políticas amables, convencidas de que esa via suma, aunque los datos en realidad digan lo contrario.

Ahora que esa misma formación ha demostrado que es imprescindible el compromiso activo de la base social anti (este) sistema, anticapitalista, okupa, de asambleas de paradas, de apymas, de asociaciones de vecinas…Que en definitiva nadie sobra en una apuesta de calado como pueblo, alguien debería pararse a pensar si es a base de desalojos, medidas represivas y compromisos incumplidos como esperamos comprometer a estos sectores en un proceso soberanista. Sectores que además han demostrado (el caso de las apymas catalanas por ejemplo) poder trabajar sin el tutelaje y los intentos de control que manejamos en Euskal Herria, y que tan hondos abismos está levantando con muchas expresiones del movimiento popular, social y vecinal.

Alguien debería pararse a pensar en si lo fundamental en materia policial es el diseño del nuevo uniforme o si por el contrario no deberíamos estar incidiendo en la construcción de modelos policiales con un alto grado de compromiso democrático y sobre todo amparados y obligados por leyes propias y no por las emanadas del ministerio del interior español.

Deberíamos ser capaces de reflexionar sobre que es eso tan repetidamente plasmado en documentos de “poner las instituciones al servicio del proceso soberanista”. Porque la obsesión por demostrar ser grandes gestores, nos lleva a ser absorbidos por la dinámica institucional. Dinámica útil y válida, pero ineficaz si al mismo tiempo no apuntala bases en dirección a los objetivos estratégicos.

Si realmente somos conscientes de cómo cambia el escenario tras todo lo que se está viviendo en Catalunya, si realmente entendemos que lo que hasta ahora eran hipótesis ahora son realidades a las que deberemos enfrentarnos, nuestra estrategia debe estar preparada para ello. Ver al ejército en las calles, al rey enviando mensajes bélicos, estar a las puertas de ver suspendida una autonomía, comprender el valor de la lucha y el compromiso no ya popular, sino social y vecinal…

No cabe interpretar todo lo escrito anteriormente como un llamamiento a reproducir en Euskal Herria un proceso como el catalán. Sin duda necesitamos un modelo propio. Adaptado a nuestra forma de hacer y entender las cosas. Pero si la apuesta es un proceso de carácter unilateral, el choque de trenes con el estado es inevitable. Las dudas sobre las formas en que se puede dar ese choque quedan en buena parte despejadas tras lo visto en Catalunya. La necesidad de una sociedad completamente implicada y comprometida con actitudes desobedientes como pilar del proceso son innegables. También la creación de agentes referenciales no dependientes de partido/s (ANC y Omnium son solo ejemplos). Hay un larga lista de elementos que caben en nuestra estrategia. Que en ocasiones la pondrán en valor y en otras en cuestión. Pero en todo caso elementos que no debemos pasar por alto.

Es un momento decisivo por tanto para que esa misma paciencia estratégica que se pedía a la militancia en septiembre de 2016 se traslade al conjunto de organizaciones y estructuras para entender que pese a haber finalizado recientemente un debate de calado, esto no debe impedirnos asumir que ahora hay más y mejores argumentos para realizar no solo un dignóstico actualizado, sino para incluir en nuestra estrategia aquellos cambios que la hagan eficaz.

Por supuesto no es momento de que nadie se vaya a casa, pero tampoco de cerrar persianas si previamente no hay un convencimiento real de que los pilares organizativos son suficientes y los adecuados al momento. No se puede dar por concluida la definicion de una estrategia si hay elementos que ponen en evidencia su debilidad. No es tarde para hacer, de una vez por todas, el debate pendiente sobre las formas, los instrumentos de lucha que deben servir de herramienta a nuestro pueblo para la consecución de nuestros objetivos.

Hay un antes y un después de lo que se está viviendo en Catalunya. Y hace falta humildad, valor e inteligencia para como el Che dejaba escrito, “aprender en la gran fuente de sabiduria que es el pueblo”.








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