miércoles, 13 de diciembre de 2017

Vasconia Romana

Sumando al tema del continuo tiempo espacio en esa tierra anidada en los Pirineos que bordea al Atlántico, donde los vascones devienen en navarros y estos a su vez en vascos, quienes a su vez entienden que Navarra... o Nabarra, es la tierra de todos los vascos, la Ama Lur, la Euskal Herria de la lingua navarrorum... les compartimos este interesante artículo publicado en Orain:


Eneko Abal

Al llegar Roma a la Península Ibérica y al avanzar su ejercicio de “civilización” utilizó en su expansión las sendas naturales para tejer una gran red viaria. Desde la costa mediterránea construyó un vial en paralelo al río Ebro que en su primera versión no fue más que una gran vía empedrada desde la costa mediterránea hasta más allá del plano alavés. Esta vía del Ebro y otras que se levantaron en la península sirvieron a lo largo de siglos para comunicar el interior continental con la costa romanizada del mar Mediterráneo.

Dibujado el paisaje geográfico a la llegada de Roma al Ebro vamos a parar en el zonal de Castejón en cuando las legiones romanas que construyen la calzada llegan por primera vez a este margen europeo. Un punto temporal y geográfico desde donde ve las desembocaduras de los ríos Arga, Aragón y Ega comunicando la cuenca mediterránea y la atlántica, la península y Europa, y donde aún tendrá que seguir Ebro arriba para construir la vía hacia el norte, hacia el plano alavés. Pero nos detendremos en este punto para indagar en el momento de este sitio de Castejón.

Marcado el momento es de recibo comenzar subrayando que en el proceso de construcción en suelo ajeno (y de implantación de un orden vial) Roma produjo decenas de enfrentamientos y batallas que también tuvieron su protagonismo en esta zona de la Península Ibérica. Se conocen conflictos con celtíberos, con cántabros y con “vascones” y es evidente decir que esta del Ebro norte siempre fue una zona complicada socialmente desde la aparición latina. Después de la llegada del sistema romano y para asentar definitivamente su civilización ocurrirían la famme calagurritana, el asedio a Contrebia Leucade o batallas como la de los aracellitani.

Hoy es conocida la pervivencia de la cultura latina y la euskara de forma más o menos estable durante siglos, una globalizando y la otra sobreviviendo, y sin embargo es complicado asegurar en qué grado de convivencia lo hicieron. Estos grados son estudiados en facultades y academias como “romanización tardía”, “no romanización” e incluso una reciente “euskerización tardía”. En este artículo vamos a hacer una reflexión integral de la coincidencia histórica entre la moneda “barscunes” y el apelativo “vascones”, confrontándolas con la percepción romana y la de los pueblos que la sucedieron.

La definición clásica de “vascones” sirvió para globalizar muchos pueblos del Pirineo

Hoy en día leemos la Historia con los ojos de Roma, estudiamos la Edad Media con los ojos de la Iglesia o nos iluminamos con el Renacimiento desde el prisma del Racionalismo. A consecuencia de estos mecanismos inconscientes percibimos los hechos históricos de forma sesgada, de parte. La percepción de la palabra “vascón” o “vasco” es particularmente reveladora en este sentido ya que ha perpetuado por siglos la percepción romana de “vascona” como esa sociedad que habla en lengua incomprensible y de comportamiento “bárbaro”. Fue el propio Estrabón el que definiera esto para la posteridad: “no me detendré a nombrarlas todas, no haré tal ardua labor”, y apostilla no hacerlo “porque muchos hubieran reído al oír nombres tan insolentes como plentauros, burdietanos, allotrigos y otros nombres varios”.

Ni un listado primerizo de las sociedades que englobará como “vasconas”. Nada. Sólo esas pocas y además acompañándolas de una extraña descripción sobre las costumbres que practicaban o la idiosincrasia alrededor de la mujer. Aquí la deontología dice que atendamos al contexto histórico y es subrayable entonces que Estrabón trataba de narrar la geographia para sus cortes y nobles de la época, y que no podía imaginar que 2.000 años después iba a saber escribir y leer el 80% de Europa o que nos iba a dar por indagar en aquellos siglos de nuestra Historia. Y no sólo desde su punto de vista.

Entonces es más que evidente que los “vascones” eran uno de los varios pueblos de la cultura euskara y que no todos los pueblos euskaros se llamaban “vascones”. Pero el apunte de la Geographia de Estrabón merece otra vuelta de tuerca ya que sabemos que no es el único momento en que se nombra a “los vascones” en la antigüedad. De hecho Estrabón no era el primero en mencionar esta cultura diferente ni fue el último, y cada autor tiene su propia forma de escribir y describir, como dice la deontología.

Para los romanos (y para el prisma desde el que hemos mirado la Historia hasta hoy) toda sociedad diferente que estuvo sobre estas márgenes del Pirineo occidental fue denominada “vascona”. Esta etiqueta nace el día de la llegada de Roma a este zonal de desembocaduras en Castejón, y obedece a la necesidad de globalizar (etiquetar) las sociedades que encontraba en su expansión civilizatoria, bien para entenderlas o bien para diluirlas en su seno con el aliño del tiempo. Pero ¿cuál es el momento exacto de los “vascones”, quiénes son y por qué?

Roma bautiza como “vascones” a todos los pueblos que se comportan igual que la sociedad de la zona de Sangüesa

El avance civilizatorio romano se encontró con los primeros euskaros después de atravesar todos los pueblos hasta llegar a los celtíberos Kaiskata-Cascante, Ilurcis-Alfaro y Kalakorikos-Calahorra (nombrándolos con su forma más conocida). En ese transcurso de tiempo es lógico pensar que vieran qué había al otro lado del entonces grandísimo Ebro en las desembocaduras del Arga, del Aragón y del Ega que quedaban ya a la vista en la otra orilla, tras una extensa zona de pastoreo estacional regentada por una sociedad diferente. Había que avanzar la construcción para cruzar el Pirineo y había que denominar, mencionar, llamar a esa sociedad ininteligible y “bárbara” que iban a atravesar.

Al dejar Castejón atrás y subir por el río Aragón, Roma se encontró de bruces con la primera población que hablaba esa lengua que habían escuchado en la otra orilla, en la Bardena. En los meses de construcción del empedrado hasta Castejón vieron bajar rebaños de las montañas para pastar y volver a subir a su lugar de origen pero ahora Roma encontraba por vez primera esa cultura “bárbara” en el mismo espacio que era imperativo cruzar con una vía.

En ese espacio del río Aragón y en la zona de Sangüesa se conoce una antiquísima fortaleza llamada Rocaforte con el nombre árabe de “Baskunsa”. Además se conoce una ceca cuyo horno emitía una moneda que decía “barscunes”, creada para pagar la entrada en ese zonal y seguir el recorrido de una costumbre básica de la conversión a la civilización romana. De alguna manera y para que nos entendamos con la percepción de hoy, Roma creaba una moneda para comprar esa zona y subrogarse así la titularidad del control socioeconómico.

Las fábricas que expendían la moneda solo eran autorizadas por Roma y según Untermann esto de la coincidencia histórica entre el nombre “barscunes” de una moneda y que haya además un pueblo denominado “vascones” no es más que eso, una coincidencia de la Historia. La coincidencia no es tal, como vemos, ya que “barscunes” fueron el pueblo que Roma se encontró en esa geografía y que Estrabón hizo que asociáramos como “vascones” a todos los pueblos con la misma cultura madre.



Después de la llegada de Roma la vía se amplió durante siglos hasta tejer una red de calzadas que conectaba las conocidísimas civitas vasconum enumeradas por los autores clásicos. La zona vivió como otras la decadencia del Imperio Romano y en ese espacio de tiempo se menciona unos aracellitani en batallas al sur del Pirineo y unos ducados de Sarasayz y Ruchonia en las montañas tras la caída romana, en la corte del duque Eudon de Aquitania.

Estos ducados aparecen después como nabarri junto a pampilonenses e hispani wasconum en otra batalla y, finalmente, la sociedad se da a conocer con el conocidísimo Reino de Pamplona y posterior Reino de Navarra. Este recorrido tiene dos puntos de inflexión para este artículo, el primero es la entrada de Roma y el bautizo como “vascones” a un conjunto de poblaciones en esta zona del Pirineo occidental, y el segundo es la desaparición de Roma y posterior aparición de los hispani wasconum, último y único recuerdo del apelativo “vascones” hasta hoy en día (que veremos que no viene a señalar realmente a “vascones” sino al descendiente cultural en la zona europea, los wascones). De alguna manera el apelativo “vascones” ha aparecido cuando la cultura ajena al territorio lleva tiempo subyugando a la autóctona y antes de un cambio trascendental para éstas.

‘Barscunes’ es la etimología anterior a ‘Nabarri’

En el transcurso de la desaparición romana acontecen batallas como las de los aracellitani y enfrentamientos como los del obispo Silvano, nada sobre “vascones”. Después aparecieron los duques de Sarasayz y Ruchonia en la corte del duque Eudon presentándose como tales, no como “vascones”. Tras la decadencia romana y el brote del medievo todas las sociedades europeas quedan huérfanas de imperio y los pueblos del Pirineo occidental, libres del yugo centralizador, empiezan a autodenominarse para la Historia como nabarri, tampoco como “vascones”.

El cambio de “vascones” a “nabarri” en realidad no es tal cambio como vemos, porque dicho de forma irónica parece que la propia sociedad protagonista ya tenía interiorizado que “vascones” o “barscunes” eran los habitantes de una zona concreta, no todos. Con lo que esta evolución de “vascones” a “nabarri” se resume básicamente como una etiqueta puesta por una sociedad ajena (“vascones”) y que sin ella los pueblos oriundos de la zona se proclaman “nabarri”. Este cambio además se puede observar en la descripción sociopolítica del después de Roma con el florecimiento comercial de la vía atlántica y del Emporion del Ebro.

Aunque de toda esta descripción del cambio ocurrido en los primeros siglos del medievo tal vez el argumento más resuelto sea el etimológico (que es el fin último de este artículo) porque las palabras “euskara”, “vascones” y “navarra” devuelven en una sola reflexión muchas de las preguntas y respuestas a cerca de Navarra en su Historia.

“Barscunes” se segmenta en bar-sk-on-es, donde el sufijo bar tiene una definición emparentada con agua si no es directamente referido al agua en “montaña, fortaleza, vega, río”, como dice Coca Tamame. Asegura que la raíz bar viene del sufijo celta bar (barr, barg, berg) y que es un elemento que encontramos en otros lugares como Vareia (Uarakos en la moneda). Para esta riña académica del origen indoeuropeo o no de los nombres de las poblaciones Francisco Villar apostilla que todos los de esta zona europea tienen compatibilidad en mayor o menor medida.

El sufijo bar dice Villar que procede de war, “río, agua” en unas anteriores uer, uor, ur en euskara arcaico. Y que el hecho de que en la zona franca se escriba war y que en la península se haga como bar, var, uar es un tratamiento historiográfico particular de cada zona del escriba que realiza el documento. Así que de forma general barscunes hace referencia al agua o directamente a un elevado fortificado con agua como el de Rocaforte, que brota como el antecesor etimológico natural del nabarri que encontramos después. Esto además explica a la perfección un importante cambio sociopolítico de la historia de los pueblos de Navarra: primero son señalados con agua en ur, war, barscunes, y después conocidos con la diosa barquera, Nabia, nabarri.

En esta puntualización se explica que cuando los Annales de Carlomago narran a unos pampilonenses, unos nabarri y unos hispani wasconum es para describir que los habitantes nabarri son los pirenaicos que habían ampliado los anteriores ducados de Sarasayz y Ruchonia, y los hispano-gascones los de la falda del Pirineo francés y su plano (el Anónimo de Ravena señala wasconia como la Gascuña de la zona del río Garona). La información de los Annales surge a causa de las campañas de Carlomagno y para dar testimonio de su batalla en la zona, lo que deja histórica y etimológicamente claro que tanto wasconum como nabarri como pampilonenses tienen un común cultural entre ellos y con todos los anteriores aracellitani, barscunes o plentauros.

Euskara, euskera, euskaro, euskal, la raíz eus, es la acción de “decir, hablar” según el lingüista Alfonso Irigoyen, y para definir el significado completo de la palabra lo hace con una demostración aparejada, la de la antigua conceptualización del lenguaje ancestral pirenaico en su propia denominación: euskara viene de enautsi kara, forma de hablar. Fue y es una lengua diferente que tuvo antagonismos muy profundos con la latina, como éste de hablar etiquetando para crear el sujeto de una frase (aquí ejemplificado en la etiqueta de “vascones”) o hablar explicando conceptualmente el objeto, “sin nombrarlo”.

En conclusión “hablar en euskera” es literalmente “hablar en la forma de hablar”, decir que una zona es Euskal Herria es decir que en toda esa zona se habla en la forma de hablar, y rememorar el apelativo vasco es volver al pasado para hacer una nefasta globalización a la vez que un excéntrico paréntesis de todas las reformas que la sociedad navarra histórica decidió practicar por incorporarse al nuevo orden europeo medieval surgido tras el patriarcalismo romano.






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