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martes, 13 de marzo de 2018

Trabajadoras Migrantes en Euskal Herria

Con respecto al espinozo tema de la migración a Europa y en especial a Euskal Herria, les compartimos este reportaje publicado por El Diario Vasco:


Empleadas del hogar, en su mayoría inmigrantes, se dieron cita en la fiesta de SOS Racismo en Errenteria

Elena Viñas

Oneida Sáenz llegó hace siete años al País Vasco procedente de su Nicaragua natal, donde estudió Periodismo, una profesión que no ha tenido la oportunidad de ejercer desde entonces. «Ser extranjera y haber estudiado fuera es algo que anula totalmente los estudios que puedas tener. No te deja más posibilidad que convertirte en trabajadora doméstica», señala la joven, quien asegura que son muchas las dificultades que las mujeres inmigrantes se encuentran en su vida laboral.

«Si vienes de otro país, te cuesta encontrar trabajo y el que encuentras, es siempre el peor, el que no quiere nadie», manifiesta, al tiempo que califica de «dura» su experiencia personal. «Cuando no sufres discriminación, te pagan un salario precario y si te quedan ilusiones para estudiar, no te dejan tiempo libre. Cuando surge un problema, nadie te escucha, no puedes hacer nada. Pueden despedirte y echarte a la calle sin que te paguen. Sólo te queda la opción de quedarte callada, porque todas, cuando venimos, somos ilegales. El miedo a ser deportada te hace más vulnerable a los abusos», explica.

El que el empleo de las trabajadoras domésticas no sea un empleo regulado les lleva a ser «explotadas», llegando a dedicar casi 24 horas al día a su ocupación. «Es fácil acabar interna y librando justo doce horas a la semana por unos 800 euros al mes», denuncia Oneida, a quien le ha tocado vivir ese tipo de situaciones. «Yo he pasado de estar interna a ser ahora externa, el sueño mínimo que puede tener una trabajadora del hogar», declara. «Cobro la misma miseria, pero tengo libertad para poder estudiar», puntualiza.

Su caso no difiere mucho del de Rita George, una hondureña madre de cinco hijos a los que desde hace una década envía mensualmente buena parte de lo que gana para «darles una vida mejor y pagarles los estudios». «Con el sacrificio que estoy haciendo, mis hijas están ahora en la universidad, aunque también trabajan», apunta.

Asegura que, desde su llegada a España, ha pasado por «muchos atropellos». «Lo he pasado muy mal», insiste. «He sido discriminada, he sufrido situaciones racistas, he tenido que trabajar sin contrato...», enumera.
Por la igualdad laboral

Las historias de Oneida, Rita y varias decenas de mujeres, en su mayoría inmigrantes, se entrelazaban ayer en el edificio Merkatuzar de Errenteria, escenario de la fiesta organizada por SOS Racismo para «visibilizar» la situación que viven las trabajadoras del hogar. Divididas en grupos, las asistentes tomaron parte en dinámicas con un mismo objetivo, el de elaborar una propuesta encaminada a mejorar sus condiciones laborales.

«Desde el momento que las mujeres emigramos de nuestros países con la ilusión de tener una situación laboral mejor o ayudar a nuestras familias, decidimos soportar lo que sea por encontrar un hogar que nos ofrezca la oportunidad de sobrevivir y esperar tres años para tener una legalidad. Todas hemos experimentado la realidad que se vive en España. Somos explotadas, sufrimos discriminación y hasta enfermamos por las largas jornadas de internamiento», denunciaron.

Las participantes en este encuentro hicieron suyo el lema de «Somos trabajadoras, no criadas». Entre los acuerdos que suscitaron mayor número de adhesiones destacaba el de no renunciar a tener «los mismos derechos que los trabajadores de cualquier otro sector», porque «ahora no tenemos ni la opción de recibir una prestación por desempleo». También mostraron su deseo de organizarse y fortalecerse para iniciar una lucha por la igualdad laboral, reivindicando una jornada de 40 horas semanales como máximo e indemnización por despido, entre otras peticiones.

La fiesta finalizó compartiendo platos típicos de diferentes países, música latina y bailes.






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