viernes, 30 de marzo de 2018

Entretenidos con Himnos

Desde las páginas del Diario 16 les traemos este texto que llama a los españoles de bien a reflexionar sobre las incongruencias en las que están cayendo sus compatriotas.

Lean ustedes:


Miguel Ángel Cerdán

Mientras la España casposa se enfervorizaba con la letra que Marta Sánchez, esa residente en Miami, ha puesto al himno nacional, científicos españoles publicaban en la revista Nature un estudio según el cual se identificaba una diana terapéutica presente en los cánceres más comunes. La primera, la señora Marta Sánchez, mereció la felicitación de M. Rajoy. Los segundos, el silencio más absoluto.

La apuesta de nuestras élites extractivas, y de nuestro gobierno, esos patriotas de hojalata, es clara. Así, mientras, como recuerda Juan Mulet, director de Cotec, la fundación para la innovación tecnológica, “España es la décima potencia en creación científica, algo que se mide mediante las publicaciones que realizan los científicos españoles”, la inversión en I+D y el apoyo a la Ciencia siguen perdiendo peso en nuestro país. De esta manera, según recuerda el INE, por sexto año consecutivo el desembolso español en Investigación y Desarrollo retrocede en relación al PIB, para alcanzar un ridículo 1,19 %. Conviene recordar al respecto, que la media de la UE se sitúa en un 2 % en relación al PIB de inversión en I+D, que Alemania invierte un 2,94 % de su Producto Interior Bruto, Francia un 2,23 % y Finlandia un 4 %. En estas cifras, lamentables en todos los sentidos, tienen una enorme responsabilidad las políticas seguidas desde el 2010 y en especial las llevadas a cabo por los gobiernos del señor Rajoy. Pero también tienen un gran y patético papel nuestras penosas élites empresariales. Así, entre las 1.000 empresas de la UE que más invierten en I+D sólo 21 son españolas. El ranking lo encabezan, no podía ser menos, las empresas de Alemania. Según la Caixa además, para alcanzar la media europea, las compañías españolas deberían invertir en investigación casi el doble, y si el objetivo fuera alcanzar los valores medios de la OCDE, el triple de lo que gastan ahora. Como afirma Mulet “hacemos mucha ciencia pero poca tecnología pues no hay clientes, empresas que la demanden”. ¿Y por qué se da esto? Pues muy sencillo; las élites extractivas españolas han decidido, como siempre han hecho, competir en base a mano de obra barata, y servicios y productos de escaso valor añadido. De ahí las sucesivas reformas laborales, que no han tenido ni tienen otro objetivo que abaratar la mano de obra y facilitar la competitividad empresarial en base a la misma. De ahí una reducción además de la inversión en Educación en relación al PIB que nos aproxima a Gambia y que supone que invirtamos en la misma un 75 % menos que Finlandia y un 30 % menos que la media europea. Ese es el patriotismo de hojalata de nuestros dirigentes: que nuestro país se asemeje cada día más a Marruecos o a países del Tercer Mundo. ¿Qué más les da a ellos? Ellos, a forrarse, que es lo suyo. Y nosotros a estar entretenidos con letras de himnos y demás gilipolleces.






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