sábado, 24 de marzo de 2018

Egaña | Stormontgate, Ultrasonidos y Novichok

Guerra anunciada no mata soldado.

Les dejamos con este excelente texto por parte de nuestro amigo Iñaki Egaña, mismo que ha compartido en su perfil de Facebook:


Iñaki Egaña

Hace unos meses, Washington retiró a la mayoría de su personal diplomático en La Habana y expulsó de la delegación en EEUU a 15 cubanos, alegando que sus empleados en la embajada caribeña habían sido atacados "acústicamente" afectando a las "ondas cerebrales" de dos de ellos que tuvieron que ser tratados en el continente. En total, afirmaron que fueron 21 los afectados. EEUU no acusó a Cuba del supuesto ataque, sino de no garantizar la seguridad de sus súbditos, "diplomáticos extranjeros en su país".

La escalada norteamericana fue en aumento. A fin de año, la prensa yanqui citaba la "extraña sordera" y con la entrada de febrero, el mismísimo Trump elevaba los infrasonidos o ultrasonidos, según la fuente, a la categoría de virus. Los otorrinolaringólogos flipaban con las noticias emitidas desde Miami y Washington, todas ellas relacionadas con teorías conspirativas, armas desconocidas y abducciones siderales. De nuevo el Triangulo de las Bermudas. Lo único probado es que la noticia sirvió para que Trump deshiciera parte de las tímidas aperturas de relaciones entre Obama, su predecesor, y Raúl Castro.

Con la resaca de los sordos inducidos, nos ha llegado la filtración británica de que un agente doble, de origen ruso llamado Serguéi Skripal y su hija Yulia, habían sido envenenados con un gas nervioso de la época soviética, novichok (novato). El agente estaba retirado, amnistiado y su caso aparentemente olvidado. Pero Londres lo ha puesto en primera fila, junto a sus aliados habituales, achacando incluso a Putin la orden del envenenamiento.

Cierto o no, los autores según los expertos, pueden proceder de Rusia, antiguas repúblicas soviéticas (donde se almacenaban los productos químicos), EEUU o Gran Bretaña. Las teorías conspiradoras han surgido también como champiñones y las lecturas de a quién beneficia el envenenamiento se dividen a partes iguales, con la guerra en Siria como capítulo de esa partida de ajedrez.

Me sorprende, sin embargo, que se dé credibilidad a Londres. Fueron los primeros creadores de los servicios secretos para operar en casa y en el extranjero. Compusieron el MI5 o servicio secreto interior inglés y también el MI6, el servicio secreto exterior. Y, tanto el MI5 como el MI6 ya mantuvieron una muy buena relación con el CESID, predecesor del CNI español.

Los árabes en Irán, Iraq, Siria, Líbano, Egipto, Libia... saben mucho de la implicación de los servicios secretos occidentales en el "terrorismo" en Oriente Medio. Siempre habían sospechado que la mayoría de los ataques terroristas sectarios que se producían (sunitas contra chiítas y viceversa) estaban manejados por la mano occidental, israelí, estadounidense o británica. La detención en 2005 de dos agentes británicos, camuflados y vestidos como árabes mientras aparcaban un coche-bomba en el centro de la ciudad de Basora, en pleno festival de Karbala y con mas de tres mil peregrinos reunidos, no sorprendió a nadie en el mundo árabe, ni en Europa.

Londres ya tuvo un laboratorio excepcional en Irlanda del Norte. Hace unos días, el 7 de marzo, se cumplieron 30 años de otro crimen de la inteligencia británica. En 1988, tres militantes del IRA habían sido detectados Málaga por la Policía española que dio aviso al servicio secreto británico. Los tres miembros del IRA fueron interceptados y ametrallados en la carretera que une Gibraltar con el Estado español. Tres muertes más a su lista interminable.

El caso de Skripal me ha recordado al de un infiltrado en el IRA. Denis Donaldson confesó públicamente en diciembre de 2005 que era un espía de los servicios secretos, desde 20 años antes, en el interior del Sinn Fein. Pero su confesión ocurrió no en los años de la guerra sino en los años de la paz cuando el IRA ya había puesto fin a sus campañas militares y dado el paso del desarme.

Habría que recordar que la confesión de Donaldson, en la que reveló la sumisión al servicio de Su Majestad, tuvo su origen en el llamado Stormontgate, que dio lugar a la suspensión del Gobierno de coalición, unionistas-republicanos, en octubre de 2002. Cuando el gobierno era efectivo en Stormont, Donaldson tenía responsabilidades en el Sinn Fein y el Ejecutivo norirlandés se fue al traste entre otras cosas, por unas acusaciones de que el IRA obtenía información confidencial de la sede del Gobierno británico en Belfast.
Denis Donaldson fue detenido y acusado y al registrar su casa encontraron un buen paquete de los documentos desaparecidos de las oficinas del Gobierno. En este escándalo, que se prolongó en el tiempo, los cargos contra Donaldson fueron sorpresivamente retirados. El agente, que podía ser traidor pero no tonto, debió percibir algo turbio porque a los cuatro meses se buscó un seguro de vida y confesó en rueda de prensa que había sido traidor y espía británico. Era evidente, el Stormontgate se había fabricado para tumbar el gobierno norirlandés.

Poco después, Donaldson fue encontrado muerto en una casa de una zona rural de Donegal (República de Irlanda), donde se había escondido. Inmediatamente se presentó el caso como una acción del IRA contra un infiltrado y espía británico. Sin embargo el IRA ya se había desarmado y la comunidad republicana supo inmediatamente que era una operación para torpedear el proceso de paz irlandés y condicionar el desarrollo de los acuerdos.

Entendimos entonces que el IRA no habría hecho peligrar los avances de proceso, no habría permitido que por ajustar cuentas con un traidor confeso hubiera tirado por la borda su iniciativa histórica de poner fin a la lucha armada y a la entrega de armas. Pero la cuestión es ¿quién estaba interesado en su muerte? Cuando fue decayendo la tesis del IRA, la nueva teoría de la Policía volvió a recaer sobre la comunidad republicana, “alguien con ganas de vengar la afrenta del traidor”.

El dato del contexto nos explicaba que Donaldson murió dos días antes de que Tony Blair y Bertie Ahern, gobernantes británico e irlandés, recalaran en el norte de Erin para repensar nuevas soluciones al entonces estancado proceso político norirlandés. Además ¿por qué se iba a involucrar el IRA en una muerte a un mes de que la Independent Monitoring Commission, que supervisaba la efectividad del alto el fuego, emitiera uno de sus informes para los gobiernos de Irlanda y Gran Bretaña?

Pasados unos días de la muerte, la comunidad republicana llegó a la conclusión que se había silenciado a alguien que podía dar mucha información de cómo habían funcionado y funcionaban los servicios de inteligencia británicos. Lo dijo Gerry Adams: "Denis Donaldson trabajaba para la Sección Especial, y fue utilizado de forma absolutamente maquiavélica para cargarse a un gobierno democráticamente elegido. Es probable que su muerte en estos momentos tenga por objeto impedir que tengan éxito los esfuerzos que se están realizando para conseguir avances en el plano político".
Es evidente que al analizar los acontecimientos de La Habana o el asunto Skripal, los elementos filtrados no sirven para tener certezas rotundas. En cualquier caso y vistos los aplausos de las cancillerías europeas y de la OTAN, incluida la española, vistas las estrechas relaciones entre los servicios secretos británicos e hispanos en el pasado, visto el juego y el proceder de los servicios británicos durante la guerra de Irlanda y durante el proceso de paz, visto el proceder de los servicios secretos españoles durante la "Guerra del Norte"... Ahora que se habla de una posible desmovilización, los juegos de espejos y espías seguro que aparecen en el escenario vasco.

Y en ese porvenir cercano, debemos preparemos para afrontar las futuras alarmas y escándalos mediáticos fabricados por los “servicios de inteligencia”. Debemos preparamos para sortear todos los obstáculos en forma de montajes que han de venir y de esa manera poder encarar con toda la perspectiva necesaria la construcción de la paz y la convivencia futura en Euskal Herria.






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