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viernes, 9 de febrero de 2018

De la Novela al Periodismo Negro

Cubainformación nos trae otro ejemplo de doble rasero mediática en contra de Cuba, lean ustedes:


José Manzaneda | Coordinador de Cubainformación

La 13ª edición del festival de novela policiaca “Barcelona Negra” convocaba hace unos días a 106 escritores y escritoras, siendo su “estrella” invitada el estadounidense James Ellroy, Premio “Pepe Carvalho” 2018.

El escritor más entrevistado estos días, sin embargo, no era Ellroy, sino el cubano Leonardo Padura, cuya proyección mediática es verdaderamente llamativa. Pero al margen de lo cuantitativo, lo verdaderamente chocante es el tratamiento periodístico tan opuesto, según se hable del cubano Leonardo Padura o del estadounidense James Ellroy. Veamos.

La historia personal de este último es dura: toxicómano en su juventud, su madre fue violada y asesinada, y en sus libros encontramos violencia sin límite, corrupción, brutalidad policial, crimen organizado y narcotráfico. Sin embargo, no leeremos en reseñas y entrevistas una sola referencia a la situación social y política de EEUU. Una muestra del sentido de obediencia del periodismo actual, ya que fue el autor quien impuso la condición de “no hacer preguntas ni de política ni de actualidad” para la concesión de entrevistas.

En contraste, poco importó a los periodistas que el cubano Leonardo Padura lleve años quejándose de que le “pregunten todo el rato por la situación política cubana". Cada entrevista es un bombardeo de preguntas sobre el relevo presidencial en Cuba, la emigración, la pérdida de valores, la homofobia, la desigualdad social en la Isla... El colmo era, hace unos días, un trabajo en “El Confidencial”, cuya última pregunta empezaba así: y ahora “terminamos con literatura”…

Mientras el estadounidense James Ellroy era presentado como “el perro diabólico de las letras estadounidenses”, el diario español “ABC” definía a Padura como un “contestatario”, un “disidente” que representa la “visión crítica y plomiza de Cuba”. Un país –continuaba- que “huele a corrupción y miseria”. La novela de Padura es “un agudo análisis de la sociedad cubana”, según “El Cultural”, suplemento del diario “El Mundo”. En contraste, este mismo medio, al abordar la obra de James Ellroy, nos acercaba a sus influencias literarias, a su rechazo a escribir en ordenador o a su gusto por las camisas hawaianas. Sobre las injusticias y crueldades de la sociedad estadounidense, retratadas en su obra, ni una letra.

Las opiniones de Leonardo Padura generaba titulares –la mayoría- acerca de su país. Los referentes a James Ellroy, en contraste, eran sobre su vida o su obra.

Identificar los problemas de los personajes de Padura con los de la sociedad cubana en su conjunto es ya la tónica general en los medios: “muchos lectores conocen Cuba gracias a los libros de Padura”, leíamos recientemente en “El País”. Su obra es “el específico retrato de la realidad cubana”, una “crónica social del desencanto de una generación en la isla”, nos decía “Televisión Española”. Porque el detective Mario Conde, su personaje, “descubre –leíamos en el diario “La Vanguardia”- los sueños rotos de la revolución”.

Por el contrario, las novelas de James Ellroy –y del resto de autores invitados al Festival “Barcelona Negra”- no reflejan ninguna problemática social, ningún sueño roto. El personaje de las novelas de Julián Ibáñez, autor español que compartió con Padura una de las mesas redondas, es Bellón, un buscavidas, chivato, matón y traficante de Getafe, ciudad al sur de Madrid. Ningún diario español ha insinuado que sus historias, ambientadas en la sórdida realidad de “puticlubs de carretera” donde –como leemos- “pululan personajes sombríos (y) desesperanzados”, sean una reflexión crítica sobre la sociedad española. Sobre Padura –eso sí- nos contaban cómo “combina las tramas negras con el retrato crítico de (su) país”.

Pero si hay un tema obsesivo en casi todas las entrevistas al novelista cubano ese es el de la “censura” en Cuba: “¿ha escrito Vd. siempre lo que ha querido?”, “¿es independiente para decir lo que quiere?”, son preguntas a las que Padura ha respondido una y mil veces. “Todos (mis libros) se han publicado (…) en Cuba sin que se les cambie una palabra”, ha aclarado, subrayando que el Ministerio de Cultura de Cuba le concedió en 2012 el Premio Nacional de Literatura. Nada a lo que ciertos medios no le puedan buscar una lectura oculta. “La Nación” de Argentina afirmaba que el “caso” de Padura “es paradójico: parece estar diseñado para desmentir a la disidencia, (…) como ejemplo de (…) lo que puede (…) publicar un novelista que sigue viviendo en la isla y (…) cuestiona hasta la raíz todo su sistema político”.

Y una última reflexión. Si el autor de novela negra más conocido de Cuba centra sus preocupaciones personales y literarias –sean cual sean sus opiniones- en los valores humanos o en los problemas sociales de su país; mientras uno de los novelistas “estrella” de EEUU, rehúye cualquier reflexión social, hace un canto cínico al individualismo y defiende con vehemencia la posesión de armas o la pena de muerte, ¿por qué no leemos en la crítica literaria alguna reflexión sobre la salud de sus respectivas sociedades?

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