domingo, 25 de febrero de 2018

Una Trikitixa muy Especial

Por medio de Noticias de Gipuzkoa les traemos la historia particular de un ejemplar de uno de los instrumentos musicales más característicos de la música de Euskal Herria, lean ustedes:


Los hijos de José Miguel Ormazabal, de Zumarragako Trikitixa, han donado al ayuntamiento su acordeón

Asier Zaldua

Zumarraga tiene un nombre en el mundo de la trikitixa, gracias a Zumarragako Trikitixa. Este grupo lo fundó el panderista Joxe Oria, en 1920. Los últimos años tocó con el acordeonista José Miguel Ormazabal y le encargó que le enseñara a hacerlo a su sobrino Joxe Urteaga. Fue el que hizo de transmisor entre las dos primeras generaciones. Los familiares de Ormazabal han donado su acordeón al Ayuntamiento de Zumarraga, que lo expondrá en el centro de interpretación de La Antigua. No es un violín Stradivarius, pero para los zumarragarras tiene un valor mucho mayor.

Acto de donación
El acto de donación tuvo lugar ayer al mediodía en el propio centro de interpretación. Por parte de la familia acudieron cuatro de los cinco hijos de Ormazabal. Pilar, Juan Mari, Kontxi y José Antonio. José Miguel no pudo asistir porque está de vacaciones. También estuvieron presentes Gabina Garmendia, esposa de Juan Mari, y dos nietas de Ormazabal: Maixabel y Arantzazu Beitia.

José Miguel Ormazabal nació en 1904 en Zegama y falleció en 1973. Vino a Urretxu y Zumarraga a trabajar en el ferrocarril y junto con su esposa Gregoria Otaegi regentó el mítico bar Isabel. En 1969 abrieron otro establecimiento no menos emblemático: la sala de fiestas Golden.

Pero Ormazabal fue, ante todo y sobre todo, trikitilari. Tanto, que el día de la inauguración de la discoteca también tocó el acordeón. Y la última canción que se ponía antes de cerrar era una de Zumarragako Trikitixa.

Sus hijos recuerdan que el primer acordeón se lo regaló su abuela Mikela Txiki, cuando solo tenía 7 años. Con ese instrumento dio sus primeros pasos. El niño era un superdotado y no necesitó clases de solfeo ni profesor para aprender a tocar la trikitixa. Enseguida le empezaron a llamar de todos los pueblos. “Se estrenó en Pasai San Pedro, con 13-14 años. Todavía llevaba pantalones cortos. En aquellos tiempos apenas había trikitilaris y les tenían en gran estima. Estaban muy solicitados”, comentaron sus hijos.

Encargo

Con Oria formó una de las parejas míticas de la historia de la trikitixa. Eran uña y carne. El panderista le dejó un encargo en su lecho de muerte: que enseñara a tocar el acordeón a su sobrino Joxe Urteaga. También le prometió que si después de esta vida había alguna otra cosa, se las arreglaría para hacérselo saber. Si después de esta vida se va a otro lugar, seguro que Ormazabal y Oria están juntos. Tocando trikitixa, por supuesto.

Eso sí, Ormazabal se habrá tenido que agenciar otro instrumento, pues el que utilizó para tocar en las fiestas y romerías de toda Euskal Herria se lo dejó aquí. Este acordeón se fabricó en el taller Larrinaga-Guerrini del barrio de Egia de Donostia, en 1930. Fue el acordeón más utilizado por Ormazabal y con el que tocó por última vez.

Desde su fallecimiento, el instrumento ha estado en manos de sus hijos. Ha pasado de casa en casa. Finalmente, han decidido donarlo al Ayuntamiento de Zumarraga para que lo exponga en el centro de interpretación de La Antigua. Zumarragako Trikitixa toca todos los años en La Antigua, en la romería del día de Santa Isabel, y en el centro de interpretación hay un txoko dedicado a este grupo. El acordeón de Ormazabal descansará junto al pandero de Miguel Urteaga, el miembro de Zumarragako Trikitixa con el que tocó por última vez.






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