martes, 24 de enero de 2017

Esperpéntico Monumento a la Desmemoria

Vía Noticias de Navarra, aunque de nuestra parte ya hay respuesta, les compartimos esta interesante pregunta:


“El monumento es un insulto, una total desvergüenza, un agravio a toda la sociedad”

Mikel Bernués y Unai Beroiz

El Palacio del Condestable acoge este fin de semana (viernes, sábado y domingo), unas jornadas de reflexión en torno al Monumento de los Caídos. La pregunta que se plantea, enfocada desde distintas perspectivas, es básicamente un ¿qué hacemos con ese edificio? Al frente de esta iniciativa se encuentra ZER, “un colectivo cultural heterogéneo de carácter memorialista”, como se definen, que más allá de la opinión de cada uno de sus miembros, busca “poner el debate encima de la mesa. Pero también tenemos la idea de que el debate tiene que ser resolutivo. Hay que tomar decisiones sobre el Monumento, no se puede seguir más tiempo así”, explica el fotógrafo y documentalista Clemente Bernad.

“Partimos de la idea de que el monumento es un insulto, un agravio a toda la sociedad. Es una total desvergüenza ya por las razones que lo fundamentan;por el golpe de estado que lo inicia, por el asesinato de miles de personas, por la propia Diputación foral que se suma al golpe como institución pública... Es una desvergüenza por la dictadura que se impone luego, por la forma en que se erige, en un afán de humillar al resto de la sociedad navarra, de enaltecer los crímenes contra la humanidad, el terrorismo.... todo eso fundamenta esta historia”, continúa Bernad.

Su compañero, el pintor José Ramón Urtasun, se expresa en parecidos términos. “Este edificio no hace ciudad, destruye la ciudad. Representa la muerte. No une a la ciudadanía, satisface exclusivamente a los golpistas y a sus nostálgicos de la extrema derecha, como lo son los Caballeros Voluntarios de la Cruz. Es el símbolo arquitectónico más ofensivo de los construidos con intención de recuerdo perenne en Navarra en toda su historia moderna. Lo mires por donde lo mires, por fuera o por dentro, a distancia o al pie del mismo, impone la muerte”.

Para Urtasun, la morfología urbana creada alrededor, como el “desmesurado” estanque o la “desolada” plaza componen “una coreografía deliberada para mantener presente el terror que impusieron en los cuatro puntos cardinales de la ciudad. Una mole que cierra el horizonte e impide a la ciudad abrirse hacia la naturaleza y la vida”, dice. “Mientras no haya verdad, justicia y reparación, todos estos símbolos seguirán pesando. Y algo hay que hacer con ellos”, considera. “No tenemos prisa para que se tire o no se tire o se transforme, el caso es que hay que darle cara ya a la cuestión”, apremia.

Contra la desmemoria

Una vez expuesta su postura, para Bernad y Urtasun está claro que lo que interesa es hacer pedagogía. “Pensamos que la sociedad, sobre todo la gente joven, no está muy enterada. Pasan los años, y como ha habido una desmemoria muy grande, una ocultación y una tergiversación de la realidad, entendemos que es fundamental dar a conocer todo lo que sucedió aquí y lo que representa el Monumento”, explica Urtasun. “Porque lo primero que tiene que tener la gente es conocimiento, ese es nuestro objetivo fundamental”.

Y Bernad destaca además la importancia de lo que sucedió a partir de la muerte de Franco. “Antes el asunto es una humillación total por parte de un régimen golpista y un grupo numeroso de navarros que asesinaron e impusieron su versión. Pero luego llega el inmovilismo total por parte de las instituciones supuestamente democráticas. Mola se entierra en el monumento en el año 61. Hasta la muerte de Franco está enterrado 14 años, y hasta que se le exhumó en noviembre pasan 41 años. El triple de tiempo con un inmovilismo absoluto”, lamenta.

Ambos también censuran su utilización para actividades culturales: “Al menos para mí y para todos nosotros eso dice mucho de nuestro concepto de la cultura y de la democracia. Se han organizado exposiciones, actividades culturales, se han hecho desfiles de moda tres metros por encima de las tumbas de Mola y Sanjurjo, en un edificio que mantenía todo su simbolismo. El insulto seguía vigente”, explica Clemente.

Debate muy complejo

Desde ZER son conscientes de la complejidad que encierra el debate en torno al derribo o no del Monumento. “En Salamanca hay un medallón con la cara de Franco, y una archivera del Estado decía que la historia está ahí, que derruir cosas siempre tiene su parte negativa. ¿Pero cómo compatibilizamos el respeto a la democracia, a los derechos humanos, a las víctimas, a no humillarlas, con tener expuesto públicamente el busto que glorifica a un dictador, a un criminal, a un golpista?”, se pregunta en voz alta Clemente. “Los edificios tienen un valor artístico, histórico... y un valor de discordia que te permite estar siempre discutiendo sobre él. Pero no podemos empantanarnos sobre qué quitamos o dejamos de quitar. Hay que actuar. Yo priorizo el debate, y para mí eliminar los símbolos del golpismo es fundamental. ¿Cómo hacerlo? No lo sé. Igual hay que llegar más lejos de lo que muchos piensan. Es más fácil quedarnos cortos, una plaquita... y al final no se desactiva su simbolismo porque este edificio se impone de una forma terrible”, termina Clemente.

“Están las leyes de memoria histórica y la Ley de Símbolos en Navarra, que dicen que hay que quitar placas, escudos y demás. Pero es que nosotros pensamos que el edificio en su totalidad vulnera la ley de memoria histórica. No es un escudo, es todo el monumento. ¿Cómo gestionamos eso?” dice después Urtasun. Buena pregunta.





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