lunes, 30 de enero de 2017

Que Ocho ni que Ocho

Es un tema que ya se toca con pinzas después de la sobreexposición que nos trajo la película aquella de comedia de enredo que aprovechaba el asunto ese de los ochoapellidos y que décadas antes explotara el comediante mexicano Ausencio Cruz con su personaje apellidado Erreconerrechea Jr en el programa televisivo La Caravana.

Por eso hemos traído para ustedes este excelente artículo publicado en el Correo Vasco:

Euskadi, tierra de apellidos largos, tiene también «muchos por kilómetro cuadrado». Los expertos alertan de la pérdida de esa riqueza onomástica

Carlos Benito y Miguel González de San Martín

El apellido de Flavio Magunagoikoetxea ya es, de por sí, bastante largo, pero además él se ha acostumbrado a tener que repetirlo, en un intento de que el atónito interlocutor logre asumir tal magnitud y complejidad. Son dieciséis caracteres que se les atragantarían a muchos residentes de Euskadi, así que se puede imaginar su efecto desconcertante en Zacatecas, el estado mexicano donde nació y vive Flavio. «La mayor parte del tiempo creen que es una broma o un trabalenguas. Lo acortan a Magu, o a Maguna, y se equivocan en la documentación de la escuela, en el trabajo, en credenciales de identificación...», explica este joven productor de televisión y realizador de vídeo, cuyos antepasados se lanzaron a la aventura americana desde Las Encartaciones.

La longitud y complejidad de algunos apellidos vascos es un eterno cliché, explotado a menudo con intenciones humorísticas: desde aquel Iturriberrigorrigoicoerrotaberricoechea que se inventó el escritor madrileño Tomás Borrás en la prensa de los años 30, hasta el reciente artículo de una web paródica catalana que proponía sustituir las contraseñas informáticas por apelativos vascos como Zuatzolazigorriaga, combinaciones de letras que «ni el mejor de los piratas podría descifrar». Hay personas que no se pueden resistir a bromear sobre este asunto: «Fui una vez a «Qué bello es vivir», a promocionar una serie de Tele 5, y escribieron mi apellido Aguirre Gómez Korta, dividido en tres, con sus tildes y su u en Agirre. Y, para remate, María Teresa Campos hizo un chiste con poca gracia», evoca el actor y presentador Andoni Agirregomezkorta. ¿Nunca ha contemplado su apellido como un obstáculo en su carrera profesional? «Nunca. Sí es verdad que fuera de Euskadi, y dentro a veces también, les cuesta pronunciarlo, pero confieso que disfruto un poco viendo sufrir a algunos entrevistadores cuando afrontan el momento de decirlo».

«Los otros idiomas que yo conozco no tienen esta tendencia a apellidos tan largos», confirma Mikel Gorrotxategi, responsable de la sección de Onomástica de Euskaltzaindia. En euskera, muchos apellidos están relacionados directamente con el lugar exacto de procedencia de la familia: surgen de los nombres de las casas, que a su vez suelen proceder de un topónimo que ya existía en el lugar donde se construyeron o de alguna característica del terreno, con casos tan evidentes como Iñurritegi (hormiguero). «El euskera tiene capacidad de formar topónimos especialmente largos, que en castellano serían difíciles. Pero, además, con los nombres de las casas ocurre una segunda particularidad, sobre todo en el valle de Deba y en Bizkaia: donde existía un caserío se construían varios más que adoptaban el nombre del caserío original, convertido ahora en barrio, más otro elemento que define a la propia casa. Esto produce apellidos especialmente largos, como Barinagarrementeria, Gerenabarrena, Zengotitagoitia, Uribeetxebarria...», desarrolla Gorrotxategi. El Duranguesado es una comarca particularmente propensa a este tipo de nombres de familia, que ponen a prueba las casillas de los formularios.

Circula por internet la información de que el apellido vasco más largo que se ha registrado es nada menos que Burionagonatotorecagageazcoechea, que supuestamente pertenecía a un funcionario del Ministerio de Finanzas de la segunda mitad del siglo XIX, pero el experto no da crédito a este dato. «No me lo creo», descarta. En el catálogo de apellidos recopilado por Euskaltzaindia, ni siquiera los de mayor longitud alcanzan los treinta caracteres: ahí están, por ejemplo, Etxebarrietaaltaleorraga (24) o Pagatzaurtunduagoienengoa (25).
La muerte de una historia

El origen toponímico brinda, además, otra singularidad a los apellidos euskaldunes: hay muchos, una variedad muy superior a la de otras regiones. «Al ser nombres de caseríos, acaba generándose una cantidad extraordinaria. Tenemos muchos apellidos distintos por kilómetro cuadrado, y eso implica una consecuencia trágica: al llevarlos muy poca gente, muchos apellidos han desaparecido», lamenta Gorrotxategi. Muchas veces, esas esquelas que llaman la atención por la prodigiosa extensión de un apellido o por su rareza no dan cuenta solo de la muerte de la persona, sino también del apellido en sí. El Instituto Nacional de Estadística mantiene un buscador de frecuencias, donde se puede comprobar, por ejemplo, que quedan once personas con Mañarikua como primer apellido y otras veinticuatro que lo llevan con la grafía castellanizada, Mañaricúa, por citar un ejemplo que aparece en el callejero de Bilbao. Muchos de los que aparecen en el nomenclátor de la Real Academia de la Lengua Vasca ya no están en uso o sobreviven solo en América, a veces sometidos a mutaciones.

«Cuando un apellido empieza a tener menos de cien personas, puedes pensar que no tardará en desaparecer: la mitad serán mujeres, que, aunque la ley lo permita, no pondrán su apellido a la descendencia más que en algún caso contado. Es la muerte de una historia de cientos de años», lamenta el experto de Euskaltzaindia. En estos casos, el Registro contempla la posibilidad de alterar el orden de los apellidos para evitar su desaparición: una persona podría adelantar, por ejemplo, el apellido de su abuela materna, pero es una opción muy poco conocida y que casi nunca se lleva a la práctica. Las cifras exactas no se conocen, porque el Ministerio de Justicia no desglosa los cambios de apellido según los motivos invocados.

Lo que está claro es que personas como Flavio Magunagoikoetxea o Andoni Agirregomezkorta llevan sus apellidos con indisimulado orgullo. Al primero, le conectan con aquellos parientes de antaño que partieron de Artzentales y de Otxaran, dos rincones que por fin tuvo la oportunidad de visitar hace algunos años. «En realidad, la mayor dificultad que me ha causado mi apellido fue la de aprender a escribirlo cuando tenía 5 años», se ríe. Y el actor donostiarra nunca se ha planteado seriamente acortarlo, por mucho que ello pueda resultar en un nombre artístico más escueto y facilón: «Me lo propuso alguien en mis inicios y me lo pensé un poquito, pero enseguida llegué a la conclusión de que, si Schwarzenegger ha llegado donde ha llegado aunque casi nadie lo sabe escribir correctamente, ¿por qué iba a cambiar yo?».

«En un hotel de Tokio me mandaron deletrearlo en inglés, enterito»

Olga Zabalgogeaskoa presenta en ETB ‘Todos los apellidos vascos’, el programa que investiga el árbol genealógico de personajes famosos para dar con los orígenes de su estirpe. Además, resulta evidente que la propia periodista luce un apellido que no se ve todos los días: «Yo creo que me eligieron por eso», bromea.

– ¿La gente suele experimentar dificultades con su apellido?

– Desde mi más tierna infancia, estoy acostumbrada a tener que repetir mi apellido y a que lo repitan, a veces con muy mala fortuna. Los que son muy de casa están habituados y lo dicen de carrerilla, pero en el extranjero puede pasar cualquier cosa: en un hotel de Tokio me mandaron deletrearlo en inglés, no lo aceptaron hasta que lo dije enterito, y en Túnez un guarda miraba el DNI y me miraba a mí, me miraba, me miraba, hasta que lo interiorizó. Y lo dijo: despacito, sílaba a sílaba, pero lo dijo el campeón.

– Según la base de datos del INE, en España hay trece personas con Zabalgogeaskoa como primer apellido, todas ellas en Bizkaia. ¿Qué siente al pensar que puede desaparecer?

– ¡Mucha gente me parece, ja, ja...! Da pena, pero bueno, quedaría en ese momento de la historia. Si no, siempre podemos plantearnos el cambiar de orden los apellidos: no me había puesto a pensarlo, pero es tan bonito que al menos habría que meterlo en formol.

– Su trabajo la ha llevado a tratar en profundidad la riqueza onomástica vasca, tan ligada a los caseríos. ¿Qué le ha parecido lo más sorprendente de esta experiencia?

– A mí me maravilla la emoción que han sentido todos los invitados cuando les llevas al origen, al lugar donde empezó todo. Miran alrededor como si fuese el principio de ellos mismos. Y se quedan en silencio, con esa cosa de saber cuál es su lugar en el mundo.

Nombres y apellidos

Los apellidos vascos en general, y no digamos los muy largos, siguen impresionando bastante. Es lógico que los escuchen con curiosidad las personas de otros lugares. Más raro, si lo pensamos bien, que tengan tanto prestigio y reverencia aquí, donde si no habituales son más frecuentes. Seguramente es por la creencia de que atestiguan que «son de aquí de siempre». En realidad lo que indican es que llevan bastante tiempo. Quien busque los orígenes, el lugar donde empezó todo, que viaje a África. Los primeros antepasados fueron africanos que se mudaban a menudo para cazar y recolectar.

Los apellidos vascos son toponímicos, descriptivos, de una dulce sencillez, significan «los de la casa que estaba junto al río, o en el monte», y cosas así, lo que no da para tanto. «A que vives en una casa con ventanas», dijo el profesor, y el niño, que no manejaba el humor disparatado, por si acaso se puso a llorar.

Puede entenderse el orgullo de llevar el apellido de alguien que inventó algo, que descubrió lugares o vacunas, fue artista o sencillamente bueno y formal. Puede entenderse también el interés por el solar familiar donde los antepasados ya históricos, es decir de anteayer en términos de la especie, y no digamos del mundo, vinieran de donde vinieran, se quedaran después o no, se pusieron los apellidos en un idioma propio.

Podríamos encontrar en alguna página de Jane Austen que presumir no es de caballeros ni de damas, y sin embargo a sus personajes les importan muchísimo los apellidos, porque van unidos al dinero y la posición social. No es elegante presumir y absurdo hacerlo de las cosas que no son mérito nuestro. Se entiende el orgullo de llevar un apellido que fuera un leve epíteto épico, que significara algo así como: «Todos los familiares fueron buenos como el pan y listos como las ardillas». Se entiende peor lo de la casa, el monte y el río, pero allá cada cual, en un país libre cada uno farda de lo que le parece y se le cae la baba ante lo que tenga a bien. Ser bueno o ser listo viene dado, pero después hay que trabajarlo.






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