sábado, 4 de febrero de 2017

Yolanda por Siempre

Por medio de este reportaje publicado en Kaos en la Red recordamos el legado de Yolanda González, víctima de la democracia española:


Yolanda González era vasca, de familia obrera, trabajaba en la limpieza, estudiaba y militaba activamente en las filas del trotskista Partido Socialista de los Trabajadores (PST). Vivía en un piso humilde como todos en el barrio obrero de Aluche (Madrid). La noche del 1º de febrero de 1980 fue secuestrada por una banda fascista, para luego torturarla y asesinarla.

Diego Lotito | La Izquierda Diario

Yolanda González tenía 19 años cuando fue secuestrada por un comando de “Fuerza Nueva”, el partido del fascista español Blas Piñar, una de las organizaciones ultraderechistas que actuaban con total impunidad durante la Transición española. La noche del 1º de febrero de 1980, cuatro de sus integrantes fueron a buscarla a su piso en el barrio de Aluche, en Madrid. Yolanda fue secuestrada, torturada y asesinada con varios disparos en la cabeza por Emilio Hellín, su asesino confeso. Su cuerpo fue abandonado en una cuneta de la carretera de San Martín de Valdeiglesias.

Yolanda era vasca, de familia obrera. Vivía en Madrid, trabajaba en la limpieza, estudiaba en un centro de formación profesional y militaba activamente en la Coordinadora de estudiantes de enseñanzas medias y formación profesional, así como en las filas del trotskista Partido Socialista de los Trabajadores (PST).

Su brutal asesinato fue respondido de forma inmediata con la movilización popular, realizándose asambleas en todos los centros de estudios y una huelga general de la enseñanza el día 5 de febrero convocada por la Coordinadora de Estudiantes. Muchas fueron las movilizaciones que se hicieron por Yolanda, que no cesaron hasta lograr la detención, el procesamiento y la condena de los autores e instigadores del crimen. Aunque la lucha por la justicia para Yolanda no terminó allí. Recién comenzaba.
La impunidad y la complicidad del Estado, ayer y hoy

A fines de febrero del 2013, en un artículo publicado por el diario El País, salía a la luz que Emilio Hellín Moro, el asesino confeso de Yolanda González en 1980, trabaja desde hace varios años “para los Cuerpos y Fuerzas de la Seguridad del Estado español en casos judicializados y forma a sus agentes en técnicas forenses de espionaje y rastreo informático”. Lo hace bajo el nombre falso de Luis Enrique Helling.

Esta información fue confirmada por fuentes oficiales. La Dirección General de Policía y la Guardia Civil contrataron los servicios de Emilio Hellín Moro y su empresa, News Technology Forensics, entre 2006 y 2011 para cursos de especialización e investigaciones en casos de terrorismo y crimen organizado. Al conocerse la noticia, el Ministerio del Interior del actual gobierno del PP dio a entender que su colaboración terminó en 2011. Pero no fue así. Fuentes no oficiales de la Guardia Civil afirman que el ultraderechista ha seguido colaborando con el instituto armado.

La noticia conmocionó a familiares, amigos, antiguos compañeros de militancia de Yolanda y a todos los que nos indignamos con que los asesinos del Franquismo y la Transición caminen libremente por las calles. Sus crímenes aún gozan de absoluta impunidad. El caso de Emilio Hellín es solo una evidencia más del círculo de complicidades e impunidad entre el Régimen surgido de la Transición y los asesinos de los luchadores obreros y populares.
La trama negra de Fuerza Nueva, Emilio Hellín y el asesinato de Yolanda

A principios de los años ‘70, el ingeniero de Telecomunicaciones Hellín empezó a colaborar con el Servicio de Documentación de Presidencia del Gobierno (SECED), servicio secreto creado por el almirante Carrero Blanco, donde siguió trabajando bajo el primer gobierno de la Monarquía, presidido por Carlos Arias Navarro. Gracias a su experiencia en las cloacas, durante la transición democrática Hellín, con 32 años, fue jefe de seguridad de Fuerza Nueva del distrito madrileño de la Arganzuela, y jefe del denominado “Grupo 41”, del parapolicial Batallón Vasco-Español (BVE), antecedente de los GAL. (“Emilio Hellín y el crimen de estado durante la transición”, Mariano Sánchez Soler).

Las conexiones de Hellín con los servicios de seguridad del Estado eran ampliamente comprobables. Fue así que en el asesinato de Yolanda se puso en movimiento una trama negra organizada al detalle, que disponía de armamento, inteligencia, documentación y apoyo logístico. El crimen de Yolanda no fue obra de unos ultras violentos, sino el resultado de un grupo parapolicial dedicado a la guerra sucia, organizado y apoyado directamente desde instituciones del Estado.

Pocos días después del asesinato de Yolanda, fueron detenidos varios integrantes de “Fuerza Nueva”, pero fue la movilización popular la que impidió los intentos de cerrar el caso sin condenas. Emilio Hellín e Ignacio Abad, uno de sus cómplices, fueron condenados como autores materiales del asesinato, mientras otro grupo recibió condenas menores. Pero lo que nunca se investigó fue la red de relaciones entre estos asesinos y las fuerzas represivas del Estado.

La sospecha más que fundada de que el grupo paramilitar actuaba bajo el amparo de las fuerzas represivas del Estado nunca se investigó, cuando existían pruebas evidentes. Sólo un día después de asesinar a Yolanda, el asesino Hellín durmió en la casa de un policía de Vitoria que interrogado posteriormente declaró “que Hellín tiene contacto con importantes peces gordos de los cuerpos de Seguridad y el Ejército”.

Tampoco se le dio importancia al hecho que del grupo de secuestradores formaban parte un Policía Nacional y un integrante de la Guardia Civil (hermano de Hellín), y quien dio la orden del secuestro y asesinato fue otro Guardia Civil, David Martínez Loza, jefe de Seguridad de Fuerza Nueva. Ni tampoco se investigó que los asesinos contaban con armamento del ejército, además de un equipo de comunicación sofisticado para la época al que sólo tenían acceso fuerzas armadas del Estado. Nada de esto tuvo importancia, y a pesar de las denuncias de familiares y compañeros de militancia, las complicidades en el Estado quedaron en completa impunidad.

Emilio Hellín fue detenido el 7 de febrero de 1980 y condenado a 43 años de cárcel por su brutal crimen, pero de éstos solo cumpliría 14. En agosto del mismo año protagonizó su primer intento de fuga, ayudado por presos comunes de la cárcel de Alcalá de Henares. A pesar de ello, el 20 de febrero de 1987, el juez José Donato Andrés dio permiso a Hellín para salir de la cárcel de Zamora con un permiso de seis días. De nada sirvieron los recursos presentados por la familia de Yolanda y sus compañeros del PST. Con la ayuda de la “justicia”, Emilio Hellín se fugó nuevamente, saliendo de España con un DNI legal y con toda su familia hacia Paraguay, donde encontraría “trabajo” en los servicios de inteligencia del genocida Alfredo Stroessner.

Tras dos años de fuga, fue descubierto por un periodista y posteriormente extraditado y devuelto a la cárcel. Pero hacia julio de 1995 fue premiado con un régimen de semilibertad y en 1996 es liberado impunemente, habiendo cumplido tan sólo 14 años en prisión.

Pasarían pocos años hasta que el Estado contratara los servicios del “experimentado” Emilio Hellín. Bajo directivas del Ministerio del interior, desde el año 2006 hasta el 2011, es decir, durante los gobiernos del PSOE y el PP, Hellín y su empresa gozaron de varios contratos como “asesores” de las fuerzas represivas del Estado español. Ese es el lugar asignado para el asesino de Yolanda por el régimen. Aunque es indignante, no es extraño… el fascista Hellín siempre fue “uno de los suyos”.
La Transición, “modelo” de represión e impunidad

Si toda esta trama de impunidad fue posible, es porque la “modélica” Transición española, la que se quiso mostrar al mundo como ejemplo a seguir, estuvo basada en la represión a los luchadores obreros y populares y en la más escandalosa impunidad.

Lejos de la extendida quimera de una “Transición modélica”, esta fue una etapa de represión cruenta. Como ejemplo recordemos los sucesos de Vitoria de 1976 (la represión y asesinato de los obreros en huelga), los crímenes de Atocha, la represión a las huelgas obreras y estudiantiles todos esos años. Como lo demuestra Mariano Sánchez Soler en su libro “La Transición Sangrienta”, el tránsito hacia la “democracia” nacido del contubernio entre el Rey, la derecha, el PSOE, el PCE y los sindicatos mayoritarios, fue impuesto con la más cruda violencia.

La impunidad fue “pilar” de la transición, comenzando por la Ley de Amnistía, que garantizó a los franquistas seguir libres después de 40 años de represión y cientos de miles de asesinatos, que ni siquiera se pudiera reivindicar la calidad de perseguido político. Este pacto de impunidad y silencio, acatado por todos los partidos del Régimen (incluidos el PSOE y el Partido Comunista de España), fue la base de la democracia pactada del ‘78, esta “democracia para ricos” que mantuvo intacto el aparato de las fuerzas de seguridad, de los que transformados de “grises” a “azules” siguieron actuando durante la Transición y en adelante contra los trabajadores y el pueblo.

Cientos de mujeres y hombres luchadores fueron víctimas de las bandas de ultraderecha y las “tramas negras” orquestadas desde el Estado. Emilio Hellín Moro y la escoria de “Fuerza Nueva” estaban unidos por miles de lazos con las más altas esferas del Estado y las fuerzas de represión. Las mismas que hoy siguen utilizando los servicios de perros asesinos como Hellín para formar a los nuevos represores. Yolanda fue una más de las víctimas de esta violencia y su crimen, fue un verdadero “crimen de Estado”.

La lucha por el castigo a los responsables políticos y una investigación independiente de las responsabilidades políticas de este caso, aún sigue pendiente.
“Yolanda en el país de lxs estudiantes”

El diario vasco Naiz emitió el documental “Yolanda en el país de lxs estudiantes”, estrenado en 2013 y realizado para difundir la memoria de Yolanda González y los crímenes de la transición.

El documental fue dirigido y producido por Isabel Rodríguez, compañera de infancia de Yolanda González. En una reciente entrevista concedida a GARA decía que “el cariño a Yolanda fue el motor para hacer el documental” y que pretende ser “un homenaje a los que fueron asesinados por luchar por un mundo mejor durante la llamada transición y un instrumento para difundir su memoria”.

El documental puede verse íntegramente en este enlace.

Yolanda González, ¡Presente! ¡Ahora y siempre!





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