miércoles, 27 de septiembre de 2006

El Aita Donostia

Este apunte biográfico acerca del Aita Donostia nos llega cortesía de Vascos México:

El Padre Donostia

Lo recuerdo perfectamente. Mirada inteligente y penetrante. Movimientos ágiles, ligeros. No usaba las sandalias tradicionales que llevaban los frailes. Siempre lo vi con unas alpargatas negras. En su estudio, de grandes ventanales y mucha luz estaba el piano de media cola.

Allí, en medio de un precioso jardín, oficiaba la música el Padre Donostia. Allí me daba las clases de piano y hacía sus reuniones intelectuales. Todo su estudio trasmitía alegría y serenidad. Numerosas partituras y libros ocupaban las paredes. En las clases, cantaba con voz aguda la música que uno tocaba en el piano para trasmitir el fraseo de lo que se interpretaba. Decía: "Nada como la voz para expresar el sentir". Siempre fue muy paciente conmigo, excepto una vez que llegué a dar la clase con las manos hinchadas por jugar pelota a mano. ¡Dios mío, qué enojo! Me dijo, tajante: "O dejas de jugar a pelota, o suspendemos las clases". Excuso decir que ese mismo día se malogró un futuro Atano III.

La técnica que enseñaba para el piano me recuerda un poco el mismo estilo del pianista José Iturbi, que se hizo famoso en Hollywood en numerosas películas. Fue admirador y amigo de Ravel, al que trajo de visita al Colegio de Lekaroz, allá por los años 20. Al Padre Donostia le debo la predilección que siento por los compositores franceses (Fauré, Ravel, Debussy...) a los que tanto admiraba. Tengo predilección por su Oñazez , pero lo que de verdad me conmueve es su Jesu mi dulcíssime . ¡Qué maravilla de obra...! ¡Qué belleza, qué ternura, qué amor..!. Lo cantó mucho la Coral de Elizondo, que, por cierto, fue el gran promotor de sus composiciones. Le oí decir, en varias ocasiones, que la interpretación de sus obras, dirigidas por Juan Eraso, superaba lo que él se imaginó al componerlas. ¡Qué halago, viniendo del propio compositor!

Recuerdo con mucho cariño las tertulias que, eventualmente, se hacían en el Colegio de Lekaroz: El Padre Donostia, Jorge Oteiza, Juanito Eraso, Fernán Laví, profesor de guitarra en la Universidad de Argel; Bello Portu, director de la Escolanía Felipe Gorriti de Tolosa y algunas otras gentes valiosísimas. Gente interesantísima a la que yo escuchaba sus opiniones y discusiones con verdadera reverencia. ¡Cuánto aprendí de ellos...!. De esos mundos desconocidos para mí. Era un agasajo el escucharlos.

Por cierto, había algo interesante que nunca entendí, cuando el Padre Donostia y Oteiza decían que la enseñanza musical debía hacerse en sentido contrario: de adelante para atrás, comenzando por los compositores modernos. Y se entusiasmaban al hablar de ello. También recuerdo cuando el Padre Donostia y el Padre Jorge de Riezu (el tío Jorge) venían alguna tarde a merendar a mi casa de Elizondo. Eran unos sobremesistas divertidísimos. Por los dos, mi admiración y profundo cariño.

Posteriormente, el Padre Jorge fue recopilador y promotor de todas sus obras. ¡Qué trabajo..! Y siempre le faltaba dinero para sus publicaciones. Y cuando le pregunté: "Si hay tanto cariño por su obra, ¿cómo es que la gente no colabora económicamente? Y él con su pícara sonrisa me contestó con esta frase lapidaria: "Querido sobrino, al corazón de los hombres se llega con relativa facilidad, pero al bolsillo...".

Vaya mi afecto y agradecimiento a estas gentes que tanto me dieron. Y que el Creador los tenga en un maravilloso mundo de música celestial. Se lo merecen.

Juan Viguria Iribarren, 'Juancho'


Natural de Elizondo y residente en el Distrito Federal de México, sobrino del Padre Jorge de Riezu, es un relevante musicólogo y ex alumno del Padre José Antonio Donostia

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