sábado, 10 de junio de 2006

Los Vascos Como Referentes

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Referentes europeos


«Sin embargo, conviene mantener el sonsonete que nos concibe como referente europeo. Tiene grandes ventajas: lo de europeo evita decir 'español'; nos sitúa mentalmente en Europa (y no en España)...

MANUEL MONTERO/CATEDRÁTICO DE HISTORIA CONTEMPORÁNEA EN LA UPV/EHU

Un artículo precedente sostenía que los vascos nos vemos como pioneros, a juzgar por nuestra manía de atribuirnos afanes exploradores y primerizos en cualquier empresa que acometemos. Pues bien: tras ser pioneros en todo lo que hacemos nos convertimos enseguida en referentes europeos. Al menos, así lo proclaman nuestros próceres. Los vascos somos (o seremos pronto) «referentes europeos» en «investigación y tecnología», «innovación», «modelos de Formación Profesional», Euskadi es «referente europeo de sofisticación por medio de la innovación (en el sector turístico)», «referente europeo en la excelencia en la gestión», «referente europeo» (y mundial) en «la gastronomía», somos «referentes feriales europeos». Y así sucesivamente. Sea por nuestra vetustez -lo de ser el pueblo más antiguo de Europa obliga a esta sobrecarga de ser modelo- o por alguna suerte de astucia natural, lo cierto es que tenemos a Europa alucinada. Poco más de dos millones de vascos y podría mencionar más de un centenar de materias de las que nos consideramos «referentes europeos» (o llegaremos en breve), según proclamas gubernamentales, de partidos o empresariales.

No caben las citas en un artículo, por lo que éste recoge sólo algunos ejemplos. Comprueban lo bien que nos vemos, como referentes. ¿Los europeos nos verán así? Eso es harina de otro costal. Así, tenemos en Usurbil un centro de FP referente europeo en tecnología sobre energías limpias, en Vitoria un nodo logístico que es referente europeo, el Athletic es referente para la UEFA, en Bilbao aspiramos a referente europeo en el pop-rock, el metal y las nuevas tendencias musicales, y de todas formas la villa es «referente europeo y mundial para los negocios, el ocio y la cultura». Sopelana aspira a ser referente mundial del surf. No mundial, sino europeo es referente el ajedrez en Euskadi, pequeño país que por otra parte será pronto (globalmente considerado) referente turístico internacional, circunstancia que ya reúne el aeropuerto de «La Paloma». San Sebastián, por el contrario, es referente europeo en el mundo de la imagen (y su ensanche, referente para el urbanismo europeo) y Vitoria es referente europeo en realidad virtual. Tenemos, por supuesto, un centro que es referente para la investigación por la paz. Mientras Foronda lo es para el transporte de mercancías, en Zornotza tenemos un centro que, sorprendentemente, es referente cultural europeo (y aquí ni nos habíamos enterado). Somos referencia europea en tecnología automovilística, referentes para los golfistas europeos, así como en nanotecnología, pilas de combustibles y «el tejido empresarial alavés» lo es por la adaptación de empresas-trabajadores a NTIC en RR.HH. Emakunde es «referente absoluto en el Estado y en Europa» y en general el País Vasco es referente europeo en aprendizaje a lo largo de toda la vida (sic) y el Plan Vasco de Deporte asegura que «tradicionalmente, la sociedad vasca ha sido y es considerada como referente en materia deportiva para nuestro entorno más cercano»: no está claro si la perífrasis esconde a España o a Europa, pero sí que somos referentes, que es lo importante. Es pues mucha la responsabilidad que nos corresponde, inmensa la carga de surcar el siglo XXI siendo modelo para los europeos.

Si en la gran llanura húngara, en las colinas de la Selva Negra, la banlieu de París, los centros tecnológicos galeses, los arrabales de Estocolmo, los muelles de Hamburgo, las tabernas de Salónica o las oficinas de Rotterdam a algún sujeto se le ocurre alguna iniciativa, ¿qué es lo primero que debe hacer? Pues darse una vuelta por Euskal Herria, a ver si también destacamos en lo que al individuo en cuestión le preocupa. Se verá satisfecho (y aprenderá) si quiere progresar en manufacturing (en esto somos referentes europeos junto a Flandes, quién lo iba a decir), el turismo de calidad (la catedral de Santa María es referente europeo de este tipo), la automatización de procesos industriales, las infraestructuras deportivas, la fabricación de cadenas, la educación multilingüe, las infraestructuras científico-tecnológicas (algunos ámbitos), «el ámbito de la problemática medioambiental» (Donostia), la Ley de Igualdad (referente avanzado en Europa): en (casi) todo somos referentes europeos.

Lo que quiera el alemán, galés, flamenco, sueco, transilvano... y no digamos si sus preocupaciones son policiales (la Ertzain-tza, por sorprendente que parezca, es referente europeo, pues es «la única que certifica sus detenciones»), investigación en ecodiseño (en esto, sólo referente estatal: a ver si nos aplicamos), sector energético (vamos lanzados hacia convertirlo en referente europeo), en la investigación y difusión del mundo marino (el Aquarium de San Sebastián lo es), cinemática paralela, estructuras ligeras, alta velocidad y alto rendimiento, movilidad en bici por ciudad (San Sebastián, de nuevo). Y muchas cosas más. Tiene su intríngulis esta vocación de considerarnos referentes europeos. Aunque no está claro que los europeos nos consideren sus referentes. Nosotros somos los que nos predicamos referentes para ellos, y lo hacemos sin tino ni mesura.

Tiene su miga, también, que nuestro Gobierno Vasco no proponga una y otra vez no ya mejoras, sino convertirnos de golpe en referentes europeos, sin pasos intermedios. ¿No sería mejor ir poco a poco? Quizás como somos vascos no nos queda otra que el órdago a la grande. «Vamos a implicar a toda la sociedad para conseguir que Euskadi sea un modelo de referencia en el desarrollo de las nuevas tecnologías de la información (...), mejora de infraestructuras de telecomunicaciones, formación y promoción de contenidos relevantes», aseguraba el lehendakari en el Parlamento, reflejando esta actitud. «Hace 10 años nos propusimos ser un referente para los demás países y lo hemos conseguido», se felicitaba él mismo hace unos días, al proclamar que somos, en Europa, referentes en certificaciones de calidad. Al parecer, los grandes saltos hacia delante son sólo cuestión de voluntad, si los vascos andan por medio. Por eso estamos a punto de ser (o lo somos ya) referentes europeos en biotecnología, terapias oncológicas, formación para el empleo, creatividad e innovación, centros tecnológicos, identidad propia (un partido asegura que Euskadi es «referente europeo en identidad propia», por raro que suene), innovación y crecimiento. Tal despliegue de inmodestia tiene su punto de desmesura. ¿De verdad resulta creíble que un centro de Rentería, magnífico sin duda, es referente europeo en innovación de la FP, que somos referente europeo en las tecnologías de la información y comunicación, o que somos referente europeo «y mundial» en bilingüismo y «la introducción temprana del inglés»? Pues a lo mejor: de ahí el fluido inglés en que charlan por las calles los chavales de diez y quince años. ¿Alguien, excepto los gobernantes del Gobierno, puede creer que somos «referentes europeos» en todas y cada una de las cosas mencionadas? Vamos, hombre: confiemos en que, al menos, estemos en el montón.

Sin embargo, conviene mantener el sonsonete que nos concibe como referente europeo. Tiene grandes ventajas: lo de europeo evita decir español; nos sitúa mentalmente en Europa (y no en España); permite establecer un aparente gran objetivo; y, como no hay forma de medirlo, podemos decidir cuando queramos si hemos alcanzado la dicha. Además, al vecindario le encanta esa sensación de un continente hablando de nosotros. Última ventaja: a los políticos les gusta creerse en el paraíso y lo de ser referentes europeos les hace felices. En nuestra literatura local salimos siempre como referente europeo, pero casi nunca se cita ningún ejemplo europeo para nosotros. Hasta hace unas semanas, cuando de pronto ha aparecido uno: Montenegro, dicen que referente europeo para Euskal Herria. Por una vez que nos fijamos en algún modelo ajeno...

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