lunes, 17 de diciembre de 2018

Crónica de una Paz Bloqueada

Traemos a ustedes una actualización en el Caso Ortzaize por medio de este reportaje dado a conocer por Gara:


Terexa Lekunberri, Grazi Etxebehere y Jef Mateo comparecerán el lunes ante el tribunal de París, que los juzgará por «asociación de malhechores», pero su preocupación se centra más en «difundir nuestro mensaje» que en las penas a las que se enfrentan.

Haritz Larrañaga

Como buena anfitriona, Grazi Etxebehere nos recibe en su casa y pone en marcha la cafetera. Sentados a la mesa la esperan Terexa Lekunberri y su esposo Jef Mateo, vecinos que viven a escasos 200 metros de sus casa. Los cafés ya están listos, pero antes de empezar Etxebehere coloca encima de la mesa las fotos de los que «no han podido venir» (Xabier Goienetxea e Iñaki Reta están presos) y reconoce que «su detención me afectó mucho».

Con la chimenea encendida al fondo, Lekunberri empieza a narrar cómo vivieron sus detenciones el 7 de julio de 2015. «Estábamos en el exterior de la casa celebrando las buenas notas que había sacado mi hijo Bixente, cuando de repente apareció una furgoneta blanca y descendieron unos hombres armados».

«Mi hermana pensó que era una broma que le querían hacer sus amigos a mi hijo, pero nosotros sabíamos a que venían, así que rápidamente les dijimos que teníamos a dos personas en casa, y se le cambió la cara de golpe, nuestros invitados se quedaron de piedra, no esperaban algo así de nosotros», prosigue Mateo.

El asalto a la casa fue «muy violento». A la vez que reducían a la pareja ortzaiztarra y sus invitados, derribaron la puerta de atrás y tomaron la casa donde se encontraban sus dos hijos y los dos presuntos miembros de ETA. Mientras la Policía registraba todo entre gritos constantes, los hijos fueron obligados a permanecer tumbados en el suelo. Mateo recuerda con alivio que «Bixente aún no había cumplido 18 años, si no también hubiera sido detenido y trasladado a París».

A las diez de la noche, después de dos horas angustiosas, fueron liberados los hijos e invitados. Mientras tanto en el exterior vecinos y amigos se concentraban para mostrar su solidaridad. Algunos cantaban, otros tocaban la txalaparta y también hubo cargas de la Policía. El apoyo de los vecinos no cesó hasta las seis de la mañana, momento en el que finalizó el registro y se llevaron a los detenidos a la comisaría de Baiona.

Implicación de la sociedad civil

Etxebehere se encontraba en Iruñea cuando tuvo conocimiento de las detenciones. «Lo primero que sentí fue una angustia muy grande, porque la responsable era yo. Iñaki Reta y Xabi Goienetxea estaban en mi casa, y mis amigos se hicieron cargo de ellos por ayudarme a mí mientras estaba fuera». Etxebehere admite que «al principio no sabía qué hacer», pero una vez que conoció que la Policía también entró en su casa no se lo pensó dos veces y llamó a la emisora Irulegiko Irratia para que tuvieran conocimiento de que iba a presentarse en el lugar.

Paradójicamente, la misma Policía que la buscaba no le dejó volver a casa, momento que la prensa aprovechó para hacer unas preguntas a Etxebehere: «Hoy he escuchado lo que dije aquel día y me he quedado asombrada porque creo que no hablé tan mal», dice medio en serio medio en broma.

La imagen de Graxi vestida de blanco y con el pañuelo rojo sanferminero al cuello se expandió a toda velocidad en redes sociales y algunos medios convencionales, pero las imágenes no fueron lo único que calaron. Sobre todo impactaron las palabras de Etxebehere advirtiendo que «es responsabilidad de todos construir la paz». Hicieron mella en mucha gente que veía con resignación que «el proceso de paz no avanzaba».

«Algunas personas que luego tomaron compromisos concretos para que se diera el desarme que culminó el 8 de abril en Baiona me dijeron que decidieron hacer algo después de escuchar mis declaraciones», admite Etxebehere. todavía hoy un tanto «sorprendida» por la repercusión que tuvieron aquellas palabras cargadas de sinceridad.

Aquellas frases reflejaban en qué punto se encontraba el proceso de paz. Mateo alude al contexto en el que fueron detenidos: «Una vez que ETA dejó de actuar parecía que ya se había acabado todo, pero la gente veía que la policía seguía deteniendo gente, por lo tanto el bloqueo era cada vez más evidente».

Cambio de estrategia en París

Los argumentos de Etxebehere ante la prensa también tuvieron eco en los calabozos de la Policía, dado que en parecidos términos declararon los demás arrestados. Lekunberri explica que «durante los días que estuvimos detenidos nos hicieron miles de preguntas, miles. Les repetíamos que ETA no iba a volver, que nosotros éramos civiles comprometidos con la paz, que había que trabajar en esa dirección y que ellos también debían sumarse al tren en vez de poner obstáculos»

Pese a que el Gobierno francés «parecía seguir como si nada hubiera cambiado», en opinión de Etxebehere sí hubo cambios considerables. A su parecer, «el hecho de que pudiéramos ser asistidos por nuestros abogados y que fuéramos puestos en libertad tras pasar delante del juez supuso una novedad, no se había dado ningún caso parecido antes, y se repitió cuando hicieron la operación de Luhuso».

Etxebehere traza una comparación muy reveladora para evidenciar el cambio de actitud que se produjo en la magistratura francesa: «Hace 30 años estuve seis meses en la cárcel por alojar a dos personas desarmadas, y esta vez se trataba de dos personas con dos armas pero me dejaron libre, ¡ya me dirás si no hubo un cambio!».

Aunque fue detenida dos días más tarde, Etxebehere quedó en libertad antes incluso que sus convecinos. «De vuelta a casa, en el trasbordo de trenes en Burdeos se presentó una tía mía que es monja y quería saludarnos. Fue ella quien nos dio la noticia, no nos lo podíamos creer», rememora Lekunberri con una sonrisa que reproduce «la felicidad que sentimos en aquel instante».

Pero no fue el único cambio que advirtieron los tres ortzaiztarras a su regreso. En palabras de Mateo «había mucha gente en la plaza, se produjo una ovación que no se cuánto duró, pero mucho, mucho, la gente no paraba de aplaudir, fue muy emocionante». Etxebehere señala a la pareja que tiene a su lado y constata: «Es que estos tocaban otras esferas. Allí había gente que normalmente no sale a manifestarse, y también estaban los que están siempre. Cada uno tendría sus razones, pero todos entendían que había que hacer algo para desbloquear el proceso».

Una semana más tarde, una manifestación recorrió las calles de Donibane Garazi para denunciar la represión y reclamar una solución. El lema de una pancarta que rezaba «Nik ere ene etxeko ateak idekiak ditut» («Yo también tengo las puertas de mi casa abiertas») se convirtió en el eslogan más repetido en las siguientes manifestaciones celebradas en Ipar Euskal Herria.

Lekunberri y Mateo no pudieron asistir, ya que entre las medidas impuestas, como tener que firmar en la comisaría de Donapaleu cada quince días o no poder salir del Estado francés, se les vetó el derecho a participar en manifestaciones o en actividades políticas. Etxebehere portó la pancarta de dicha manifestación, porque «a mí no me impusieron esa prohibición, aunque sí que me quitaron el pasaporte, pero tampoco lo necesito, y menos para moverme por Euskal Herria», subraya.

La importancia de «hacer»

De cara al juicio que comenzará mañana en París, los ánimos de cada uno difieren. Mateo y Lekunberri admiten estar nerviosos, pero Etxebehere se siente «asombrosamente tranquila», aunque advierte que «este fin de semana me tengo que mentalizar, porque no hay que olvidar que tenemos en frente a un Estado». Lekunberri se declara, sin embargo, más optimista: «Han pasado más de tres años en los que han ocurrido muchas cosas: las detenciones de Luhuso, el desarme del 8 de abril, el fin definitivo de ETA... El contexto es diferente, pienso que es más favorable».

Sin embargo a la hora de responder a la pregunta de qué es lo que más temen del juicio, los tres ortzaiztarras coinciden: «Tenemos la responsabilidad de divulgar un mensaje que sintonice y refuerce el proceso de paz. Si no fuera porque pensamos que el juicio puede valer como instrumento para hacer oÍr nuestra voz, no acudiríamos, no vamos para salvar nuestros culos».

Lekunberri, Mateo y Etxebehere también coinciden en otra cosa: «La buena conciencia de que hicimos lo que teniamos que hacer», dice con énfasis Lekunberri. «Los acontecimientos de después confirmaron lo que declaramos en los interrogatorios, íbamos en la buena dirección», reflexiona Mateo.

Etxebehere insiste en la importancia de hacer lo que cada uno cree que es correcto en cada momento. «Cuando lo haces no eres consciente de la importancia que tiene cada pequeña acción, no puedes calcular las consecuencias, pero lo haces porque hay que hacerlo, porque sin un paso no viene el siguiente. Sin Luhuso quizas no habría finalizado el desarme, y sin el desarme, quizas todavía no sería posible el final de ETA».

Secuencia de acontecimientos en 2015: Detenciones, registros y conferencias

28 de mayo

La Policia gala, junto con la Guardia Civil, halla un armamento de ETA en una casa de Biarritz y detiene a Nathalie Chasserieux, Enrique Lopez y sus respectivas parejas sentimentales.

6 de junio

ETA califica la operación de Biarritz de «ataque grave y directo» contra el «proceso de sellado» de sus depósitos de armas acordado con la Comisión Internacional de Verficación.

11 junio

Se celebra la Conferencia Humanitaria por la Paz en el Pais Vasco, en la Asamblea Nacional en París. 110 personalidades piden al Gobierno implicación en proceso de paz y que participe en el desarme de ETA.

7 de julio

Detenidos en Ortzaize Terexa Lekunberri y Jef Mateo junto a los presuntos mienbros de ETA Xabi Goienetxea e Iñaki Reta.

9 de julio

Detenida en Ortzaize Grazi Etxebehere y cargas de la Policía contra las numerosas personas que se acercan allí a mostrar su solidaridad con los últimos detenidos.

22 de septiembre

Detenidos en una casa de Baigorri Iratxe Sorzabal, David Pla, Ramon Sagarzazu y Pantxo Flores.







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