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sábado, 14 de noviembre de 2015

No Nos Pueden Prohibir Soñar

El compromiso del pueblo vascos con la libertad de quienes hoy continúan como rehenes en las mazmorras de los estados español y francés ha quedado reflejado en una publicación muy particular y de ello nos habla este artículo en Gara:


La editorial Astero presenta el próximo sábado en Donostia su último proyecto, el más ambicioso hasta la fecha: «Ametsen liburua», un libro-joya de gran formato. ¿Qué sueñan las personas que han estado o están privadas de libertad? Partiendo de esa pregunta tan sencilla como profunda, se han recogido cartas, poemas y fotografías con anhelos y deseos, pequeños y grandes, que los hacen sentirse libres.

Oihane Larretxea

Soñamos con los ojos abiertos y mientras dormimos, al nacer y al crecer, vivimos y morimos soñando. Eternamente, soñamos. La capacidad para transportarnos a un lugar imaginario y hacerlo real es una característica tan humana como universal. Todo ser humano, sin excepción, lo hace. Partiendo de esta idea, la editorial Astero se ha embarcado en su proyecto más ambicioso hasta la fecha: indagar sobre los deseos, los anhelos, las aspiraciones de las personas que han estado o están privadas de libertad: presos, expresos, exiliados, deportados… Y el resultado de esta curiosidad es “Ametsen liburua”, un libro-joya de gran formato, cuidadosamente editado y encuadernado. Será presentado en un acto en el Palacio Kursaal de Donostia el próximo sábado, día 21. Jokin Urain y Fermin Munarriz, coordinador y editor del proyecto, respectivamente, llevan sumergidos en esta labor más de año y medio. No ocultan sus ansias y nerviosismo por mostrarlo al público.

La única condición que marcaron a las personas participantes es que debían expresar sus sueños en una cara de un folio. El formato era totalmente libre, de ahí la riqueza de los contenidos: cartas, poemas, dibujos, collages, fotografías… «Hemos constatado que los sueños adoptan diferentes formas, y que hay grandes y pequeños sueños», cuenta Urain.

Los contenidos también han sido reproducidos en el formato original, sin retoques ni correcciones, tal cual fueron hechos.

Otra constatación es que no hay un solo preso o deportado que no tenga sueños. «Eso es precisamente lo que les hace libres –concluye Jokin Urain–, los sueños rompen las cadenas y todo el mundo las necesita para avanzar en la vida, para construir nuevos proyectos. Y más en el caso de las personas privadas de libertad físicamente».

Munarriz considera que los sueños constituyen además la mejor metáfora de la libertad, en cualquier parte y en cualquier época. «Son una expresión del ser humano –apunta–. Y justo por eso, siendo la metáfora más intensa de la libertad, cobraba especial importancia preguntar a quien está o ha estado privado de ella».

El editor de “Ametsen liburua” hace la siguiente reflexión: «Se habla mucho de los presos, pero ellos no hablan. Y cuando lo hacen, normalmente algunos medios deforman sus palabras. Así que planteamos lo siguiente: escuchémoslos sin filtros, sin cortapisas».

Sin embargo, han ido más allá porque Astero consideraba que recoger sus reflexiones no resultaba suficiente. Había que ponerles rostro. «Son personas, así que enseñemos sus caras. Habrá quien no comulgue con sus proyectos políticos, con sus ideas o comportamientos –dice Munarriz–, pero son seres humanos y, como tal, tienen derecho a tener una imagen. La suya».

Entrar a las cárceles

Para hacerse una idea de la magnitud del proyecto, un dato: Urain y Munarriz se han puesto en contacto con unas 2.500 personas, y estiman que ha participado una de cada cinco. Esa ha sido la parte más ardua, tirar de bases de datos, localizar a la gente y lograr comunicarse con ellas. Ha sido más complicado con los presos y presas, por tener que lograr superar todas las barreras de la cárcel.

«Las prisiones se entienden como espacios de los que no se puede salir, pero también es muy complicado acceder a ellas. Y en ese sentido el logro de Astero ha sido entrar hasta el corazón de las cárceles y recoger esos testimonios escritos en primera persona».

Como anécdota, relatan que han escrito más de quinientas cartas a mano para enviárselas a los presos, saludándoles con sus nombres y apellidos. Esa ha sido, creen, una de las claves de la buena respuesta obtenida. «Quitar la frialdad de una carta escrita por ordenador era importante. Las cartas fueron enviadas por correo, con sello, sin esconder nada, y han entrado oficialmente hasta las celdas». Munarriz remarca también que Astero anunció desde los inicios en qué consistía el proyecto, y que la publicidad en este último año ha sido constante «para que el Ministerio del Interior y de Justicia no tuvieran dudas de que éramos nosotros y que no nos escondíamos».

Desean subrayar, asimismo, la figura de las personas deportadas. «No nos hemos olvidado de ellos, ciudadanos que están en un limbo legal, sin derechos. Queremos que conste que ellos existen, y que tienen sueños, voz y rostro».

La pluralidad de los participantes es total. Mujeres, hombres, jóvenes, adultos de todas partes de Euskal Herria, de las experiencias del franquismo hasta los días actuales... «Hay personas que estuvieron presas en el 63, en el 68, durante el Proceso de Burgos… Hay sesenta años de historia y nos la cuentan sus protagonistas», pone en valor Munarriz.

Sesenta años son muchos años y, tras repasarlos, «hemos descubierto una constante que nos ha acompañado a los vascos: la cárcel, el exilio, el destierro, la deportación… Creemos que, más allá de la belleza que tiene el libro por los contenidos, esta es también una radiografía política y sociológica del país. Diría que tiene incluso valor antropológico».

«Aunque hoy apreciamos su contenido, creo que dentro de treinta años tendrá más valor aún. Un joven universitario que quisiera hacer una tesis, por ejemplo, tendría una cantera en el interior de este libro –dice Urain–. No tenemos nada semejante de las personas que estuvieron detenidas tras la guerra del 36. Si contáramos con un libro con sus sueños… hoy sería un tesoro».

Mensajes vitalistas

Urain recuerda la emoción que sintió cuando la primera carta, en respuesta a su propuesta, llegó a sus manos. Era la muestra de que la invitación había superado todas las barreras, las restricciones, las piedras del camino. Las que llegaron después también les sorprendieron y emocionaron a partes iguales. Las aportaciones son muy variadas y diversas entre sí, pero todas tienen algo en común: son mensajes llenos de fuerza, de esperanza. Las palabras más repetidas así lo demuestran: amor, libertad, solidaridad y agradecimiento. «No hay ni un atisbo de odio, ni rencor, ni de resentimiento, renuncia… todos son valores positivos», remarca Urain.

Este es un detalle que conmueve a Munarriz. «No hemos sumado los años de cárcel y exilio de los protagonistas, pero saldrían miles y miles de años, toneladas de sufrimiento. Mucha gente lo repite, ‘a pesar de ser los momentos más duros de mi vida…’ y lanzan mensajes optimistas, vitalistas».

Y como no solo se vive de los grandes sueños, los pequeños se repiten una y otra vez. Aparecen muchos paisajes de Euskal Herria, el mar, los montes, rincones especiales en los que sus protagonistas fueron felices y lo son aún cada vez que viajan hasta allí con su imaginación. También rememoran fechas, una detención, el día que abandonaron la prisión… Y desean algo tan sencillo como llevar a su hija a la ikastola. «La distancia que alarga el paso del tiempo el sueño lo disuelve, y ahí, en ese ejercicio, todos somos libres, nadie te puede prohibir soñar. Es nuestro espacio de libertad».







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