domingo, 22 de noviembre de 2015

Mendia y su Hipócrita Antiyihadismo

Hay que dejarle a una vasquita colonizada, integrante de uno de los partidos que se han utilizado como mascareta para ocultar el rostro franquista del régimen español el querer pasar la factura de los platos rotos en París la noche del 13 de noviembre a los vascos.

No nos hagamos tontos, ese monstruo sanguinario denominado Estado Islámico es un engendro de la OTAN creado con el único fin de desestabilizar el medio oriente provocando mortíferos conflictos bélicos que perjudican a los habitantes de países como Irán, Irak, Siria, Líbano y Palestina para beneficio de las anacrónicas monarquías de la penísula norafricana.

Así pues, Madrid es tan responsable de los horrendos crímenes llevados a cabo por los yihadistas del Estado Islámico como también de los centenares de muertes que se están dando en las fronteras de Europa como consecuencia de la ola de refugiados y migrantes económicos que ha generado la tortuosa estrategia geopolítica del neoliberalismo globalizado.

Con esta editorial de Gara explicamos lo anterior:


Los atentados de París y la respuesta posterior han entrado en el Parlamento de Gasteiz, pero de la peor manera posible y con un prisma absolutamente partidista y ajeno a los intereses de Euskal Herria. Idoia Mendia (PSE) ha reprochado al PNV que se niegue a sumarse al llamado «pacto antiyihadista» de PP y PSOE y que no apoyara una declaración de condena, y los tres partidos han terminado cruzándose reproches al respecto.

El impacto en Euskal Herria de lo ocurrido en París es evidente. Parte del territorio vasco está en el Estado francés y el sur cercano a él, había vascos en el Bataclan… Pero el debate que debería estar produciéndose estos días en las principales instituciones vascas no es precisamente el rifirrafe entre Mendia y el PNV, sino por qué y hasta cuándo este país va a estar sometido y vinculado a las decisiones políticas, policiales e incluso militares de París y Madrid. Porque debido a su sumisión político-administrativa no le es ajeno, desgraciadamente, el hecho de que Hollande haya declarado la guerra, o que Rajoy –el mismo día del ataque en Bamako– amague con asumir las tareas militares del Estado francés en África, o la invocación a artículos muy peligrosos de la OTAN, en la que Euskal Herria está incluida pese a haber rechazado expresamente su ingreso.

En este sentido, el país está sometido al arbitrio de esas decisiones ajenas, con un impacto presente y futuro que puede ser enorme. La falta de soberanía atañe a todos los ámbitos, pero en este se muestra especialmente denunciable porque parece claro que la mayoría social vasca no hace suyas medidas como las citadas. La cuestión de la acogida de los refugiados –y es buen momento para recuperarla cuando varios de ellos acaban de llegar a Baigorri– es otro ejemplo de cómo la voluntad expresada en Euskal Herria por muchas instituciones choca con los topes e impedimentos estatales y comunitarios. Ese es el debate en el que la clase política vasca debería estar inmersa estos días. El de la soberanía, también en este caso.





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