lunes, 19 de mayo de 2014

Más de los 8 Apellidos


Les presentamos la traducción vía Google de este comentario acerca de la ya citada cinta "Ocho apellidos vascos". El original ha sido escrito en catalán y publicado en la página de Llibertat. Aquí lo tienen:


Antoni Rico

Parto de la base de que nada es neutral en este mundo, empezando por este artículo y quien lo escribe. Nunca lo he pretendido y no empezaré a serlo ahora. Tampoco es neutral la última película española que ha obtenido éxito en el cine: Ocho apellidos vascos. Y si los directores y productores nos lo quieren hacer creer, en realidad lo que hacen es tomarnos por idiotas. La película parte de un planteamiento nacional, y por tanto nacionalista, muy claro: "españoles todos". A partir de aquí lo que hay es justificar la españolidad común, entenderla como un conjunto de identidades regionales que viven de espaldas pero que en el fondo, si todos hiciéramos el esfuerzo de conocer mejor, seríamos capaces de llegar a identificarnos. Incluso los terribles independentistas. Y esto es así más allá de que la película pueda hacer reír en algún momento. Cabe decir que menos de lo que me esperaba, pero eso ya es una cuestión personal y de maneras de entender el humor.

Los independentistas parten normalmente de un planteamiento políticamente erróneo: el proyecto nacional español es el mismo para derecha e izquierda. Esto no es así y es un tópico que se desmonta rápido: Unamuno y Azaña no eran Sánchez Mazas y Franco. Y evidentemente sus herederos ideológicos y la concepción nacional que rezuman tampoco. Alguien dirá que incluso Josep Pla reconocía que no había nada más parecido a un español de derechas que uno de izquierdas. Sí y no, porque si rascamos un poco es cuando empezamos a encontrar los matices. Ocho apellidos vascos es una mezcla entre el "sano regionalismo bién entendido" y la tragicomedia federal que quiere protagonizar el PSOE como último intento de salvar el proyecto nacional español tal como lo hemos entendido desde la pérdida de Cuba, Filipinas y Puerto Rico. A nadie se le escapa que España está en crisis y no sólo económica. El proyecto nacional español no acaba de encontrar un rumbo claro como propuesta nacional de futuro atractiva para el conjunto y especialmente en aquellos territorios como Cataluña o el País Vasco. Más allá de eurocopas y mundiales, ser español sigue siendo una losa nacional poco estimulante. Y de ello son conscientes los partidarios de una nación española más escorada hacia la diversidad territorial y unos planteamientos políticamente "progresistas" .

Ocho apellidos vascos se posiciona en una especie de centralidad nacional que pretende alejarse tanto del "España una y no cincuenta y una" como los que la quieren "romper". Hábilmente y sin que el espectador se dé cuenta, el relato de la película pone en un mismo estadio de reivindicación territorial o identitaria la Feria de Abril sevillana - que seguro es muy bonita y divertida! - Con una manifestación de la izquierda abertzale. Y mientras reímos de la banalización que supone poner en niveles iguales una copa de finito de unos cócteles molotov, no somos conscientes del verdadero mensaje: la folcloritzación y regionalización de las identidades andaluza y vasca. Antes de decirme exagerado y ponerse las manos en la cabeza, reflexionad sobre el tratamiento que se hace en el film del tema. Parece como si las reivindicaciones nacionales vascas sean un capricho entre irracional y folclórico producido por la falta de autoconocimiento que "tenemos los españoles". Pues eso: "españoles todos" que decía Suso del Toro. Seguro que a muchos andaluces que se sienten españoles les han entrado unas ganas enormes de ir a visitar "las vascongadas". Por el contrario lo duda mucho, aunque es la protagonista abertzale la que acaba marchando a Sevilla por amor. Y creo que la intencionalidad política de la película termina haciendo más daño a la imagen que se tiene de Andalucía fuera de este territorio que la de Euskal Herria o la propia izquierda abertzale que lo tienen todo bastante definido en el tema de la identidad.

Más allá de Enseinstein o la maquinaria de Hollywood, el cine español tampoco es neutral ni inofensivo. Como toda actividad humana, por activa o por pasiva, de manera consciente e inconsciente, detrás de Ocho apellidos vascos y la posible serie de películas que ya han avisado de que la seguirán en la misma dirección argumental sobre catalanes, por ejemplo, esconde el último intento para salvar la España regional, que revestida de la diversidad autonómica surgida del posfranquismo, aunque lo intenta y mantiene algunos elementos que la diferencian, no acaba de presentar un modelo totalmente alternativo al centralismo histórico. ¿Qué esto es legítimo? Claro, pero no es neutral y creo que hay que decir .

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