viernes, 25 de marzo de 2016

La Dicotomía Seguridad/Libertad

Sin preámbulos, les compartimos este artículo publicado en Gara:

«Para gobernar es imprescindible un discurso sobre la seguridad, y la izquierda no lo tiene»

Amadeu Recasens, Comisionado de Seguridad del Ayuntamiento de Barcelona | Doctor en Derecho y director de la Escola de Policía de Catalunya ocho años, Amadeu Recasens fue la persona elegida por la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, para reformular el modelo de seguridad de la ciudad. No es poco. Hoy hablará en Donostia.

Beñat Zaldua
«No se pueden contraponer seguridad y libertad, porque eso nos lleva a posiciones autoritarias y sistemas antidemocráticos. La seguridad no debe ser más que el instrumento para garantizar las libertades». Amadeu Recasens, comisionado de Seguridad del Ayuntamiento de Barcelona con Ada Colau, con la que se siente «muy cómodo», rechaza por la vía rápida la eterna disyuntiva entre libertad y seguridad, de nuevo en boga estos días, lamentando que en general la izquierda tiene mucho discurso sobre la primera, pero apenas nada sobre la segunda: «Tanto la tradicional como la alternativa, no tiene un discurso claro y definido sobre el tema de la seguridad, algo que es imprescindible para gobernar».

Recasens está estos días en Donostia, donde hoy participará en una de las mesas redondas organizadas en el marco de los encuentros «La guerra empieza aquí», organizados a su vez dentro del festival «Stop war». En un contexto marcado por los ataques en Bruselas, este experto en seguridad y Derechos Humanos atiende por teléfono las preguntas de GARA, que empiezan por la actualidad más inmediata, en la que los atentados en Bélgica han recordado crudamente cómo han cambiado en los últimos años conceptos como la seguridad y la guerra.

«Así es, la idea de que antes había un enemigo interno y otro externo ha cambiado. Ahora se empieza a hablar más de enemigo en el interior y, en consecuencia, se está utilizando a los ejércitos para hacer frente a esa amenaza interior», explica Recasens, para quien este modelo es insuficiente: «La prueba, lamentablemente, la hemos tenido estos días; el aeropuerto de Zaventem estaba repleto de Ejército y policía a más no poder, y pese a ello, colocaron las bombas».

«Los estados siguen respondiendo a esquemas del pasado, pero hoy en día, esto solo se puede combatir con inteligencia, inteligencia y más inteligencia», añade este experto en seguridad, que aprovecha para subrayar que, en cualquier caso, «la mejor guerra es la que se previene», recordando que «la prevención no es un tema militar ni policial, sino de educación social y trabajo social».

Sin embargo, es casi inevitable que una alarma se encienda al enfatizar tanto la importancia de los servicios de información, recordando cómo se dirige muchas veces más al control social que a la inteligencia propiamente dicha. La pregunta sale casi sola: ¿Quién vigila al vigilante? «Hay que establecer mecanismos de transparencia. Una gran parte de este tipo de actividades se puede hacer con luces y taquígrafos, no todo debe ser secretismo. Y para la parte que debe ser reservada deben establecerse mecanismos efectivos de control democrático, a través de los parlamentos», contesta.

Un Estado sin ejército

Catalunya es un país que ha debatido mucho consigo mismo sobre la posibilidad de configurar un Estado propio, y en ese debate, aunque menor, el tema de la seguridad también ha tenido su nicho. Recasens tiene una posición clara: «En un hipotético escenario de independencia, Catalunya no necesita un ejército propio». «No estamos ante un riesgo de conflicto simétrico (Estado contra Estado), para empezar porque los Estados con los que Catalunya hace frontera son muy grandes, uno de ellos potencia nuclear, por lo tanto plantear una guerra simétrica es inútil», explica.

«Lo que probablemente nos toca preguntarnos es qué necesita Europa que haga Catalunya en clave de seguridad. Es decir, Catalunya no puede ser un lugar de paso o un lugar abierto para conflictos asimétricos como terrorismo, crimen organizado y grandes fraudes fiscales. Esto requeriría algún tipo de fuerza para enfrentar estas situaciones, algo así como una policía más reforzada, pero no un ejército», remata Recasens.

Colau llegó al Ayuntamiento con la promesa de cambiar el modelo policial de una ciudad en la que son numerosos los escándalos en que la Guardia Urbana se ha visto involucrada. «Un cambio de modelo no se hace en dos días», avisa Recasens, que insiste en establecer prioridades y organizar un calendario: «Primero hay que establecer políticas públicas, es decir, establecer prioridades en el campo de la seguridad. En nuestro caso, daremos preferencia a la proximidad, el territorio y la transparencia».

El nuevo modelo

¿Y entonces? «A partir de aquí, para construir el nuevo modelo lo que tenemos que hacer es adaptar la estructura de seguridad a esas políticas públicas. Es decir, un Plan Director que verá la luz en cosa de dos meses, después de un largo proceso participativo de la propia plantilla y de actores sociales».

Habrá que esperar un poco, por tanto, para ver en qué cristaliza el nuevo modelo de seguridad de la ciudad, en el que Recasens deja entrever que se mantendrá la polémica Unidad de Policía Administrativa y de Seguridad (UPAS), pero no su función como policía antidisturbios: «Cuando se hace un cambio de esta envergadura, lo que hay que mirar son las funciones de la policía, no las unidades», insiste.

Al hablar del corporativismo policial, se acuerda de la dieta: «el corporativismo es como colesterol, hay bueno y hay malo». «Si sirve para sentirse orgulloso de lo que hace la corporación y rechazar la corrupción y las malas prácticas, el corporativismo es bueno; si sirve para tapar malas prácticas, desde luego, es malo», concluye.






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