domingo, 20 de marzo de 2016

Bruselas Premia a Erdogan

Le ha salido bien la jugada a Recep Erdogan, su papel de gamberro violento perfectamente puntualizado con el derribo del Su 24 ruso y los ataques terroristas de sus servicios secretos en contra de la población civil e incluso en contra de turistas alemanes, le ha servido para ser premiado por la Unión Europea que, xenófoba, está dispuesta a convertir a la Turquía que exhibe los cuerpos desnudos de las combatientes kurdas, en el campo de concentración más grande del mundo.

Aquí el reportaje al respecto publicado en Gara:

La UE comenzará mañana a expulsar refugiados a Turquía

La Unión Europea comenzará a expulsar desde mañana a los refugiados que lleguen a las islas griegas desde Turquía, mientras se compromete a reinstalar a un solicitante de asilo sirio por cada deportado. El acuerdo alcanzado con la UE fija un límite de 72.000 personas para este plan y deja aún muchas dudas sobre su aplicación.
«No es un muy buen acuerdo, pero estamos obligados. Nadie esta orgulloso, pero no hay alternativa», resumía un diplomático europeo a AFP el acuerdo para deportar a Turquía los refugiados y migrantes que lleguen a Europa. «Era la única opción, no había alternativa. A los que nos critican, que ofrezcan algo mejor. No lo hay», afirmó en el mismo sentido, el primer ministro turco, Ahmet Davutoglu, en una rueda de prensa acompañado por Donald Tusk, y por el jefe de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker.

Davutoglu celebró el acuerdo como un «día histórico» en el acercamiento entre la UE y su país, del que dijo que dará todas las garantías y apoyo a los refugiados. Según el acuerdo, todos los migrantes que lleguen a las islas griegas desde mañana serán reenviados a Turquía y los Veintiocho se comprometen a «reinstalar» en la UE a un sirio desde Turquía por cada uno que expulsen. Pero este plan se limitará a 72.000 personas y, si se excede ese techo, el sistema «uno por uno» será «suspendido». Además, si se observa que el flujo de refugiados desde Turquía no disminuye, el sistema dejará de aplicarse.

3.000 interceptados

Turquía ya ha comenzado a ejercer el rol de policía fronterizo para Europa que le deja este plan y, ayer mismo, su Guardia Costera interceptó a unas 3.000 personas que intentaban llegar a bordo de pateras a la isla griega de Lesbos y las autoridades confirmaron la detención de cientos de solicitantes de asilo.

El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, explicó que, a cambio, la UE acepta acelerar la liberalización de visados para los residentes turcos antes del fin de junio. Aun así, persisten las dudas sobre la concreción de esta medida, ya que esa fecha es más un objetivo que una promesa y está vinculada al cumplimiento de 72 criterios por parte de Ankara.

También se acuerda relanzar las negociaciones de adhesión de Turquía a la UE, abriendo un nuevo capítulo (sobre finanzas y presupuesto) antes del 30 de junio, pero, ante la oposición de Chipre, no se llega a cumplir con las aspiraciones turcas iniciales de activar cinco capítulos.

Igualmente se duplican los 3.000 millones prometidos a Turquía para mejorar la atención a los 2,7 millones de sirios que ya son refugiados en suelo turco. La UE aportaría los otros 3.000 millones siempre que se agote de manera efectiva la cantidad aportada inicialmente.

Bruselas asegura un examen individualizado para cada demandante de asilo y que no habrá ni «expulsiones colectivas», ni «devoluciones en caliente».

Sin embargo, la ONU advirtió del «riesgo de expulsiones colectivas y arbitrarias». «Construir muros, discriminar a las personas o reenviarlas no es una respuesta al problema», insistió el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon.

«Como Dachau»

Pese a la unanimidad presentada por Tusk, algunos líderes europeos utilizaron la política del Gobierno turco hacia la libertad de expresión o hacia la comunidad kurda para justificar sus reticencias. «No está en cuestión vender nuestros valores», afirmó el primer ministro belga, Charles Michel. «Para nosotros, la cuestión de los refugiados no es una cuestión de regateo, sino una cuestión de valores humanitarios, así como de valores europeos», replicó Davutoglu.

Desde comienzos de año, más de 143.000 personas han llegado a Grecia hacia Turquía. Pero el cierre de la ruta de los Balcanes ha dejado bloqueados a 46.000 de ellas en condiciones miserables en suelo heleno. «Es como un Dachau de los tiempos modernos, el resultado de la lógica de fronteras cerradas», lamentó el ministro griego del Interior, Panagoitis Kouroublis, al visitar Idomeni, el puesto fronterizo donde miles de personas esperan aún, viviendo sobre el barro y los charcos, que se abra el paso a Macedonia.

Algunos no han aguantado más y han aceptado trasladarse a Atenas pero muchos prometen que no se moverán. «No queremos que nadie decida a qué país iremos, qué haremos y cómo nos moveremos», afirmaba Bahjat Saris, un sirio de 21 años natural de Damasco.

«No les importamos. No tengo nada que perder y me quedaré aquí sin importar el tiempo que pase», criticaba Gienat al- Halil, una viuda de Alepo, que espera poder reunirse con sus dos hijos, de 14 y 20 años, en Alemania. «El acuerdo es muy negativo para nosotros, pero no tengo elección. Me quedaré aquí», coincidía Hussam, de 39 años, procedente de Homs.

El pacto alcanzado ayer no aclara la situación de estos miles de refugiados que se encuentran en territorio heleno. El primer ministro griego, Alexis Tsipras, les pidió que lo abandonen y acepten el traslado a los centros de recepción. Además, reclamó aplicar «lo antes posible» el acuerdo y que los estados miembros le envíen 2.300 expertos para ayudarle a gestionar todo el proceso.

«Nos espera un trabajo hercúleo, especialmente a Grecia», admitió Juncker, que prevé que serán necesarios 4.000 efectivos que para llevar a cabo el plan.

Amnistía Internacional calificó el acuerdo como un «golpe histórico» contra los derechos humanos e Intermon Oxfam opinó que los Veintiocho han acordado «seguir adelante con su estrategia de mercadeo» de personas a cambio de concesiones políticas. También Médicos Sin Fronteras lo consideró «cruel» y «cínico».

Libia puede convertirse en otra puerta de entrada

Miles de migrantes procedentes de Libia han sido rescatados desde el martes en el sur del Mediterráneo, lo que hace temer un nuevo frente en la crisis migratoria. Italia, que había visto desembarcar 170.999 personas en 2014 y 153.000 en 2015, podría convertirse en otra puerta de entrada a Europa tras el acuerdo con Turquía. Dirigentes de seis países europeos advirtieron ayer en Bruselas de la preocupante situación política y de seguridad en Libia y el presidente francés, François Hollande, afirmó el jueves que existen «riesgos muy serios de este país caiga en el caos y se produzcan nuevos movimientos de población pasando por Malta, Italia y, mañana, de nuevo países como Alemania y Francia». Después de varias semanas de relativa calma, más de 3.600 migrantes han sido rescatados desde el martes y conducidos hasta Italia, además de recuperar cuatro cadáveres. Según una carta de la responsable de la diplomacia europea, Federica Mogherini a los miembros de la UE, en Libia hay más de 450.000 personas desplazadas y refugiadas que podrían ser candidatos potenciales a la migración hacia Europa. Mussie Zerai, un sacerdote eritreo referencia para los migrantes, estima que hay varias decenas de miles de personas que esperan hacerse a la mar, pero «son menos que el año pasado porque la gente ha oído hablar del caos de Libia, la persecución del Estado Islámico contra los cristianos y las amenazas de intervención militar, y tienen miedo». También el presidente egipcio, Abdel Fattah al-Sissi, alertó del «riesgo de una ola de refugiados dos o tres veces mayor que la actual», y el ministro francés de Defensa, Jean-Yves Le Drian, señaló el peligro de que el Estado Islámico organice el paso de migrantes hacia Lampedusa.

Erdogan aprovecha para exigir a Europa que persiga a los kurdos

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, eligió el momento de la negociación del acuerdo sobre refugiados de su país con la Unión Europea para aumentar la presión sobre los países europeos y acusarlos de complacencia con los rebeldes kurdos y no apoyar lo suficiente la persecución contra organizaciones y militantes kurdos. «No hay razón para que la bomba que explotó en Ankara no explote un día en otra ciudad en Europa. Pese a esta realidad, los países europeos no prestan atención, como si bailaran en un campo de minas», criticó Erdogan, que afirmó que partidarios del PKK fueron autorizados a ondear sus banderas cerca de edificios de la Comisión Europea. Ankara vincula al PKK a cualquier organización favorable a la autonomía de Kurdistán. Pese a que la UE considera al PKK organización «terrorista» y de que los estados europeos apenas han reaccionado a las matanzas llevadas a cabo por el Ejército y la Policía en ciudades kurdas, Erdogan insistió en que «han capitulado frente al terror». La canciller alemana, Angela Merkel, principal impulsora del acuerdo sobre refugiados con Turquía, afirmó que tiene derecho a una respuesta armada «proporcionada» al PKK, pero mostró su «preocupación» por el trato a los kurdos. Ankara ha extendido a zonas urbanas la guerra contra la guerrilla kurda y ha ampliado la represión a los que estima «cómplices»: periodistas, abogados, académicos o diputados






°