lunes, 30 de enero de 2012

Historia de Dos Pilotos Vascos


El estudio de la historia puede darnos muchas sorpresas, como ejemplo, este reportaje publicado en Diario Vasco

Félix Urtubi y Juan Antonio Ansaldo fueron dos pioneros de la aviación militar en España. Un volumen recién publicado sobre la Guerra Civil recoge las biografías de estos dos personajes
Kepa Oliden
Félix Urtubi Ercilla y Juan Antonio Ansaldo Vejarano tenían dos cosas en común: su origen atxabaltarra y su carrera en el Ejército del Aire. Pero la camaradería de estos dos pioneros de la aviación militar española terminaría abruptamente el 18 de julio de 1936. A partir de aquel fatídico día los dos pilotos atxabaltarras se enrolarían en bandos enemigos, encarnando la lucha fratricida que durante tres años librarían nacionales y republicanos.
No hay constancia de que ambos militares fueran amigos, ni siquiera conocidos. José Ramón Intxauspe ha rescatado las biografías de Ansaldo y Urtubi en un libro recién publicado bajo el título 'La Guerra Civil en Aretxabaleta. Ezin ahaztu!', editado por Eusko Ikaskuntza y el Ayuntamiento. Este volumen es el fruto de cinco años de investigación coordinada por Intxauspe y en la que también han participado Arantza Berezibar y los hermanos Aitor y Kepa Antxia.
Sus páginas recorren un itinerario histórico que arranca con el advenimiento de la II República (Arantza Berezibar), prosigue con la descripción de la vida cotidiana en el Aretxabaleta de los años 30 (Aitor Antxia) y culmina con el relato de la conflagración bélica en la localidad (José Ramón Intxauspe).
Entre los participantes más significados en aquella conflagración estaban Ansaldo y Urtubi. El primero, además por otras muchas hazañas aéreas, ha pasado a la posteridad por ser el piloto del vuelo en el que se estrelló el general José Sanjurjo cuando el 20 de julio partía de Portugal con destino a Burgos para asumir el mando de la sublevación contra la República. Ansaldo sobrevivió pese a resultar gravemente herido.
Quien no tuvo tanta fortuna fue Urtubi, muerto heroicamente el 13 de septiembre de 1936 tras convertirse en el primer aviador que ponía el práctica el llamado 'espolonazo'. Esta acción, precursora de los temidos kamikazes japoneses, consiste en embestir la aeronave enemiga de forma suicida para abatirla.
Farmacéutico
Félix Alejandro Urtubi Ercilla, hijo y nieto de farmacéuticos, nació en Elorrio en 1904. Heredó el nombre de su abuelo, quien siendo alcalde de Aretxabaleta proclamó la I República en 1868. Su madre, Matilde Ercilla Aretxaga, era natural del barrio Udala.
El joven Félix no siguió la tradición boticaria familiar e ingresó en el Arma de Aviación, donde «destacó desde sus inicios por su arrojo y determinación» escribe Intxauspe. Su espíritu luchador quedó patente en que, con ocasión de un concurso de patrullas aéreas, «se vio obligado a tomar tierra por avería del radiador. Ni corto ni perezoso, se echa el radiador al hombro y recorre los siete kilómetros que le separaban de la población más cercana. Allí, soldó el radiador y volvió de igual forma para montarlo y salir nuevamente en vuelo».
Pero ni las averías mecánicas ni los accidentes como el sufrido en 1933 en Chantada (Lugo) junto a su mecánico, donde tras un aterrizaje de emergencia el aparato «quedo milagrosamente colgado de un roble», socavan el espíritu del aviador atxabaltarra.
18 de julio de 1936
El 18 de julio de 1936, fecha de la sublevación contra la República, sorprendió a Urtubi destinado en una base al Marruecos. «El alzamiento le coge en el escenario menos deseado para él, dentro de la zona rebelde» relata Intxauspe.
A los pocos días le ordenan realizar servicios que iban desde Tetuán a Sevilla, pilotando un Breguet XIX. Los oficiales sublevados que controlaban los aeródromos no se fiaban de las inclinaciones políticas de los pilotos de tropa, y por consiguiente «ponían en el puesto de observador a un escolta para velar por sus servicios». Finalmente, a pesar de la vigilancia a que estaba sometido, Urtubi logró apoderarse de una pistola.
«Al día siguiente, Urtubi y su guardián, un oficial del Tercio, ponen rumbo a la Península, presumiblemente con destino a Burgos. Urtubi lleva oculta la pistola y al sobrevolar el Estrecho de Gibraltar dispara contra su guardián dejándole sin vida. Sin perder tiempo y con mucha sangre fría pone rumbo a su aparato hacia la zona republicana. Cuatro horas más tarde aterriza en el aeródromo de Getafe para unirse a las fuerzas gubernamentales».
No pasó mucho tiempo antes de que el sargento Urtubi fuera enviado a misiones de combate, y el 18 de agosto su Hawker Fury era derribado en el cielo de Extremadura por un Heinkel He 51 alemán.
El general Hidalgo de Cisneros, jefe de la aviación republicana, escribió: «todos dábamos a Urtubi por muerto, y para nuestra aviación fue un verdadero día de luto. Una semana más tarde avisaron que en nuestras líneas habían cogido a un aldeano con un burro que 'debe ser un espía que dice ser un aviador'. Era Urtubi».
Al incendiarse su aparato, se lanzó en paracaídas. Pasó varios días escondiéndose de día y caminando de noche, robó ropa tendida, se apoderó de un burro y, haciéndose pasar por campesino, llegó hasta las líneas republicanas, donde «faltó poco para que le fusilaran por espía».
Muerte heroica
Su último gesto de valentía y heroicidad llegaría el 13 de septiembre de 1936. «Ante el avance faccioso del general Yagüe para conquistar Madrid, efectúa un vuelo de reconocimiento con un Nieuport 52. sobre el frente de Santa Olalla (Toledo). Le sale al encuentro una patrulla de tres aviones Fiat CR.32 italianos pertenecientes a la Aviazione Legionaria, entablándose el combate. La superioridad en número y las mejores prestaciones de los Fiat no arredró a Urtubi en tan desigual lucha. Logró derribar a uno de sus oponentes pero finalmente, viéndose perdido y sin municiones, se abalanzó sobre uno de los aparatos italianos logrando embestirlo y precipitándose los dos aviones en llamas al suelo. El piloto italiano logró lanzarse en paracaídas en el último instante».
Así murió Urtubi, el primer aviador en el mundo en llevar a la práctica el llamado 'espolonazo'.
La prensa republicana saludó esta proeza heroica con gran alarde tipográfico: 'Gloriosa muerte de un caballero del aire' (La Libertad); 'El gesto maravilloso de un aviador republicano'. (La Voz); Ha muerto un héroe. El teniente Urtubi, gloria de la Aviación popular (El Sol).
Tenía 32 años de edad y la graduación de teniente. Estaba casado con Mª Cruz Robla Román y tenían una hija, Matilde, nacida en 1933.
De la familia Otalora
Juan Antonio Ansaldo (1904-1958) nació en Aretxabaleta en 1901 por empeño de su padre Francisco Ansaldo Otalora, abogado y diputado a Cortes, descendiente por parte materna de los Otalora que regentaban la casa de baños del mismo nombre. Juan Antonio era el cuarto de seis hermanos de una aristocrática familia de inquebrantables convicciones monárquicas. Ingresó en el Arma de Aviación en 1923 con el empleo de teniente y su bautismo de guerra le llegaría con la guerra de Marruecos.
Una heroica acción realizada al año siguiente contra las fuerzas de Abd el Krim, en la que resultaron heridos de bala tanto él como su observador, le granjearon la Gran Cruz Laureada de San Fernando, impuesta por Alfonso XIII en persona. Aretxabaleta le nombró hijo predilecto, y en los 'andramaris' de 1927 se le rindió homenaje con una comida en la Fonda Garciaetxabe y se le dio su nombre a la plaza situada entre la parroquia y el palacio Otalora.
Con el advenimiento de la República en 1931, el comandante Ansaldo se ve en el dilema de abandonar su carrera militar o mantener la fidelidad a sus ideales monárquicos. «Así pues, se da de baja en el Ejército y entra directamente a conspirar contra la República» escribe Intxauspe.
Ansaldo asume un especial protagonismo en los primeros compases del alzamiento de julio de 1936. El 19 de julio se traslada desde Pau a Pamplona al delegado jefe del partido tradicionalista Fal Conde. Allí les recibe el general Mola, y le ordena a Ansaldo que vaya inmediatamente a Estoril (Portugal) a recoger al general Sanjurjo para que se haga cargo de la jefatura del Movimiento Nacional. El 20 de julio, se disponen a despegar pero la niebla retrasa la partida, y se ven obligados a salir desde el campo de la Marinha de Cascais. Durante el despegue llega la fatalidad, el pequeño aeroplano capotea y acaba estrellándose. El general Sanjurjo muere y Ansaldo sale mal herido.
Una vez restablecido, Ansaldo fue destinado a la Fuerzas Aéreas del Norte con base en Burgos. «Efectuó más de 650 horas de vuelo entre reconocimientos, bombardeos y ametrallamientos». En su hoja de servicios incluye los bombardeos de San Sebastián, Pasajes, Legutiano, Mondragón....
Antifranquista
Pero además de medallas y reconocimientos, Ansaldo también recibió castigos por sus opiniones monárquicas. En 1938 llegó a manifestar que estaba dispuesto a ira buscar al Príncipe a Italia para llevarle a Pamplona y proclamarle Rey. Este comentario llegó a oídos de Franco, que montó en cólera y ordenó su arresto inmediato.
A partir de 1940 no dejó de conspirar, esta vez contra Franco, en su obsesiva misión de ver reinstaurada la monarquía. Ansaldo echa un pulso al entramado franquista dándose de baja, aduciendo dolencias derivadas de sus antiguas lesiones de guerra. La situación se lleva hasta las últimas consecuencias y es condenado a seis meses de encierro por desobediencia.
El último golpe de efecto de Ansaldo es su fuga y huida al exilio en Portugal con la consiguiente expulsión del Ejército.
Pasará sus últimos años exiliado en San Juan de Luz, donde escribió un libro devastador, mordaz titulado '¿Para qué...? Desde Alfonso XIII a Juan III' cargado de críticas contra el franquismo. Prohibido en España, el volumen fue publicado en Buenas Aires a través de la Editorial Vasca Ekin por mediación de prohombres del PNV como Manuel de Irujo y Telesforo Monzón. Ni republicano ni nacionalista, Ansaldo «es un derrotado espiritual que opta por el exilio al no comulgar con la ideología franquista. Es autor de una de las obras más interesantes sobre España en torno a la Guerra Civil» afirma José Ángel Ascunce, de la Univesidad de Deusto.
Ansaldo fue enterrado en el año 1958 en el panteón familiar de Baiona.

Curioso cual de los dos terminó siendo publicado por Ekin... y más curioso aún como Franco logró perpetuar su régimen nombrando a un miembro de la monarquía española como su sucesor.



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